miércoles, 30 de enero de 2013

Francisco Sierra, nos habla de la Generación Dispersa


¿Qué es una generación?

            Bueno, es una pregunta a todas luces compleja, mas si los críticos literarios ya no creen en la categoría de generación literaria. Yo aún sigo siendo un paquidermo, un científico de la Edad de Piedra. Creo que es una categoría de la mercadotecnia, no de la historia literaria. Siempre que pienso que es un coro de voces que cantan al unísono, me da asco y vomito mariposas. Me gusta reflexionar en las ideas que Francisco Rodríguez desarrolla en dos pequeños artículos, en los que contrapone la poesía testimonial-exteriorista-comprometida-conversacional frente a la poesía figurativa-trascendental-esencialista-metafísica-abstracta. Me encanta la idea de que existan dos polos, que todo nuestro universo sea dual, que todas las ideas multitudinarias de pluralidad o diversidad sean solo máscaras o cortinajes de humo para ocultar la verdad. Aún así como sostienen los autores de la antología, en su momento, toda generación de poetas es un desgarramiento, un sobresalto, un cuestionamiento, una combativa e indefectible búsqueda del propio ser expresivo frente a la realidad enajenante, que utiliza todas sus fuerzas para impedir cualquier desequilibrio, para ahogar las voces que intentan denunciarla. Una generación de poetas es ser todos, cada uno con su propia voz. Y poseer una voz propia es saber decir las cosas, es vivirse a partir de sí mismo. A partir de una manera de intuir el mundo y la vida, pero manteniendo siempre nexos objetivos con la realidad.

 

¿En qué contexto surge la generación dispersa?

            Todo lo que sé es por lecturas, rara vez, comparto con otros escritores costarricenses. A mi entender, la generación dispersa se empieza a desarrollar en una Centroamérica convulsionada, unos países vecinos y hermanos en pie de lucha, un país desestabilizado y en crisis, es decir en un contexto social cercano a la incertidumbre y la encrucijada. Sin embargo, en 1970 se creó el Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes, organismo centralizador de las actividades culturales y dirigido al rescate del patrimonio histórico, artístico y cultural. Esta generación nació al amparo del Estado benefactor, y chuparon de sus ubres golosamente, aún los nietos de esta generación siguen en la chupadera. Las generaciones de los noventa y del dos mil recurren a las editoriales independientes y privadas, lo que ha permitido una mayor y mejor difusión de la poesía costarricense. Quizás, por eso, se habla de un Renacimiento de nuestra literatura en todos sus géneros y formas.

 

¿Qué elementos agrupan esta generación?

Si en algo se puede “agrupar” a esta generación, es precisamente en su incoherencia, su ambivalencia, su desincronización, su falta de polos directores y aglutinantes. Ninguno de los poeta aquí presentados es un gurú de grupo, ni eje, ni bufón, ni maestro, ni mentor, alrededor de cuyo carácter o fuerza “superior” se encuentre girando un movimiento. Claro, yo estoy en total desacuerdo con lo que afirman los críticos literarios. Estos poetas se juntaron en el Grupo Oruga, el Grupo sin nombre, el Grupo de Poetas de San Ramón, el Círculo de Escritores Costarricenses, el Centro Literario de Liberia, dentro del Movimiento Nacional de Juventudes. Y en cada grupo, centro o círculo existía un gurú, un maestro, un sacerdote de la poesía que dirigía y mostraba los diversos caminos de la poesía.

 

¿Quiénes forman la generación dispersa?

