domingo, 19 de marzo de 2017

Poetas prevanguardistas costarricenses

POETAS PREVANGUARDISTAS COSTARRICENSES

SONETOS DEL AMOR DOLOROSO

II

Es para el amor lo que al acero el fuego
que temple da al tiempo que enardece,
que el dolor es la fragua que endurece
cuando ha perdido el alma su sosiego.

Es altivez para evitar el ruego
y es altiva humildad lo que padece,
que cuando Amor con su dolor acrece
mata la paz para llorarla luego…

Que cuanto desligarse más pretende
el corazón cautivo más enliga
y adora la cadena que lo ofende.

Que para Amor cuando el amor castiga
no vale ya consejo que no entiende
ni teme ya saber lo que se diga.

Manuel Picado Chacón

TRÓPICO VERDE

Verde lluvia, vertiente y territorio.
Verde el espacio. La luz verde.
El clima verde. Verdes las colinas.
Las hondonadas y los ríos verdes.
Un lago verde el valle. La montaña
verdeazul, verdemar, verdeprofundo.
Lo cerca y lo lejano en aire verde.

Verde lluvia, vertiente y territorio.

Roto temblor el verde de los plátanos.
Casi líquida lágrima, el verdor
del sauce. El verde
militar del café, el verdor húmedo
de junco, caña y lirio. Verde música
en el órgano -¡oh verde viento!- del bambú.
La plata verde
del eucalipto. El verdor silencioso
de los pastos, las malvas, las legumbres.

Verde lluvia, vertiente y territorio.

De mi sangre saltó una estrella verde.
Y verdín, verdinal y verdolaga,
mayo estira su lluvia hasta diciembre
en el trópico verde.

Isaac Felipe Azofeifa

EN BUSCA DE LA PRIMAVERA

En una gasolinera,
saldré contigo a la mar,
buscando la primavera.

−Dile adiós, mi marinera,
dile adiós, al alba fría,
sin luz, allá en la ribera.

Al entrar en la bahía,
subiremos por el agua
dulce y verde de la ría.

−Dile, adiós, mi compañera,
dile adiós al mediodía
prisionera en la escollera.

¡Qué en una gasolinera,
traeremos, amante mía,
solitos, la primavera!

Fernando Luján


TARDE/1

La tarde es como un ramo
de policromías campestres.
El cielo bajo en oro
borda el verdor del suelo.
Hay como un anhelo puro
entre las altas copas
de la inquietud vegetal.
Y luego un silencio tenue,
como un paso de estrellas
en el campo del tiempo.
Adilio Gutiérrez

LOS SONETOS DEL BESO

I

Aquel beso, mujer, aquél que era
tan hondamente nuestro, ¿qué se hizo,
a dónde se nos fue, por qué no quiso
seguir siendo nosotros primavera?

¿Por cuál razón ya no te desespera
y el oro que te cae en ese rizo,
sin resentir la ausencia de su hechizo,
solamente la brisa lo vulnera?

Aquel beso, mujer, aprisionado
en ámbitos terribles, se ha perdido.
Es un cristal opaco y acabado.

Un cantar en olvido convertido,
un desecho por sombras despreciado,
un recuerdo de nada, fenecido.

Alfonso Ulloa Zamora

ANACOSTIA, ANACOSTIA

Anacostia, Anacostia,
pura,
a lo lejos.
Me guardabas la dicha,
hoy me guardas
silencio.

Tenías la voz tierra,
la voz suya
en el miedo;
su mirada segura,
su esperanza en el viento.

Dicen que un río oscuro
te atraviesa
en el centro.

Yo vi sus limpias
aguas
temblando
de luceros.

Y bebí de ellas,
creémelo.

Ay tus luces,
fungiéndome
en el recuerdo.
Anacostia,
pura y vacía,
hoy,
como un sueño.

Ninfa Santos


PÁJAROS

Aparecieron, raros, silenciosos, cubiertos
de tempestades, no aptos para festejar todavía
el amanecer victorioso. Pero se dedicaron
a trabajar la luz en sus cámaras óseas,
y estudiando la aurora para ensayar sus almas
pudieron ejercitar ascensiones,
dominar para siempre dominios intocables
y por fin derramar sobre todas las cosas
el misterioso poder del canto, sus éxtasis.
Así, descendientes de peces profundos,
hijos de palpitaciones de monstruos,
los pájaros inundaron júbilos, lejanías,
mientras abajo iban amaneciendo los hombres,
raros, silenciosos, cubiertos aún por tempestades.

Alfredo Cardona Peña

DESPERTAR

La alegría de oírte,
fué un despertar desesperado…
La cara se encendió
—roja amapola—
y el corazón, dejó de palpitar.
¿Por qué esta risa?
¿De dónde esta alegría?
Traías el recuerdo
de algo que nunca ha sido,
que no es,
que acaso no será…
Pero me hablaste,
y fue distinto el día
y tuvo amaneceres
de alondra, aquel hablar.

Victoria Garrón

BRISAS PASAJERAS

Brisas pasajeras
del lejano mar
acudid ligeras
mi nena quiere llorar.

La brisa que llega
olorosa a sal,
y la niña buena
deja sus penas volar.

Nubes veraneras,
serena la mar;
óiganla contenta,
la niña dice: papá.

Salvador Jiménez Canossa






Poetas postmodernistas costarricenses

POETAS POSTMODERNISTAS COSTARRICENSES

MAÑANA MELANCÓLICA

Hay en el aire matinal, cautiva,
una pena que embarga cuanto existe;
como en espera un mensaje triste
la mañana se ha puesto pensativa.

De una quietud sensible la emotiva
tristeza del paisaje se reviste;
el eco de una voz, todo, persiste
en la paz misterio y sensitiva.

Tal como esta mañana en que se acrece
el más leve rumor y que estremece
hasta el lejano relinchar de un potro,

está mi corazón de pena y llanto,
por aquella mujer que quise tanto,
que quise tanto y se casó con otro…

Asdrúbal Villalobos

HORÓSCOPO

Una tarde sutil de primavera
en un tibio canapé de tu salón,
mi horóscopo con frívola intención
descifrabas igual que una hechicera.

