viernes, 28 de mayo de 2010

Lectura e imagen: las paradojas de la educación

La lectura es uno de los instrumentos básicos para el enriquecimiento intelectual del ser humano. La lectura no solo se conceptualiza como una interpretación mecánica de símbolos escritos, sino como el resultado de un complejo proceso de percepción y comprensión de signos gráficos, que se inicia en las etapas elementales del aprendizaje y se prolonga durante toda la vida. A pesar de la importancia que se le da a la lectura como instrumento de conocimiento, es un instrumento que se ha ido abandonando a favor de otros medios de aprehensión de la realidad. De allí que sean tan importantes las declaraciones del Premio Nobel José Saramago en el periódico El mundo:
"Vivimos en el paraíso de la palabra inútil y la imagen que no sirve para nada, en un mundo donde la "santa audiencia es venerada en todos los altares" y donde "el sistema" ha convertido en cómplices a sus propias víctimas. Ahora se vive en "una especie de culto a la imagen como un valor en sí mismo" y la televisión hace un uso "totalmente gratuito" de esas imágenes, "echando a la cara" de quien mira la pantalla, una tras otra, sin otro resultado que el aturdimiento. Y es que existe una "santa venerada en los altares de todo el mundo", la "santa audiencia", en cuyo nombre, como se decía de la libertad, se cometen muchos crímenes contra la razón, la sensibilidad y el buen gusto, con el aplauso además de las propias víctimas.
"El sistema ha convertido a las víctimas en cómplices y eso pasa todos los días, los ciudadanos deberían exigir que se les respetase, sobre todo en los medios de comunicación y también por el poder político”. A esa manipulación de la imagen se suma la de palabra, que es "especialmente descarada" en el caso de los políticos. También las palabras pueden dejar de servir y el diccionario está lleno de las que ya no se usan, o pueden convertirse en otra cosa, como ocurre con "bondadoso" que antes era positiva y ahora llamar a alguien así "es llamarle tonto". Otras incluso se "pudren con el uso" o "se estacionan", como indignación, un término que debe ser reivindicado, pues los ciudadanos, quizá tengan demasiados problemas prácticos que resolver para sobrevivir diariamente como para recuperar su significado. Sin embargo, existe un territorio donde imagen y palabra se convierten en aliados y ese es el territorio del conocimiento, que también es una palabra "pero está diciendo algo".
Es a partir de estas declaraciones de José Saramago que quisiera reflexionar sobre la palabra y la imagen, sobre la lectura y la escritura, en una época en que alrededor del mundo se generan programas de fomento y estímulo de la lectura. Los profesores de español se ven acosados por mejorar la calidad de los lectores, por incrementar la compresión lectora y desarrollar el criterio del lector. Se habla de una lectura y escritura crítica que desarrolle el énfasis en estimular el pensamiento y la creatividad, como requisito para comprender y actuar sobre el mundo. Pero, los problemas y obstáculos que deben sortear el profesorado son muchos, por ejemplo, ¿cuántos alumnos tienen el hábito de la lectura? ¿Qué nivel de lectura comprensiva logran los alumnos en su vida escolar? ¿Qué técnicas de comprensión textual emplean los estudiantes? ¿Qué criterios y categorías críticas poseen los alumnos? ¿Cómo reelaboran el material leído en casa y en clase? Son preguntas que necesitan respuestas, respuestas prácticas. De allí, que sea preciso analizar los objetivos, los problemas, y quizás plantear posibles soluciones a la apatía que siente el estudiantado con respecto a la lectura.
El Programa de Estudio 2005 de Español del Ministerio de Educación Pública propone que la lectura y la escritura deben ser dinámicas, que consisten en trasladar los contenidos, expresados mediante la palabra escrita a otras formas de expresión que permitan “vivenciar” el texto y aprender su significado. Este proceso de lectoescritura agrupa cuatro niveles: literal o explícito, reorganización de lo explícito, evaluación, inferencial o figurativo. Sin embargo, señala que la aproximación se realiza primero de manera intuitiva y después racional. La lectoescritura consiste en proveer actividades que estimulen el desarrollo de destrezas de codificación, descodificación e interpretación de contenidos textuales, y a partir de estas actividades el estudiante sea capaz de producir textos. Por otro lado, en el seno de la propuesta de MEP nos encontramos ante una paradoja, pues debemos entender la intuición como la facilidad de comprender las cosas sin necesidad de razonamiento, como la percepción íntima e instantánea de una verdad que aparece evidente a quien la tiene, una visión beatífica. La necesidad de formar un lector crítico no debería iniciar en la intuición, sino en un análisis lógico-racional, que promueva la actitud analítica, el juicio crítico y la imaginación. A partir del análisis el estudiante sea capaz de reelaborar la lectura con base en su experiencia vital. La intuición debería servir al estudiante para crear poemas, cuentos, ensayos, etc.
