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sábado, 18 de septiembre de 2010

Gustavo Solorzano: "La condena" o la persistencia del trascendentalismo

Gustavo Solórzano Alfaro (1975, Costa Rica). Poeta, ensayista, editor y profesor. Actualmente es editor filológico en la Editorial EUNED. Ha publicado Del sudor de tus ojos (1994, San José: Líneas Grises), Las fábulas del olvido (2005, San José: EUNED) y La múltiple forma del delirio (en edición, San José: EUCR). Textos suyos han aparecido, entre otros medios, en Ariadna-RC, Palabras Diversas, Espéculo y El invisible Anillo (España); Isla Negra (Italia), Alforja (México), El Intelectual (El Salvador), 400 Elefantes (Nicaragua), Revista Nacional de Cultura y Revista de Filología y Lingüística (Costa Rica); Letralia (Venezuela) y Remolinos (Perú).

     La poesía joven costarricense es heredera de una tradición, y a la vez, de la ruptura de esta tradición. La tradición de la ruptura es un tema que atañe a las vanguardias, a las postvanguardias, y a las transvanguardias. La tradición en Costa Rica se desarrolla en tres focos: la vanguardia, la poesía de compromiso o social y el trascendentalismo. La vanguardia con sus estrategias discursivas, sus métodos y su retórica ha sido la fuente de la que han bebido los poetas postvanguardistas y transvanguardistas. Tanto la poesía social y el trascendentalismo asumieron las técnicas vanguardistas, pero a diferencia de la vanguardia, buscaron darle un fin a la poesía: el compromiso social o la experiencia trascendental. A pesar de la búsquedad de la ruptura, la persistencia de la poesía  social y la del transcendentalismo refleja un problema aún no resuelto entre la estética y la ideología.
      La poesía de Gustavo Solorzano Alfaro es heredera del movimiento trascendentalista. El lector no debe confundir el trascendentalismo costarricense con el trascendentalismo norteamericano. El trascendentalismo se funda con el  Manifiesto Trascendentalista  y poesía de sus autores (1977): un ensayo-antología, en el que Laureano Albán, Julieta Dobles, Ronald Bonilla y Carlos Francisco Monge exponen los métodos y límites de la poesía. El ensayo-antología con el tiempo se transformaría en un manual de cómo escribir poesía, una suerte de texto sagrado y sacralizador. Frente al proceso de heterogenización de la poesía, que  planteaba Octavio Paz en Los hijos del Limo, el trascendentalismo se propone un proceso de homogenización, mediante los talleres literarios. El mismo proceso de homogenización lo sufren los poetas que se agrupan en la poesía social y en el realismo sucio. El ensayo-antología busca colocar la escuela trascendentalista como antípoda de los movimientos literarios precedentes y subsiguientes, considerados modas, pues el trascendentalismo se convierte en una suerte verdad suprahistórica. El Manifiesto trascendentalista afirma que la poesía tiene origen en los profetas y los cantos religiosos, que el trascendentalismo aplica el método científico, que se basa en la supra-consciencia y no en la sub-consciencia, que la poesía es una experiencia especial que trasciende la experiencia cotidiana del hombre, que el poeta trascendentalista aplica la inspiración y la elaboración como un todo, que lo trascendental no es una preocupación metafísica u ontológica, es un pleonasmo. que el trascendentalismo se opone al creacionismo, el surrealismo, el exteriorismo o la prosaíza, que la poesía no es circunstancial, pero está comprometida con todas las circunstancias, por lo que debe llevar al hombre a un humanismo trascendental, que negar el lenguaje figurado es negar la poesía, aunque el lenguaje figurado y el directo se unen en todas las obras literarias, que la poesía es comunicación integral de vivencias trascendentales, un instrumento en la evolución humana, el destino de la poesía que es ultra-literario, porque escapa de la literatura y se confunde con la vida.
      En su libro La condena (2009), Gustavo Solorzano Alfaro no escapa de su aprendizaje literario. El trascendentalismo se encuentra presenta en las estrategias discursivas, en la retórica, en la ideología-estética de sus poemas. El poema que abre el libro se títula "Poeta" (EL POETA RECIBE A SU AMIGO), dice:

He recorrido campos enteros
con tu nombre en mis labios.
He guardado este momento
desde que el sol partió al Oriente.
Me he eximido de tareas más audaces
por defender la palabra y el templo.

La ciudad nunca ha existido
más que en el poema y la canción.
Tu espada es solo el reflejo mortal
de haber perdido a quien amabas.
He aguardado tu llegada,
traicionera y culpable.
La he soñado
en todas las noches del mundo,
en todos los rincones del fuego
y en todas las caras del tiempo.

Hoy llegas hasta el umbral perdido
de mis letras austeras.
Llegas para romper la profecía
y doblegar al cordero.
Te has visto en el mar invisible de las horas.
He reconocido tu historia
en el espejo mortal de mi casa.

