martes, 7 de abril de 2009

El arte de ser libre

Toda obra de arte es hija de su tiempo, muchas veces es madre de nuestros sentimientos.
De la misma forma, cada período de la cultura produce un arte propio que no puede repetirse. El intento de revivir principios artísticos pasados puede producir, a lo sumo, obras de arte que son como un niño muerto antes de nacer. Los esfuerzos por poner en práctica los principios griegos de la escultura, solo crearán formas parecidas a las griegas, pero la obra quedará inanimada para siempre. Una imitación semejante se parece a las imitaciones del mono. Exteriormente los movimientos del mono son idénticos a los humanos. El mono se sienta y sostiene un libro ante los ojos, hojea en él, pone cara de grave, pero el sentido interior de estos movimientos falta completamente. Vasili Kandinsky.
Al meditar estas palabras, me doy cuenta de la falta de la libertad que sufren los jóvenes poetas costarricenses, quienes deben pertenecer por afinidad al exteriorismo o al trascendentalismo. Pertencer significa ser aceptado en la tribu, cumplir con el discurso del grupo, anular la individualidad o el narciso. Entre un polo y el otro, una multitud escribe con la libertad de ser libre. Algunos dirán que este reduccionismo es un absurdo, un absurdo para aquellos que hay perdido el sentido común.

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