Tengo entendido que los poetas nacidos entre 1950 y 1960, con excepción de Osvaldo Sauma (1949), aunque Osvaldo ha sido un claro representante de esta generación. Puedo enumerar, por ejemplo:

Miguel Alvarado 1958

José Luis Amador Matamoros 1955 Círculo de Escritores Costarricenses

Guillermo Arriaga 1960

Diana Ávila 1952 Grupo Oruga

Macarena Barahona Riera (1957)

Nidia Barboza (1954) Grupo Oruga

Ronald Bonilla (1951) Círculo de Escritores Costarricenses

Shandra Castro (1954)

Carlos Cortés (1962)

Miguel Fajardo (1956) Centro Literario de Liberia

Mía Gallegos (1953)

Ana Istarú (1960)

Carlos María Jiménez (1954)

William Montero Sáenz (1952)

Gerardo Morales (1955) Grupo sin nombre

Manuel Murillo Castro (1954)  Círculo de Escritores Costarricenses

José A. Porras (1954) Centro Literario de Liberia

Leda Ruiz (1958)

Osvaldo Sauma (1949)

Armando Antonio Sacaal (1956)

Habib Succar Gúzman (1957) Grupo sin nombre

Jorge Treval (1951) Grupo sin nombre

Pablo Ureña (1954) Círculo de Escritores Costarricenses

Samuel Vargas (1953)

            No sé, Cristián, pero a mí siempre me han gustado las enumeraciones, me permiten ver claramente las relaciones entre la sociedad y la poesía, entre la poesía y la historia, entre lo tangible y lo intangible, entre lo que se dice y se calla. Usted entiende que en Costa Rica es más lo que se calla, que lo que se dice. Me imagino que debe ser así en todos los países del mundo. Los grupos imponen una manera de ver el mundo por una temporada, hasta que aparece una nueva promoción y se ríe de los cadáveres de sus antepasados. Se ríe, pero no dice nada.

 

¿Qué piensa Francisco Sierra sobre el estudio de esta generación en particular?

En realidad, he leído poco a esta generación, solo lo publicado entre 1970 y 2014, aunque no comparto las opiniones expresadas por los autores de esta antología. La famosa generación dispersa, sí tuvo gurús o sacerdotes de la poesía. Se agruparon bajo el amparo de los primeros talleres o grupos literarios. Estos eran, siguen y seguirán siendo fábricas de poetas-salchichas, aunque muchos quieran llevarme, la contraria. Usted comprende cómo es nuestro mundillo literario. Recuerdo que Carlos Francisco Monge ubica el nacimiento de estos poetas entre 1948 y 1957, incluye a Janina Fernández, Leonor Garnier, Carlos de la Ossa, Luis Kleiman, Osvaldo Sauma, Ronal Bonilla, Lil Picado, Diana Avila, Rodolfo Dada, Mía Gallegos, Nidia Barboza y Carlos Francisco Monge, además arguye que la promoción siguiente está constituida por Miguel Fajardo, Erick Gil Salas, Gerardo Morales y Milton Zarate. Para el autor de Antología Crítica de la Poesía de Costa Rica, estos poetas le hablan a una nueva realidad, acentúan la metafísica del ser, y las relaciones de la existencia con los nuevos signos de la historia, sin que ello signifique poesía egotista. Recogen las tendencias relevantes de la poesía contemporánea, es decir, la testimonial, la erótico-amorosa y la confesional. Pienso que estos poetas se decantaron por dos caminos una tradición trascendental y por otra, exteriorista, una abstracta y otra concreta, una lírica y otra testimonial. Yo los llamó los poetas obreros, ya no son magos, ni alquimistas, ni místicos ni esotéricos. La realidad del mundo se les atraganta, solo quieren decir o cantar, les horroriza el misterio, la ciencia les ha enseñado que la vida ya no tiene secretos.