Yo guardaba mi sino en dulce espera
por saber si tenías corazón;
y dejé que volara mi ilusión
tras el velo de tul de una quimera.

Te insinuabas, coqueta, en mi destino
con tus ojos de un verde afrodisíaco.
¡Y en instante que mi alma siempre evoca,

al punto en que escanciábamos el vino,
revelaron los signos del zodíaco
los labios entreabiertos de tu boca!

Moises Vincenzi


CONSEJO DE LA MORA

Deja ya de volar, repliega el ala,
alma inquieta y fogosa, porque ahor
no es propicio el cantar que haces gala,
entre gente tan seria y pensadora.

Deja ya de volar, repliega el ala
y empéñate en faena productora,
esa porfía en tu ilusión es mala
y no tiene más don que ser sonora.

Deja ya la ilusión, porque a la larga
solo tendrás una congoja amarga,
y si en eso prosigues, lograrás

que en lo más empinado del camino
se magullen las aspas del molino
mientras ríe mi cuerpo…y nada más.

Hernán Zamora Elizondo


LO INCIERTO

Golpe a golpe tal vez o risa a risa,
−¡quién va a saber lo que el destino guarda!−
seguiremos la ruta, tierra parda
en que la huella quedará imprecisa.

Oiremos en las ondas de la brisa
la fiesta de oro y luz que nos aguarda
y, como el alma a veces se acorbada,
llegaremos de hinojos a la misa.

Y se irán bien y mal. La mariposa
apartaráse de la esbelta rosa
cuando fulguren los primeros lampos.

Y nada nuestro quedará de todo,
ni siquiera una cruz en el recodo
que santigüe el silencio de los campos.

Manuel Segura Mendez

ANHELO

Mi anhelo es transitar por el camino
con leve planta que no deje huella;
no ser guijarro ni tampoco estrella
tan sólo ser un simple peregrino.

Bogar, bogar, sin rumbo ni destino,
como una barca silenciosa y bella
que zarpara una tarde de Marbella
por el piélago azul del mar latino.

Y envuelto en la terneza del celaje
donde agoniza el sol, soñar despierto;
vivir en mi interior cada paisaje

de casta luna o de dorado puerto,
y por única vela en el cordaje
llevar un corazón al mundo abierto.

José Basileo Acuña


VUELO SUPREMO

Quiero vivir la vida aventurera
de los errantes pájaros marinos;
no tener, para ir a otra ribera,
la prosaica visión de los caminos.

Poder volar cuando la tarde muera
entre fugaces lampos ambarinos
y oponer a los raudos torbellinos
el ala fuerte y la mirada fiera.

Huir de todo lo que sea humano;
embriagarme de azul...Ser soberano
de dos inmensidades: mar y cielo,

y cuando sienta el corazón cansado
morir sobre un peñón abandonado
con las alas abiertas para el vuelo.

Julián Marchena

INSECTO PENSANTE

Soy un insecto pensante, solamente.
Un insecto de fúnebre capote,
disfrazado de sumo sacerdote
para oficiar los ritos de la mente.

Pequeño como soy, nadie presiente
que entre insectos sin títulos y si dote,
tengo ensueños igual que don Quijote
y como Cristo, espinas en la frente.

De alas vibrantes y cuerpo tosco,
apenas soy imperceptible mosco
que, por disposiciones milagrosas

obtuvo, yo no sé cómo ni cuándo,
la fuerza capital que va captando
el íntimo sentido de las cosas.

Carlomagno Araya

EL NIDO VACÍO

En el verdoso muro
está, semiescondido
entre una grieta oscura,
el solitario nido.
Nido de chupaflores
me parece tan suave,
tan pequeño, tan propio
para el amor… ¡quién sabe!...
Un rayo de sol claro
lo dora inútilmente;
y en su triste tibieza
mi corazón se siente
nostálgico…¡El verano
tiene un nido vacío!...
¡Oh, no, que en su tibieza
llora el corazón mío!

Carlos Luis Sáenz

VISIÓN MARINA

Muerde la ola en el peñón bravío
y al mirarlo impasible ante su ultraje,
lanza, por conquistarlo, en homenaje
de su espuma espléndido atavío.

Inmóvil, recta, con el gesto frío
de lo que no se rinde a vasallaje,
la roca tiene, frente al oleaje,
una austera actitud de desafío.

Solo de tarde, cuando el sol declina
y va cayendo de la noche el velo,
cobra otro gesto en al extensión marina.

Y se dijera, en la visión remota,
un brazo inmenso levantado al cielo
o un casco enorme que en el agua flota.

Jorge Sáenz Cordero

UNA ORACIÓN

Señor, no puedo ya en la vida soportar este fardo;
me has dado más tristezas de las que yo puedo llevar.
Yo ha mucho, mucho, mucho, que cultivo sólo el cardo.
Señor Omnipotente, yo quiero que me dejes un rato descansar.

Yo he oído que el mundo que Tú hiciste de lodo,
y que, seguramente, Tú has amasado en llanto,
a más de noche obscura diste la luz solar,
del huerto de tus penas ya me has dado el acanto.
Señor Omnipotente, yo quiero descansar.

Max Jiménez

XIX

Los insultos del polvo
ya no los siento;
pero la pendiente insiste
en no dejarme pasar;
¡qué ocurrencia!
        (¡Ocurrencia es la mía;
no noté que el pícaro caballo
se entretenía otra vez arrancando la hierba
del camino,
y yo,
estaba pensando,
no sé qué,
ni desde qué horas!).