Toma asiento, hermano,
puede que aún tengamos tiempo para eso.
Cuéntame tus viajes y tus sueños,
hazme partícipe del feroz latido de tu pecho.
Justifica una vez más tu existencia,
que no son los dioses quienes pierden,
es la noche y su quimera.

El poema "El poeta" es toda una profesión de fe, en la que el poeta plantea un deber: defender la palabra y el templo.  La defensa de una estética se hace con escritura con las estrategias discursivas, con persistencia de recursos estilísticos. La repetición se convierte en un principio constructivo del trascendentalismo, repetición de  acentos, ritmos, palabras y claúsulas. La realidad no existe, o mejor dicho, solo existe en la medida en que puede ser creada por la poesía. El poema cargado de un fuerte misticismo deja entrever los presupuestos del trascendentalismo. No obstante, ningún poeta es una máquina de hacer poema, ni siquiera capaz de quedarse quieto en un solo lugar, mientras mira pasar el carnaval. En La cábala y la crítica, Harold Bloom, se propone la idea del inter-poeta, lector-escritor, que sufre la ansiedad de las influencias, las malas lecturas fuertes y las malas lecturas débiles. El poeta en algún momento se enfrenta a su aprendizaje, cambia, se transforma, inicia una búsqueda personal. Tarde o temprano, alguien vislumbra el cambio. El poema "Los libros (3)" es un buen ejemplo del intento de ruptura con el trascendentalismo en el seno de la obra de Solorzano Alfaro, dice:

Está roto el vaso que guarda mis entrañas.
Está vacío el corazón que ruega por la noche.
Están negados para siempre los recuerdos.
Esta sellado el aposento de tu risa.
Estoy vestido para la fiesta
y la fiesta es una nube pasajera.
Está olvidado mi rencor y olvidadas mis riquezas.
Estoy sentado en una silla de mármol
en la esquina más profunda de mi casa.
No escucho llantos ni veo las llamas desde Roma.

Esta la silla abandonada y la mesa puesta.
La silla y la mesa se ríen en mi cara.
Sé que las dos detestan mi poesía.
Mi hermana me dijo que me quedara.
Mi perro ladró cuando partí.
¡Qué feliz debió estar!, pues no tengo perro
y las mascotas en realidad me parecen una mala idea.

Estoy sentado, ya lo dije.
Tomo un libro y leo:

Me gustan
más tus labios
que mis libros.
        Jacques Prevert

Oh, Prevert, qué sabio y qué ingenuo:
ese día salvaste a todos los ignorantes,
igual que el monje medieval que nos regaló el cielo
y nos condenó a la estulticia cuando olvidó su latín:
"non intelegere cum legere"

Esta ciega la puerta y dispuesta la entrada,
arropados los instantes y la memoria en remojo.
Todo está guardado, perdido y olvidado.

He estado enfermo muchas veces,
pero jamás como hoy me duele tanto.
He estado enfermo muchas veces,
pero jamás como hoy leí tanto.
He estado enfermo muchas veces,
pero nunca enfermo como hoy lo estuve.

La tercera parte del poema "Los libros" debiera causar sorpresa en el lector que conoce las fórmulas del trascendentalismo. El texto en cuestión se halla más cercano al culturalismo con sus referencias a Roma, a Prevert, a Eco, a Vallejo, a Miguel Hernández.  Y también, al coloquialismo, aunque muy tímido aún. El contexto de  enfermedad permite al poeta expresar una experiencia individual, que no trasciende del ámbito familiar. El penúltimo poema del libro, junto con "El enterrador", "Los lugares" y "Abismos", rompe la estructura del poema largo, constante en la obra de Solorzano Alfaro, también constante en la poética trascendentalista. El poema dice:


"Sueño"

Esperar la muerte es tarea
ardua como la vida misma.
Vivir y morir son estelas
del mar luminoso del sueño,
del ángel terrible que sueña.

Leer el poemario, La condena, de Gustavo Solorzano Alfaro, fue un tour de force con mis prejuicios, mis propias ideas de lo que debe ser o no la poesía. Fue asumir una condición de lector libre, objetivo, consciente que más allá de las rencillas estéticas, las bajadas de piso, el ninguneo y el exilio. Es necesario cambiar las actitudes y las poses, cambiar la manera en que se aborda el fenómeno poético, pensar en el conjunto de manifestaciones líricas que enriquecen el acervo literario costarricense. La persistencia del trascendentalismo como del realismo sucio o del culturalismo debe verse como parte de un proceso de homogenización que realizan los talleres literarios, estudiar las excepciones como parte del proceso de heterogenización es una deuda que aún tiene con los lectores la historia de la poesía de Costa Rica.

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