martes, 29 de diciembre de 2009

El Café Cultural "Francisco Zúñiga Díaz"

Hace 21 años, recuerdo que llegué al taller del Café Cultural "Francisco Zúñiga Díaz", una semana después de la muerte de Mario Picado, gracias a Guillermo Sáenz Patterson. Al principio, éramos Chico Zúñiga, Toño, Henry López, William Flores y Juan Áviles. Después llegó Delia Macdonald, Gerardo Cerdas y Germán Hernández.


Éramos jóvenes, y creíamos en la necesidad de transformar la literatura costarricense. Sin embargo, para Chico, el taller era un lugar de encuentro entre lectores y escritores, un lugar para fraternizar y aprender el arte de escribir.


El taller siguió creciendo con nuevos compañeros, llegó Mainor Piedra, Paz Rodríguez, William Garbanzo, Santiago Porras, Elliette Ramírez; regresó Edison Valverde que pertenecía a la primera generación del taller. Y el taller siguió creciendo...


Después llegaron Adela Quirós, Gustavo Lobo, Ani Brenes, Manuel Aguilar Vargas, Perry, Cristopher Montero, Carlos Bonilla Avendaño, Mainor González, Alfredo Trejos, Joan Bernal Brenes y otros, cuyo nombre la memoria no me ayuda a recordar. Ha pasado el tiempo y si algo se puede agradecer a Chico y su taller, fue que no creó chiquitos. Mi obra es diferente a la de cualquiera de mis compañeros de taller, la obra de mis compañeros es diferente a mi obra, sin embargo compartimos nuestro amor por la lectura y la escritura, por el oficio literario.


jueves, 10 de diciembre de 2009

Elegía

Francisco "Chico" Zúñiga Díaz

Un día como hoy llegó tu muerte.

Hace tiempo la esperábamos.

Tu muerte era azul y gris como el verano,

–Recuerdo –, el gris que aguarda

Sucio en las esquinas.

Un día de pronto te moriste,

Dejaste tu cuerpo con un traje azul marino,

Con una tierna mirada disecada,

Y una sonrisa que dibuja la penumbra.

Tras de ti venían

Multitudes de palabras,

De páginas sonoras,

De lápices cantores.

Recuerdo el aire de tu muerte,

Un aire gris,

Melancólico,

Sin aire.

Un ángel te aguardaba tras la puerta,

Con una hoz y un martillo,

Para escribir tu nombre en las hogueras y paredes,

¿Qué deja el hombre cuando muere?

¿Qué entrega el hombre a la nada y al olvido?

Entregaste palabras como sueños.

Universos diminutos,

Historias como días,

Si olvido algo, después me lo recuerdas.

Un día de pronto de moriste,

Pero no haremos un altar a tu memoria,

Escribiremos poemas como brújula y sextante,

Como mapas o retratos,

En aquella mesa abierta hacia la noche…


miércoles, 28 de octubre de 2009

Joan Bernal Brenes: Definir la realidad

Joan Bernal Brenes (San José, 1974) Estudia en la Escuela República de Haití, en el Liceo de Costa Rica y en el Liceo Rodrigo Facio. Continúa en la Universidad de Costa Rica con la carrera de Filología. Perteneció al taller literario del "Café cultural Francisco Zúñiga Díaz". De él se ha dicho: Su poesía presenta un verso arrollador, inyectado de juventud y deseo y a la par, lo barniza de su experiencia, de su interiorización del mundo. Joan Bernal Brenes ha publicado dos libros de poesía Pre-monición (1996) y Homenaje a la ceniza (2006)

En en un mundo de sobreofertas poéticas y una demanda fragmentada de lectores, la obra de Joan Bernal Brenes es quizá una de las más brillantes en su intento por definir la realidad del ser costarricense y la individualidad del ser poético. En su verso se pueden hallar reminiscencias de una multitud de autores, lecturas asimiladas inteligentemente, para dar un producto nuevo y claro. La realidad que retrata con precisión de orfebre Joan Bernal es el barrio, la plaza, el pueblo, la ciudad, desde un yo insoslayable. La experiencia poética no es trascendental, sino contigente: mi ser es mi circunstancia. Desde su primer libro, el poeta nos señala el origen desde donde nos habla con voz de templo y hacia donde va dirigida su voz. Un poema paradigmático de la misión del poeta es:
"Tintero y mano"

La noche es una estopa empapada en bocacalles.
Alfredo Trejos

Tintero y mano respetan
la gravedad el caso
de dejarse cerca
sin timidez o duda
ella se encorva

a sentirse él
se siente
a encorvarse
repetidamente
ninguno calla
ellos son
existen
tardíos o tempranos
dice él: son cosas
ella: afinidades
tintero y mano
sospechan cómo saber encontrarse.
Su solo corazón
bombea
sangre sin tiempo

y sangre
afinada por mi sangre
Tribulados
por no poco sentimiento
tintero y mano
sacuden la tarde
a un costado
-en el centro-
son siempre elementales.
Necesariamente nuestros
tintero y mano saben
reabrir su corazón por divisarse
Cuando escribe
mi ser
es reprochable
porque mayor

es el transcurso

de ellos ante todo
simple tintero
y simple mano:
reto coraje.


En este poema, los signos del tintero y la mano se transforman en personajes de un discurso poético, que recrea una escena amorosa. ¿Qué es ser escribiente o escribidor? sino un acto de amor que busca salir de un centro cósmico como un torrente de palabras. La antropomorfización de los objetos como recurso para expresar el deseo de comunicación sirve de excusa, para crear uno de los poemas más logrados de la lírica costarricense. El acto poético es un desafío que solo puede ser superado con decisión, ánimo y esfuerzo por lograr el poema. No es de extrañar, que Joan Bernal en su segundo libro Homenaje a la ceniza haya pulido su oficio, dándonos quizás los mejores poemas que se hayan escrito en la primera década del siglo XXI. El libro formado por cinco partes es un buen ejemplo del oficio de un escritor que ha crecido en en los arrabales de la ciudad. Homenaje a la ceniza es un libro magnífico en que Joan Bernal Brenes saca a relucir un estilo prístino y preciso. Como en este poema dedicado a José Lezama Lima:

Tenías que vivir en Trocadero
trocar es verbo tuyo
trocar es un gran verbo
no es gratis que tu obra
fuera de una gran tamaño
o que honraras tu bebida
y cenizaras mucho
que tú nunca descuidaste
componer en perorata
para hablar como el insecto
que se baña en cada hoja
que el azar no fue tu asma
ni tu única familia
que orquestaras en tu pecho
el silencio más notable
que hayas nacido viejo
que hayas vivido en Cuba
don José. Todo está claro.