Rafael Estrada

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

Cara de ojos abiertos, pensativos,
de sueños fijos que le atormentaron,
visiones, anhelos, anchos motivos−
¡Todos sus ojos me mostraron!
Negrura tiene de ala de cuervo
¡esos ojos de España que todo lo vieron!
Ojos mirados y no olvidados.
La frente ancha, sombría.
Labios austeros de canto español
llevan el sello de su melodía.
Nariz de hidalgo de raza,
dice de su voluntad
y su delicadeza traza.
Y vuelvo a sus ojos empapados en negrura
que llevan en su fondo
una inmensa contenida amargura.

Fresia Brenes

COMO EL AGUA QUE VA

Como el agua que va serenamente;
reflejando en el fondo la maraña;
como el cierzo que pasa indiferente
dejando una canción en la montaña
y un ligero temblor sobre la fuente….

Todo aquello que sea tierno y manso;
ya el espejo dormido del remanso,
ya una tarde remotamente bella;
así es como sin tregua y sin descanso
mi dolorida juventud te sueña.

Gonzalo Dobles Segreda

LA CIUDAD ESTÁ VACÍA Y DESIERTA

La ciudad está vacía y desierta,
no importa si la Navidad inunda
el caudaloso río de la calle.

Despertar con tu ausencia en la mañana
es estar extraviado todo el día,
es estar huérfano de la luz y del viento,
ti palpar el exilio en plena patria.

Yo te busco en el cielo de la tarde
donde hay azules que aprendí en tus ojos,
y en las desiertas calles en la noche
salgo a buscar la huella de tu sombra.

Mi corazón cerrado, se abrió cuando llegaste,
flor solitaria sin rocío ni aroma
de luto en luto y de muerte en muerte.

Por eso es que mi voz se ha hecho más grave,
porque está desolada de llamarte,
anochecida de clamar tu nombre.

Francisco Amighetti

DANZARINA DEL SOL

Danza tu pie para el claro sacerdote
y la mujer que yace junto al hombre.

En la voz y la pupila despiértanse las cosas,
El mundo es una isla poblada de palomas.
Danza tu pie junto al viento segador de la hierba,
(el que hace de la nube alta viajera)

Danza tu pie sobre los ríos,
como un cisne delgado sobre un vidrio.

Danza tu pie junto a la llama
y no es en su fuego consumido.
Eres fuego y eres llama.

Pequeños animales, silenciosos,
te miran danzar en la llanura.
Libélula de oro.

Nostálgica de cielo,
de sus reinos descendida.
Luminosa, vertical.

Danza tu pie multiplicado
sobre el tapiz profundo de los campos
y hay simiente que besa tu sandalia.
Bienhechora es tu danza.
Mariposas y pájaros de aire
vuelan tu traje….

Tú, que eres alto y esperado goce,
danza para el claro celebrante
y la mujer que yace junto al hombre.

Danzarina de pies y cuerpo diurno,
¡danzarás, inmortal, hasta la noche
bebedora de danzas y crepúsculos!

Fernando Centeno Güell

NADA

En el caracol y la hoja, en la corteza del árbol
en mi piel y los celajes y las montañas,
hay siempre una mirada que toca hasta las piedras,
que lleva la angustia y la muerte encerradas,
y hasta el polvo antiguo del camino se llega,
para ser polvo en el polvo y después nada.

Arturo Echeverría Loría


domingo, 12 de marzo de 2017

Poetas modernistas costarricenses-poemas

El modernismo es un misterio. Todo nuestro pasado poético es un misterio. Cada día se hace más necesario volver al origen para crear el futuro.

Marzo


En profunda quietud, como si vida,
toda yace en la tierra y en el cielo,
y solo allá en el fondo el arroyuelo
ondula y pasa como sierpe herida.


El sol es una lámina bruñida
que el aire vela con cerúleo velo
y su luz se derrama por el suelo
de maravillosa lividez teñida.


La tierra sitibunda en un rescoldo;
la montaña en humo se ennegrecen;
la Tarde pierde su imperial diadema;


llega la noche y, bajo el negro toldo,
inmensos bloques de rubí perecen
los troncos encendidos de la quema.


Justo A. Facio


Ilusión


La araña de oro del encanto trama
una impalpable red en torno mío:
todo habla junto a mí, todo me llama,
todo me arrastra al inexhausto río
del tiempo y de la vida en cuyas ondas
tu presencia cayó como una isla,
hecha un edén de amor, llena de frondas.
Las aguas de mi vida fluyen claras
cantando de la isla en las riberas
con las frescas gargantas de sus olas.


Cuando la isla no se mira en ellas
ni les esparce sus esencias raras,
para mí se amortajan las estrellas,
naufragan en la noche y quedan solas,
sin alma y sin color y silenciosas,
en la tierra y el mar todas las cosas.


Roberto Brenes Mesén.


La roca de Carballo.


Seméjase a una esfinge de pedernal eterno
erguida ante el abismo del piélago sonoro,
sobre ella el sol despunta doscientos dardos de oro
y ante ella el mar levanta su canto sempiterno.


El fuego del verano, las lluvias del invierno,
los foscos huracanes que van rugiendo en coro
y todas las estrellas que vierten su tesoro,
desciende por su espalda de cíclope de averno.


En ella se posaron Saturno y los Vestiglos,
a contemplar la marcha de todas las edades
que fueron en los potros piafantes de los siglos.


El piélago le dice de aquella raza trunca,
señora que fue dueña de aquellas soledades,
en una edad remota que ya no vuelve nunca.


Lisímaco Chavarría.


FIAT LUX


En su carro de sombras reclinada,
la Noche melancólica dormía;
media luna en su frente relucía
y su veste, de estrellas salpicada,
sobre la oscura, incomprensible nada,
el aliento de Júpiter movía.
Ni un rumor el silencio interrumpía
de aquella inmensa soledad callada.


Y Júpiter pasó, y al ver tan bella
a la dormida virgen soñadora,
de besarla en los labios tuvo antojos
y en cada beso le dejó una estrella.
La noche despertóse, abrió los ojos...
y en su carro triunfal surgió la aurora.


Rogelio Fernández Güell.


Alegoría.


