sábado, 18 de julio de 2015

Del epigonismo trascendentalista al epigonismo nominalista



La poesía costarricense de finales del siglo XX y principios del siglo XXI está sujeta a un complejo proceso de epigonismo. ¿Cómo se produce este fenómeno? ¿Por qué no existe una crítica de lo epigonal? Muy pocos poetas jóvenes y maduros logran escapar de una homogeneización poética cada vez más pronunciada. Aquellos que renuncian a ser trascendentalistas o nominalistas son excluidos del Canon, producido por una academia incapaz de mirar objetivamente la realidad poética, porque ha renunciado a la objetividad, a la aprehensión del universo literario, a las taxonomías y a las construcciones abstractas. La  crítica se disuelve en la opinión sacro-erudita. El crítico-sacerdote-poeta se transforma en una figura absurda y estúpida, que borra toda la poesía que no logra comprender. Satisfecho de su propia ceguera cita a Barthes, a Focault, a Parker, a Eco, a Arentino, a Rossi, como si las palabras de los otros pudieran justificar el vacío que crean alrededor de los lectores. 
El epígono, ese individuo que sigue las huellas de otro, especialmente el que sigue una escuela o un estilo de un maestro, es un imitador, no sabe cómo desarrollar su propia voz. La voz poética –el sello personal de los grandes poetas−  le está vedado, por su falta de capacidad reflexiva o porque entra la zona de confort del otro –premio nacional o extranjero−, queda cobijado por las palabras del otro, el ritmo del otro, la retórica del otro. No lee, no tiene una cultura lectora. No le interesan los clásicos, porque están pasados de moda. No le interesa su propia tradición, porque en su estrecha mentalidad de poeta todo es basura. El epígono es un ser despreciable, una rémora que se alimenta del lenguaje y la musicalidad. En su incapacidad de hallar un ritmo y unas palabras propias que lo identifiquen como poeta, se queda en las márgenes de la creación, satisfecho de ser la copia de una copia, cree que los premios que recibe son por la calidad de la obra, cuando en realidad son por mantenerse dentro de la estética dominante.
Ezra Pound afirmaba que la gran literatura es sencillamente idioma cargado de significado hasta el máximo de sus posibilidades, y cuando nos ponemos a examinarla encontramos que este objetivo es logrado por varios tipos claramente definibles de gente, y por una periferia menos claramente determinada. Él clasificaba esta gente en estratos:
a.    Los inventores son los descubridores de un proceso particular o de más de un modo y proceso.
b.    Los maestros. Esta es la clase muy pequeña, y hay muy pocos que lo son realmente. El término se aplica con propiedad a los inventores que, aparte de sus propias invenciones, son capaces de asimilar y coordinar un número considerable de invenciones anteriores.
c.    Los diluidores son los que siguen a los inventores o a los “grandes escritores” que producen algo de menor intensidad, una variante débil, algo difuso o tumefacto que va a la retaguardia de lo válido.
d.    “Los epígonos” son los que hacen una obra más o menos buena en el estilo más o bueno de un periodo. Esta gente no añaden sino un ligero sabor personal, alguna variante menor de un estilo, sin afectar el curso principal de la historia.
e.    Las bellas letras no son precisamente “grandes maestros”, pero han llevado algún estilo a un alto desarrollo.
f.     Los iniciadores de manías son escritores que inician una moda, cuya ola cubre las letras durante unos siglos o décadas, para luego perderse dejando las cosas como estaban.
Las seis categorías de Ezra Pound no logran revelar el misterio del epigonismo, pero son un punto de partida, para describir un fenómeno que comenzó en los años ochenta y noventa del siglo XX, y su continuación en el siglo XXI. En 1977, el Manifiesto trascendentalista se constituye en primera reflexión seria sobre la poesía y el trabajo del poeta en Costa Rica. Pero para que el trascendentalismo desarrollara los postulados del manifiesto, tendría que esperar un libro icónico Herencia de otoño (1981) de Laureano Albán, este se convertiría en el modelo dominante de la poesía costarricense durante las últimas dos décadas del siglo XX. La poesía de Albán es la fuente usada por poetas como Carlos Francisco Monge, Milton Zarate, Rodrigo Quirós, Germán Salas, Erick Gil Salas, Johnny Mora, Gustavo Solórzano, Mauricio Vargas, Cristian Alfredo Solera, Ronald Campos, Alexander Alvarado, Jenny Álvarez,

