miércoles, 13 de mayo de 2015

Postal

No descansa la noche.
Anda suelta
y la ciudad extraña los muslos
y el violeta culebrea en las faldas.

Los pequeños animales salen de sus escondrijos
y la noche los acaricia,
los mima,
les da miel de gato
y galletas desabridas.

La noche duerme el sueño ebrio,
la miasma de la sierpe;
la antigua,
la que orina sobre cuaresma y fetiche,
dándose un largo beso torpe.

Los animales de cuatro patas,
de ocho colmillos,
salen de sus agujeros
y le ladran a la noche de los insomnios voraces.

La misma que descansa en el sillón
y da vueltas por la casa

y se dirige a un cuerpo incierto.

miércoles, 22 de abril de 2015

Paréntesis urbano

La ciudad se anuncia en las vitrinas,
por el bulevar sale a pasear
con un niño de la mano.
Está sucia, pero muy tarde
se lavó el hollín en la fuente de relojes.
No pinta nada bien el tiempo en la ciudad,
aunque anda descalza y en harapos,
le gusta espantar los pajarillos.
Tiene algo de mujer en cinta.
Está sensible
por el nuevo basurero de los parques,
porque llega Navidad con su marido.
La pobre vieja celebra un cumpleaños,
en honor al alcalde y su corte de gorriones.
Será la reina de la fiesta,
y en pocos días barrerán anuncios y mendigos.
Sólo los niños podrán vender
sus chicles y sus flores,
tendrán permiso de pedir en las esquinas,
después que se vayan a su casa,
después no quiere verlos por sus calles.
Mi ciudad se arregla su vestido,
le queda grande porque es un regalo,
le queda chico cuando salen al desfile.
No te preocupes, pobre vieja,
te pondremos un traje de azahar,
de veras, estarás bonita,

cuando tengamos que meterte en un asilo.

miércoles, 15 de abril de 2015

Doble foco en violeta

Al fin y al cabo,
la que duerme con la noche,
            la que no sale nunca de la casa,
la que lleva las medias roncas
            tendrá un muérdago tras la puerta.

La muy dudosa, que pone los pies en el polvo
            y sumerge su cabello en agua tibia,
en un sartén humeante,
            amará el linaje de los tenedores.
Así es
            y así será,
mientras la luna
trueque estaciones por monedas.

La que duerme en la calle,
chasquea los dedos y los dientes blanquísimos,
detiene un taxi para volver a su casa,
a la hora en que la otra tendrá
los labios agrietados,
y odiará el jazmín barato de sus pechos

            y al amor que la tiene de rodillas.

Tránsito

A tiempo sale el autobús
que viene del desamparo.
Llena el aire,
            cava el aire,
                        respira viento.
Sale del domingo,
de la muchacha
con quien se acuesta el árbol.

Único es el beso,
                        la piltrafa,
                                   el estacionamiento.
Así no más,
            sale la noche, vieja huraña.
Contenta, sí, por lo menos.
Arroja el labio, lame lenguas, oscurece todo
lo que pasa debajo de la cintura.

            A tiempo el autobús llega al no regreso,
humo y ruedas,
            tose asco,
pero en fin vamos contentos,
vamos juntos,
cuando deseo morder las caracolas
o masticar la pulpa de un corazón delirante.

En el camino, las flores podridas
nos dan su último aroma,
y es mejor así, porque de otro modo,
            las cosas no estarían en su páramo.
Parto,
            partís,
                        partimos
la tostada estupenda,
media naranja para vos, media para mí,
            a tiempo el destiempo,
solo que es más hermoso

     volver a encontramos.

viernes, 10 de abril de 2015

Gravedad

Tal vez nos llueva.
Quizás nos llueva.
Salimos al bar,
                        al cine,
                                   al parque.
            Salimos de dos en dos.
Si llueve se pondrá feliz el tijo,
                                               la calandria,
                                                           el ruiseñor.
Quizás la lluvia no sea una brújula sin norte.
Tal vez no sea húmeda, señora.
            Se agrava el tráfico,
                                   las buenas tardes,
la patrulla que acaba de pasar.
            Salimos de una ciudad sitiada.
Juntos,
dispersos,
                        a través,
                                   salimos.

Si no llueve, se secará el verano hasta los huesos,
el mismo que te aguarda, bufanda y gabardina gris.

            Se agrava la violencia,
                                      el maullido,
                                               las veraneras.
Tal vez no llueva.
Quizás no llueva.
                        Así de fijo el clima en la pintura,
de ausente la cerveza,
            de contrario el luto.
Salimos sin despedirnos,
            sin pedir permiso,
conocemos las juntas y las yuntas,
los semáforos.
Se sabe que se agrava el día,
que la enfermedad es grave
y la cura:

un mundo muerto.

La fragilidad del cuchillo de cocina

Reciente es la herida de mujer que llevo
a los sitios más remotos de la casa.
Apenas sangra se la muestro a las visitas,
a la gata que me lame la aspereza.

Voy por el mundo con mi llaga,
            a pecho abierto llego a las casas,
                        al regazo de los parques.
            Tiene un gusto a mar en calma,
a uno que dice nunca, quizás, quién sabe.
            Está amarilla como un girasol,
amarillo que agoniza.

Con un bozal y una cuerda,
            la saco a pasear en Navidad.
            en Pascua le enciendo una vela blanca
y una vela azul,
y otra que no es blanca ni violeta.

Es una herida nueva,
tiene la fragilidad de un cuchillo de cocina,
la tierna expresión de una coartada.

Salgo con ella los domingos.
            Tiene que lucir su sangre verde,
                        su magnitud de pus,
mostrar sus modales en la mesa,
            sonreírle a mí y a mis amigos.

Es reciente la herida que llevo
            a los rincones de la casa.
Qué bien domesticada –dicen unos –
qué perfectas maneras,

y qué graciosa.

miércoles, 1 de abril de 2015

Lluvia ácida

No preguntes,
            no insistas,
                        no arañes el mundo o la nada.
Todos estamos bien, menos el aire,
menos el payaso que recita multitudes.

Aquí,
            sí, aquí,
                        te pusieron bocarriba,
te amordazaron el cigarro,
                        ardieron tus libros,
la música que tanto quisiste,
la que no gustó al criminal ni a la vedette.

            Pregunta,
                        insiste,
                                   araña el muro y la fosa,
el hoyo y la agujeta.
El aire está bien, los otros, no,
los otros muerden espumas y lamentos.

            Allá, muy lejos,
pones a rabiar a los  poetas,
            a las academias y a la noche,
te amarras las manos para que no se escapen...

Arriba, los otros abren un paraguas,
            arriba, 
                        más arriba,
te mojas los labios,
                        el pantalón,                            
la camisa.

De cierto que no estás en sitio alguno.