Alegre sale el sol: está en su puesto.
Viene henchido de célicos placeres.
La luz divina de amor hay en su gesto.
Ansía darse a las cosas y los seres.


De pronto se alza nubarrón funesto,
desplegando satánicos poderes,
cubre al sol, y la sombra reina presto.
¡Ya los rayos del sol son alfileres!
¡Ya consiguen pasar la masa odiosa!
¡Vedla allí, gigantesca mariposa,
sujetada al azul con áureos dardos!


Mas... la gloria del día se ha ensombrecido...
y el rayo, que era amor, se ha endurecido...
¡Oh, malditos nubarrones pardos!


Auristela Castro de Jiménez.




SCRIPTUM.


¡Has caído, Saúl! ¡Lámpara rota
que sobre toda América pendía
como estrella al alcance de la mano,
y cuya lumbre por el cielo flota
como promesa del futuro día
en el azul del corazón humano!


¡Has caído, Saúl! Ahora mismo
quizá estén bajo el sol de la llanura
entre las aves de rapiña presos,
tu corazón que comprendió el abismo,
tu faz hermosa y tus gigantes huesos;


Pero tu genio de invencible aliento
vuela por una esfera dilatada
con ala más veloz que la del viento:
y así tu vida, cresta ensangrentada,
vivirá en el sublime pensamiento
tanto como los héroes de la Ilíada!


Rafael Cardona.




En días negros


Sentir en lo profundo, redivivo,
todo el dolor de esta hora de amargura
que con feroz y trágica pavura
sus garras hinca en el león cautivo,


y no poder dentro del verso altivo,
volcar la ira santa y la locura
de indignación que amarga y que tortura
frente a un noble pasado evocativo...


Si la lira no puede alzar, airada,
su grito hecho de luz o hecho de fuego,
fundamos su cordaje en una espada,


y antes que dar nuestra cerviz al yugo,
bañe la tierra fecundante riego
hudiéndola en el pecho del verdugo.


José Albertazzi Avendaño.


Por que ella es la zagala
EPITALÁMICA


Porque ella es la zagala que buscó al pastorcillo
para el rebaño blanco que cuida una ilusión,
y porque en su compañía tocaba el caramillo
y porque se miraron con mucha devoción.


Porque en las tardes, ella, le daba la mano
como una jarra, vino del corazón,
y porque siempre iban como hermana y hermano
por todas las veredas diciendo una canción.


Porque a su paso nunca vieron las ortigas;
porque es su cabellera como rollo de espigas
y un nido de gorriones su boca en floración,


se van por la vereda que alegra un caramillo,
sonriendo la zagala, cantando al pastorcillo,
los dos cuidando su blanco regalo de ilusión...


Rogelio Sotela.

domingo, 25 de diciembre de 2016

LOS ORÍGENES DE LA POESÍA COSTARRICENSE: VERGÜENZA, MENOSPRECIO Y OLVIDO.

"La literatura costarricense nace bajo el signo del realismo porque la condición de insularidad no permitía gran capacidad para la imaginación”.
Alfonso Chase