Los ínfimos crepúsculos
                                                                     A Conchita Rafael Morales

Amo las cosas que gastadas brillan
como si los crepúsculos se hubieran
quedado en ellas para siempre ardiendo.
Los bordes de las sillas afinados
por la devoción clara de los dedos.
Los vasos transparentes de servir
manantiales distantes.
Los pisos sometidos a la sombra.
Los trajes deshilados por el aire.
Amo su fatigada servidumbre
de diamante apagado,
la sumisa pasión de sus silencios.
Amo su alma de otoño que fue alta
y compartió los ojos del milagro.
Su manera de darnos el olvido,
sin llanto ni violencia,
como una sabia cercanía brillando,
como la mano del amor sin nadie.
Amo los libros viejos
manoseados por la luz,
los guijarros que caben en la mano
donde brillan paisajes lejanísimos.
Porque va hacia el adiós su lenta música,
se abraza a la sombra sin gemir,
callando como el fuego olvidado de las lámparas
que quedan solas al llegar el alba.


Herencia de otoño (1980) Laureano Albán



            El libro Herencia de otoño es un libro paradigmático, porque muestra los rasgos que los trascendentalistas utilizarán hasta la saciedad en los años ochenta, noventas, dos mil y dos mil quince: un predominio de una métrica endecasílaba y heptasílaba, versos sin rima, un abigarrado lenguaje  figurativo de carácter declamativo y abstracto, metáforas por complemento de término,  además de una temática amorosa y cotidiana hacia las cosas, los animales, las personas, Dios, etc. Los poetas que representaron ese trascendentalismo duro fueron: Julieta Dobles, Carlos Francisco Monge, Ronald Bonilla, Rodrigo Quirós, Erick Gil Salas, Milton Zarate. Una segunda etapa de trascendentalismo duro se inicia en los años noventa con Johnny Mora, Ricardo Segura, Silvia Castro Méndez, Mauricio Vargas, Gustavo Solórzano, Alejandra Castro, Jenny Álvarez, Narcisa Castro, Cristian Alfredo Solera. Una tercera etapa corresponde a poetas como Juan Carlos Olivas, Ronald Campos y Alexander Alvarado. De este modo, la estética trascendentalista revela su muestrario epigonal:

Sabíamos de tantas luciérnagas salvajes
habitando lo humano,
de los pequeños espacios luminosos,
donde se mueve el alma gestando sus pasiones,
de las cuevas de angustia donde se paraliza,
de las múltiples máscaras…
Los delitos de Pandora (1987) de Julieta Dobles

A NADIE sino al mar pertenecían
nuestras horas de insomnio;
de nadie eran las puertas
sino de nuestros ríos de palabras;
y qué otro laberinto, sino el nuestro,
aprisionó el oficio de la noche,
la patria de la piel o la música huyendo.
La tinta extinta (1990) de Carlos Francisco Monge

Está herida el ala, herida
la misma cicatriz de las esquinas,
y todo es el furor de desgarrarse a solas
sin otro contenido que el despecho
de ser insuficientes.
Un día contra el asedio(1999) de Ronald Bonilla

Vengan todos a sentarse a mi sombra.
Mis centellas de dios enloquecido
extraviaron la luz horrible del insomnio
y reposan fabricando avecillas.
A tientas en la luz (1982) de Rodrigo Quirós

Aunque estén solos los verbos,
tristes las hojas amarillas sin otoño,
los pasos tristemente tristes del llanto,
el reloj dará el preciso instante de la fruta
al germinar la tarde.
Estrecho Itinerario de las cosas(1983) de Erick Gil Salas

Hubo la noche cayéndome en las manos,
sin prisa, sin reclamo, sin espejo,
para reflejarnos como un escondite
donde perecen asustados
los ojos amantes del silencio.
Al final de la memoria (1990) de Milton Zarate

Hubo una vez, hace muchas ternuras,
que entregué las llaves de mi suerte
y aún espero coronado por la ira,
el dolor o la ironía.
Nadie vendrá a robar la manzana
del árbol manso de mi vida.
El libro del Minotauro(1990) de Johnny Mora