Francisco Sierra (Colombia, 1966) Estudió Literatura y Lingüística en la Universidad Nacional, licenciándose en 1994. Actualmente trabaja como profesor para el Ministerio de Educación Pública y para la Universidad Estatal a Distancia. En 1988, fundó el grupo RIP (Resquiat in Pace) junto con Manuel Coto. En los años noventa, artículos suyos aparecieron en La palabra y el hombre, Casa Silva, Cuadernos hispanoamericanos y Espéculo. Actualmente colabora para la revista Kañina, Letras y Señor Neón. El próximo año aparecerá la antología crítica Cómo entender el Cementerio Marino a través de las cartas del tarot (1990-2010) También anuncia la publicación de la Nueva Historia del Arte y la Literatura Costarricense,  un estudio transdisciplinario, transhistórico, trans-estético y transexual.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Divertimento



Yo sé, yo sé, yo sé,
Que sé, que sé, que sé,
Cuando todo sé,
Cuando nada sé,
Busco lo que sé,
Y no encuentro lo que sé,
Imagino lo que no sé,
Para que lo que sé,
Entienda lo que no sé.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Las niñas fallecen en verano y Todorov nos enseña que la estructura no es tan estructural


¡Torres de Dios, poetas! ¿Qué digo? ¿Qué dije?
Torreones de poetas. Poetas en cuclillas.
¡Oh, por Dios! ¡Qué amarga amargura me amarga
el lúpulo vecinal! ¿Decías algo o solo esquizofrénicamente
cazas versitos de cuartel?

 Y yo qué pensaba, pensé desde mi narciso colectivo,
Al cruzar del amarillo al azul: Cioran, las putas, Dalí o Gala.
Alondra, alondra, yo te desplumaré las tetas.
Y el terciopelo escapaba,
se escondía en las minifaldas,
justo en los muslos y las almejas.

¡Oh, por Dios! ¡Qué lengua deslenguada
anuncia la muerte de burgueses tinterillos!
¡Y yo qué decía, qué pensaba, qué tarareaba!
Burla burlando los equinoccios fatídicos,
burla con sorna y ramificaciones semiológicas,
con que esto no es poesía,
afirman los zombies anglosajones.


Dame la llave del mundo de los teletubies.
Dame la pata perrito falderon.
Las putas, los mendigos, los alcohólicos,
saludan el amanecer de los yigüirros y los monstruos.
¡Oh, por Dios! ¡Oh, por Dios! Lento, pero seguro,
El ciempiés te comerá las entrañas entrañables,
los sueños y las memorias
.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Oda Olímpica

 
Es cierto.

Por tu culpa.

Por tu gran culpa,

bajaron a las calles,

a los puertos,

a las cantinas,

a los prostíbulos,

como una manada de payasos o zombies,

con soundtracks y hoteles de paso,

con mastubatorios y mingitorios,

con risas de afeitar.

 

Bajaron del Olimpo, aunque nunca conocieron el Olimpo,

más bien, descendieron de su burguesa bajura,

a cazar basureros y mastodontes,

a curtir el cuero de los matamoscas y los catres,

a decir que la poesía no sirve para nada,

a decir que esto es poesía,

que la poesía murió

en la grotesca podredumbre de sus covachas,

a mirar los barrios con el mismo desprecio

de los aristócratas y los comediantes.

 

Así, de esta manera,

despreciaron los castillos y las catedrales,

los laberintos y los anagramas,

para reírse a mandíbula suelta de los lectores,

con piruetas y carcajadas,

con el poema-chiste

y el poema-objeto.

 

Es cierto,
 
los poetas bajaron de su montaña rusa,

de su torre de marfil y ébano,

de su templo de albas y gargantas,

de sus endechas paradisiacas.

 

Pero, gracias a ti,

volverán a subir por ascensores, escaleras, cuerdas,

buscando el aire azul y frío de la noche,

buscando esa región en que la muerte

se trasparenta con los sueños.  