            El nacimiento de la poesía costarricense está signado por la vergüenza, el menosprecio y el olvido. No hay otros países ni otros ambientes poéticos que exhiban estos rasgos con tanta violencia y terquedad. Siempre sorprende la facilidad con que los poetas jóvenes desprecian a los poetas viejos, como poetas contemporáneos se ningunean entre sí, como los poetas académicos −encerrados en sus burbujas− dictan cátedra a una realidad que los ignora del todo. La poesía costarricense no tiene un principio épico ni siquiera heroico. Nace de la necesidad de mostrarse al otro, llámese europeo o extranjero, demostrar que en el suelo patrio los costarricenses son capaces del cultivo de las bellas letras. Máximo Fernández en su prólogo a la Lira Costarricense señala que una revista extranjera  dijo que en Costa Rica no se cultivaba la poesía, sino únicamente el café. Por esta razón, se propone dar a conocer los trabajos de los que han rendido culto a las musas. Algunos textos conservan una clara influencia romántica en los metros e imágenes así como en los temas amorosos, los políticos o los dedicados a cantar el terruño. Hay también epitalamios, coronas fúnebres y poemas escritos en álbumes o dedicados a señoritas de la sociedad (Rojas y Ovares, 1995:35). La Lira costarricense se adhiere a un romanticismo sentimental tardío; explora, principalmente, la vertiente egotista de un yo que aborda el mundo y su conciencia desde una perspectiva sentimental e intuitiva. Estos rasgos condenarán el libro al olvido, debido a que provoca la vergüenza y el desprecio de filólogos e historiadores.
La historiografía es unánime en considerar la Lira costarricense como la "primera antología de poesía del país" (Rojas y Ovares, 1995: 35). Pero también es unánime en considerar que su valor es documental o histórico más que estético. El interés de este libro es informativo, más que artístico, pero representa el primer punto de partida conocido y (de) las características propias de la poesía costarricense. Priva en la mayoría de las poesías una tonalidad postromántica atenuada, en la que, sin embargo, no aparece el sentimiento de la naturaleza y en la que predominan las influencias de Zorrilla y Bécquer. (Bonilla, 1967: 191-2). Tiene importancia histórica porque reúne allí las primeras composiciones poéticas de nuestra vida independiente (Sandoval de Fonseca, 1978: l39). La Lira costarricense fue así un catálogo que cumplía además el objetivo de reproducción y conservación de documentos. Este primer esfuerzo de constitución del acervo lírico propio coincidió, además, como en el caso de la narrativa, con la necesidad de dar a conocer el país en el exterior. (Rojas y Ovares, 1995: 36)
Un aspecto interesante es la actitud que tienen los poetas de la Lira costarricense  hacia sus primeras obras poéticas. La idea de que toda obra juvenil es necesaria de borrarla y olvidarla de la propia bibliografía es un rasgo que persiste en toda la producción lírica costarricense. Aun en el siglo XXI, se escucha decir a muchos jóvenes y viejos que sus primeros poemarios son innombrables como en el caso de Gustavo Solórzano Alfaro: Yo los calificaría como menos que pésimos. Son una porquería infumable. Para colmo de males son imitaciones trascendentalistas torpes, ejecutadas con las patas, como la mayoría de estos bodrios (Solórzano, 2016). Estas actitudes no son nuevas en los poetas costarricenses. Cabe destacar el papel desempeñado por los propios poetas de la Lira, a la hora de evaluar lo que para muchos de ellos serían trabajos de "juventud" o "ejercicios iniciales", por lo cual funcionaría aquí una especie de autocensura. Esto explicaría las posibles motivaciones para no reeditarlos, por sus implicaciones para el prestigio del escritor y, por lo tanto, el temor, tal vez, de que dañasen la imagen de marca de un autor serio e interesado, luego, en problemas nacionales o estrictamente académicos (Gagini) o en escribir novelas con un interés social, como en el caso de Cardona. Entonces, el conocimiento de la existencia de poesías "amorosas" y "circunstanciales", que entraban en el ámbito de lo accesorio, perjudicarían esta integridad del escritor; por ejemplo, en el prólogo de Vagamunderías, Gagini califica sus poemas "como pasatiempos" reflejándose así su percepción descalificativa por esta producción, pues el propio Gagini "no se considerará poeta de oficio, sino versificador ocasional casi como entretenimiento" (Acuña, 1986: 51). La censura y la autocensura han sido las causas de este desprecio y olvido que tienen los críticos y los propios poetas sobre la poesía costarricense.
El romanticismo en América Latina tiene importancia a partir de la primera mitad del siglo XIX; en Costa Rica se conoce aún más tarde. La primera publicación importante de poesías, en la que ya se pueden señalar algunas formas características del movimiento, es la Lira costarricense, colección antológica de poetas nacionales, que recopiló y prologó Máximo Fernández y cuyo primer tomo aparece en 1890; un año después el segundo tomo. En el momento en que se publica este florilegio, ya en el resto de América Latina el romanticismo va declinando, ha entrado en una corriente sentimental, que intenta conmover al lector e imponer un predominio de lo subjetivo. El paisaje se ha idealizado lo suficiente como para anunciar los valores regionales que harán triunfar el costumbrismo de sabor local (Acuña, 1986: 45). Las vigencias románticas que mantiene la poesía, y no sólo de él, sino de otros poetas costarricenses como Justo A. Facio, Fausto Pacheco, Luis Hine, etc. evidencian la presencia del romanticismo en las letras costarricenses, aunque como se ha señalado reiteradamente, con bastante retraso. En el resto de América Latina, más o menos en 1867, el movimiento ha perdido fuerza (Acuña, 1986, 52)
Los poetas costarricenses de todas las épocas −hasta el día en que escribo estas líneas− se han sentido avergonzados por el origen de nuestra poesía. Quizás, por esta razón, siempre están más atentos hacia lo que viene de exterior que hacia lo que nace en el interior de nuestra literatura. La vergüenza es un rasgo que marca la idiosincrasia de muchos de nuestros poetas. La mayoría desprecia o ignora la Lira costarricense; escribe a partir de las estéticas que surgen en otras regiones, sean latinoamericanas o anglosajonas, cree en la ruptura, en el parteaguas, en el crack poético. No se dan cuenta que son simples calcos sin imaginación de lo que se inventa en otros territorios. Vergüenza, desprecio y olvido se convierten en una constante del ser poético costarricense. Vergüenza de la copia, del calco, del plagio, del pastiche. Desprecio de todo poeta o poetisa que no ha sido mitificado. Olvido de lo que se hace y de lo que se ha hecho. La telaraña que se teje con estos sentimientos oculta nuestro miedo al origen y nuestros intentos por lograr la individuación.
En Costa Rica, nunca ha existido el gran poeta, el poeta-monumento. Ese que en otros países los poetas pueden vituperar, enfrentar y desmitificar. Ese poeta que hace saltar las fronteras de la lengua y de la estética. Ni siquiera Aquileo J. Echeverría, Lisímaco Chavarría y Roberto Brenes Mesén pueden ser considerados clásicos de la poesía costarricense, porque nadie los lee ni los estudia. Ningún poeta se atrevería a afirmar que son sus poetas de cabecera, o que han tenido alguna influencia en su trabajo poético. El poeta monumental aún no ha nacido, y cuando miramos hacia el pasado solo podemos sentir la vergüenza de un origen muy humilde, de un origen marcado por la imitación, la copia y el calco. Aun así, nunca hemos adentrado en el romanticismo costarricense. Este movimiento estético como en otras regiones de Latinoamérica es resultado de la copia de autores europeos, y en el caso de Centroamérica, de escritores mexicanos y suramericanos. Los poetas incluidos en la Lira costarricense en su mayoría son simples calcos de ese romanticismo que nos viene del exterior. No son poetas profesionales ni siquiera estetas, son aficionados a la poesía. Un muestrario de estos poetas nos daría una imagen clara de por qué los poetas costarricenses y los críticos literarios se avergüenzan del nacimiento de nuestra lírica.
Rafael Carranza fue un poeta de una obra mínima, su poesía de carácter burlesco recuerda las composiciones de Francisco de Quevedo. Toda su obra aparece en la Lira costarricense.

RAFAEL CARRANZA (1840)

EPIGRAMAS

He visto el gato y el ratón
Durmiendo en el mismo lecho;
Pero nunca en lazo estrecho,
La fuerza con la razón.
            ……….
−Viene usted muy educado.
¿Habla usted inglés?
−Yes,
Y traigo el cuello parado.

            Venancio Calderón fue un poeta cartaginés, sus poemas acusan la influencia de la poesía romántica española. Según Abelardo Bonilla, no tuvo estudios literarios.

