viernes, 23 de octubre de 2009

Mainor González Calvo: La encarnación de la antipoesía

Mainor González Calvo (Costa Rica, 1974) realiza sus estudios de primaria y secundaria en el Colegio Calasanz. Estudia lengua y literatura en la Universidad de Costa Rica. Actualmente se desempeña como profesor de dicha universidad en la Sede de Guanacaste. Ha publicado cinco libros de poesía: Calvarios y catarsis (1997) La sombra inconclusa (1998) Poemas para desmentir y especular (2001) prosas antropófagas (2005) y Esbozos de un citadino cualquiera (2008) Perteneció al extinto taller literario del "Café Cultural Francisco Zúñiga Díaz". Poemas suyos han aparecido en la revista Candil, Encuentro de Escritores, y el suplemento Aeda.

Mainor González Calvo es un poeta por derecho propio, no porque un gurú o un académico coloco en su cabeza el laurel del poeta. Ni siquiera por afiliarse a una asociación de escritores o una religión poética. Como muchos otros jóvenes le tocó pertenecer al "Café Cultural Francisco Zúñiga Díaz". Nuestro maestro no era un gurú trascendental, ni siquiera un gurú beatnik; era sencillamente Chico, un padre putativo que tenía claro que la función de un taller es desarrollar el amor por la literatura. Si se era lector, leer de manera inteligente. Si se era escritor, uno se debía guiarse por principios básicos de redacción y ortografía. Por esta razón, del "Café Cultural" no salieron Zuñiguitas, sino cuentistas y poetas de las más diversas tendencias del espectro literario.
La obra poética de Mainor González Calvo es la encarnación de la antipoesía, se inscribe dentro de una generación de ruptura con el imaginario de la naturaleza como identidad costarrincense, escribe contra lo bello-natural de lo cual ha abusado -quizás demasiado- la poesía costarricense (Chavarría, 1998: 3) La antipoesía pretenden de forma irreverente, agresiva y absurda desacralizar el discurso de la Poesía con mayúscula. Si se busca su origen, se comprende que es una reacción en Chile contra el complejo lenguaje impuesto por Huidobro y por el éxito extraordinario del Residencia en la tierra de Neruda. Es una poesía que aparenta una condición oral, aunque es minuciosamente culta. La irreverencia de este discurso se torna en parodia, ironía y sarcasmo sobre la poesía tradicional. La agresividad ante las convenciones literarias o culturales muestra un parentesco con las actitudes características de los movimientos de vanguardia. El absurdo se relaciona con la escritura automática, las asociaciones de palabras, las experiencias oníricas y las rupturas topológicas y cronológicas.
La antipoesía de Mainor González surge dentro de un acelerado proceso por desacralizar la Poesía Costarricense, cuyo núcleo se encuentra en la poesía trascendentalista, representada por Laureano Albán, Julieta Dobles, Ronald Bonilla, Carlos Francisco Monge, Milton Zarate, Jeanette Amit, Alvaro Arias, Gonzalo Campos, Luz alba Chacón, Leda García, Sonia González, Doris López, Elizabeth Marín, Carlos Morera, Martha Pinto, Cristián Alfredo Solera, Alexander Sancho y Mario Ulate. La poesía trascendentalista se transforma en el discurso oficial de la literatura costarricense, discurso que debe ser socavado por las nuevas voces poéticas.
Entre ellas, se encuentra muy clara y fuerte, la obra de Mainor González Calvo, quien desde su primer poemario Calvarios y catarsis (1997) inicia el proceso de socavamiento de la estética aúrica. El poemario es una exploración desde el absurdo y por el absurdo de las relaciones entre el poeta y su entorno. Los conflictos, a los que se enfrenta el artista, solo lo conducen a un universo de sufrimiento y purificación. El poeta lucha contra el mundo sin posibilidad de triunfar y sin posibilidad de redención, como ocurre en el poema IV:

Tengan todos muy buenas noches
¡Bienvenidos al encuentro del siglo!
Espero que disfruten del espectáculo.
En esta esquina
con peso de setenta kilos
cuerpo de bahía abandonada
y espíritu crucificado
el poeta Mainor González.
(¡Buuuuuuuuh! ¡Buuuuuuuuuh!)
(¡eeeeeeeeeeh! ¡Eeeeeeeeeeeeeh!
En esta otra,
con peso mayor a la soledad
y un aguijón indiscutible,
el eco del mundo
la mano que aplasta bichos
y coloca en su sitio los moños.
(¡Buuuuuuuu! ¡Buuuuuuuuuuh!
(¡eeeeeeeeeeeh! ¡Eeeeeeeeeeeh!)
Y comienzan.
Se dan un golpe
este recibe otro
aquel se amarra a las lianas
se juntan en falsedad
se escupen se gritan
se amenazan
reciben estoicamente
¡Se desploma!
¡Sí!
El pequeño vuelve a ver a la gente
y no puede ponerse de pie
Uno, dos, tres, cuatro, cinco...

Dos aficionados a la salida:
-Viste, no duró ni un suspiro.
-Ya sabía.
El que se mete con el Campeón
no soporta por mucho tiempo
la ventisca del mundo en sus espaldas.


