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sábado, 11 de junio de 2016

DE LA LITERARIEDAD A LA LINGÜISTICIDAD: ¿ES LA POESÍA SIMPLEMENTE COMUNICACIÓN?

¿La poesía es solo un acto de comunicación como cualquier otro? Parece ser la pregunta fundamental en el siglo XXI, porque a pesar de haber más lectores alrededor del mundo no se escribe mejor poesía, o dicho de otro modo, los poetas han renunciado al lenguaje poético, o lo que es peor, al uso simbólico de la lengua. La poesía hace tiempo que ha dejado de ser ese refugio lírico, al menos lingüístico, lugar de escape a tierras prometidas, a lugares inhóspitos donde ocultarse de la banalidad del mundo cotidiano.  Es más, los poetas desisten del símbolo y de la analogía. Son un problema. Nadie los entiende. Son excesivamente complicados para un lector postmoderno, que vive en un universo desacralizado. Los poetas temen que los lectores ampliamente alfabetizados, pero con poca sensibilidad poética no comprendan poemas crípticos o laberínticos. Claro, muchos dirán que los poemas oscuros y abigarrados no son necesariamente buenos, pero tampoco los poemas sencillos. En esta paradoja se debate el poeta moderno: escribir con las palabras más simples para llegar al mayor número de lectores o escribir con el afán de crear una obra abierta a la interpretación del lector, de cualquier lector. En nuestro siglo, parece que la primera opción se ha impuesto ampliamente en las editoriales estatales y privadas, comunicar a toda costa es el grito de una masa ignorante que pide emociones rápidas y efímeras. No hay tiempo para pensar, no hay tiempo que perder en las elucubraciones absurdas de un poeta. Se necesita digerir el poema como se digiere una hamburguesa, y pasar al próximo bocadillo, para sentirse satisfecho de haber leído mil libros.
            En la época actual, parece que un poema puede ser escrito tanto por una persona que no posee una sólida formación literaria como por una persona que ha pasado años estudiando y comprendiendo los mecanismos y potencialidades del lenguaje. Parece que cualquiera puede imitar las técnicas de escritura y escribir poemas formalmente aceptables. Hasta la inteligencia artificial puede producir poemas dignos de un Cervantes o un Nobel. La democratización de la poesía no ha traído consigo una mejora en la calidad. Todos son poetas. Todo es poesía. Todo es poético, o lo contrario, nada es poesía. La seudo-relativización de los géneros literarios es una de las principales falacias del siglo XX y XXI, los géneros no se destruyen ni se transforman. El poema-poema existe, así como el cuento-cuento, la novela-novela, la comedia-comedia, el drama-drama, mantienen su estructura y sus rasgos fundamentales. Ni siquiera el uso indiscriminado de múltiples niveles del lenguaje que le aportan al texto una apertura significativa y que se alejan del tradicional sistema de lectura al que está acostumbrado el receptor; ni el hibridismo del lenguaje dentro del poema que puede manifestarse bien a través del empleo simultáneo de idiomas diferentes, bien a través de la mezcla de variedades diafásicas o registros lingüísticos, o bien bajo el artificio de discursos dispares que encuentran su todo o su nada significativo intercalándose en el mismo texto logran destruir los rasgos fundamentales de los géneros literarios. La democratización y la relativización de la poesía son alas de un mismo monstruo: comunicar.
La comunicación es elevada a categoría estética. No importa el contenido comunicado, lo importante es que lector comprenda con la mayor rapidez y eficacia el sentido del poema, así se sentirá satisfecho de su cultura. Cualquier análisis lingüístico adscrito al lenguaje oral o al lenguaje estándar puede y debe ser aplicado, sin problema alguno, al lenguaje literario, pues ambos son lenguajes y ambos comparten su finalidad comunicativa. «El lenguaje no sólo debe ser considerado como lenguaje formado por palabras, sino como una forma de comunicación y la poesía como un arte de comunicación, al unirnos implícitamente». Al fin de cuentas, la poesía es solo un producto y los consumidores exigen que ese producto sea adecuado a su nivel de compresión lectora.
            La industria editorial costarricense divulga obras-basura. Entre más tontos, simplones o chistosos sean los poemas, más adecuados son para los lectores deformados por los mass media. Solo basta ver la programación de las televisoras nacionales. La falta de una formación adecuada en niños y adolescentes sobre qué es poesía (o escritura creativa) ayuda a que todo sea tomado como poesía. Se elimina toda la tensión y complejidad del lenguaje poético, pues solo se necesita apelar a la referencialidad inmediata y a la emoción instantánea. Junto al crecimiento de la industria editorial costarricense, surgen talleres y premios que privilegian la banalización de la poesía y del pensamiento estético vacuo, simplón y efectista. Eso se puede observar con mayor claridad en los últimos quince Aquileos J. Echeverría. Los mejores poetas son silenciados, excluidos ridiculizados o sencillamente ignorados por las escuelas de filología y literatura. Los lectores idiotizados por la educación y los mass media leen con satisfacción poemas mediocres, poemas-terapia, poemas-kitsch.
            El fenómeno es nacional y occidental. Si se leen revistas electrónicas, en estas se favorece lo referencial sobre lo poético, lo emocional sobre el pensamiento. Lo importante es que el tema comunicado sea entendible, comprensible para el lector, de lo contrario, se es un troglodita, un atrasado, un retrógrado. Ocurre lo mismo con los talleres literarios. En el siglo XX,  un taller enseñaba a leer mejor, a conocer la sintaxis y la gramática, la historia de los escritores pasados y presentes, la retórica y como preparar un libro para presentarlo a un concurso o a una editorial. En la cultura de los mass media y de la red como distracción, la mayoría de estas agrupaciones o asociaciones buscan diversión, incluso establecer relaciones no literarias sino íntimas. Algunos poetas ampliamente galardonados han afirmado que el taller es un grupo de amigos, más que de escritores, donde solo cabe la palmadita en la espalda y el elogio mutuo.