domingo, 28 de octubre de 2012

La poesía costarricense de hoy


Más de uno que piensa que la poesía costarricense necesita un cambio. Yo lo sentí desde hace años. Leía todo lo que caía en mis manos, lo sigo haciendo, el peligro de leer es que aprendes a leer bien y entonces ya no crees todo lo que te ponen a leer. Así conocí a varios poetas burócratas, comencé a fraternizar con los niveles del infierno poético costarricense. Supe de estos burócratas que se dicen poetas y que obstruyen a otros que parece son más poetas que ellos. Pero ellos al servir a su causa dentro de una institución, no quieren o no permiten que otros disfruten de las mieles de la institución u organismo cultural. De éstos existen muchos más de lo que creemos, ya sea en la Editorial Costa Rica, Universidades  o institutos de cultura. Estos escritores funcionarios son muy extraños, creen merecer el parnaso costarricens. El ego habla más que sus obras. Y cuando los vas a ver, aunque sean funcionarios, no quieren dar nada ni que les pidas nada. Y siempre actúan como si te estuvieran haciendo un favor. Aún siendo burócratas y si se les recuerda que son burócratas te dejan de hablar y cierran la puerta de sus oficinas. Como si fueran realmente sus oficinas. Increíble espejismo que se forman. En fin, de estos conozco muchos y mejor olvidarlos. Por sus obras los desconoceréis.

Los otros poetas son los premiados, entrevistados, publicados, los poetas que siempre caen parados pero que su poesía es dudosa por su docilidad del arte por el arte. Poetas que hacen de sus obras y del grupo de amigos casa de los espejos. Y no significa que el poeta tenga que ser revolucionario. No, sólo se trata de un poco de ética humana, de lo más básico para creerles y leerlos con más ganas, pero esto no pasa. Estos poetas viven casi con la Diosa blanca, o son místicos de universidades o son becarios eternos o jóvenes de toda la vida y crean fundaciones dudosas de donde sale toda la poética nacional y más que cosmopolitas más bien suenan un poco a “pueblo poetero”. Estos poetas son reinas y reyes de todas las primaveras y carnavales del país y fuera del país. Son poetas que se preocupan más por su fama y su pose que por su estética e ideas.

Los poetas de talleres, de encuentros y de ferias de libros, son especialmente chistosos, se la pasan en cada rincón de cualquier pueblo con tal de leer sus obras completas que se auto editan, se auto premian, auto mencionan, se auto elogian, se auto complacen, se auto reseñan. Poetas que buscan la foto en cada esquina con poeta “reconocido” y que por lo tanto creen que ellos serán a sí mismos reconocidos y aplaudidos y llenos de decoro y bien portados y se felicitan en cada salón de presentaciones y en los bailes de los encuentros de poetas y no se preocupan tampoco por la poesía, sólo les interesa su poesía y las reseñas de sus poemas y así hasta que mueren olvidados por su propio grupo, sino tienen la mala fortuna de que algún vivo instaure un premio con su nombre. En fin que estos eventos son deplorables. Y llegan a caer en el ridículo y en lo patético.

El engaño y autoengaño es de lo más común y necesario para pasar por todos estos círculos. Si no hay engaño no hay venta si no hay venta no hay poesía. Pero primero es creérselo después no escuchan nada ni a nadie.

Después para comenzar a concluir vienen las vacas sagradas de la academia costarricense de la lengua, los becarios del sistema nacional de creadores y demás eméritos que dicen decir que dicen ser conocidos que dicen ser leídos y muestran al pueblo su cultura, que en este caso sí es su cultura. La realidad es que a nadie le hacen daño pero tampoco a nadie le hacen bien. Pasan como todo en este pueblo de solos. Con mínimos aplausos que ellos creen son universales. El engaño otra vez, parece que el poeta trabaja más con el engaño y autoengaño que con palabras.

Creo que tenemos varios problemas que resolver si queremos ver a la poesía costarricense de distinta forma y liberada de toda burocracia. Creo que en estos momentos la poesía costarricense, como muchos, está secuestrada, principalmente por dóciles poetas. Tal vez ellos en su ingenuidad no se dan cuenta de lo que están haciendo mal. Quiero ser inocente y entonces hay que alertarlos y decirles que se están equivocando. Uno de los síntomas de que se equivocan es que la poesía costarricense hace muchos años no da nada bueno a la poesía mundial. Ningún poeta costarricense influye de manera estética a ningún otro poeta de otras latitudes. Me imagino es porque estamos más preocupados por quién nos mantenga que por crear una voz propia y verdaderamente poética. El miedo es otro enemigo de la poesía en Costa Rica. Miedo a perder el premio, la beca, el apoyo, los viajes, la publicación, los encuentros y así miedo a todo menos al poema, verdadera misión para el poeta.