El texto es la narración del enfrentamiento del poeta con el mundo, síntesis de orden, la belleza y la bondad. La lucha es encarnizada, pero el artista no puede superar el poderío de lo políticamente correcto. Al final, la derrota solo nos deja con un amargo sabor en los labios. El proceso de desacralización no define un sujeto específico, sino un sujeto general e indefinido que se convierte en obstáculo. El poema es un espacio -el cuadrilátero- y el poeta es un deportista -boxeador- que escribe sobre la realidad a golpes. La burla de los espectadores recrea el conformismo y la abulia de un mundillo literario, donde es mejor no luchar como el poeta. Frente a esta representación del poder indefinido, Mainor González ira construyendo una imagen del poder particular, del poder que existe y pre-existe en la literatura de Costa Rica. En La sombra inconclusa el poder es representado por un oficialidad estupida y utilitaria que se regodea en gestos y posturas tradicionales, verbi gracia, el poema XIV:

Los poetas de la oficialidad
gustan siempre de un par de ventanas
de mucho turrón en los brazos

y candelillas para dormar a los transeúntes.

Les pica un poco los bolsillos
y adornan con lengüeta cualquier promoción
que ilumine las fases de un bazar.
Aman con fervor absoluto
las ovaciones y los ágapes de bombín
revueltos bajo una delicada capa
de perfume y tradición
pero eso sí
no soportan un guiño mal empleado
ni una palabra rebelde

que pide mayor apertura sus abrigos.
Por eso

desde hace mucho
yo siempre paso de largo
cuando escucho sus voces

lamiendo estrepitosamente las aceras.

El poeta ataca la oficialidad poética como institución que premia y canoniza a los escritores. Los poetas oficiales, ya sea de la academia o el periodismo, no permiten la individualidad, el talento que se rebela contra las fórmulas estéticas. Estos se subyugan a las cacatúas y a los espantapájaros, persiguen premios como semillas de girasol. El verdadero poeta joven, rebelde y clandestino tiene que alejarse de los lamebotas. La tensión entre la oficialidad y la clandestinidad no re resuelve con el alejamiento los círculos culturales que asfixian las estéticas alternativas. Sin embargo, no es posible seguir siendo siempre un poeta adolescente contra todos y contra nadie. De allí, que su poemario Poemas para desmentir y especular se proyecta como un viaje por diversos territorios de la geografía nacional, comenzando por el poema "Puerto Viejo" y terminando en los complejos urbanos. La ira y la furia de los primeros libros hasta alcanzar un equilibrio entre la forma y el sentido, como ocurre en el poema "Zapote":

Para muchos una esperanza
para otros un desquite
para algunos barrial de pobres
para pocos un negocio del cielo
para la mayoría un deschave, una insurrección, una calamidad
para la otra parte un descalabro en la conciencia
para la comunidad un día más, un día menos
para el país la lógica transmutación del Carnaval de Río

El poema ya no es simplemente un espacio para la desacralización del discurso poético ni para el enfrentamiento con oficialidad enferma y suicida, sino un lugar de descubrimiento. El poeta se deshace del feísmo, del canibalismo, para convertirse en descubridor de su ámbito vital. El poema ya no tiene una función política, sino una función estética, se reduce a una sencillez, claridad y precisión absoluta. El rumbo escogido por Mainor González Calvo da sus más granados frutos en su libro prosas antropófagas,  quizás hasta la fecha su libro mejor logrado. Un poemario de amplio espectro que muestra el talento y el genio de un poeta que alcanza la madurez, como ocurre con el poema
"Pequeña acotación matinal":

A veces, desde mi cuarto, veo a los niños salir en procesión, soberanos, dueños temporales de la calzada y el envés de las aceras. Entonces, justo cuando cojo el papel y despierto el lápiz, la calle empieza a ser barrida por los tirabuzones y el silencio. Me doy cuenta de que es hora de partir. Tomo los cuadernos y los libros que han de trabajar hasta la noche. El cuarto(creo) comienza a despedirse. Sabe que no le hago mucho caso y él tampoco hace caso de mis recovecos. Salgo. El sol comienza a desplomarse como plomo derretido. El camino por recorrer es menguado. La soledad espera, fumando un cigarrillo, a sus deudores frente al corredor de la pulpería.

Un poema terriblemente conmovedor que nos recuerda los cuadros creacionistas de Pierre Reverdy. El poema descubre en la realidad la magia y el misterio. Mainor González Calvo es un poeta costarricense. Su obra, fuera de los círculos y periódicos viciados de la oligarquía, es una muestra de talento, ingenio y rebeldía. En la "Pequeña acotación matinal", el poeta recorre un mundo siempre en movimiento, todo se acerca o se aleja, pero no existe alguna explicación de este movimiento, simplemente ocurre. El mundo está vivo y se transforma en la manos del poeta. Siempre es hora de partir, siempre que se escribe se vacía el poeta de sí mismo y lo demás. Prosas antropófagas es un buen, un libro capaz de despertarnos la curiosidad y el interés, capaz de sorprendernos con sus imágenes, sus sueños, su locura. Regresar a él, no es regresar a una cantina, donde siempre se toma lo mismo, es recuperar el barrio, la ciudad, la nación: Costa Rica, vista en su pasión y ceguera.

4 comentarios:

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  4. Cristian: buen trabajo el tuyo de destacar a los bardos coterráneos, cosa poco común en Tiquicia. Visité también el archivo donde haces reseña del poeta Camilo Rodríguez presentando algo de su obra.

    Muy bien dado el filazo que le diste a cierto comentarista... Yo no dudo de tus buenas y justas intenciones, hacerlo sería un acto de envidia o de prepotencia.

    Un abrazo, poeta.

    Frank Ruffino.

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