            Ante este panorama,  los poetas de la comunicación se desgarran las vestiduras cuando un poeta decide escribir en endecasílabos, o utilizar símbolos y analogías; o simplemente hacen una mueca de desprecio ante sus discípulos y cofrades como signo de desaprobación, porque en el siglo XXI, la poesía debe ser comunicación, debe ser referencialidad absoluta, debe estar hecha de emociones superfluas: porque los poetas bajaron del Olimpo como payasos y bufones, bajaron a los pueblos y ciudades, a recitar palabras simples y cotidianas, porque aquí y ahora todo es poesía, nada es poesía, y lo que era poesía es tan retrógrado como esos ancianos hincados en una iglesia cristiana. 

viernes, 28 de mayo de 2010

Lectura e imagen: las paradojas de la educación

La lectura es uno de los instrumentos básicos para el enriquecimiento intelectual del ser humano. La lectura no solo se conceptualiza como una interpretación mecánica de símbolos escritos, sino como el resultado de un complejo proceso de percepción y comprensión de signos gráficos, que se inicia en las etapas elementales del aprendizaje y se prolonga durante toda la vida. A pesar de la importancia que se le da a la lectura como instrumento de conocimiento, es un instrumento que se ha ido abandonando a favor de otros medios de aprehensión de la realidad. De allí que sean tan importantes las declaraciones del Premio Nobel José Saramago en el periódico El mundo:
"Vivimos en el paraíso de la palabra inútil y la imagen que no sirve para nada, en un mundo donde la "santa audiencia es venerada en todos los altares" y donde "el sistema" ha convertido en cómplices a sus propias víctimas. Ahora se vive en "una especie de culto a la imagen como un valor en sí mismo" y la televisión hace un uso "totalmente gratuito" de esas imágenes, "echando a la cara" de quien mira la pantalla, una tras otra, sin otro resultado que el aturdimiento. Y es que existe una "santa venerada en los altares de todo el mundo", la "santa audiencia", en cuyo nombre, como se decía de la libertad, se cometen muchos crímenes contra la razón, la sensibilidad y el buen gusto, con el aplauso además de las propias víctimas.
"El sistema ha convertido a las víctimas en cómplices y eso pasa todos los días, los ciudadanos deberían exigir que se les respetase, sobre todo en los medios de comunicación y también por el poder político”. A esa manipulación de la imagen se suma la de palabra, que es "especialmente descarada" en el caso de los políticos. También las palabras pueden dejar de servir y el diccionario está lleno de las que ya no se usan, o pueden convertirse en otra cosa, como ocurre con "bondadoso" que antes era positiva y ahora llamar a alguien así "es llamarle tonto". Otras incluso se "pudren con el uso" o "se estacionan", como indignación, un término que debe ser reivindicado, pues los ciudadanos, quizá tengan demasiados problemas prácticos que resolver para sobrevivir diariamente como para recuperar su significado. Sin embargo, existe un territorio donde imagen y palabra se convierten en aliados y ese es el territorio del conocimiento, que también es una palabra "pero está diciendo algo".
Es a partir de estas declaraciones de José Saramago que quisiera reflexionar sobre la palabra y la imagen, sobre la lectura y la escritura, en una época en que alrededor del mundo se generan programas de fomento y estímulo de la lectura. Los profesores de español se ven acosados por mejorar la calidad de los lectores, por incrementar la compresión lectora y desarrollar el criterio del lector. Se habla de una lectura y escritura crítica que desarrolle el énfasis en estimular el pensamiento y la creatividad, como requisito para comprender y actuar sobre el mundo. Pero, los problemas y obstáculos que deben sortear el profesorado son muchos, por ejemplo, ¿cuántos alumnos tienen el hábito de la lectura? ¿Qué nivel de lectura comprensiva logran los alumnos en su vida escolar? ¿Qué técnicas de comprensión textual emplean los estudiantes? ¿Qué criterios y categorías críticas poseen los alumnos? ¿Cómo reelaboran el material leído en casa y en clase? Son preguntas que necesitan respuestas, respuestas prácticas. De allí, que sea preciso analizar los objetivos, los problemas, y quizás plantear posibles soluciones a la apatía que siente el estudiantado con respecto a la lectura.
