No puede ser esto que escribo
punto y aparte,
cero.
La sonámbula está en otro sitio,
pero ya nada es lo de siempre,
lo mismo.
Alambique, mi rostro,
corto mi rostro en rodajas
de a cien,
en péndulos
de a mil.
Torcido en mi escritorio,
recuerdo que tuve un sueño,
tuve un ciclón,
que giraba, aquí, en mi mano.
No puede ser que pierda
la una y las dos,
las tres y la una,
si alguien piensa que esto que escribo
arde en los zapatos de un cadáver,
está cuerdo.
Pero ya nada es nuevo,
la que despierta está a mi lado
escribiendo,
cuando estoy distante,
punto y coma,
cero.
de Corriente subterránea (2004-2010)
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Esa mujer que acaricias, cada vez que te tocas, tiene una sola manera de emerger, escribiendo. Dejando la guadaña del cuerpo a la sombra y haciendo de la poesía el otro rostro de la muerte. El luminoso. Un fuerte abrazo.
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