jueves, 24 de junio de 2010

Modelo T de Alfredo Trejos: una nueva presentación


Alfredo Trejos es un reconocido poeta en el ámbito nacional, del Caribe y de Centroamérica. Algunos pensarán que una presentación es delirio, locura, alquimia, tarot, adivinanza o chiste. A pesar de todo, quise presentar este poemario de una manera académica. La razón es sencilla, consciente del snobismo del ambiente literario, no es de mi gusto caer en los juegos de los fantoches y los arlequines. Alfredo Trejos se merece una presentación a la altura de su estatura poética, y si la cacofonía no me falla, un análisis, quizás más profundo de su obra. Alfredo, mi querido Alfredo es poeta con ángel o demonio, con duende o genio. Su poesía destila los jugos de la mejor tradicción latinoamericana, anglosajona o europea. Despierta una pasión encarnizada como la de los jacobinos, los stalinistas o los protestantes. Su poesía comunica y al comunicar crea empatía, amor, deseo, culto y rituales de la más diversa índole. Con esto quiero dar paso a la presentanción leída en Centro de la Cultura "José Figueres Ferrer" y es así como empieza:
La realidad no tiene la menor obligación de ser interesante, y hasta puede prescindir de esa obligación, no así la poesía. De allí, se sobreentiende que poesía y realidad son polos opuestos. De un lado, la realidad con sus calles, sus charcos, sus bares, sus night clubs, su tristeza y su deseo; y del otro, la poesía con sus calles, sus charcos, sus bares, sus night clubs, su tristeza y su deseo. Sin embargo, esto no es del todo cierto, y Alfredo Trejos muestra como la realidad puede ser interesante, y hasta extraordinaria. En su antología personal Modelo T, se puede admirar la evolución de un poeta que ha logrado mezclar la realidad y la poesía con una destreza de cineasta o músico de jazz.
Alfredo Trejos encarna la ruptura con aquel trascendentalismo, que propugnaba la autonomía del arte y reclamaba el valor absoluto de la poesía por sí misma, considerando al poema como un objeto independiente y autosuficiente. Alfredo pertenece a una generación que hace años vengo llamando transvanguardia y que está formada en los mass media: radio, televisión, cine, prensa, tebeos y otros medios de comunicación de masas. De allí, que su poesía presupone una creación constante de mitos que incluye tanto a políticos como artistas de cine, a deportistas o a figuras del mundo artístico e intelectual. A la repulsa del trascendentalismo y la reivindicación de una formación cultural esencialmente dominada por los media, se añade la pérdida de fe en la razón positivista. Todos estos factores encuentran cabida en una poesía en la que el collage, la escritura automática, las técnicas elípticas, la sincopación, y otros recursos irracionalistas, que literaturizan temas extraliterarios, incorporan elementos artificiosos y exóticos, y hacen literatura sobre literatura. Una de las características de la producción de estos lectores de T.S. Elliot, Ezra Pound, Jorge Luis Borges, Octavio Paz, Yeats, Baudelaire, Rimbaud, Saint-John Perse, los surrealistas, Céline, Aleixandre, Cernuda, entre otros, es el hermetismo. Los signos –máscaras de la existencia, precisiones musicales, cinematográficas y literarias– se han hecho para que solo unos pocos iniciados, tal vez uno o ninguno, puedan alcanzar el significado total del texto. La creación poética en un proceso de mistificación se manifiesta en una doble vertiente: la cultura de los mass media y la música.
En Carta sin cuerpo (2001) Alfredo inserta poemas que reflexionan sobre el amor, la soledad y la muerte. Temas recurrentes en casi toda su obra. Pero su primer libro se encuentra muy alejado del culturalismo de sus últimos libros. Carta sin cuerpo halla al poeta enfrentado con un mundo que no lo comprende. La realidad y la poesía son polos opuestos de una sola sensibilidad y de una sola pasión. De allí, que se puedan leer versos como:

"El amor, desde una ilesa cercanía, desde una cómoda carencia, me hace ver el mundo contra el que se ha roto".