VENANCIO CALDERÓN (1844)

LA MAÑANA

¡BELLA, espléndida mañana!
¡Cómo cautivan tus galas
Cuando tímida resbalas
Sobre la verde sabana!
En las selvas hay aroma,
En el vergel blanda brisa;
Hay en los cielos sonrisa,
Y arrullos en la paloma.
Y el ave de dulce trino
Que canta de rama en rama,
Hija del cielo te llama
En su lenguaje divino.

            Pedro Jovel es un poeta josefino. Orientó su propia producción poética hacia un romanticismo exaltado, pletórico de ritmo, color y fantasía. Acusa la influencia de Espronceda en su búsqueda de una libertad personal.

PEDRO JOVEL (1851)

IMPROVISACIÓN

Me ausento ya! –La voz de mi destino
−“Anda, me dice, sin parar jamás;
Nunca tendrás descanso en tu camino,
Nunca un alivio, nunca encontrarás.”

Me ausento ya!−Mi corazón herido,
Que en otro tiempo alegre palpitó,
Hoy solo exhala un fúnebre gemido…
Que ya mi dicha para siempre huyó!

Me ausento ya!−No guarde tu memoria
Otro recuerdo de tu amigo ya,
Que el de la triste y dolorida historia
Que el alma suya torturando va.

Me ausento ya!−Del férvido océano
Las turbias ondas pronto cruzaré,
Y allí en la nave con mi vista en vano
A mis amigos, triste, buscaré.

Me ausento ya!−Si el patrio suelo un día
Vuelves libre y feliz a contemplar,
Busca la tumba de la madre mía,
Y allí por su hijo llega tu a llorar.

Me ausento ya!−Despedazado el pecho
Por mi terrible, mi mortal dolor;
Nunca, jamás, bajo el paterno techo
Tranquilo latirá mi corazón.

Me ausento ya!−Y en climas extranjeros
En vano buscaré la dulce paz,
En vano días dulces, placenteros
Y delirios de amor…¡Me ausento ya!

            Graciliano Chaverri fue un poeta herediano, sus poemas aparecieron en periódicos católicos. Su poesía muestra la influencia del modernismo mexicano.

GRACILIANO CHAVERRI (1854)

TUS OJOS

TODO en ti me enamora y me fascina:
Tu seductora faz americana,
Tu talle y tu figura soberana,
Tu deslumbrante cabellera ondina.

Tu voz –que de tu boca purpurina
Como cascada bullidora mana−
Y esa esbelta arrogancia de sultana,
Que es de una Venus la actitud divina.

Mas nada, nada en mi entusiasmo tanto
Me admira de tus gracias y me asombra,
Como tus ojos en que amor destilas:

Que el mismo Dios por aumentar tu encanto,
En forma de astros condensó la sombra
y los puso en tus ojos por pupilas…

            Félix Mata Valle fue un poeta cartaginés, su poesía de rasgos neoclásicos y románticos, apunta a la influencia de Avellaneda y de los clásicos del Siglo de Oro.

FÉLIX MATA VALLE (1857)

EN LA SENTIDA MUERTE DE LA NIÑA ELENA ARAGÓN

A un abrigaba un cariñoso nido
Sus amores de niña dentro del pecho;
Y guardaban los ángeles su lecho
Como sus sueños de candor vestido.

Pero asomó a sus ojos no dormido
Su espíritu: un guardián violo, en acecho;
Lo arrebató, y en el sidéreo techo
Un astro nuevo apareció encendido.

Está de entonces el hogar de duelo;
Mas en las noches un lucero brilla
Sobre el hogar desde el tranquilo cielo.

Recuerdo de la niña sin mancilla,
Que, al trocar por la de ángel su existencia,
Cedió la forma−conservó la esencia.

            David Hine fue un poeta de origen norteamericano. Su obra poética solo se recogió en la Lira costarricense. Acusa también la influencia del romanticismo, sobre todo, de Gustavo Adolfo Bécquer.

DAVID HINE (1858)

SENSITIVA

        ¿POR qué me miras así?
        ¿Y eso te causa sonrojos?
Oye, niña, si mis ojos
No se están fijando en ti.
        Y qué es lo que observas, pues,
con tan ardoroso anhelo?
        Estoy contemplando el cielo,
De tus ojos al través.
        ¡Ves el cielo!... con razón…
        Y tú dí, ¿por qué suspiras?
        Es que cuando el cielo miras
Me palpita el corazón!

            Justo A. Facio es uno de los principales poetas de su época. Sus versos pertenecen a la escuela clásica, si nos atenemos al movimiento modernista que hace del ritmo un vasto campo para la melodía silábica.

JUSTO A. FACIO (1859)

MADRIGAL

AY! es verdad, comprendo con despecho
Que la pasión volcánica encendida
Por tus ardientes ojos en mi pecho,
Ya intensa no derrama
En los campos marchitos de mi vida
Las rojas ondas de su luz febea,
Ni ya con viva llama
Mi envejecido corazón caldea.
Mas no extinguido el férvido arrebato
Quieras airada y triste
Apostrofar mi corazón de ingrato:
Muda la forma, sí, pero la esencia
A la invasora destrucción resiste,
Y si hoy en mi indiferencia
Tu ciego enojo y tu dolor provoca
Recuerda, hermosa mía,
Que si la lava del volcán se enfría
El tiempo luego lo transforma en roca.


            Juan Diego Braun perteneció a la escuela romántica de su época. Sus poesías se caracterizan por su corrección clásica. Se le consideró un imitador de la melancolía becqueriana.

JUAN DIEGO BRAUN (1859)

IMPOTENCIA

Corre la nave por el ancho océano
Tal vez perdida y con el rumbo incierto,
Sobre un abismo de insondable arcano
Y bajo un cielo de terror cubierto;
Mas vuela audaz sobre el peligro insano
Y llega al fin al suspirado puerto;
Mientras el alma, si feliz navega,
Al puerto que ambicionan nunca llega.

            Luis R. Flores fue gobernador de Heredia. Su producción poética es escasa, como escrita al margen de su vida. Acusa influencias del romanticismo, en particular de Campoamor. Sus poesías tienen la pureza de los versos virgilianos y el ambiente de los campos de su patria, a la que ha cantado en estrofas sencillas y llenas de galanura.

