miércoles, 14 de enero de 2009

Poetas que no leen poetas

La poesía siempre está sujeta a una doble lectura crítica: por un lado, el crítico literario expresa la ambición de desentrañar el código del poema; por el otro, el poeta busca resistir los embates de una voz privilegiada sobre su propia voz. Entre una y otra lectura se halla la resistencia del poema a ser desentrañado e imitado. Esta energía que emana del texto poético evita que sea reducido a ceniza. El crítico nunca llega a acceder el ethos del poema; y el poeta nunca logra la semejanza absoluta.
Sírvase la reflexión para hallar un espacio a la pregunta: ¿Por qué los poeta costarricenses no leen poetas costarricenses? Nuestra literatura, aunque anacrónica, y con saltos maravillosos al vacío no deja de tener sus tesoros ocultos. No hablo del culto que le rinden a Eunice Odio u Jorge Debravo, sino a la historia de la poesía costarricense. Si los poetas conocieran más de su propia tradición, podrían decir que están resistiendo una imagen perpendicular a su imagen.
Nuestra poesía tiene logros maravillosos. ¿Quién de nosotros lee Viajes sentimentales de Rafael Estrada, Los jardines amantes de Alfredo Cardona Peña, Cantares y poemas de soledad de Ricardo Ulloa Barrenechea, Serena Longitud de Mario Picado o el Rítmico Salitre de Jorge Chapentier? Y creo que la repuesta es certera: Nadie. Pero si a los poetas no les interesa su tradición, ¿Qué leen los poetas costarricenses?

2 comentarios:

  1. A pesar del "Manifiesto del tedio", creo que podríamos encontrar más relaciones que oposiciones. Veamos:

    ¿Estás de acuerdo en que los poetas ticos no leen poetas ticos? ¿Eso es un punto a su favor o en contra?

    ¿Estás de acuerdo en que existe una tradición sin la cual no somos nada, sea esa tradición de aquí o de afuera?

    ¿Si un poeta no lee como hace para escribir?

    Si un poeta no lee, ¿puede escribir?

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  2. Los poetas costarricenses suelen padecer de analfabetismo cultural. Los buenos de entre ellos --los muy buenos-- son también ávidos lectores de otras fuentes y temáticas, mientras que el mediocre, que suma los más, casi solo lee a Benedetti, Gelman o Vallejo. Y no es que estos no sean maestros de lectura obligada, es que se los lee con criterio excluyente.

    También está el asunto de poetas en otras lenguas. Muchos tienen el prurito de creer ver en el castellano la única lengua poética del mundo, en tanto el inglés, el húngaro o el alemán les parecen idiomas bárbaros y tan solo mercantiles.

    El mal acceso de los poetas de Costa Rica a la cultura universal, tanto antigua como contemporánea, está pavimentada de absurdos prejuicios.

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