El Programa de Estudio 2005 de Español del Ministerio de Educación Pública propone que la lectura y la escritura deben ser dinámicas, que consisten en trasladar los contenidos, expresados mediante la palabra escrita a otras formas de expresión que permitan “vivenciar” el texto y aprender su significado. Este proceso de lectoescritura agrupa cuatro niveles: literal o explícito, reorganización de lo explícito, evaluación, inferencial o figurativo. Sin embargo, señala que la aproximación se realiza primero de manera intuitiva y después racional. La lectoescritura consiste en proveer actividades que estimulen el desarrollo de destrezas de codificación, descodificación e interpretación de contenidos textuales, y a partir de estas actividades el estudiante sea capaz de producir textos. Por otro lado, en el seno de la propuesta de MEP nos encontramos ante una paradoja, pues debemos entender la intuición como la facilidad de comprender las cosas sin necesidad de razonamiento, como la percepción íntima e instantánea de una verdad que aparece evidente a quien la tiene, una visión beatífica. La necesidad de formar un lector crítico no debería iniciar en la intuición, sino en un análisis lógico-racional, que promueva la actitud analítica, el juicio crítico y la imaginación. A partir del análisis el estudiante sea capaz de reelaborar la lectura con base en su experiencia vital. La intuición debería servir al estudiante para crear poemas, cuentos, ensayos, etc.
En nuestro medio, se ha ido imponiendo la idea de que “una imagen vale más que mil palabras”, una falacia que ha generado errores en la enseñanza del español, debido a que se erosionan los procesos de abstracción y comprensión que debe desarrollar el estudiante. Esta falacia es analizada con rigor científico por Giovanni Sartori, quien en su libro Homo videns plantea que el hombre es un animal simbólico, porque no vive en un universo puramente físico sino en un universo simbólico, donde la lengua, el mito, el arte y la religión son los diversos hilos que componen el tejido simbólico; aunque actualmente, se habla de lenguajes, cuyo significante no es la palabra, por ejemplo, se habla del lenguaje del cine, de la pintura, de las emociones. Pero estas acepciones son metafóricas. Pues el lenguaje esencial que caracteriza e instituye al ser humano como animal simbólico es el “lenguaje-palabra”, el lenguaje de nuestra habla. Por tanto, el hombre es un animal parlante, un animal que constantemente está hablando consigo mismo. El hombre reflexiona sobre lo que dice. Y no solo el comunicar o el pensar y el conocer que caracterizan al hombre como animal simbólico se construyen en el lenguaje y con el lenguaje. El lenguaje no es solo un instrumento del comunicar; sino del pensar. Y el pensar no necesita ver (Sartori, 1997: 23-25).