LUIS R. FLORES (1860)

ANHELO

HACERTE un verso quisiera
Dulce, melodioso y suave,
Que al oírlo pareciera
Alegre endecha de un ave
Que canta en la primavera.

Pero ¡ay! que en la pena mía,
Que me ha robado la calma,
Despiadada llena, impía,
De sombras mi fantasía
y de lágrimas el alma;

Ya nada me inspira ni encanta
A mi alma sollozadora,
Que en mi noche si aurora
No soy alondra que canta,
Soy un torcaz que llora.

Pero ¡ay! si en mi honda aflicción
Quieres de una arpa armoniosa,
Escuchar la vibración,
Dame tu amor, Delia hermosa,
Y enciende mi corazón.

            El poeta Alfaro Cooper escribió versos melancólicos y amatorios. La factura de sus versos es de corte clásico, un poco arcaico. No es Alfaro un seguidor del modernismo, expresa su poesía en versos sencillos y sin alarde. Se revela como un poeta idealista, animado por una visión celeste.

JOSÉ MARÍA ALFARO COOPER (1861)

No hay flores en la pradera,
Ni cisnes en la laguna,
Ni estrellas que miren pálidas
Sobre la bóveda oscura.
Los sauces del cementerio
Inclinan sus ramas mustias,
Y los pájaros nocturnos
En la sombra se saludan;
El ángel de las tinieblas
Habita las anchas grutas,
Y duerme la inmensidad
En una calma profunda,
Como duerme entre mi pecho
El horror de mis angustias.
Mas si la calma engañosa,
En silencio me tortura,
¿Qué será cuando se agite
La tempestad de mis dudas?
           
            Don Jenaro Cardona ha cultivado el difícil arte de la poesía y ha logrado realizar algunos bellos poemas como “La caída del árbol”, “La quema” y el “Canto Épico a don Juan Rafael Mora” Una virtud suya es el regionalismo. Aquí, donde tanto se alejan los artistas del motivo costarricense, es muy estimable su dedicación de cantas las cosas de nuestra tierra.

JENARO CARDONA (1863)

SU PAÑUELO

CUANDO aspiro su perfume
Con éxtasis y embeleso
Me parece en mi delirio
Respirar tu suave aliento;

De noche cuando me envuelve,
La aflicción entre sus velos
Y miro abrirse en mi alma
De la duda abismo negro,

Lo acaricio entre mis manos
Con él en mi frente refresco
Y lo dejo entre sollozos
De mi angustia el triste peso.

Y así cuando tanto sufro
En mis horas de hondo tedio,
Cubro con él mi semblante
Y pensando en ti me duermo.

            Carlo Gagini fue, ante todo, un filólogo. Como poeta, es sincero y reflexivo, no se preocupa de que se diga en sus versos sino lo que él piensa.

CARLOS GAGINI (1865)

FELICIDAD

Una choza perdida entre los árboles,
Un cielo sin tormentas y sin nieblas,
Un mar que, sosegado, la alta roca
Con sus olas de plata bese apenas;
Una vida sencilla e ignorada
Sin males, si cuidados y sin penas;
Una mujer amante y cariñosa
Que nuestro hogar en un edén convierta:
Tal es, Juan, aunque rústico me llames,
La dicha más completa de la tierra.

            Emilio Pacheco fue el poeta más romántico y rebelde de los que aparecieron en la Lira costarricense. Su poesía, aunque dentro del romanticismo, sus versos se apartan de la realidad negra, son el reflejo de un mundo fantástico, en que ella se convierte en esclava que maneja a su antojo el artista, según las exigencias de su imaginación. La abstracción idealista es el punto sobresaliente de los versos de Emilio, en los cuales se notan los calientes tonos de la música romántica, el majestuoso estilo, grave, rotundo, distribuido en amplios y bien concentrados periodos.

EMILIO PACHECO COOPER (1865)

A LA SEÑORITA M.B.G

Fugaz ondina
Del mar Egeo,
Ambiente puro del florestal,
Nube dorada,
Incienso, luz,
Onda irisada
De lago azul
Y blanco lirio del manantial,
Eso eres tú.

            Aquileo es nuestro genio típico, nuestro poeta por excelencia, en sus versos refleja el alma campesina del país. Cultivó con genio singular la copla y el epigrama, con su musa chispeante y picaresca.

AQUILEO JIMÉNEZ ECHEVERRÍA (1866)

A UNA NIÑA

EN la montaña el roble majestuoso
Se levanta altanero,
Sin temer la tormenta ni los rayos
Ni el huracán devastador y fiero.
Y sin embargo, cede ante los golpes
Del hacha de un labriego.
Tan fuerte como el roble es mi alma, niña:
Ni el rayo la amedrenta,
Ni oscila ante el abismo,
Ni cede ante el furor de la tormenta…
Y sin embargo, tiembla acobardada
A la apacible luz de tu mirada

