viernes, 28 de febrero de 2014

Poesía y religión

La poesía es la nueva religión para aquellos que ya no creen en verdad alguna, sustituye la verdad empírica, la verdad teología, la verdad filosófica. Cuando no hay nada en que creer, se puede creer en aquello que está en los límites de la sociedad. La poesía es el género cenicienta, mendigo, el espacio contiguo y vacío, que recoge a aquellos que necesitan una verdad, aunque sea relativa. Pero las verdades no son relativas, si se convierten en el modus vivendi de cientos de personas, de miles de personas. Los poetas son los nuevos sacerdotes, los nuevos fieles, los nuevos inquisidores, los nuevos fanáticos.
En ningún otro género literario, la furia de los inquisidores es tan patente. Entre los contemporáneos y los coetáneos se producen luchas fratricidas, con un odio que sorprendería a cualquier cristiano, musulmán o judío. Cada grupo defiende su verdad, como si la verdad fuera una y única. Nadie escapa de está ley ineludible. Las máscaras reemplazan a los rostros, los rostros a las palabras. El silencio es la mejor manera de eludir la existencia del otro. El silencio es la prueba fehaciente de un odio milenario, de una expulsión de ese centro aglutinador de verdades temporales. Prueba de ello es que los poetas costarricenses no conocen las obras de otros poetas costarricenses.
Los poetas callan, y en su silencio, demuestran su desprecio por la obra del otro, incapaces de mostrar tolerancia por el otro. Ríen con una risa demoníaca, con una risa angelical. La risa del poeta es su silencio, muestra su ignorancia, ignorar es la mejor manera de olvidar, pero el olvido castiga con la misma moneda, y muchos, la mayoría, caerán al olvido al que condenan a los otros. No importa cuántos premios reciban en vida, no pertenecen al pueblo, porque el pueblo los ignora. Pertenecen a sus grupos, sus peñas, sus círculos sus universidades. Fuera no existen, aunque quieran existir.
La poesía se lee como una escritura sagrada, como una verdad trascendente y contingente, eterna y efímera. ¿Cuántos poetas no hacen gala de sus lecturas? Sus dioses son otros poetas, sus ángeles, sus demonios. Las palabras les dictan una forma y un tono único. No existe nada fuera sus lecturas. Su amor y su apasionamiento por autores, épocas, corrientes, les da un poder divino para juzgar aquello que no se encuentre en acuerdo con sus ideas, pensamientos y pensamientos. Una escritura sagrada sirve para despreciar a los impíos, a los herejes, los paganos.
Los poetas, que no pertenecen a alguna universidad o entidad estatal, son olvidados, aunque su obra deslumbre al lector que no busca verdades, sino poesía. El lector inverosímil se deleita en leerlo todo y escribir sobre el otro, en imponer su voz sobre ese silencio que cae como una cuchilla que descabeza a quien quiera huir de la jauría. Entre menos fanático sea poeta, entre menos inquisidor, entre menos sacerdote sea, es más capaz de utilizar su inteligencia como un bien divino, y no un bien de sectas enloquecidas por la verdad absoluta.

viernes, 20 de diciembre de 2013

En modo pausa

Estimados amigos y amigas: Después de un año de merecido descanso, espero recibirlos de nuevo en Los Siete Ahorcados, con nuevas reseñas, comentarios y análisis históricos de la realidad poética costarricense. Un abrazo fraterno a todos y que pasen una Feliz Navidad o Saturnalia, y un próspero año nuevo.

miércoles, 30 de enero de 2013

Francisco Sierra, nos habla de la Generación Dispersa


¿Qué es una generación?

            Bueno, es una pregunta a todas luces compleja, mas si los críticos literarios ya no creen en la categoría de generación literaria. Yo aún sigo siendo un paquidermo, un científico de la Edad de Piedra. Creo que es una categoría de la mercadotecnia, no de la historia literaria. Siempre que pienso que es un coro de voces que cantan al unísono, me da asco y vomito mariposas. Me gusta reflexionar en las ideas que Francisco Rodríguez desarrolla en dos pequeños artículos, en los que contrapone la poesía testimonial-exteriorista-comprometida-conversacional frente a la poesía figurativa-trascendental-esencialista-metafísica-abstracta. Me encanta la idea de que existan dos polos, que todo nuestro universo sea dual, que todas las ideas multitudinarias de pluralidad o diversidad sean solo máscaras o cortinajes de humo para ocultar la verdad. Aún así como sostienen los autores de la antología, en su momento, toda generación de poetas es un desgarramiento, un sobresalto, un cuestionamiento, una combativa e indefectible búsqueda del propio ser expresivo frente a la realidad enajenante, que utiliza todas sus fuerzas para impedir cualquier desequilibrio, para ahogar las voces que intentan denunciarla. Una generación de poetas es ser todos, cada uno con su propia voz. Y poseer una voz propia es saber decir las cosas, es vivirse a partir de sí mismo. A partir de una manera de intuir el mundo y la vida, pero manteniendo siempre nexos objetivos con la realidad.