En nuestro medio, se ha ido imponiendo la idea de que “una imagen vale más que mil palabras”, una falacia que ha generado errores en la enseñanza del español, debido a que se erosionan los procesos de abstracción y comprensión que debe desarrollar el estudiante. Esta falacia es analizada con rigor científico por Giovanni Sartori, quien en su libro Homo videns plantea que el hombre es un animal simbólico, porque no vive en un universo puramente físico sino en un universo simbólico, donde la lengua, el mito, el arte y la religión son los diversos hilos que componen el tejido simbólico; aunque actualmente, se habla de lenguajes, cuyo significante no es la palabra, por ejemplo, se habla del lenguaje del cine, de la pintura, de las emociones. Pero estas acepciones son metafóricas. Pues el lenguaje esencial que caracteriza e instituye al ser humano como animal simbólico es el “lenguaje-palabra”, el lenguaje de nuestra habla. Por tanto, el hombre es un animal parlante, un animal que constantemente está hablando consigo mismo. El hombre reflexiona sobre lo que dice. Y no solo el comunicar o el pensar y el conocer que caracterizan al hombre como animal simbólico se construyen en el lenguaje y con el lenguaje. El lenguaje no es solo un instrumento del comunicar; sino del pensar. Y el pensar no necesita ver (Sartori, 1997: 23-25).
Las civilizaciones se desarrollan con la escritura y es el tránsito de la comunicación oral a la palabra escrita lo que desarrolla una civilización. El homo sapiens que multiplica su propio saber es pues el llamado hombre de Gutenberg, que tiene su clímax a finales del siglo XIX, con la aparición del diario. Pero también a finales del siglo XIX, con el desarrollo del telégrafo, después del teléfono empieza la era de las comunicaciones inmediatas. Es con la radio que se menoscaba la naturaleza simbólica del hombre, a pesar de que telégrafo, teléfono y radio son elementos portadores de comunicación lingüística. La ruptura se consolida a mediados del siglo XX con la llega del televisor y la televisión. En la televisión prevalece el hecho de ver sobre el hecho de hablar, en el sentido de que la voz del medio, o de un hablante es secundaria, está en función de la imagen, comenta la imagen. En consecuencia, el telespectador es más un animal vidente que un animal simbólico. Para él las cosas están representadas en imágenes cuentan y pesan más que las cosas dichas con palabras. Y esto es un cambio radical en dirección, porque la capacidad simbólica distancia al homo sapiens del animal (Sartori, 1997: 25-27).
La televisión es la primera que modifica fundamentalmente la naturaleza misma de la comunicación, pues la traslada del contexto de la palabra al contexto de la imagen. La palabra es un símbolo que se resuelve en lo que significa, en los que nos hace entender. Y entendemos la palabra solo si podemos, es decir, sin conocemos la lengua a la que pertenece; en caso contrario, es letra muerta, un sonido cualquiera. Por el contrario, la imagen es pura y simple representación visual. La imagen se ve y eso es suficiente, y para verla basta con poseer el sentido de la vista, basta con no ser ciegos. La televisión es sobre todo una sustitución que modifica sustancialmente la relación entre ver y entender. Está produciendo una permutación, una metamorfosis, que revierte la naturaleza del homo sapiens. La televisión no es solo un instrumento de comunicación, es también, a la vez, una padeía, un instrumento antropogenético, un médium que genera un nuevo tipo de ser humano (Sartori, 1997: 31-33).
El homo sapiens debe todo su saber y todo el avance de su entendimiento a su capacidad de abstracción. Las palabras que articulan el lenguaje humano son símbolos que evocan también representaciones y, por tanto, llevan a la mente figuras, imágenes de cosas visibles y que hemos visto. Por otro lado, nuestro vocabulario cognoscitivo y teórico consiste en palabras abstractas que no tienen ningún correlato con las cosas visibles, y cuyo significado no se puede trasladar ni traducir en imágenes. Todo el saber del homo sapiens se desarrolla en la esfera de un mundo inteligible que no es en modo alguno el mundo sensible, el mundo percibido por los sentidos. La televisión produce imágenes y anula los conceptos, y de este modo atrofia nuestra capacidad de abstracción y con ella toda nuestra capacidad de entender. El homo sapiens se transforma en un homo videns. El lenguaje conceptual-abstracto es sustituido por el lenguaje perceptivo-concreto que es infinitamente más pobre (Sartori, 1997: 45-48).
En la educación costarricense, los profesores de español tienen que enfrentar este nuevo antrophos: el homo videns. Un sujeto lector atrofiado que no logra comprender las abstracciones simbólicas. De allí, que dentro del profesorado opté por emplear películas para apoyar el aprendizaje de la literatura, para lograr que el estudiantado comprenda mediante imágenes, lo que no pudo comprender mediante las palabras-símbolo, sin comprender que erosiona el proceso de aprendizaje, de aprehensión del conocimiento. De ahí, que sea tan relevante la afirmación de Saramago: Vivimos en el paraíso de la palabra inútil y la imagen que no sirve para nada. Los defensores de los medios audiovisuales en la enseñanza no han comprendido que la imagen deteriora el saber, porque solamente es eso, una imagen. No obstante, a pesar de este obstáculo que sufren a diario el profesorado, existe la necesidad de plantearse un modelo de lectura-escritura que subsane las deficiencias que traen los alumnos desde la escuela y la casa. Por eso, es necesario convencerse de que todo proceso de lectura debe ir acompañado de un proceso de escritura, un proceso de reelaboración del conocimiento adquirido.