¿Es la Lira Costarricense  un libro sin valor estético? Ese parece ser el juicio histórico y filológico. Los intelectuales de finales del siglo XIX y principios del siglo XX se dedicaron a construir la Costa Rica simbólica: realismo-costumbrismo versus romanticismo. La literatura realista se impuso para construir el modelo arquetípico del ser costarricense. Los campesinos blancos, trabajadores, honrados y europeos se impusieron en la imaginación nacional, frente a otros grupos étnicos. El sentimentalismo, el cosmopolitismo, la rebeldía, el egotismo romántico, eran rasgos indeseables para construcción de la identidad nacional. La Lira costarricense era solo un libro para mostrar que se escribía poesía dentro de nuestras fronteras. Los autores que se adhirieron al realismo-costumbrismo abjuraron pronto del romanticismo. Se impuso entonces la idea de que toda obra juvenil es deleznable, mientras que la obra escrita por un poeta en la madurez es perdurable. Los poemas que aparecen en la Lira costarricense solo poseen interés para el lector extranjero, pues en el suelo patrio se impone el nacionalismo, el arte queda sujeto a la representación del ser costarricense.
Otro problema que aparece con los poetas de la Lira costarricense es que muy pocos logran publicar libros de poesía o los publican en plena madurez, cuando otras estéticas se han ido imponiendo en el panorama literario latinoamericano. Félix Mata Valle (1857)  publica Brisas del Irazú (1915) Justo A. Facio (1859), Mis versos (1894) José María Alfaro Cooper publicó Poesía (1913), Viejos moldes (1915) Al margen de la tragedia (1923) La epopeya de la cruz (1924) Cantos de amor y poemas del hogar (1926) Ritmos y plegarias (1926) Orto y ocaso (1936) Emilio Pacheco Cooper (1865) Idílicas (1900) Aquileo Jiménez Echeverría publica Romances y Misceláneas (1903) Concherías (1905) El gran polígrafo de esta generación es sin duda José María Alfaro Cooper, aun así, es imposible encontrar sus libros en las librerías de Costa Rica del siglo XXI. Solo existe una razón, los filólogos, semiólogos, sociocríticos y demás expertos en literatura sienten una vergüenza universal. La poesía de estos poetas es una afrenta a toda la comunidad de bardos y críticos literarios costarricenses. En ninguno vate del siglo XIX, se revela el artista monumental. La turbación del ánimo es monumental, persigue a cada poeta costarricense, cuando se sienta frente a la hoja en blanco.
Nuestra vergüenza es un sentimiento que pretende ocultar los defectos de la Lira costarricense. Sabemos que, si se leyera, podría provocar el rechazo de los lectores. De esta manera, la vergüenza nos lleva a esconderla en las academias de literatura, a caer en un exceso de autocrítica para minimizar la crítica destructiva o el rechazo de los demás. Las críticas que recibimos o tememos recibir y la vergüenza que sentimos activan nuestro sistema de amenaza/protección. Vemos en muchos poetas jóvenes y viejos como la autocrítica es una conducta verbal que trata de evitar la crítica exterior, ya que solo puede aceptar la opinión de los lameculos. La autocrítica lleva implícita una autoexigencia de cambiar, de tratar de ser mejores que nuestros antecesores. Pero, generación tras generación, la poesía de Costa Rica no logra despegar. Ni siquiera cuando nuestros autores publican en editoriales extranjeras respetables, logran el aprecio de la comunidad de poetas, debido a que los poetas editores y académicos alimentan su ego con las críticas de los lamesuelas.  
La vergüenza que sentimos por nuestro pasado poético o por nuestras obras juveniles nos lleva al desprecio como una intensa sensación de falta de respeto o de simple aversión frente a obras poéticas anteriores. Este sentimiento nace con la publicación de la Lira costarricense, pues en ella se nos revela la identidad de nuestra poesía. El rechazo por esta antología y por las subsiguientes obras poéticas es el principal rasgo de la historia de la poesía costarricense. No hay poeta ni crítico literario en suelo patrio que afirme las cualidades poéticas de las generaciones pasadas. El desprecio por la Lira costarricense se origina de la profunda insatisfacción, de un sentimiento de inferioridad frente a otras tradiciones poéticas. Los críticos literarios de las academias de literatura utilizan su poder y su autoridad para desvalorizar, descalificar y hacer parecer inferiores a sus antecesores y a sus contemporáneos. Esta práctica tan común en nuestras letras, gracias a las redes sociales, ha sido llevada al extremo del ridículo. Pues, se dedican a escribir crítica subjetiva, a hacer encuestas, donde solo participan un minúsculo círculo de lectores y de amigos, y cuyo único fin es dar valor a sus prejuicios. La mayoría de las veces son pobres poetas jóvenes adoctrinados con las novedades europeas y norteamericanas.
Del desprecio histórico y estético por las obras del pasado, todo desemboca en el olvido. La herramienta más poderosa de las academias de literatura costarricense se alimenta del silencio. Un silencio voluntario, reflexionado, diabólico. Solo es digno de saltar la muralla del silencio, aquellos poetas que reciban el título de poeta nacional, o aquellas poetisas y cantautoras que en un arrebato de superioridad individual logren expresar su desprecio  olímpico por el arte patrio. El olvido es un acto voluntario, nuestros poetas y críticos literarios olvidan su pasado porque sienten vergüenza y desprecio, porque creen que entre  la multitud de poetas que escriben, escribieron y escribirán, no existe ni siquiera uno que sea posible valorizar o imitar. De esta manera, vivimos en un continuo presente, huérfanos, sin raíces, si conocer nuestro origen ni aquello que nos hace diferentes de otras tradiciones poéticas. Los lameculos y lamesuelas pululan en las páginas de los periódicos nacionales, por los blogs, las revistas electrónicas, los festivales, las cantinas, las redes sociales. Hacen gala de su ignorancia, de un clientelismo atroz y político. El elogio, el aplauso, la palmadita a la obra recién escrita, la apología, son sus armas, para tratar de convencer a los lectores que ha nacido la nueva poesía costarricense. ¡Pobres ilusos sietemesinos!

La poesía costarricense tomó forma en 1890, nos guste o no, su tránsito ha estado constantemente signado por la copia, el pastiche, la imitación. Rasgos que ciento veintiséis años después seguimos repitiendo, porque nos ignoramos unos a otros, porque ignoramos nuestro pasado, y continuamos escribiendo desde un presente que ya pasó en Europa y Estados Unidos y Suramérica. Si los poetas costarricenses pudieran regresar sobre la escritura de sus antepasados, quizás podrían escribir algo realmente nuevo, y no seguir haciendo meras copias de una poesía que se agotó hace treinta años en el extranjero. Releernos y repensarnos es una tarea que aún no ha comenzado, que es necesario que comience, para no seguir repitiendo como loras, lo que ya se ha escrito infinitamente mejor en otras latitudes.