 

¿En qué contexto surge la generación dispersa?

            Todo lo que sé es por lecturas, rara vez, comparto con otros escritores costarricenses. A mi entender, la generación dispersa se empieza a desarrollar en una Centroamérica convulsionada, unos países vecinos y hermanos en pie de lucha, un país desestabilizado y en crisis, es decir en un contexto social cercano a la incertidumbre y la encrucijada. Sin embargo, en 1970 se creó el Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes, organismo centralizador de las actividades culturales y dirigido al rescate del patrimonio histórico, artístico y cultural. Esta generación nació al amparo del Estado benefactor, y chuparon de sus ubres golosamente, aún los nietos de esta generación siguen en la chupadera. Las generaciones de los noventa y del dos mil recurren a las editoriales independientes y privadas, lo que ha permitido una mayor y mejor difusión de la poesía costarricense. Quizás, por eso, se habla de un Renacimiento de nuestra literatura en todos sus géneros y formas.

 

¿Qué elementos agrupan esta generación?

Si en algo se puede “agrupar” a esta generación, es precisamente en su incoherencia, su ambivalencia, su desincronización, su falta de polos directores y aglutinantes. Ninguno de los poeta aquí presentados es un gurú de grupo, ni eje, ni bufón, ni maestro, ni mentor, alrededor de cuyo carácter o fuerza “superior” se encuentre girando un movimiento. Claro, yo estoy en total desacuerdo con lo que afirman los críticos literarios. Estos poetas se juntaron en el Grupo Oruga, el Grupo sin nombre, el Grupo de Poetas de San Ramón, el Círculo de Escritores Costarricenses, el Centro Literario de Liberia, dentro del Movimiento Nacional de Juventudes. Y en cada grupo, centro o círculo existía un gurú, un maestro, un sacerdote de la poesía que dirigía y mostraba los diversos caminos de la poesía.

 

¿Quiénes forman la generación dispersa?

Tengo entendido que los poetas nacidos entre 1950 y 1960, con excepción de Osvaldo Sauma (1949), aunque Osvaldo ha sido un claro representante de esta generación. Puedo enumerar, por ejemplo:

Miguel Alvarado 1958

José Luis Amador Matamoros 1955 Círculo de Escritores Costarricenses

Guillermo Arriaga 1960

Diana Ávila 1952 Grupo Oruga

Macarena Barahona Riera (1957)

Nidia Barboza (1954) Grupo Oruga

Ronald Bonilla (1951) Círculo de Escritores Costarricenses

Shandra Castro (1954)

Carlos Cortés (1962)

Miguel Fajardo (1956) Centro Literario de Liberia

Mía Gallegos (1953)

Ana Istarú (1960)

Carlos María Jiménez (1954)

William Montero Sáenz (1952)

Gerardo Morales (1955) Grupo sin nombre

Manuel Murillo Castro (1954)  Círculo de Escritores Costarricenses

José A. Porras (1954) Centro Literario de Liberia

Leda Ruiz (1958)

Osvaldo Sauma (1949)

Armando Antonio Sacaal (1956)

Habib Succar Gúzman (1957) Grupo sin nombre

Jorge Treval (1951) Grupo sin nombre

Pablo Ureña (1954) Círculo de Escritores Costarricenses

Samuel Vargas (1953)

            No sé, Cristián, pero a mí siempre me han gustado las enumeraciones, me permiten ver claramente las relaciones entre la sociedad y la poesía, entre la poesía y la historia, entre lo tangible y lo intangible, entre lo que se dice y se calla. Usted entiende que en Costa Rica es más lo que se calla, que lo que se dice. Me imagino que debe ser así en todos los países del mundo. Los grupos imponen una manera de ver el mundo por una temporada, hasta que aparece una nueva promoción y se ríe de los cadáveres de sus antepasados. Se ríe, pero no dice nada.

 

¿Qué piensa Francisco Sierra sobre el estudio de esta generación en particular?