Oigamos la sinfonía de la luz en las superficies del rayo,
la sonata propicia para el juego del candor,
el arpegio que se mezcla con las modulaciones del estío.
Ecos(1993) de Ricardo Segura

En las noches aladas
sus murmullos se oían
como vientos en las crestas de los mares,
inclinadas unánimes
sobre un tiempo de naufragios distantes.
Vértice del Milagro(1998) de Silvia Castro Méndez

…además hace frío, y aún no se ha
inventado la canción rotunda del olvido,
quizás deberíamos callarnos en nuestrps
propios cuerpos y dejar que la noche
nos nombre en el silencio.
Desfigurando sombras (1994) de Mauricio Vargas

Vuelvo a la deliciosa tortura del camino,
avanzo entre la penitente
sensación de lo eterno,
retomo tus manos incoherentes
y trato de esculpir
la propia demencia del rostro…
Del sudor de tus ojos(1994) de Gustavo Solórzano

He aquí un ruido de epitafios
y casas llenas
un ruido de parques viejos
con fiebre de calvarios y hogueras.
Loquita (1997) de Alejandra Castro

Porque hay un paisaje endurecido
en las aristas del tiempo,
porque sólo hay un vestigio de hierba
en la mirada,
levantaré el mástil insurrecto
de todos mis dogmas…
Una noche para callar los nombres(1995) de Jenny Álvarez

Me asombra tu desnudez humana
el susurro del gemido
cuando el fruto se gesta
y circula por el aire su semilla…
Vestigios del fuego(2001) de Narcisa Castro


Te busqué hasta en la sonrisa
de burla de la muerte
y tú estabas inaplazable
con tus palabras nuevas y aquellas
tremendas ganas de herirme tanto.
Tú no sabes nada de la ausencia (2004) de Cristian Alfredo Solera



Pero el mañana nunca perdona,
pues es un umbral sin aldabas ni culpas,
y el alba tampoco entiende
la violencia de sus goznes secretos.
La tregua imposible (2005) de Alexander Alvarado

Las frutas han mordido
su azul sobre mis labios.
El mundo es sólo ahora
un zurrón de muertes y madrugadas.
Hormigas en el pecho(2007) de Ronald Campos

Atado a los caballos de la muerte,
atado a la sed de los instintos,
atado a los ojos de un corcel en mi ventana,
esta es la luz primera
que ansía el galope de las banales cosas…
Bitácora de los hechos consumados (2011) de Juan Carlos Olivas