Es necesario entonces quitar de en medio todos los premios de poesía. Es más: prohibirlos. No permitir que se premien a los poetas, ni premiar a la poesía. Es absurdo premiar algo como la poesía, algo que no necesita premios. Quitar del panorama, del mapa, a los premios y premiados. El premio detiene el motor creativo. A estas alturas los premios no sirven de nada a la poesía. Sólo sirve a la cuenta del poeta.

Lo otro es acabar con los encuentros de poetas. Son ridículos y sólo sirven como pasarela de egos y al final nadie se escucha y todos aplauden en automático. Son patéticos, verdaderos clubs del recuerdo. No sirven, o solo sirven a los interesados y sus intereses.

Lo otro es quitar de una vez y para siempre becas y estímulos a los creadores. Es innegable que a lo largo de la vida de estos instintivos, no han servido de nada, más que hacer engordar a escritores y escritoras.

El problema de que uno aprenda a leer, es que algunos a veces sí aprendemos a leer, tan bien, que terminamos por ya no creerles. Creerles a los que se dicen escritores o poetas costarricenses. El aprender a leer nos lleva a buscar más, cada vez más, como poseídos, como endemoniados. Y este acto de lectura libre es en detrimento de los propios poetas que nos dicen que tenemos que leer. Cuando leemos volteamos, regularmente a otras partes con mayor cantidad de aire y de ideas. Con mayor y mejor poesía.

¿Quién le teme a Cristián Marcelo? Una entrevista fracasada

1. ¿Tanto tenía Cristian Marcelo guardado? Sí, Corriente subterránea es un libro que empecé a escribir en el 2006, y en realidad no se llamaba así, sino Metal black punk, no tenía que ver con la música, más bien con mis ideas sobre la contradicción y la circularidad. La primera parte Cámara nocturna, la inicié en el 2004, se basaba en dos ideas o obsesiones que tenía la fotografía de la ciudad y la habitación como un mausoleo. En realidad aún tengo varios libros que duermen el sueño de los justos, de poesía Manual para locos y fornicarios, Aprisionar el alba y Crónica del esplendor y un libro de cuentos que me encanta, pero aún debo trabajarlo mucho, para que vea la luz Sala de operaciones. Otros que nunca verán la luz son Sonetario sentimental o Décimas y alacranes.