En realidad, he leído poco a esta generación, solo lo publicado entre 1970 y 2014, aunque no comparto las opiniones expresadas por los autores de esta antología. La famosa generación dispersa, sí tuvo gurús o sacerdotes de la poesía. Se agruparon bajo el amparo de los primeros talleres o grupos literarios. Estos eran, siguen y seguirán siendo fábricas de poetas-salchichas, aunque muchos quieran llevarme, la contraria. Usted comprende cómo es nuestro mundillo literario. Recuerdo que Carlos Francisco Monge ubica el nacimiento de estos poetas entre 1948 y 1957, incluye a Janina Fernández, Leonor Garnier, Carlos de la Ossa, Luis Kleiman, Osvaldo Sauma, Ronal Bonilla, Lil Picado, Diana Avila, Rodolfo Dada, Mía Gallegos, Nidia Barboza y Carlos Francisco Monge, además arguye que la promoción siguiente está constituida por Miguel Fajardo, Erick Gil Salas, Gerardo Morales y Milton Zarate. Para el autor de Antología Crítica de la Poesía de Costa Rica, estos poetas le hablan a una nueva realidad, acentúan la metafísica del ser, y las relaciones de la existencia con los nuevos signos de la historia, sin que ello signifique poesía egotista. Recogen las tendencias relevantes de la poesía contemporánea, es decir, la testimonial, la erótico-amorosa y la confesional. Pienso que estos poetas se decantaron por dos caminos una tradición trascendental y por otra, exteriorista, una abstracta y otra concreta, una lírica y otra testimonial. Yo los llamó los poetas obreros, ya no son magos, ni alquimistas, ni místicos ni esotéricos. La realidad del mundo se les atraganta, solo quieren decir o cantar, les horroriza el misterio, la ciencia les ha enseñado que la vida ya no tiene secretos.

Francisco Sierra (Colombia, 1966) Estudió Literatura y Lingüística en la Universidad Nacional, licenciándose en 1994. Actualmente trabaja como profesor para el Ministerio de Educación Pública y para la Universidad Estatal a Distancia. En 1988, fundó el grupo RIP (Resquiat in Pace) junto con Manuel Coto. En los años noventa, artículos suyos aparecieron en La palabra y el hombre, Casa Silva, Cuadernos hispanoamericanos y Espéculo. Actualmente colabora para la revista Kañina, Letras y Señor Neón. El próximo año aparecerá la antología crítica Cómo entender el Cementerio Marino a través de las cartas del tarot (1990-2010) También anuncia la publicación de la Nueva Historia del Arte y la Literatura Costarricense,  un estudio transdisciplinario, transhistórico, trans-estético y transexual.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Divertimento



Yo sé, yo sé, yo sé,
Que sé, que sé, que sé,
Cuando todo sé,
Cuando nada sé,
Busco lo que sé,
Y no encuentro lo que sé,
Imagino lo que no sé,
Para que lo que sé,
Entienda lo que no sé.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Las niñas fallecen en verano y Todorov nos enseña que la estructura no es tan estructural


¡Torres de Dios, poetas! ¿Qué digo? ¿Qué dije?
Torreones de poetas. Poetas en cuclillas.
¡Oh, por Dios! ¡Qué amarga amargura me amarga
el lúpulo vecinal! ¿Decías algo o solo esquizofrénicamente
cazas versitos de cuartel?

 Y yo qué pensaba, pensé desde mi narciso colectivo,
Al cruzar del amarillo al azul: Cioran, las putas, Dalí o Gala.
Alondra, alondra, yo te desplumaré las tetas.
Y el terciopelo escapaba,
se escondía en las minifaldas,
justo en los muslos y las almejas.

¡Oh, por Dios! ¡Qué lengua deslenguada
anuncia la muerte de burgueses tinterillos!
¡Y yo qué decía, qué pensaba, qué tarareaba!
Burla burlando los equinoccios fatídicos,
burla con sorna y ramificaciones semiológicas,
con que esto no es poesía,
afirman los zombies anglosajones.


Dame la llave del mundo de los teletubies.
Dame la pata perrito falderon.
Las putas, los mendigos, los alcohólicos,
saludan el amanecer de los yigüirros y los monstruos.
¡Oh, por Dios! ¡Oh, por Dios! Lento, pero seguro,
El ciempiés te comerá las entrañas entrañables,
los sueños y las memorias
.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Oda Olímpica

 
Es cierto.

Por tu culpa.

Por tu gran culpa,

bajaron a las calles,

a los puertos,

a las cantinas,

a los prostíbulos,

como una manada de payasos o zombies,

con soundtracks y hoteles de paso,

con mastubatorios y mingitorios,

con risas de afeitar.

 

Bajaron del Olimpo, aunque nunca conocieron el Olimpo,

más bien, descendieron de su burguesa bajura,

a cazar basureros y mastodontes,

a curtir el cuero de los matamoscas y los catres,

a decir que la poesía no sirve para nada,

a decir que esto es poesía,

que la poesía murió

en la grotesca podredumbre de sus covachas,

a mirar los barrios con el mismo desprecio

de los aristócratas y los comediantes.

 

Así, de esta manera,

despreciaron los castillos y las catedrales,

los laberintos y los anagramas,

para reírse a mandíbula suelta de los lectores,

con piruetas y carcajadas,

con el poema-chiste

y el poema-objeto.

 

Es cierto,
 
los poetas bajaron de su montaña rusa,

de su torre de marfil y ébano,

de su templo de albas y gargantas,

de sus endechas paradisiacas.

 

Pero, gracias a ti,

volverán a subir por ascensores, escaleras, cuerdas,

buscando el aire azul y frío de la noche,

buscando esa región en que la muerte

se trasparenta con los sueños.