            Del otro lado, los epígonos del nominalismo aúllan desde sus trincheras académicas, no reconocen sus orígenes en las poéticas anglosajonas y suramericanas. No aceptan que son burdas imitaciones y malas traducciones. En su ceguera, niegan toda historia literaria, pero no la formación de un Canon a su gusto y medida. Creen que son la vanguardia del siglo XXI, pero solo reciclan a ciertos autores contemporáneos. La poesía de reciclaje coexiste con las fuerzas absurdas del trascendentalismo en una guerra no declarada. Comprender estas actitudes es comprender por qué la poesía costarricense siempre está naciendo, siempre es nueva. No hay padre poético que destruir, no hay madre poética que violentar. La poesía transcurre como esos ríos lentos y arenosos, que ocultan el olvido. La lírica costarricense es la des-memoria, la no memoria. Generación tras generación, se hunde en las aguas de ese afluente que solo arrastra basura, lo demás es poesía.
No se debe confundir el nominalismo poético costarricense con el nominalismo filosófico.  El nuestro alude a un conjunto de textos que historizan el discurso poético mediante una retórica de la cotidianeidad, emplean la narrativización, el verso libre y el lenguaje coloquial. El nominalismo poético −en palabras de ese crítico feroz que es Francisco Sierra− se funda en el abandono del lenguaje figurativo, porque éste genera un simbolismo ininteligible para el lector popular. Hay un interés primordial por la comunicación, comunicar se convierte en un fin, así también la brevedad, los poemas deben ser como anuncios televisivos.  El lenguaje referencial es suficiente para generar el éxtasis poético, de allí, que se utiliza un efectismo semejante al chiste. El nominalismo filosófico era una doctrina filosófica que afirmaba que todo lo que existe son particulares. Esto generalmente se afirma en oposición a quienes sostienen que existen los universales o las entidades abstractas. El nominalismo niega la existencia de universales tanto de manera inmanente (en los particulares) como trascendente (fuera de los particulares). El término «nominalismo» proviene del latín, nomen (nombre). No interesa detallar la doctrina filosófica, sino ahondar en la formación discursiva nominalista. ¿Cuándo surge? ¿Quiénes son sus fundadores? ¿Quiénes son sus epígonos? A diferencia de la formación discursiva trascendentalista, el nominalismo no surge alrededor de un manifiesto, sino por la copia de poetas anglosajones y suramericanos de los años cincuenta y sesenta. Con el agotamiento de las vanguardias históricas –léase surrealismo, creacionismo, ultraísmo−, se produce un nuevo replanteamiento de la ética y estética poética: Antipoesía, coloquialismo, exteriorismo. En Costa Rica, durante los años ochenta, las tendencias dominantes del trascendentalismo y el nominalismo son representadas por dos autores: Milton Zarate y Mario Matarrita. Pudiera pensarse que La isla de piedra sería el origen de esta nueva tendencia, pero muy pocos o ninguno de los poetas jóvenes ha escuchado de él, o por lo menos, alguna vez lo ha leído. El nominalismo tiene dos fuentes; por un lado, los animales que imaginamos (1997) de Luis Chaves y por el otro lado, Carta sin cuerpo (2001) de Alfredo Trejos. Estos serán los textos fundacionales de las nuevas tendencias dominantes en el panorama poético costarricense, y por supuesto, de un epigonismo, no menos enfermizo que el epigonismo trascendentalista.

el viudo o hasta que los huevos nos separen13

cansada de ordenar latas de garbanzos
de caer dormida sobre torres de calzoncillos
de julio iglesias inmortalizado en la radio del vecino/
ella mira su reflejo en la ventana
se manosea las tetas. toca sus ganas de vivir
y comprobando que ambas
guardan la rigidez reglamentaria
le saca chispas a los tacones
suelta la música de su pelo.
                              sale de la casa.
como quien entra al mundo pateando puertas
y con un revólver en la mano.

los animales que imaginamos (1997)
Luis Chaves
¿Qué hago yo con quererte?¿Qué ganas vos con arrebatarme los poemas para no leer más que las cifras y los encabezados? Para leerme todo como soy, como flaqueo. Me pregunto mucho más y con mejores palabras. Con intriga, con ocio, con detalle, me pregunto qué pierdo si dejo ir el mes, el año, el mundo entero sin indiscreciones. Y es que el amor igual da tanto miedo como la ducha, como extraviar una moneda decisiva. Sé que ando algo mal en kilos y en caricias. Todo me gana por   diferencias humillantes. Me gana el autobús, el clima y la mala memoria. El sabor de las fresas, las cortinas y los gatos.



Carta sin cuerpo (2001)
Alfredo Trejos

  

            A partir de estos poemarios, nos encontramos con una multitud de poetas jóvenes que siguen estas tendencias. Los temas y los tópicos de la cantina, el barrio, el apartamento, el boxeo, el night club, las borracheras, la familia, la pareja femenina, masculina, se repiten hasta la saciedad, el lenguaje coloquial-cotidiano no permite distinguir entre un poeta y otro. Los poetas empiezan a utilizar un voseo como rasgo esencial de la identidad costarricense, pero lo único que logran es un voseo de raíces suramericanas, que poco ayuda a entender cómo el costarricense usa los pronombres de tratamiento. Todo debe ser real, descriptivo, referencial, el mundo tal como lo percibimos ya es de por sí poético. La narratividad se instala en el poema como estrategia discursiva para dar unidad semántica. Es indiscutible que Luis Chaves y Alfredo Trejos se convierten en los maestros de la siguiente generación de poetas jóvenes, ya sea cómo directores de talleres, ya sea por la fama que han logrado en el medio literario costarricense, permitiendo que los poetas jóvenes los imiten sin ningún empacho o creatividad. En la década de los noventas, los talleres de poesía activa, enésima silla, libertad bajo palabra, así como las lecturas en el Bar de la Boca del Monte, las actividades del grupo Octubre Alfil Cuatro, forman una red de poetas para oponerse al trascendentalismo.  De este movimiento poético-social surge la nueva generación de poetas jóvenes:

Un arrullo insoportable
pesa en mis oídos todas las noches:
El zumbido del refrigerador
la respiración de mi vecino más cercano
la mano suicida (2000) de María Montero

el mal sabor de un jazz y la última cerveza
lo acompañan en el autobús
no piensan en ello
es el ruido y el mareo tardío lo que le incomoda
frecuencia de manicomio (2006) de William Eduarte

Los bares cerca de la U
maquillados de fin de semana
absorben
como agujeros negros.
la vida de las cosas (2008) de Luis Fernando Gómez

Enfrentarse a dos tazas de café
cuando solo se enciende un cigarrillo
es el resultado de un hasta luego
cuando se quiso decir jamás.
en el otro patio (2008) de María Morales

La gente ¿se hará tantas bolas como nosotros?
−le pregunté−
No creo.
−me dijo−
Y entonces, nos hicimos un ovillo.
pies de tinta (2009) de Seidy Salas Víquez

me hablás de París
de la señora que te alquila el cuarto
de los franceses como portadores
de civilización y barbarie
mala estirpe (2007) de Camilo Retana

Las cosas comenzaron a andar mal cuando Manchas se escapó de la casa, cuando los pericos abandonaron el árbol de aguacate y se secó por una enfermedad de las raíces, las cosas comenzaron a andar mal cuando tuvimos que enterrar al hermano de mi abuela Aida…
Carpintería (2008) de Esteban Chinchilla

Los vecinos
lo observan con cuidado
el ruido de su máquina
les molesta.
SOUNDTRACK (2005) de Felipe Granados

no importa ligar aspirinas con cervezas
emborracharse inmediatamente después del desayuno
amanecer con los pulmones llenos de herrumbre
seguir aguantando a ese imbécil que sale cada día a las cinco pe eme
La curvatura del silencio (2006) de Mario León Rodríguez

  
Nadie supo nunca que me amaste,
los momentos triviales
que tu me sujetabas:
abriéndome una puerta,
acercándome una silla.
Río de huellas silenciadas (2006) de Gabriela Chavarría

Tengo un sueño alojado en el cuerpo.
Con el paso de los años dejó de ser benigno.
Ahora es un tumor,
un quiste que debo extirpar pronto.
apocalipsis íntimo (2010) de Carla Pravisini

De camino a la oficina
escucho una voz que grazna mi nombre.
La calle está abandonada.
Poetry is fearlees (2012) Luis Chacón Ortiz

Mi cigarro se consume como tu esperanza,
una noche a la vez,
un robo, asesinato o la droga
apropiándose de tus calles.
Desahucio de noche (2010) de Michael Barrantes

conduzco
solo eso
no me importa si el mundo se desmorona junto a mí
soy un depredador y observo mi presa lejos
en el camino
la carretera es lo único nada más importa
el humo de las cosas (2014) de Jonatán Lépiz

un café para el dolor de cabeza
la sed imparable
el olor a cigarro encima de la ropa
una leve sordera
Resonancia Magnética (2008) de William Pérez

Entre el recibo de la alarma
y el pago del guarda en bicicleta
el fin de mes es un gancho fulminante

y la vecina no sabe aún
si invertir en un pequinés de cuido
o en el extravagante barroquismo
del alambre navaja
Para no pensar (2008) de Ricardo Marín

En TIME sigue la hambruna
de  hamburguesas y ojivas
que no volvieron a reproducirse
por temor a ocasionar
una explosión demográfica en el espacio.
Programa de mano (2008) de Guillermo Acuña

Hace calor y en la casa no hay gente.
Hace calor y las viudas se bañan
disimulando que sus ingles sufren
ansias como sus cuellos y sus médulas.
Vida Ajena (2010) Gustavo Adolfo Chaves.