Las civilizaciones se desarrollan con la escritura y es el tránsito de la comunicación oral a la palabra escrita lo que desarrolla una civilización. El homo sapiens que multiplica su propio saber es pues el llamado hombre de Gutenberg, que tiene su clímax a finales del siglo XIX, con la aparición del diario. Pero también a finales del siglo XIX, con el desarrollo del telégrafo, después del teléfono empieza la era de las comunicaciones inmediatas. Es con la radio que se menoscaba la naturaleza simbólica del hombre, a pesar de que telégrafo, teléfono y radio son elementos portadores de comunicación lingüística. La ruptura se consolida a mediados del siglo XX con la llega del televisor y la televisión. En la televisión prevalece el hecho de ver sobre el hecho de hablar, en el sentido de que la voz del medio, o de un hablante es secundaria, está en función de la imagen, comenta la imagen. En consecuencia, el telespectador es más un animal vidente que un animal simbólico. Para él las cosas están representadas en imágenes cuentan y pesan más que las cosas dichas con palabras. Y esto es un cambio radical en dirección, porque la capacidad simbólica distancia al homo sapiens del animal (Sartori, 1997: 25-27).
La televisión es la primera que modifica fundamentalmente la naturaleza misma de la comunicación, pues la traslada del contexto de la palabra al contexto de la imagen. La palabra es un símbolo que se resuelve en lo que significa, en los que nos hace entender. Y entendemos la palabra solo si podemos, es decir, sin conocemos la lengua a la que pertenece; en caso contrario, es letra muerta, un sonido cualquiera. Por el contrario, la imagen es pura y simple representación visual. La imagen se ve y eso es suficiente, y para verla basta con poseer el sentido de la vista, basta con no ser ciegos. La televisión es sobre todo una sustitución que modifica sustancialmente la relación entre ver y entender. Está produciendo una permutación, una metamorfosis, que revierte la naturaleza del homo sapiens. La televisión no es solo un instrumento de comunicación, es también, a la vez, una padeía, un instrumento antropogenético, un médium que genera un nuevo tipo de ser humano (Sartori, 1997: 31-33).
El homo sapiens debe todo su saber y todo el avance de su entendimiento a su capacidad de abstracción. Las palabras que articulan el lenguaje humano son símbolos que evocan también representaciones y, por tanto, llevan a la mente figuras, imágenes de cosas visibles y que hemos visto. Por otro lado, nuestro vocabulario cognoscitivo y teórico consiste en palabras abstractas que no tienen ningún correlato con las cosas visibles, y cuyo significado no se puede trasladar ni traducir en imágenes. Todo el saber del homo sapiens se desarrolla en la esfera de un mundo inteligible que no es en modo alguno el mundo sensible, el mundo percibido por los sentidos. La televisión produce imágenes y anula los conceptos, y de este modo atrofia nuestra capacidad de abstracción y con ella toda nuestra capacidad de entender. El homo sapiens se transforma en un homo videns. El lenguaje conceptual-abstracto es sustituido por el lenguaje perceptivo-concreto que es infinitamente más pobre (Sartori, 1997: 45-48).
En la educación costarricense, los profesores de español tienen que enfrentar este nuevo antrophos: el homo videns. Un sujeto lector atrofiado que no logra comprender las abstracciones simbólicas. De allí, que dentro del profesorado opté por emplear películas para apoyar el aprendizaje de la literatura, para lograr que el estudiantado comprenda mediante imágenes, lo que no pudo comprender mediante las palabras-símbolo, sin comprender que erosiona el proceso de aprendizaje, de aprehensión del conocimiento. De ahí, que sea tan relevante la afirmación de Saramago: Vivimos en el paraíso de la palabra inútil y la imagen que no sirve para nada. Los defensores de los medios audiovisuales en la enseñanza no han comprendido que la imagen deteriora el saber, porque solamente es eso, una imagen. No obstante, a pesar de este obstáculo que sufren a diario el profesorado, existe la necesidad de plantearse un modelo de lectura-escritura que subsane las deficiencias que traen los alumnos desde la escuela y la casa. Por eso, es necesario convencerse de que todo proceso de lectura debe ir acompañado de un proceso de escritura, un proceso de reelaboración del conocimiento adquirido.

