miércoles, 22 de enero de 2020

LAS NUBES, QUE EL VERANO NO DESHIZO, ESTÁN QUIETAS.


Es hermoso mirarlas,
como la muchacha del vestido amarillo
que arranca la cabeza de un crisantemo.

La muchacha, que no se arrepiente de las almas
enviadas al purgatorio,
tiene la mirada asesina de la cobra,
la lujuria de los escorpiones.

Las nubes están quietas.
Un olor a sangre invade el corazón de la luz,
el aire que tintinea tiene el color de la muerte.
La muchacha del vestido amarillo
corta pedacitos de utopías,
y los licúa para brebajes opulentos.
Corta su cabello en serpentinas
y exhala un suspiro en forma de Gillette.

Quietas, las nubes. Miran a la muchacha del vestido amarillo,
la muchacha bebe té de herida o hecatombe,
un té que adormece al arcángel,
a la bestia y a la terquedad del sueño.

de Cuaderno de Alucinaciones (2018)

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