miércoles, 15 de abril de 2015

Doble foco en violeta

Al fin y al cabo,
la que duerme con la noche,
            la que no sale nunca de la casa,
la que lleva las medias roncas
            tendrá un muérdago tras la puerta.

La muy dudosa, que pone los pies en el polvo
            y sumerge su cabello en agua tibia,
en un sartén humeante,
            amará el linaje de los tenedores.
Así es
            y así será,
mientras la luna
trueque estaciones por monedas.

La que duerme en la calle,
chasquea los dedos y los dientes blanquísimos,
detiene un taxi para volver a su casa,
a la hora en que la otra tendrá
los labios agrietados,
y odiará el jazmín barato de sus pechos

            y al amor que la tiene de rodillas.

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