La obra de Joan Bernal Brenes es síntesis de un manejo refinado del lenguaje, del esfuerzo y la valentía para construir un estilo personal. Una poesía innovadora como ocurre en la quinta parte de su segundo poemario "Diccionario auxiliar de desencanto", en la que de una manera elegante satiriza el medio poético y social costarricense. Espéremos pronto una nueva obra de este gran poeta costarricense, quien desde sus circunstacias asume el reto poético con denodado coraje.

viernes, 23 de octubre de 2009

Mainor González Calvo: La encarnación de la antipoesía

Mainor González Calvo (Costa Rica, 1974) realiza sus estudios de primaria y secundaria en el Colegio Calasanz. Estudia lengua y literatura en la Universidad de Costa Rica. Actualmente se desempeña como profesor de dicha universidad en la Sede de Guanacaste. Ha publicado cinco libros de poesía: Calvarios y catarsis (1997) La sombra inconclusa (1998) Poemas para desmentir y especular (2001) prosas antropófagas (2005) y Esbozos de un citadino cualquiera (2008) Perteneció al extinto taller literario del "Café Cultural Francisco Zúñiga Díaz". Poemas suyos han aparecido en la revista Candil, Encuentro de Escritores, y el suplemento Aeda.

Mainor González Calvo es un poeta por derecho propio, no porque un gurú o un académico coloco en su cabeza el laurel del poeta. Ni siquiera por afiliarse a una asociación de escritores o una religión poética. Como muchos otros jóvenes le tocó pertenecer al "Café Cultural Francisco Zúñiga Díaz". Nuestro maestro no era un gurú trascendental, ni siquiera un gurú beatnik; era sencillamente Chico, un padre putativo que tenía claro que la función de un taller es desarrollar el amor por la literatura. Si se era lector, leer de manera inteligente. Si se era escritor, uno se debía guiarse por principios básicos de redacción y ortografía. Por esta razón, del "Café Cultural" no salieron Zuñiguitas, sino cuentistas y poetas de las más diversas tendencias del espectro literario.
La obra poética de Mainor González Calvo es la encarnación de la antipoesía, se inscribe dentro de una generación de ruptura con el imaginario de la naturaleza como identidad costarrincense, escribe contra lo bello-natural de lo cual ha abusado -quizás demasiado- la poesía costarricense (Chavarría, 1998: 3) La antipoesía pretenden de forma irreverente, agresiva y absurda desacralizar el discurso de la Poesía con mayúscula. Si se busca su origen, se comprende que es una reacción en Chile contra el complejo lenguaje impuesto por Huidobro y por el éxito extraordinario del Residencia en la tierra de Neruda. Es una poesía que aparenta una condición oral, aunque es minuciosamente culta. La irreverencia de este discurso se torna en parodia, ironía y sarcasmo sobre la poesía tradicional. La agresividad ante las convenciones literarias o culturales muestra un parentesco con las actitudes características de los movimientos de vanguardia. El absurdo se relaciona con la escritura automática, las asociaciones de palabras, las experiencias oníricas y las rupturas topológicas y cronológicas.
La antipoesía de Mainor González surge dentro de un acelerado proceso por desacralizar la Poesía Costarricense, cuyo núcleo se encuentra en la poesía trascendentalista, representada por Laureano Albán, Julieta Dobles, Ronald Bonilla, Carlos Francisco Monge, Milton Zarate, Jeanette Amit, Alvaro Arias, Gonzalo Campos, Luz alba Chacón, Leda García, Sonia González, Doris López, Elizabeth Marín, Carlos Morera, Martha Pinto, Cristián Alfredo Solera, Alexander Sancho y Mario Ulate. La poesía trascendentalista se transforma en el discurso oficial de la literatura costarricense, discurso que debe ser socavado por las nuevas voces poéticas.
Entre ellas, se encuentra muy clara y fuerte, la obra de Mainor González Calvo, quien desde su primer poemario Calvarios y catarsis (1997) inicia el proceso de socavamiento de la estética aúrica. El poemario es una exploración desde el absurdo y por el absurdo de las relaciones entre el poeta y su entorno. Los conflictos, a los que se enfrenta el artista, solo lo conducen a un universo de sufrimiento y purificación. El poeta lucha contra el mundo sin posibilidad de triunfar y sin posibilidad de redención, como ocurre en el poema IV:

Tengan todos muy buenas noches
¡Bienvenidos al encuentro del siglo!
Espero que disfruten del espectáculo.
En esta esquina
con peso de setenta kilos
cuerpo de bahía abandonada
y espíritu crucificado
el poeta Mainor González.
(¡Buuuuuuuuh! ¡Buuuuuuuuuh!)
(¡eeeeeeeeeeh! ¡Eeeeeeeeeeeeeh!
En esta otra,
con peso mayor a la soledad
y un aguijón indiscutible,
el eco del mundo
la mano que aplasta bichos
y coloca en su sitio los moños.
(¡Buuuuuuuu! ¡Buuuuuuuuuuh!
(¡eeeeeeeeeeeh! ¡Eeeeeeeeeeeh!)
Y comienzan.
Se dan un golpe
este recibe otro
aquel se amarra a las lianas
se juntan en falsedad
se escupen se gritan
se amenazan
reciben estoicamente
¡Se desploma!
¡Sí!
El pequeño vuelve a ver a la gente
y no puede ponerse de pie
Uno, dos, tres, cuatro, cinco...

Dos aficionados a la salida:
-Viste, no duró ni un suspiro.
-Ya sabía.
El que se mete con el Campeón
no soporta por mucho tiempo
la ventisca del mundo en sus espaldas.


El texto es la narración del enfrentamiento del poeta con el mundo, síntesis de orden, la belleza y la bondad. La lucha es encarnizada, pero el artista no puede superar el poderío de lo políticamente correcto. Al final, la derrota solo nos deja con un amargo sabor en los labios. El proceso de desacralización no define un sujeto específico, sino un sujeto general e indefinido que se convierte en obstáculo. El poema es un espacio -el cuadrilátero- y el poeta es un deportista -boxeador- que escribe sobre la realidad a golpes. La burla de los espectadores recrea el conformismo y la abulia de un mundillo literario, donde es mejor no luchar como el poeta. Frente a esta representación del poder indefinido, Mainor González ira construyendo una imagen del poder particular, del poder que existe y pre-existe en la literatura de Costa Rica. En La sombra inconclusa el poder es representado por un oficialidad estupida y utilitaria que se regodea en gestos y posturas tradicionales, verbi gracia, el poema XIV:

Los poetas de la oficialidad
gustan siempre de un par de ventanas
de mucho turrón en los brazos

y candelillas para dormar a los transeúntes.