Rojas Salazar, Emilce et al, Programa de Estudio 2005. Español. III Ciclo. Ministerio de Educación Pública: San José, Costa Rica, 2005.

Saramago, José. “Vivimos en el paraíso de la palabra inútil y de la imagen que no sirve para nada” en El mundo, 10 de agosto de 2006, s.l.

Sartori, Giovanni. Homo videns. Taurus : Madrid, España, 1997.

martes, 29 de septiembre de 2009

¿Es Parra el único antipoeta?

Unas preguntas absorben mis reflexiones por la pajilla del refresco. ¿Qué es la antipoesía? ¿Es Parra el único antipoeta?¿Son los poetas jóvenes costarricenses seguidores de la antipoesía? ¿Por qué es preferible la antipoesía al exteriorismo, a la poesía social, a la poesía "xucia"? La antipoesía es la tensión irónica entre el poema y el antipoema. Si esto es verdad, entonces, la antipoesía es la negación misma del poema, y a su vez, del antipoema. Nicanor Parra define con certeza su poesía en el siguiente antipoema:

Qué es la antipoesía:
Un temporal en una taza de té?
Una mancha de nieve en una roca?
Un azafate lleno de excrementos humanos
Como lo cree el padre Salvatierra?
......................................................................
Un ataúd a chorro?
Un ataúd a fuerza centrífuga?
Un ataúd a gas de parafina?
Una capilla ardiente sin difunto?

Marque con un cruz
La definición que considere correcta.
La camisa de fuerza (1968)

Si la antipoesía es la negación del sí mismo y su contrario, entonces, la imaginación dice que la antipoesía es tan antigua como los eslabones del absurdo. Son antipoetas los futuristas, los dadaístas y los surrealistas, como ocurre en el siguiente poema o antipoema:

"Poema Verde"
Negro, Violeta, Rojo
El violeta insulta a los otros dos
Chóferes y peatones
Mi nariz
Está hundida en el cielo y mi culo
Mira al cielo
Está
Tan asombrado
Que el mundo ha dejado de girar por un momento
A las armas
Rectificad las posiciones
Ya era hora, no sé si el chófer
Atropelló a los peatones
Fuego incendio
Ramillete que la tierra ofrece a la noche
Que se aburre
Acompañada
De sus estrellas académicas
Y por el arroyo que repite a la luna
Tonterías plateadas
Adiós poeta del laúd tartas de crema
Supositorios de manteca de cacao
Hurra yo saludo al poeta disconforme
Que sigue excitado
A la realidad
Que se pasea con vestido trasparente
Ven.
Revista Sic (1917) de Pierre Albert-Birot

Sí, eso quiero, un poeta disconforme, un poeta deforme, un poeta-informe, un antipoeta que antipoetice la antipoesía... Aún así, pienso, creo, medito, donde nacen las raíces de esta búsqueda sin buscador. O debo como Catulo escribir "En defensa de mi honradez", para apreciar un poema o un antipoema romano:

Os daré por el culo y me la mamaréis,
mamón de Aurelio y marica de Furio,
que me creíste poco decente,
porque mis versos son ligeros.
Que el poeta piadoso debe ser decente,
pero de ninguna manera sus versos,
pues solo tienen sal y gracia,
si son ligeros y poco decentes
y si pueden excitar las cosquillas,
no digo de los jovencitos, sino de esos
velludos incapaces de menear sus duros lomos.
¿Vosotros, porque leisteis muchos miles
de besos, creéis que no soy hombre?
Os daré por el culo y me la mamaréis.