O Quizás:

"Vemos bien la arena y la noche y la común indumentaria de la mosca y no esperamos nada".

O estos otros:

"La soledad que flota junto a los muebles del cuarto. La soledad oscura y firme de tanto colgar una pared donde no hay nada".

El mundo de Carta sin cuerpo es un mundo de pérdidas y abandonos, de muerte y desolación. Es un universo de paisajes melancólicos, donde no cabe la ironía. Aún así, el poeta evoluciona, cambia, se transforma, se metamorfosea para crear un nuevo escándalo. En Arrullo para la noche tóxica (2005), Alfredo Trejos escribe un libro de trípticos perversos. El primer tríptico se abre con una dedicatoria al poeta catalán Gabriel Ferrater (1922-1972) quien escribió: “Hay quien sabe sufrir más que los demás." El poeta catalán parece expresarnos de una manera arrolladora la poética y la estética de Alfredo Trejos, una poesía del dolor y alegría, del amor y la soledad; también incluye un epígrafe de Pablo de Rokha, ese gran desconocido, que dice Aún mis días son /restos de enormes muebles viejos,/ anoche “Dios” lloraba entre mundos que van/ así, mi niña, solos y tú dices: “te quiero”…/ En Arrullo para la noche tóxica se intensifica la exploración del amor y de la amistad, también la sensación del abandono y la pérdida:

"llegó hasta el fondo cocinado de la tierra
hablaba en serio cuando hablaba de dejarme
solo en una silla cara a cara con la muerte
hablaba en serio pero besaba más
y bailaba más el paso roto de su última silueta contra el muro"

Arrullo para la noche tóxica se puede considerar, dentro de la obra de Alfredo Trejos, un libro de transición entre Carta sin cuerpo y Cine en los sótanos, donde continúan las obsesiones del Alfredo Trejos: el amor, la soledad, la muerte. Pero, se insertan nuevos elementos de factura culturalista que impregnan los poemas de sabores extraños:

con sinceridad me gusta el sol
las sillas de barbería
Brando en “On the Waterfront”
y escribirte

O:

no sabe que prefiero
el ron Carta de Oro al bádminton
la terracota al casimir
el hielo artificial a las perlas cultivadas
El Cuarteto de Alejandría al Times
la mujer que desayuna
a la modelo


En Cine en los sótanos (inédito), se intensifican precisiones musicales, cinematográficas y literarias. El poeta busca su identidad en los personajes del cine, la historia y de la literatura. Los poemas en que aparece este nuevo culturalismo presentan un yo que se expresa en el ámbito de un intimismo directo y añade un determinado número de referencias culturales que enriquece el significado del poema. Como puede leerse en “Del mejor cine casero: atribuible al whisky Widowmaker”:

Es hora de defender la soledad. De defender la soledad tan bien como se defiende la soledad de Buffalo Bill aunque esté enterrado desde hace mucho en Montana o en no sé dónde.

O en “Midnight Mantra Blues”:

John Lee Hooker la saca
de entre la baraja fatal
que le cubre la sonrisa
y la arroja como papel quemado
a la ciudad y sus charcos.

Vehículos Pesados (inédito) es el último libro que forma la antología personal de Alfredo Trejos. En él se mezcla la realidad cotidiana con esa otra realidad de la literatura, el cine, la música, el teatro y la pintura. Es un libro de una sutil ironía, enmascarada por el lenguaje y por la inserción de vocablos anglosajones. El poema que abre esta sección se titula “Yard”, en él un hombre pequeño se introduce en la infancia del poeta:

De vez en cuando
viene un hombre
y corta la hierba crecida,
la mala y la buena,
y las flores con las que
no hay caso,
esas que casi se lanzan
bajo el cuchillo o bajo la bota
y que una vez derribadas
parecen de la familia.