Les pica un poco los bolsillos
y adornan con lengüeta cualquier promoción
que ilumine las fases de un bazar.
Aman con fervor absoluto
las ovaciones y los ágapes de bombín
revueltos bajo una delicada capa
de perfume y tradición
pero eso sí
no soportan un guiño mal empleado
ni una palabra rebelde

que pide mayor apertura sus abrigos.
Por eso

desde hace mucho
yo siempre paso de largo
cuando escucho sus voces

lamiendo estrepitosamente las aceras.

El poeta ataca la oficialidad poética como institución que premia y canoniza a los escritores. Los poetas oficiales, ya sea de la academia o el periodismo, no permiten la individualidad, el talento que se rebela contra las fórmulas estéticas. Estos se subyugan a las cacatúas y a los espantapájaros, persiguen premios como semillas de girasol. El verdadero poeta joven, rebelde y clandestino tiene que alejarse de los lamebotas. La tensión entre la oficialidad y la clandestinidad no re resuelve con el alejamiento los círculos culturales que asfixian las estéticas alternativas. Sin embargo, no es posible seguir siendo siempre un poeta adolescente contra todos y contra nadie. De allí, que su poemario Poemas para desmentir y especular se proyecta como un viaje por diversos territorios de la geografía nacional, comenzando por el poema "Puerto Viejo" y terminando en los complejos urbanos. La ira y la furia de los primeros libros hasta alcanzar un equilibrio entre la forma y el sentido, como ocurre en el poema "Zapote":

Para muchos una esperanza
para otros un desquite
para algunos barrial de pobres
para pocos un negocio del cielo
para la mayoría un deschave, una insurrección, una calamidad
para la otra parte un descalabro en la conciencia
para la comunidad un día más, un día menos
para el país la lógica transmutación del Carnaval de Río

El poema ya no es simplemente un espacio para la desacralización del discurso poético ni para el enfrentamiento con oficialidad enferma y suicida, sino un lugar de descubrimiento. El poeta se deshace del feísmo, del canibalismo, para convertirse en descubridor de su ámbito vital. El poema ya no tiene una función política, sino una función estética, se reduce a una sencillez, claridad y precisión absoluta. El rumbo escogido por Mainor González Calvo da sus más granados frutos en su libro prosas antropófagas,  quizás hasta la fecha su libro mejor logrado. Un poemario de amplio espectro que muestra el talento y el genio de un poeta que alcanza la madurez, como ocurre con el poema
"Pequeña acotación matinal":

A veces, desde mi cuarto, veo a los niños salir en procesión, soberanos, dueños temporales de la calzada y el envés de las aceras. Entonces, justo cuando cojo el papel y despierto el lápiz, la calle empieza a ser barrida por los tirabuzones y el silencio. Me doy cuenta de que es hora de partir. Tomo los cuadernos y los libros que han de trabajar hasta la noche. El cuarto(creo) comienza a despedirse. Sabe que no le hago mucho caso y él tampoco hace caso de mis recovecos. Salgo. El sol comienza a desplomarse como plomo derretido. El camino por recorrer es menguado. La soledad espera, fumando un cigarrillo, a sus deudores frente al corredor de la pulpería.

Un poema terriblemente conmovedor que nos recuerda los cuadros creacionistas de Pierre Reverdy. El poema descubre en la realidad la magia y el misterio. Mainor González Calvo es un poeta costarricense. Su obra, fuera de los círculos y periódicos viciados de la oligarquía, es una muestra de talento, ingenio y rebeldía. En la "Pequeña acotación matinal", el poeta recorre un mundo siempre en movimiento, todo se acerca o se aleja, pero no existe alguna explicación de este movimiento, simplemente ocurre. El mundo está vivo y se transforma en la manos del poeta. Siempre es hora de partir, siempre que se escribe se vacía el poeta de sí mismo y lo demás. Prosas antropófagas es un buen, un libro capaz de despertarnos la curiosidad y el interés, capaz de sorprendernos con sus imágenes, sus sueños, su locura. Regresar a él, no es regresar a una cantina, donde siempre se toma lo mismo, es recuperar el barrio, la ciudad, la nación: Costa Rica, vista en su pasión y ceguera.

lunes, 12 de octubre de 2009

María Morales C. : El corazón de la urbana realidad

La poesía de María Morales C. es poderosa como las imágenes de una película de Almódovar, síntesis del movimiento urbano que redescubre lo nimio y lo olvidado. Una poesía, caracterizada por la sencillez en el lenguaje y los imaginarios del rock y el punk ,evoluciona dentro de las tendencias retro que revelan como espacios primordiales la televisión y el cine hollywodense. Una literatura, asqueada de las encrucijadas trascendentalistas, mira y ve la realidad tal como es, mezcla de soledad, hastío y dejadez. Morales es la más grande representante femenina de la nueva generación que nos invita a seguir un nuevo rumbo en la poesía costarricense. Una voz poderosa que alcanza las alturas alquimistas de una Eunice Odio, la profundidad mística de una Mía Gallegos, la universalidad de una Ana Istarú. Su libro en el otro patio es la suma del genio, la belleza y la elegancia del alma de la poeta que escarba en los paraísos artificiales de Baudelaire, Kerouac y Burroughs. El libro está dividido entre tres partes, la primera parece desarrollar una historia escindida entre la madurez y la infancia poética, la segunda desarrolla como ejes temáticos el amor y el desamor, el tercero profundiza las relaciones entre la infancia como paraíso perdido, la madurez como paraíso artificial y el cine, la música y la literatura.
La poesía de María Morales alcanza las cimas más impuras y exactas de la realidad como ocurre en el poema "Two of us":

Pasamos la tarde
al suavitel.

Sentadas en el parque
nos vamos con las palomas.

Entre el ir
y el volver,
las cremoletas descienden
cagándonos la ropa.

El poema recobra la infancia como un paraíso perdido, donde se comparten los placeres cotidianos. En todo su esplendor la niñez es el disfrute de los espacios abiertos y las aves cotidianas. También es el goce de la dulzura renovada por los helados. La antítesis entre los términos suavitel / cagándonos se presenta como la antítesis entre la infancia y la adultez, en una se busca la limpieza de las formas en la otra la impureza es alegría y gozo. La cotidianeidad se convierte en una fuerza mágica y llena recodos de asombro e ilusión. En la segunda parte, el amor o la ausencia de él se convierte en el modelo de la vida poetica como ocurre en el poema "New Songs":

Enfrentarse a dos tazas de café
cuando solo se enciende un cigarrillo,
es el resultado de un hasta luego
cuando se quiso decir jamás.
Fue así como la casa llegó a tener más ganchos
pero menos electrodomésticos.
Desde entonces Dylan tiene más canciones.
Desde entonces puedo volver a comerme las uñas,
regresar a mis hábitos de incienso,
de comer pescado con chocolate.
Desde entonces puedo dormir tranquila
sin el concierto de nariz con el cuerpo de hombre.
Tenés que verme despertar cada día,
en el espejo se abre una sonrisa
diciendo jamás.