Mi perra no se cansa de buscar
puertas mal cerradas
para echarse donde no le corresponde…
Dialécticas de las aspas (2014) de Gustavo Arroyo


            El epigonismo trascendentalista como el epigonismo nominalista no permite que el epígono explore las posibilidades infinitas del lenguaje. Este acepta las normas de la tendencia dominante, de modo que su lenguaje quede atado a los límites del movimiento estético-ideológico o de la formación discursiva. Las causas del epigonismo habría que buscarla en los talleres, en las peñas, en los grupúsculos que forman el panorama actual (2015) de la poesía costarricense, en la crítica literaria que ejercen las universidades, en el clientelismo poético que se origina con la fundación del Ministerio de Cultura y la Editorial Costa Rica; así como en la proliferación de las editoriales privadas, donde predomina el gusto de los editores por obras con rasgos específicos;  también en la formación de los poetas jóvenes de ahora y de antes. ¿Qué leen estos poemas jóvenes? ¿Qué indagaciones sobre el pasado hacen para cuestionar el presente? ¿Qué creen que debería ser la poesía? ¿Por qué razones escriben? ¿Para quién escriben? Las preguntas más elementales son las más difíciles de responder porque han sido respondidas por poetas del pasado con mayor lucidez y profundidad. Quizás por eso cuando se las hacen a los poetas jóvenes, estos responden con ironía o sarcasmo, con un berrinche infantil, porque son incapaces de aceptar que pertenecen a una corriente ideológica del pasado. A diferencia de la ciencia, la gran poesía no pasa de moda, de allí que sigamos leyendo a Quevedo, a Góngora, a Sor Juana, a Ferrán, a Bécquer, a Kavafis, a Keats, a Pound, a Whitman, a Ginsberg, a Darío, a Neruda, a Vallejo, a Aleixandre, a Lorca, a Lezama, a Brenes Mesén, a Estrada, a Jiménez, a Eunice, a Picado, a Charpentier, a Antillón, a Duverrán, y a tantos otros, que aguardan en las estanterías de las bibliotecas y librerías.

            La crítica de la poesía debe ser un ejercicio serio, no se puede simplemente decir esto es malo y esto es bueno, esto me gusta y esto no me gusta, esto es oro y esto basura. Debe tratar de explicar los fenómenos poéticos, sus cambios, sus transformaciones, sus retrocesos; explorar seriamente el pasado y el presente; explicar cuáles son las causas y efectos de los procesos culturales. Las últimas antologías de poesía costarricense nacionales e internacionales muestran un sesgo a la hora de describir la realidad poética, ni siquiera se interesan por analizar las formaciones discursivas, ni siquiera son representativas del panorama poético nacional. El epigonismo es un problema y este artículo es simplemente su puesta en escena. 

lunes, 6 de julio de 2015

Xarxa D’Aranya: una lectura de superficie


En el año 2012, se publica el poemario Xarxa D’Aranya de Melvyn Aguilar. Después de la presentación, el libro es olvidado sin pena ni gloria, porque los grandes libros, los libros difíciles, no son del gusto de los pseudolectores, menos de los pseudopoetas. Los poemas de Melvyn Aguilar, como los de Minor González, Carmen Quintero, Bernardo Corrales y Angélica Murillo entrañan un cambio en el decir y el hacer poético costarricense. En el caso de Aguilar se desarrolla un proyecto poético bien meditado y ejecutado con certera maestría. En Xarxa D’Aranya, la eficiencia y eficacia del lenguaje es un rasgo determinante. El poema más pequeño es una construcción monumental, una catedral barroca que se eleva ante los ojos atónitos de los lectores. El libro en su totalidad rompe con la continuidad monótona de la poesía de la comunicación, de la nueva sentimentalidad, del nominalismo poético.
Xarxa D’Aranya se traduce como tela de araña, la expresión venida del catalán nos muestra uno de los recursos de la poética de Aguilar. El diccionario de la RAE define telaraña como la tela que forma la araña segregando un hilo muy tenue; también como cosa sutil, de poca entidad, sustancia o subsistencia; nubosidad real o sensación de tenerla delante de los ojos, por defecto de la vista. Por otro lado, Cirlot señala que la telaraña presenta el mismo simbolismo del tejido; por su forma en espiral presenta también la idea de creación y desenvolvimiento, de rueda y de centro.  Desde el título, el poeta nos revela las claves de su arte poética. El texto es un tejido y una rueda en el que caen atrapados y atropellados los lectores poco avezados. El poemario en sí es construido como una telaraña o, en su defecto, como una araña sobre una telaraña cósmica.
El índice del libro no informa como están distribuidos los poemas en  los apartados, solo refiere al título de cada apartado.  Este es quizás uno de los defectos editoriales del libro. Pues, el índice nos muestra lo siguiente:
Contenido
Poesía y Memoria, a próposito de Xarxa D’Aranya                                                  9
Memorándum
Ruleta Rusa                                                                                                                15
Discurso del tiempo (Introspecciones en III actos con introito)                               37
Treinta pesquisas para el laberinto de Ecinue                                                           75