Este hombre es un sujeto extraño a la realidad del poeta, una realidad que se destruye y reconstruye constantemente. En Vehículos Pesados, Alfredo Trejos continúa la inclusión de elementos ajenos a la realidad cotidiana. No importa de dónde vengan, sino el impacto o el desequilibrio que infunden al lector. Personajes históricos, literarios o musicales, todos son máscaras de una exploración profunda del ser lírico: Françoise Sagan intenta quemar una grulla de origami, Gene Krupa es el interlocutor del poeta, al fantasma de Pushkin lo tuvieron que bajar de madrugada, a Jaco Pastorius lo sigue un jazz que no dice, al poeta le hubiera encantado volar trenes junto a Pancho Villa. De este modo, el injerto de elementos literarios y extraliterarios genera un culturalismo que obliga al lector a hacer una lectura experimentada, para descifrar la realidad que crea esta poesía.
Hasta aquí he dicho lo que quería decir, si alguien llega hasta este último párrafo, sabrá la verdad: Alfredo es quizás uno de los grandes poetas que ha nacido en esta tierra, un poeta cuya envergadura trascenderá el tibio nido de la "Meseta Central", ese espacio plano donde aún puede florecer el árbol del vino, del bien y del mal.

3 comentarios:

  1. Poeta Cristian Marcelo amigo:

    Qué bueno, aunque prematura antología para sus 33 años. Sin embargo, resultaría muy interesante leer sus poemas escogidos con criterio del propio autor, máxime si es de la calidad poética de Trejos.

    Hace poco un poeta de unos 57 años me dijo que iba a ver si una editorial le publicaba su antología. Le respondí: "pero tú no has publicado aún ningún libro". Dijo: "No pero de todos mis poemarios sacaré una selección". "Así no se vale: una antología es la reunión, en este caso, de poemas representativos de tus libros publicados", le espeté... Pero no me llegó a entender porque no desea desistir de su proyecto.

    Abrazos fraternos en Amistad y Poesía verdaderas,

    Frank.

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  2. Estimado Frank: concuerdo contigo en que es un poco prematuro la publicación de una antología, máxime con un poeta tan joven como Alfredo, y con una pluma tan fina. Pienso que más bien fue la oportunidad de publicar en Guatemala, algo que aprovechó Alfredo, para darnos una muestra de su poesía y de su talento. La calidad como poeta es indiscutible, y me divierte tu anécdota, es fascinante que alguien que no ha publicado nada, publique una antología de sus libros inéditos. Eso me recuerda, cuando Mario Camacho publicó Voz Testigo, una antología que reúne su obra de 1982 a 1998. Creo que no es una mala idea, después de todo, a los poetas se les reconoce por poemas, no por sus libros. Yo, por ejemplo, uno de los últimos libros que tengo unas ganas inmensas de publicar, es un rejuntado como de ocho libros, porque siempre me costado eso que llaman los críticos unidad temática y formal, así mis libros son como te digo un poema de aquí, otro de allá...

    Un abrazo fraterno de tu amigo
    Cristian Marcelo Sánchez

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  3. Poeta amigo:

    A mí parecido, de unidad temática escasa ni me quita el sueño. Esa es situación más moderna, porque grandes escritores del pasado publicaban un libro de poemas de lo más variopinto: poemas de antología! He leído poemarios que sí, parecen siameses todos sus textos, y solo por ello se les premia y reconoce como gran logro. Así están las cosas!

    Abrazos fraternos en Amistad y Poesía verdaderasa,

    Frank.

    P.D. Es de madrugada, ando levantado desde las tres porque un poema me daba vuelta en la cabeza. Lo escribí, vine aquí, miré tu otra entrada acerca de este tema del flaco Trejos... Pero ya el sueño me tira sus tentáculos: llueve, truena...así quién no desea recogerse en las sábanas! Luego vendré a leer.

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