En este maravilloso poema, un poema único, se observa como el desamor urbano se recrea y recrea en escenas de una maestría implacable. El enfrentamiento con esa soledad simbolizada por las tazas de café y el cigarrillo nos lleva hacia el abandono, a volver sobre las costumbres y manías poéticas. El uso del voseo tan precisamente empleado es una declaración de guerra contra una realidad que oprime, una realidad reducida a la negación de la negación. En la tercera parte la relación entre realidad, cine y televisión, profundiza las revelaciones de una realidad desnuda y urbana, como sucede en el poema "El alter ego de Gabriel García y Metro Golden Meyer":

En el adentro
solo hay discusiones
de reptiles lejanos
entrenados con pasta muy dura,
pero sobre todo
con pasta muy miope.

En el adentro
sólo hay un general panzón,
y unos discípulos que no se dan cuenta
de que cuando él señala,
su mano ya tiembla.

Si las voces
del adentro
salieran al afuera

al afuera
afuera afuera
fuera
de los focos
de las piezas de mecánica
y del uso de la lengua,

algunas revoluciones
no llegarían a ser
tan malos brindis.

Un soberbio poema que desmetifica la relación entre literatura, cine y realidad. La paradoja entre el adentro y el afuera recrea dos espacios que son cada día más lejanos. El poema cada día es más realidad y menos literatura. En la novelística de García Marquez la poeta revela una fractura entre lo literario y la realidad. Lo literario es miope, obtuso, lleno de acólitos que siguen a ciegas las normas y las reglas de los maestros, imitación del gesto y la postura; mientras en el afuera la verdad insoslayable, la realidad que no escapa al análisis y a la desmitificación, la realidad desacralizada en todos sus recovecos y aristas.
El poemario en el otro patio es quizás uno de los mejores publicados dentro de la tendencia a una poesía urbana, una escritura convincente, existencial y llena de descubrimientos. Un libro que no puede pasar desapercido porque está aquí con nosotros.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Camilo Retana: un genio adolescente

La obra de Camilo Retana es una de las más representativas del movimiento urbano costarricense. No es de extrañar que haya superado a sus maestros en cuanto calidad y precisión del lenguaje poético. La generación de Retana ha logrado, lo que la anterior no pudo imaginar, la prosaización de la poesía de Costa Rica, colocándola a la vanguardia de la producción lírica universal. Esta poesía rescata los espacios urbanos por excelencia: la habitación poética, la familia fracturada, las calles sucias, el autobús desabrido, los bares, el circo y la palabra. Cada uno entrejido a la manera de la poética beatnik con elementos culturalistas como el discurso de Foucault, Marcuse y Derrida. El entramado de esta poesía busca revelar al lector la determinación histórico-socio-filosófica del sí mismo al construir un poema cuya sencillez niegue las elaboradas matrices del trascendentalismo esotérico.
El proceso de desacralización del discurso poético no se basa en la ironía de Nicanor Parra, que algunos comentaristas apuntan, sino en la identificación del yo poético con una realidad no poética. El libro, inteligentemente dividido en cuatro partes tituladas Mal acompañado, Contestador en cero, La mala estirpe y Tocar el humo, desarrolla un tránsito desde el yo poético hacia la familia y la literatura. La desacralización como meta, fin o destino del poeta, se expresa desde un análisis concienzudo de las relaciones entre el individuo y las circunstancias que lo oprimen. La memoria como vehículo de la opresión constituye uno de los ejes fundamentales del poemario, el otro eje lo forman una serie de arquetipos o modelos simbólicos. El primer poema "Pongo silencio" es un excelente ejemplo del proceso de desacralización iniciada por la generación de Retana:

Pongo silencio
en las heridas
como si de verdad creyera
que a la soledad
hay algo que la borre

Cierro las ventanas,
guardo bajo llave
el recuerdo
casi triste
de mi hermana

Afuera
alguien toca la puerta
pero no abro

Es que hace mucho tiempo ya
que no estoy esperando a nadie

Definitivamente, el lector se encuentra ante poema paradigmático que revela los motivos sobre los cuales evoluciona el poemario. El yo lírico se coloca en una posición tópica para mostrar sus heridas: la familia y la literatura. La claridad, sencillez y concisión muestran como es innecesaria la pirotecnia de adjetivos y metáforas ocultistas. El poema crea un escena que busca la empatía del lector, una identidad entre soledades anacrónicas. Es una historia íntima que quiere ser universal. En la segunda parte del poemario Contestador en cero, otro poema de una precisión única se titula "Tomo el bus", en que el poeta revela otra de las fuerzas opresoras que lo invaden:

Tomo el bus

allí conjuro
los intentos fallidos
de derrumbarme

Imagino
que esperás en el sillón,
vos también
con todas las batallas perdidas

dándole cuerda al mundo
haciéndote la sola

Un poema de un hondo estrecimiento personal que transforma un hecho cotidiano en un asunto carácter universal. El sufrimiento y la esperanza como fuerzas en constante pugna, la necesidad de creer, aún cuando el universo sea una máquina de cuerda que la amada pone a trabajar. La destreza insuperable del poeta para dibujar el movimiento y la quietud con un lenguaje cuya sencillez se eleva sobre la grandilocuencia vacía, se convierte en un motivo para continuar la lectura del libro. Pues, la tercera sección La mala estirpe es quizá la más intensa y lograda del libro. La figura paterna es la herida, no una herida, sino la herida insoslayable. Su presencia y su ausencia son el alfa y la omega, el principio y el fin, como sucede en el poema "Papá" de un lirismo desgarrado:

Papá,
maldito
me hubiera gustado que te callaras a tiempo
que verano y noche
no estuvieran jamás en tus poemas

Ay Papá
vieras como aborrezco perdonarte
desmentirte
retomarte

Nada de lo que hay en este cielo es tuyo
lo perdiste por volverte loco
por volvernos locos
por marcharte a tiempo


La figura paterna se formula como un arquetipo mítico, es una fuerza opresora con la que el poeta desarrolla una relación basada en el amor y el odio. La presencia del padre se inserta en la escritura y la psique poética. El padre como afirma Paz "es el símbolo de lo cerrado y agresivo, capaz de chingar y abrir... la cuestion del origen es el centro secreto de nuestra ansiedad y angustia." Sentimientos que el poeta resuelve con la ausencia paterna, aunque su ausencia no logra calmar el desagarramiento vital que se ha revelado con la escritura poética. La última parte Tocar el humo se reunen los tópicos que ha ido mostrando el poeta, y quizás el mejor poema sea "La poesía tiene su propio rumbo", una clara y exacta arte poética de la que reproduzco solo algunos fragmentos:

La poesía tiene rumbo propio. Igual que un caballo que, abandonado por su único jinete, se lanza a galopar. Pierde el tiempo quien pretende encauzar o decirle donde ir a la poesía.
...
El poema es un perro rabioso que ante el aburrimiento, la noche o el misterio no sabe hacer otra cosa que incrustar sus uñas sucias.
...
El oficio del poeta es miserable, innecesario y descarado. El poeta debe ser un mentiroso: un demacrado alcohólico o un abstemio miserable.