¿Es antipoética la poesía joven costarricense? ¿Es exteriorista la poesía joven? ¿Es minimalista la poesía? Y si no lo es, es la negación del poema poético del poético poeta o es la negación del antipoema antipoético del antipoético antipoeta. No lo sé...¿acaso lo sabrá el lector?

martes, 15 de septiembre de 2009

Lectura, contralectura, sobrelectura de la poesía en Costa Rica

En los últimos meses, leyendo otros blogs, entiendo lo difícil que es hablar sobre libros publicados por poetas jóvenes y viejos. Leer un libro es apropiarse del contenido, no del autor. Quizás, este es el problema central en la literatura costarricense. Si el poeta crítico lee, desde dónde lee, desde su obra, desde su estética, desde su supuesta objetividad, revelando en la obra del coterráneo y coetáneo lugares comunes, frases hechas, plagios, que pervienten los designios de la verdad, la belleza y la bondad. Y el poeta, como asume la lectura del poeta crítico, como un niño regañado, como adolescente que siente que el mundo está su contra, como adulto que valora de dónde y de quién vienen los disparos. Pues, el poeta es la obra y viceversa.
Es difícil hacer una lectura, apropiarse del lenguaje del poema, y ser a todas luces, un dechado de razón moderna. Quizás, por esta causa es que no se comentan los libros de poesía. La lectura es una contralectura, cuando el autor expone sus sabias y sesudas razones de por qué un poemario es basura -una palabra vacía- si quiere llenar de un lenguaje seudo-filosófico o de una ideología estética. La contralectura se hace desde lo que no me gusta del poemario, la verdad de su contenido, hasta las relaciones con otros autores de la misma época, para caer de nuevo en las frases hechas y los lugares comunes. Aunque la contralectura es necesaria, y a veces, deseable. No se hace, porque no se quiere caer en desgracia entre el reducido círculo de poetas, que al fin de cuentas, son los únicos que leen poesía.
Por otro lado, la lectura oculta, se enmascara de objetividad, de erudición metafísica. No se lee viendo los defectos del texto. Se lee bajo el dominio de la empatía, de aquello que me gusta y refleja mi propia sensibilidad. La lectura se torna en elogio, alabanza, marcha triunfal sobre los cráneos de los poetas muertos. La sobrelectura atiborra páginas y más páginas. Periódicos, blogs, revistas, se desbordan ante el descubrimiento del agua caliente. El poemario es el mayor logro de la humanidad desde el descubrimiento del fuego, de la rueda, de la imprenta. El poeta ha bajado a los infiernos de la realidad esperpéntica y nos ha traído la verdad, la belleza y la bondad. Atónitos, nos rasgamos las vestiduras y damos honor a quien honor merece. La sobrelectura no toca el texto, porque el texto es intocable. El texto es el poeta y viceversa.
Ante esta disyuntiva, paradoja o encrucijada, nos resta leer en silencio, mascullar nuestras cavilaciones; no tomar partido por una contralectura o una sobrelectura. El silencio sordo, mudo y ciego acampa en el mundo literario costarricense. Ni siquiera los periódicos de renombre en Costa Rica se permiten la crítica justa, desbocada y salvaje. Solo el acuse de recibo, trasparente e insulso. ¿Cuánta alegría me daría no encontrar un genio en cada academia o cantina?

LAS GENERACIONES POÉTICAS DE COSTA RICA

La teoría de las generaciones literarias es importante porque nos da una herramienta paraentender la literatura en contexto , no como texto...