viernes, 10 de abril de 2015

La fragilidad del cuchillo de cocina

Reciente es la herida de mujer que llevo
a los sitios más remotos de la casa.
Apenas sangra se la muestro a las visitas,
a la gata que me lame la aspereza.

Voy por el mundo con mi llaga,
            a pecho abierto llego a las casas,
                        al regazo de los parques.
            Tiene un gusto a mar en calma,
a uno que dice nunca, quizás, quién sabe.
            Está amarilla como un girasol,
amarillo que agoniza.

Con un bozal y una cuerda,
            la saco a pasear en Navidad.
            en Pascua le enciendo una vela blanca
y una vela azul,
y otra que no es blanca ni violeta.

Es una herida nueva,
tiene la fragilidad de un cuchillo de cocina,
la tierna expresión de una coartada.

Salgo con ella los domingos.
            Tiene que lucir su sangre verde,
                        su magnitud de pus,
mostrar sus modales en la mesa,
            sonreírle a mí y a mis amigos.

Es reciente la herida que llevo
            a los rincones de la casa.
Qué bien domesticada –dicen unos –
qué perfectas maneras,

y qué graciosa.

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