El poema es un claro ejemplo de un proceso de desacralización del discurso poético construido sobre la relación poesía, poema y poeta, como si fueran círculos concéntricos de un infierno dantesco. Camilo Retana es uno de los mejores poetas que ha aparecido en la ya paradigmática editorial Perro Azul. El libro mala estirpe es un modelo de buena poesía, esfuerzo y trabajo literario. No es de extrañar que su primer poemario aparezca en una de las editoriales de mayor seriedad en el ambiente cultural costarricense. No se puede hacer otra cosa que recomendar la lectura de este poemario que riega su veneno por las calles de San José.

domingo, 4 de octubre de 2009

Camilo Rodríguez Chaverri: El gran polígrafo del siglo XXI

La obra de Camilo Rodríguez Chaverri es enjundiosa, una obra poética sólida que inicia en 1993 con Sueños en vuelo. Camilo es quizás el máximo representante de lo que en el 2001 se empezó a definir como "Poesía Urbana". Su origen se puede rastrear en Gonzalo Rojas, Enrique Lihn, Juan Gelman, Mario Bennedetti, Jaime Sabines, Nicanor Parra, Pedro Shimose, José Coronel Urtecho, Carlos María Gutiérrez y otros. Una poesía que pretende una comunicación directa e incisiva con el lector, con cualquier lector, utiliza un lenguaje claro, con frecuencia coloquial, a fin de representar las inquietudes compartidas por la mayoría. De allí, se sobreentiende que se desprecian las indagaciones individualistas, los lenguajes herméticos o mistéricos. Predomina entonces un sentimiento solidario con los desheredados y excluidos, una relación crítica e inmediata con la actualidad circundante, una inquietud existencial preocupada por la alienación, la violencia y la injusticia. La obra de Camilo recoge todos estos elementos como se puede ver en el libro Otras postales de la patria(2005), quizás uno de los más acabados en su abundante obra poética, en la que falta agregar Montañas rebeldes (1994) Simio urbanita (1995) Amor de barro (1996) En este jardín vivo (1997) ¿Por qué te fuiste, Capitana? (1998) La sirena y el pájaro ciego (2001) Luces del alba (2005) Cartas de navegación (2005)
El libro se inicia con un poema de carácter cinematográfico a la manera Martin Scorcese o Luchino Visconti. El epígrafe de Benedetti "Nadie puede / contemplarse dos veces / en tus ojos." implica una lectura que busca la empatía con el lector y la denuncia de la realidad sucia y prostituida. El hablante nos conduce como un lazarillo para con observemos con un único ojo aquello que jamás se volverá a repetir:

Voy por la calle 12 de la capital de mi país.
Aquí le llamamos la zona roja.
Hay gente tirada en las calles, en los caños.
He visto aquí personas con barba de muchos días
y enaguas rotas,
elegantes a pesar de la ocasión,
mujeres con una chinga de cigarro
como para que la mano y la boca no pierdan c0ntacto,
niños olvidados por el destino.
Es mediodía. Es feriado.
Todos salen de sus cuevas,
buscan un trago o un puro
para recobrar el espíritu de la noche.
De un cuartucho con una puerta
sale una muchacha.
Se puso el mejor vestido para el día.
Se ve muy vieja para su edad,
pero hace su mejor esfuerzo.
Hau una pareja sentada en una acera.
Ella levanta la mano.
Ellos le devuelven el saludo.
Sonríe.
Me quedo con su sonrisa
cuando el semáforo en verde
me invita a pasar...


El poema redescubre la realidad de un espacio específico, de un espacio degradado como ocurre en la magnífica novela de Fernando Contreras Única mirando al mar. El poeta se convierte en un explorador de los ambientes excluidos por la literatura oficial. Su trayecto por este espacio particular busca revelar la belleza oculta en una calle que simboliza la prostitución y el vicio en que se haya inmersa la patria. La gente tirada en los caños, los mendigos sucios, sin rasurar, las prostitutas asomadas a las puertas, nos conducen a esa muchacha demasiado vieja que sonríe. Esa sonrisa se convierte en la única verdad de este mundo, un rayo único que la ilumina y la rescata de la degradación. Otro texto paradigmático es el poema 32:

Ella no quiso nada más con él. Le había pegado, la
golpeó muchas veces contra la cama,contra la pila,
contra la cocina. Ella aguantó mucho, pero cuando él
golpeó
a sus tres hijas, ya no pudo más.
Le dijo que se fuera, y se fue. A ella le extraño su
silencio y obediencia.
A los días, cuando ella estaba en el trabajo y sus
chiquillas en el colegio, volvió, abrió la casa, la roció
con gasolina y le prendió fuego.
Las dejó con lo que andaban puesto.


Un texto fabuloso de denuncia de género que revela los alcances de la dominación masculina sobre el entorno femenino. El poema claramente prosaico busca la empatía del lector a través del sufrimiento de las mujeres. El lenguaje sencillo logra crear la tensión nerviosa entre la literatura y la realidad, un claro nexo entre la psicopatías y la conducta masculina. El poder, simbolizado por la gasolina y el fuego, se convierte en una determinación negativa de la realidad. El análisis sociológico del poema implica al lector, lo envuelve mediante los vacíos, aquello que no se dice, pero que muestra a un hombre que acata la normas, para después romper el orden social.
La poesía de Camilo Rodríguez Chaverri es una poesía madura, estrechamente ligada con el destino del ser humano. La denuncia, el amor y la esperanza constituyen los ejes sobre los que se construye una imagen de la sociedad y la patria. Su obra se decanta por una sensibilidad clara y directa: No sé si a usted le ha pasado. Muchas veces uno se encuentra con una mirada o un lindo gesto, y se queda sin palabras. Muchas veces uno no tiene que decir cuando mira a un niño de escuela mientras le ayuda a una señora a cruzar la calle, cuando una pareja de ciegos se abrazan en una esquina ante una el sonido de un camión que amenaza con majarlos, o cuando un chiquito se agarra de las piernas de su madre antes de entrar en la consulta médica. Una obra que se maravilla de la simplicidad de la existencia, que no se hunde en la tortura del alcoholismo y los paraísos artificiales. Sin duda, aún podemos esperar nuevos resplandores en esta poesía que marcha por las calles.

martes, 29 de septiembre de 2009

¿Es Parra el único antipoeta?