Rojas Salazar, Emilce et al, Programa de Estudio 2005. Español. III Ciclo. Ministerio de Educación Pública: San José, Costa Rica, 2005.

Saramago, José. “Vivimos en el paraíso de la palabra inútil y de la imagen que no sirve para nada” en El mundo, 10 de agosto de 2006, s.l.

Sartori, Giovanni. Homo videns. Taurus : Madrid, España, 1997.

1 comentario:

  1. Me pregunto si alguien pensará en la lectura del Quijote como una forma de entretenimiento, o bien, como en una manera "práctica" para enriquecerse.

    Pienso que para la mayoría de las personas el "Quijote" no cumple con ninguna de esas funciones.

    Creo que lo que escribimos tampoco, no nos gustaría que nuestro trabajo literario fuera comparado con un Reality Show, o con una franquicia de Hamburguesas.

    En una sociedad cada vez más pragmática, y profundamente edonista, lo que no produce placer inmediato o dinero, no sirve.

    La lectura vista fuera de esa manera está de verdad en crisis y por lo tanto transformándose, o bien recluyéndose en pequeñas élites donde la que gente como yo participa, por eso no estoy muy seguro de esta afirmación:

    "Las civilizaciones se desarrollan con la escritura y es el tránsito de la comunicación oral a la palabra escrita lo que desarrolla una civilización."

    Creo que esa afirmación no le hace justicia a muchas civilizaciones que no desarrollaron una escritura, y que podría reforzar en la misma línea la "superioridad" del más "evolucionado" "homo videns" con respecto al "homo sapiens" (los homos sin escritura también eran sapiens").

    Insisto que si bien el desarrollo de la escritura es un gran logro en la humanidad, no es superior con respecto a otras formas de transmisión de la memoria y el pensamiento humano anterior, ni inferior a otras formas que van surgiendo.

    Tiene valor en sí misma y ese valor debería de ser tomado en cuenta. Pienso por ejemplo que es un logro que un espacio como el Blog, me permita interactuar con Cristian Marcelo sobre su artículo sin tener que superar las terribles mediaciones que sin un medio como este habría que superar (consejos editoriales, censura de todo tipo, impresión física de los téxtos, costos monetarios, etc.)No quiere decir que no existan mediaciones, pero estas son cada vez más estrechas.

    Existe, en lo profundo de la conciencia humana un afan de fijar la memoria, de no lanzarse hacia la historia como si se arrojara a un abismo, y por eso creo que es justa la denuncia de Saramago, a pesar de ello, la palabra escrita sigue siendo un vehículo más.

    Saludos!!!!!

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