2. Según me contó usted, que acá hay dos libros compilados. ¿Por qué tantos años de silencio y dos libros como respuesta? Cierto, han sido muchos años de un silencio riguroso, roto por este libro. Las razones son personales y a la vez tienen que ver con nuestro venenoso ambiente literario. Las primeras hay que buscarlas en la publicación de la antología ficticia Fragmentos fantasmas en el año 2000. El libro surgió de la posibilidad de editar con el Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes. En aquel tiempo estaba trabajando en cinco poemarios diferentes, no solo en estilo, sino también en temática. Eran ejercicios de imitación de diferentes autores que me llamaban desde sus poéticas. La prisa por publicar dio un resultado espantoso. El libro mal editado, lleno de errores y horrores, no hizo ninguna mella en nuestra literatura, y a mí me dejo completamente resentido. El juego de los heterónimos ya lo había realizado con mucha más madurez y destreza artística Fernando Pessoa, quizás lo único que salvaba al libro era la chota que se le hacía a los talleres, que reunidos alrededor de un gurú y una ideología estética iban creando una manada monstruosa de epígonos e imitadores. Al final solo el poeta argentino Jorge Boccanera lo entendió en toda su magnitud. Y a mí me dio la excusa de retirarme, y concentrarme en hacer una obra, alejado de las tendencias dominantes, de los concursos, de los recitales y de todo el mundillo literario. Durante estos dieciséis años de retiro en mi casa en Desamparados, he podido ver como el trascendentalismo y el realismo mantienen un pulso por figurar en los premios nacionales, en los medios de comunicación de masas y en el mercado literario. Al no pertenecer a un grupo, ni tener a alguno de los maestros de poetas que figuran como lectores, jurados o críticos literarios, sencillamente he sido ignorado, o lo que es peor, ninguneado. Recuerdo cuando apareció Fragmentos fantasmas que unos me acusaban de ser demasiado tradicional, mientras los otros decían que mi poesía no era poesía. Sin el padrinazgo de un poeta mayor, poco se podía hacer en aquel tiempo, no como ahora que existen una gran cantidad de editoriales privadas, y ya no es necesario enfrentarse a lectores prejuiciados por su trabajo y su visión de mundo. Ahora, bien, ¿por qué dos libros? Bueno, yo creo que es solo uno, en mí se mantiene la idea que el artista es su estilo, su lenguaje. Los grandes poetas tienen eso que yo llamo su voz, una marca de fábrica que no importa si están escribiendo sobre la violencia en las calles, la revolución, o algo más banal como el amor o la eternidad, siempre permanece. Pienso que Corriente subterránea es un libro necesario, para mí, porque rompe un silencio de doce años, y para el medio, porque es una propuesta novedosa, pero a la vez, tremendamente añeja, como un bueno vino o una buena chicha.

3. Cada poema de este libro, es una selección cuidadosa de su parte tengo entendido. ¿Cuánto le tomó recopilar cada poema? La primera parte de Cámara nocturna, si es una selección de poemas de varios libros que armé, desarmé, corregí, borré, volví a escribir. Allí si están los diez años concentrados. La segunda parte, propiamente Corriente subterránea, es un solo libro, escrito durante mi estadía en la finca La Lucha de los Figueres, trabajando en el Colegio Técnico Profesional José Figueres Ferrer, es un canto de amor por San José, por la suciedad, la podredumbre, la violencia de nuestra capital. Yo selecciono buscando una unidad en cuanto ritmo, melodía, lenguaje. Para mí, lo temático es lo de menos. Nunca he podido escribir ese tipo de poemarios sociológicos que tanto le gustan a los jurados. De Corriente subterránea me divierte que el primer poema trate sobre la infancia y el poema que cierra el libro, también. La culpa, creo yo, hay que echársela a Rimbaud. Pensándolo bien, creo que en la portada debí poner, la aclaración de poemas infantiles.

4. Pregunto: ¿Hubo mano del editor para esta edición de dos libros suyos? El editor leyó el libro y le gustó la segunda parte más que la primera, entiendo que quizás la primera es más delicada, no usa un lenguaje sucio, y está dentro de lo tradicional, o por lo menos, parece más tradicional. La segunda parte es más voraz, violenta, salvaje, pero mantiene una delicadeza, una rectitud del lenguaje, si se puede entender eso, que no calza con el realismo poético que practican los poetas de mi generación, y menos, con el trascendentalismo que ejecutan otro grupo de poetas. Yo creo que cada autor encuentra a su editor, y yo encontré en mi editor la complicidad de la poesía. No solo se trata de escribir poesía para estar a la moda, se trata de escribir poesía, porque es parte fundamental del espíritu humano. Mi editor, creo yo, entiende la poesía como una búsqueda más allá de las corrientes estéticas dominantes. Yo espere por diez años ese encuentro que genera un cambio, un viraje, que muestra otras posibilidades de creación. Más que publicar se debe pensar en escribir una obra que resista el paso del tiempo, aunque parezca un espejismo o sueño descabellado.

5. ¿Dónde lo venden y cuánto vale? El libro por el momento se encuentra en la librería Duluoz de Gustavo A. Chavez, con un costo de cuatro mil colones. Pero pronto se pondrá a la venta en otras librerías.

jueves, 11 de octubre de 2012