Podría pensarse que cada apartado es un solo poema, pero no ocurre esto. Al abrir el libro, el lector se encuentra con poemas distribuidos en cuatro partes y en esas cinco partes la siguiente distribución de poemas:

Xarxa D’Aranya
1.      Memorándum
a.       Infortunado elogio a la paloma
b.      Capta Spirae
c.       Chats, Rue Caustiques
d.      Una estufa verde para Roberto Bolaño
e.       Repasos de un niño erudito
f.       Oinarrizko
I.                   Si
II.                Y ella entonces
III.             El pez
IV.             El dedo
V.                La Flauta
VI.             Ella
VII.          La inquietante belleza
VIII.       En un mundo
2.      Ruleta Rusa
a.       Dos anotaciones para la muerte
I.                   Bonum noctem, dijo.
II.                Ponte una capa verde.
b.      The Blue Bar
c.       Vamos a ver los renacuajos
d.      4:37 a.m.
3.      Discurso del tiempo (Introspecciones en III actos con Introito
a.       Desafortu
b.      I Acto (Leprosario)
c.       II Acto (Esperpento)
4.      Treinta pesquisas para el laberinto de Ecinue
I.                   Estamos
II.                Altísima la piedra
III.             Fíjate bien
IV.             He ahí
V.                Pero ahora
VI.             Entretanto
VII.          Ahora
VIII.       Ya es de nuevo hoy
IX.             Lleva tu linterna de nardos
X.                Mira con esmero
XI.             Ahora
XII.          Captura la gran gracia
XIII.       Expulsa de tu boca las abejas
XIV.       Tus manos pon en la tierra
XV.          Dies Mercuri
XVI.       Ahora, de nuevo en el aire
XVII.    Dies Veneris
XVIII. Sabbath
XIX.       De nuevo estamos
XX.          Duerme
XXI.       Descansa
XXII.    Duerme bien
XXIII. Duerme y olvida
XXIV. Duerme
XXV.    Y que importa si las gentes
XXVI. Y desde ahora
XXVII.                     Tus hojas ya no caerán
XXVIII.                  Ecinue
XXIX. Y porque fuiste ayer
XXX.    Y nuevamente