Unas preguntas absorben mis reflexiones por la pajilla del refresco. ¿Qué es la antipoesía? ¿Es Parra el único antipoeta?¿Son los poetas jóvenes costarricenses seguidores de la antipoesía? ¿Por qué es preferible la antipoesía al exteriorismo, a la poesía social, a la poesía "xucia"? La antipoesía es la tensión irónica entre el poema y el antipoema. Si esto es verdad, entonces, la antipoesía es la negación misma del poema, y a su vez, del antipoema. Nicanor Parra define con certeza su poesía en el siguiente antipoema:

Qué es la antipoesía:
Un temporal en una taza de té?
Una mancha de nieve en una roca?
Un azafate lleno de excrementos humanos
Como lo cree el padre Salvatierra?
......................................................................
Un ataúd a chorro?
Un ataúd a fuerza centrífuga?
Un ataúd a gas de parafina?
Una capilla ardiente sin difunto?

Marque con un cruz
La definición que considere correcta.
La camisa de fuerza (1968)

Si la antipoesía es la negación del sí mismo y su contrario, entonces, la imaginación dice que la antipoesía es tan antigua como los eslabones del absurdo. Son antipoetas los futuristas, los dadaístas y los surrealistas, como ocurre en el siguiente poema o antipoema:

"Poema Verde"
Negro, Violeta, Rojo
El violeta insulta a los otros dos
Chóferes y peatones
Mi nariz
Está hundida en el cielo y mi culo
Mira al cielo
Está
Tan asombrado
Que el mundo ha dejado de girar por un momento
A las armas
Rectificad las posiciones
Ya era hora, no sé si el chófer
Atropelló a los peatones
Fuego incendio
Ramillete que la tierra ofrece a la noche
Que se aburre
Acompañada
De sus estrellas académicas
Y por el arroyo que repite a la luna
Tonterías plateadas
Adiós poeta del laúd tartas de crema
Supositorios de manteca de cacao
Hurra yo saludo al poeta disconforme
Que sigue excitado
A la realidad
Que se pasea con vestido trasparente
Ven.
Revista Sic (1917) de Pierre Albert-Birot

Sí, eso quiero, un poeta disconforme, un poeta deforme, un poeta-informe, un antipoeta que antipoetice la antipoesía... Aún así, pienso, creo, medito, donde nacen las raíces de esta búsqueda sin buscador. O debo como Catulo escribir "En defensa de mi honradez", para apreciar un poema o un antipoema romano:

Os daré por el culo y me la mamaréis,
mamón de Aurelio y marica de Furio,
que me creíste poco decente,
porque mis versos son ligeros.
Que el poeta piadoso debe ser decente,
pero de ninguna manera sus versos,
pues solo tienen sal y gracia,
si son ligeros y poco decentes
y si pueden excitar las cosquillas,
no digo de los jovencitos, sino de esos
velludos incapaces de menear sus duros lomos.
¿Vosotros, porque leisteis muchos miles
de besos, creéis que no soy hombre?
Os daré por el culo y me la mamaréis.

¿Es antipoética la poesía joven costarricense? ¿Es exteriorista la poesía joven? ¿Es minimalista la poesía? Y si no lo es, es la negación del poema poético del poético poeta o es la negación del antipoema antipoético del antipoético antipoeta. No lo sé...¿acaso lo sabrá el lector?

martes, 15 de septiembre de 2009

Lectura, contralectura, sobrelectura de la poesía en Costa Rica

En los últimos meses, leyendo otros blogs, entiendo lo difícil que es hablar sobre libros publicados por poetas jóvenes y viejos. Leer un libro es apropiarse del contenido, no del autor. Quizás, este es el problema central en la literatura costarricense. Si el poeta crítico lee, desde dónde lee, desde su obra, desde su estética, desde su supuesta objetividad, revelando en la obra del coterráneo y coetáneo lugares comunes, frases hechas, plagios, que pervienten los designios de la verdad, la belleza y la bondad. Y el poeta, como asume la lectura del poeta crítico, como un niño regañado, como adolescente que siente que el mundo está su contra, como adulto que valora de dónde y de quién vienen los disparos. Pues, el poeta es la obra y viceversa.
Es difícil hacer una lectura, apropiarse del lenguaje del poema, y ser a todas luces, un dechado de razón moderna. Quizás, por esta causa es que no se comentan los libros de poesía. La lectura es una contralectura, cuando el autor expone sus sabias y sesudas razones de por qué un poemario es basura -una palabra vacía- si quiere llenar de un lenguaje seudo-filosófico o de una ideología estética. La contralectura se hace desde lo que no me gusta del poemario, la verdad de su contenido, hasta las relaciones con otros autores de la misma época, para caer de nuevo en las frases hechas y los lugares comunes. Aunque la contralectura es necesaria, y a veces, deseable. No se hace, porque no se quiere caer en desgracia entre el reducido círculo de poetas, que al fin de cuentas, son los únicos que leen poesía.
Por otro lado, la lectura oculta, se enmascara de objetividad, de erudición metafísica. No se lee viendo los defectos del texto. Se lee bajo el dominio de la empatía, de aquello que me gusta y refleja mi propia sensibilidad. La lectura se torna en elogio, alabanza, marcha triunfal sobre los cráneos de los poetas muertos. La sobrelectura atiborra páginas y más páginas. Periódicos, blogs, revistas, se desbordan ante el descubrimiento del agua caliente. El poemario es el mayor logro de la humanidad desde el descubrimiento del fuego, de la rueda, de la imprenta. El poeta ha bajado a los infiernos de la realidad esperpéntica y nos ha traído la verdad, la belleza y la bondad. Atónitos, nos rasgamos las vestiduras y damos honor a quien honor merece. La sobrelectura no toca el texto, porque el texto es intocable. El texto es el poeta y viceversa.
Ante esta disyuntiva, paradoja o encrucijada, nos resta leer en silencio, mascullar nuestras cavilaciones; no tomar partido por una contralectura o una sobrelectura. El silencio sordo, mudo y ciego acampa en el mundo literario costarricense. Ni siquiera los periódicos de renombre en Costa Rica se permiten la crítica justa, desbocada y salvaje. Solo el acuse de recibo, trasparente e insulso. ¿Cuánta alegría me daría no encontrar un genio en cada academia o cantina?

miércoles, 9 de septiembre de 2009

A un poeta muerto

Dicen que ha muerto un poeta,
dicen que amaba los bares y la podredumbre,
que nunca tuvo un traje de marinero
para tomarse la foto de rigor,
que nunca leyó la Biblia,
pero bajo de la montaña
con un ramo de aullidos
y una sed de tabaco.
Escribió hasta morirse de hambre,
hasta llenar sus pulmones de pajaritos,
de alambres de púas
y navajas de afeitar.
Acurrucado en el corazón de una prostituta,
en el corazón de la desnudez,
con el gusto de haber asesinado las palabras.
Dicen que ha muerto un poeta,
buscaba el lector futuro,
el oidor futuro,
el futuro glorioso de las cucharachas
y los macarrones.
Dicen que soñaba espejos besándose,
máquinas de escribir
y venas sangrantes
como un río de harapos.
No tuvo tiempo de amar los maníquíes y las alondras,
porque odiaba los maniquíes y las alondras,
también la palabra crepúsculo,
la palabra eternidad.
Creía firmemente que todo había pasado de moda,
como el mar que regresa al espejo.
Ha muerto un poeta, gracias a Dios,
pronto lo olvidaremos.

martes, 14 de julio de 2009

Hoguera Infinita: Itinerario de una llama amorosa


El lector que regresa sobre un libro ya leído tiene como inconveniente repetir lo que ya se ha dicho o revelado, aunque hay algunos libros cuya riqueza poética permite acercarnos a diferentes estratos de la realidad. La primera lectura que se hizo de Hoguera Infinita versaba sobre el amor y los cuatro elementos primigenios: la tierra, el agua, el aire y el fuego. Cada elemento engarzado en las figuras del amante y la amada. Pero también, interesaba el libro como proyecto siempre en metamorfosis, transformándose constantemente como la naturaleza. Claro, toda lectura recorre un itinerario diferente de símbolos y metáforas que se complementan, cambian de sitio y de postura, y revelan significados nuevos y asombrosos.
Dice muy bien Roberto Brenes Mesén que “Los poemas verdaderamente tiernos poseen ese algo fugitivo de los recuerdos.” Y el libro Hoguera Infinita presenta poemas de una verdadera ternura que hacen temblar la memoria, dividido en cuatro partes: “Hoguera Infinita”, “Silencio Vertical”, “Claroscuros del alma” y “Desvelos”. Cada una representa el diario de un amor hacia la ausencia del amor, o mejor dicho, del amor humano al amor divino, como decreta la poeta: “Dios / Tú / no has borrado / de la tierra los milagros.” En esta lectura, se tratará de responder cómo Hoguera Infinita es un tránsito y qué conlleva transitar con autora y su poesía.
La primera parte, titulada como el libro, reúne aquellos poemas donde el encuentro entre el amante y la amada es una realidad. El amor es un fuego purificante: Cual hoguera infinita / tu amor/ purifica / mi alma. El fuego ya no es un objeto científico sino poético, pues la conquista del fuego es una conquista sexual. El fuego surge del exterior para internarse en el espacio interno de la poeta, es posesión del amante: Lavas / hirvientes / corren / en el resplandor cóncavo / del gozo. La distinción sexual del fuego es claramente complementaria. El principio femenino del fuego es un principio de superficie y envolvimiento, un regazo, un refugio, una tibieza. El principio masculino del fuego es un principio de centro, un centro de potencia, activo y repentino como la chispa y la voluntad. El calor femenino ataca las cosas desde afuera. El fuego masculino las ataca por dentro, en el corazón de su esencia. Como ocurre con los poemas de Elliette Ramírez.
La segunda parte, titulada “Silencio Vertical”, aúna poemas en los que se vislumbra la separación de los amantes, la ausencia se trasforma en oscuridad, frío y lejanía: Sin ti / es danzar sin luz / la vorágine / del océano. Resume la sensación de pérdida que expresa: Tal vez puente / Tal vez planta / Tal vez / palpable o trasparente muro / cercado de presencias / ahora que no existes. La separación de los amantes no se produce por la huída o la negación del amor, sino por la muerte, ausencia irreparable. Históricamente, el discurso de la ausencia lo pronuncia la mujer: la mujer es sedentaria, el hombre es cazador, viajero; la mujer es fiel, es quien elabora su ficción, puesto que tiene el tiempo para ello; teje y canta.
En “Los claroscuros del alma”, tercera parte del libro, ante la pérdida del amado la poeta se refugia en la oración. Toda oración cristiana supone una cierta participación de la persona que en ella toma parte. La oración significa suplica, no es un rito exterior como recitado de fórmulas, sino el don personal del espíritu y del corazón de Dios presente en el alma por la gracia. De este modo, se expresa la poeta: Dónde la oración / alza su vuelo / En cuál escondrijo / de la aurora / parpadea la sombra / y lo ignoto / dibuja / claroscuros en el alma. El amor carnal se transforma en un amor místico. La poeta ya no busca el placer de la carne, sino la delicia del encuentro amoroso con Divinidad: Místico amor / busca el signo / que de tantos desatinos / se torno imperfecto / La magia del espíritu trasciende / y el amor purifica / los sentidos. De esta manera, si el amor carnal purifica el alma, el amor divino purifica la carne (los sentidos).
La última parte “Desvelos” es necesaria interpretarla como una verdadera arte poética, en que la poeta nos revela el proceso creativo como una posesión fantástica y maravillosa:
Reverente invoco
el códice sagrado
Interpelo el misterio de la noche
En vigilia voy a su fuente
transcribiendo
las memorias del sol
y lo que perdura
más allá de la muerte
Amasijo la arcilla
su luminosa piel
de agua me recorre
Intenso pálpitos milenarios
seducen
Visible magia de otras manos
en las mías
vuelo de palomas
palpitantes
saltan
en la dúctil materia complaciente
Las horas del desvelo
ansiosa y dulce locura
extraña
calidez envolvente
mis manos en las suyas
fluidas
acinturan
insospechadas sensaciones
Desato temblores
de encubiertos enigmas
El cuerpo sin control
arrebatado
metamorfoseándose
con su respiración
acompasada en mi nuca
acaricia
hombros
brazos
manos
torso
encendiéndome en su color
de siena tostado
Mágica ternura cabalgando
rito siempre presentido
Y la creación voluptuosa
tomó forma
y el ancestro creador
dentro
o fuera de mí
doblándome
desdoblándome
conjurado misterio
desvaneciéndose
desvaneciéndome