De este modo, el lector encuentra que Memorándum está formado por seis poema; Ruleta rusa tiene cuatro poemas, Discurso del tiempo posee también cuatro poemas, Treinta pesquisas para Ecinue es un solo poema de treinta fragmentos. Todo el poemario está enmarcado en la frase “Un éléphant se balaḉait…” Stephen Hawking en Sobre los universos paralelos señala que su peso es proporcional a la tela de araña, y que por lo tanto estamos frente a un universo paralelo. Cada parte del libro debería pensarse como un universo paralelo a otro universo. Podría ser una de las respuesta a la construcción de Xarxa D’Aranya.
Memorándum está formado por seis poemas. Un memórandum es una comunicación diplomática, menos solemne que la memoria y la nota, por lo común no firmada, en que se recapitulan hechos y razones para que se tengan presentes en un asunto grave. Octavio Paz, alguna vez dijo, que hay tres tipos de poetas: los de la memoria, los del instante y los del tiempo que está por venir. Melvyn es un poeta que apela a la memoria. Los poemas “Infortunado elogio a la paloma”, ”Capta Spirae”, “Chats, Rue Caustiques”, “Una estufa verde para Roberto Bolaño”, “Repasos de un niño erudito” y “Oinarrizko” son poemas que invocan el recuerdo de los amigos muertos, de escritores muertos, de la juventud y de esos extraños seres que nos sorprenden o emocionan. La telaraña que crea el poeta está formada por varios recursos constructivos: el símbolo, el empleo de varios lenguajes (latín, catalán, francés, vasco, gallego, italiano, cabilio o taqbaylit) y del culturalismo. Estos procedimientos de escritura y estructuración le permiten generar relaciones intertextuales que, sin embargo, no son percibidas por un lector común.  Los poemas de Memórandum se elaboran sobre el recuerdo, la muerte, la escritura y el tejido.
Por otro lado, la sección titulada Ruleta rusa, hace referencia a un juego mortal, cuyo origen es muy ambiguo. Suele afirmarse que el término “Ruleta rusa” apareció por escrito por primera vez el 30 de enero de 1937. Entonces, George Surdez, un suizo avecindado en los Estados Unidos y que escribía novelas de aventuras, publicó una breve historieta de 2 páginas en el semanario norteamericano Collier´s Weekly que tituló “RUSSIAN ROULETTE” sobre su tema favorito, aventuras de miembros de la Legión extranjera que esta vez servían en el norte de África y que contenía una carta enviada por un soldado alemán que había sido testigo del suicidio de su superior, un sargento ruso que servía en la Legión. Sin embargo, los poemas de este apartado “Dos anotaciones para muerte”, “The blue bar”, “Vamos a ver los renacuajos” y “4:37 a.m.” siguen utilizando la memoria como referente, y el uso de personajes literarios para expresar las preocupaciones epistemológicas del poeta.
En el apartado, Discurso del tiempo, el poeta hace un ejercicio de escritura automática y recursos creacionistas. Esta sección está formada por los poemas Desafortu, Leprosario (I acto), Esperpento (II acto), Ziam ed negiro (Akentus) (III acto). Los poemas en prosa acumulan elementos poéticos, creando constantemente nuevas relaciones. En Desafortu, el yo lírico mantiene una relación obsesiva con la mujer, el padre, el caballo, los imperios de regadío, con la América anterior a América. En Leprosario, el lector se encuentra frente a un poema político sin ser panfletario y sin ser moralista. El yo lírico nos conduce por un bosque de símbolos, de referencias históricas y personales. En Esperpento, se hace más visible la obsesión sobre la muerte, muerte y vida se confrontan a través de símbolos cristianos, griegos, paganos. En Ziam ed negiro, se desarrolla un final apocalíptico para el alma, la poesía, la vida. En Discurso del tiempo, el hablante lírico emprende una sacralización del cosmos, a través de ideas teosóficas, masónicas o rosacruces. Hay un cierto misticismo que se mezcla con la experiencia del poeta, una oculta a la otra.
En Treinta pesquisas para el laberinto de Ecinue, el lector se encuentra frente a un poema sobre la creación poética que, a la vez, trata sobre la creación de universo. El poeta convierte a Eunice Odio en un personaje literario. Los primeros once poemas están llenos de símbolos y un bestiario personal que sirve para entrar en contacto con el espíritu de la poesía de Odio. Los primero once fragmentos son un preámbulo a la creación del cosmos, la poesía y la individualidad, un diálogo de poeta a poeta. Los siguientes fragmentos, son una recreación poético-simbólica de la creación del universo judeo-cristiano por un poeta-demiurgo o un poeta-alquimista. Al final, la memoria de esa creación es lo que queda. La escritura sirve para recuperar la memoria: amigos, lugares, lecturas, sueños, pesadillas.

Xarxa D’Aranya es un libro complejo y complicado, no apto para pseudo-lectores y menos para pseudo-poetas. Su autor ha dicho: Me gusta enfrentarme a la lectura de poesía retadora, que propone rabiosos juegos con el lenguaje, que obliga al lector a ir más allá del texto, que trincha el nervio y provoca el asombro, que formula estéticamente sin temor, sin complejos, que eleva a las cosas y las circunstancias a un lenguaje indescifrable. El lector que desee enfrentarse a Xarxa D’Aranya debe tomar en cuenta las palabras del poeta. Es un libro difícil para lectores de best sellers, un libro impopular para la gran masa de lectores y poetas de la comunicación, trascendentalistas light, del realismo sucio o de la porno-poesía. Pero, un libro gozoso para los lectores que saben que la poesía es poesía, y definitivamente, no está en otro lado.