jueves, 9 de julio de 2009

Elliette Ramírez Alvarado o los elementos del amor


(Leído en la presentación de Hoguera Infinita)
La poesía de Elliette Ramírez es el tópico que nos trae esta noche, y con ella, inevitable, los elementos del amor, como queda muy bien demostrado en Hoguera Infinita. Esta noche de septiembre, recuerdo las tardes de café y poesía en que Canciones para acariciar tu piel o Una cruel mansedumbre de líquenes blancos se fue transformando en lenguas de fuego, en eróticas llamas. Sí, el trabajo, la dedicación; pero también la gracia y la lujuria trasmutaron los antiguos poemas en una hoguera, y si lo pienso bien, esta hoguera es un centro solar que aproxima a los seres, por el calor y la luz –y también como lugar donde se cuece la comida– es un centro lunar de vida propagada. Pero, más cercano a la conjunción o síntesis de su título, creo yo que este libro es un altar de sacrificios, que expresa la materialización del espíritu divino.
Sé también que mi Amiga Elliette –lo digo con mayúscula– estará sorprendida de que no use los poemas tal y como aparecen en el libro, sino aquellos que se quedaron en el camino, aquellos que se vistieron con nuevas formas y colores. ¿Por qué? –Se preguntará el oyente–. Sencillamente, porque la poeta leerá las versiones finales, mientras el amigo sorprende al público con la génesis, la fecundación, el instante en que nace la idea, en que se genera el poema, y libre de trabas mentales y sociales, ve el mundo y respira el aire y prueba las aguas, y echa andar por la tierra con una mirada de asombro y otra de incendio. Después vienen las normas, después se le recorta el pelo, se le viste de seda o rayón, se le dice: “hasta aquí quedas... así que aguarda... que vienen tus hermanos y hermanas”.
Pero dejemos las divagaciones, y entremos en materia, dice muy bien “Ibin Jazem” de Córdoba: “El amor empieza de burlas y acaba en veras, y son sus sentidos tan sutiles, en razón de su sublimidad, que no pueden ser declarados, ni pueden entenderse su esencia sino tras largo empeño”. Y creo yo que tras un largo, pero muy largo, larguísimo empeño, Elliette Ramírez ha logrado un maravilloso libro de amor, que está lleno de fuegos, silencios verticales, claroscuros, desvelos y otras menudas sutilezas, que trataré de inventariar en estas pocas líneas.
La poesía de Elliette es pagana, y a la vez, cristiana; mística y lujuriosa, versada en los placeres mundanos, pero inserta en los preceptos de la cristiandad. Estas antítesis–muy occidentales– por supuesto–, se encuentran montadas en los elementos primordiales del mundo grecorromano (agua, aire, tierra, fuego) Pero no son de ningún modo irreductibles entre ellos; al contrario, se transforman los unos en los otros; incluso proceden los unos de los otros con un rigor que alcanza a los cuerpos de los amantes, y están en el corazón de la dialéctica amorosa, que nos revela Elliette Ramírez, en su poemario Hoguera Infinita. La dualidad de lo femenino y lo masculino se expresa en oposiciones espaciales, relaciones solares, telúricas, aéreas y marinas:
el manglar de mi cuerpo
rastrea
el bracero creciente
de tu savia...
También, el amor reúne los espacios abiertos y cerrados, los conjuga en elementos extraídos de ámbitos distintos:
Tus manos
recorren geografías
en mi espalda.
Mis manos
ensortijan
los rizos de tu pecho.
Los amantes se reconocen de distinta manera, expresan el amor y el deseo sexual, según roles preestablecidos. La oposición entre geografías y rizos revela como el amante y la amada ocupan espacios complementarios. Otro rasgo característico de la poesía de Elliette es la expresión del encuentro sexual con los elementos ígneos y acuáticos:
Estallo
en hogueras trasparentes,
en la insolente urgencia
de tu tacto...
O
Brindis íntimo
mareas encontradas
y sobre tu piel
mi caracola abierta...
También la tierra y el aire, como elementos opuestos y a la vez complementarios, sirven de espacios para revelar el encuentro amoroso, pero también la separación de los amantes y la perdida del amado. Estos actos nos invitan a recordar que el amor transcurre entre la tarde, la noche y el alba:
Amasijo la arcilla
Su luminosa piel
de agua me recorre
Intensos pálpitos milenarios
me seducen
erótica complicidad
de alguien gemelo.
O
Tal vez puente
Tal vez planta
Tal vez
Palpable o trasparente muro
Cercado de presencias
Ahora que no existes...
Otra característica de la poesía de Elliette es la mutabilidad del poema, este se transforma en innumerables versiones de sí mismo. El poema, como mecanismo, se transfigura en múltiples variantes equivalentes, según los designios de la poeta. Esta posibilidad de posibilidades permite que la escritora pruebe la flexibilidad del lenguaje. Así de un poema como:
Tu cálida presencia
transpiro
acunada
en mi espalda
Podemos encontrar o hallar diferentes versiones:
Acunada
a mi espalda
tu cálida presencia
transpiro
Transpiro
tu cálida presencia
acunada
a mi espalda
En mi espalda
transpiro
acunada
tu cálida presencia
Y aquí, la versión que quedó impresa en el libro. Pero reducir el poemario Hoguera Infinita, a una simple dialéctica de elementos opuestos y complementarios, sería no reconocer que nuestra Amiga Elliette Ramírez, ha escrito un verdadero diario amoroso, en que nos cuenta como los amantes realizan el amor, como viene la separación, como la pérdida del amado lleva a la amada a descubrir en el arte la posibilidad del recrear el amor como sueño y posesión:
Mi cuerpo orgiástico
metamorfoseándose
con su respiración
acompasada en mi nuca
acaricia
hombros
brazos
manos
torso
encendiéndome en su color
de siena tostado...
Dice muy bien “Ibin Jazem” de Córdoba: Cierto sabio oyó sostener a uno: “La separación es hermana de la muerte”, y le contradijo: “Sería mejor afirmar que la muerte es hermana de la separación”. De este modo, cierra el poemario de Elliette Ramírez con la certeza de que ante la pérdida del amado, ella puede declarar con una fe irrefutable:
Señor
el eco de tu voz
y mi fe
me sostuvo
en tu palabra.

DECÁLOGO DEL POETA MEDIOCRE

1. Escribir de cosas hermosas no hace bueno un poema Las rosas y las joyas, estamos de acuerdo, son hermosas. Pero incluirlas en un poe...