jueves, 15 de enero de 2009

Manifiesto de la alegría. Manifiesto del yo me río...

En el año 2008, navegaba por los universos virtuales de la literatura, la fotografía, la danza, la pintura y el teatro callejero. El día estaba frío y gris. Las páginas del periódico se sucedían una tras otra. Entre los blogs me encontré la Casa de Asterión y en él: "El manifiesto del tedio". Pensé, cavilé, medité profundamente: No sería divertido responder al grupo de los anacrónicos. Mi posición privilegiada en el ambiente literario de Costa Rica me permitía de-construir el discurso estético ideológico. No tengo ni tenía deudas con patrones literarios o con vacas sagradas. Mi formación intelectual se la debo a un maravilloso cadáver: una mente crítica y abierta para aceptar las diferencias. No obstante, tenía que encontrar un punto de fricción entre la estética de los tediosos y mi propia estética. Al no pertenecer a los eco-socio-poetas, ni a los pseudo-intelectuales-autodestructivos, mi posición es privilegiada.
El manifiesto del tedio señalaba que en Costa Rica existe una atrofia cultural, estética, poética, artística y filosófica. Extrañamente, desde la década del noventa la riqueza y variedad de la poesía costarricense es increíble. Nunca antes se ha visto la diversidad de tendencias, movimientos y posturas poéticas. Por otro lado, se declaraban como revolucionarios en contra de las ideas que pretenden ser actuales, una paradoja. El concepto de actualidad es un concepto erróneo, pues no es el antónimo de revolucionario, sino reaccionario o conservador. Y por último, iba dirigido a los "subnormales (léase poetas impostores) Me llamó la atención el término "subnormal", un poeta subnormal es un artista que tiene una capacidad intelectual notablemente inferior a lo normal; por tanto, los poetas anacrónicos eran supernormales. En realidad, un juicio de valor que le resta objetividad al discurso.
En fin, necesitaba un punto de apoyo así que leyendo a Cioran descubrí lo siguiente, quizás les pueda ayudar a los poetas anacrónicos: En primer lugar, los valores no se acumulan: una generación sólo aporta algo nuevo, pisoteando lo que tenía de único la generación precedente. Esto es aún más verdadero para la sucesión de las épocas: el Renacimiento no ha podido salvar la profundidad, las quimeras, la especie de salvajismo de la Edad Media; el Siglo de las Luces, a su vez, no ha guardado del Renacimiento más que el sentido de los universal, sin el patetismo que marcaba su fisonomía. La ilusión moderna ha sumergido al hombre en los síncopes del devenir: ha perdido su asiento en la eternidad, su sustancia. Toda conquista -espiritual o política- implica una pérdida, toda conquista es una afirmación asesina. En el dominio del arte, un ideal no se establece más que sobre la ruina del que le ha precedido: cada artista verdadero es un traidor a sus predecesores.No he leído palabras más sabias y lúcidas que estas. Mi consejo para los poetas anacrónicos: maten al padre, traicionen al padre, nieguen al padre. Sobre sus restos contruyan su propia poesía, acaso no son supernormales.

2 comentarios:

  1. Saludos de nuevo:

    Jaja, es increíble, jamás pensé que nadie hubiera leído ese texto. Pero bueno, eso es mera ingenuidad mía, porque en Internet nadie está a salvo. Vengo precisamente de tu otro blog, donde comenté al respecto, y repito, es divertido saber que alguien leyó eso.

    El grupo de los anacrónicos no existe realmente, y eso que leíste lo escribí como joda. Cierto que comparto algunas de esas ideas, como la de que la única forma de ser revolucionarios es ser anacrónicos, pero nada más. Curiosamente, creo que tal idea se entronca con la que ponés en el otro post, sobre silicona o algo así.

    Por ahí cerca andaba otro texto, no sé si lo viste, también era joda, se llamaba "Sea poeta".

    Bueno, ve vos que casualidades.

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  2. Una aclaración:

    Entiendo que revolucionario es antónimo de reaccionario; sin embargo, en este contexto, "nosotros" no lo somos, porque no creemos tampoco en supuestos valores preestablecidos, que es lo que un reaccionario defendería. El reaccionario defiende una idea fija en el tiempo, el anacrónico ha quedado fuera del tiempo.

    Tres preguntas:

    1) ¿Quién es nuestro padre?
    2) Si la poesia que hacemos no es propia, ¿de quién es?
    3) ¿Cuál es nuestra poesía? Sería interesante saber tu criterio subjetivo sobre ella.

    Saludos.

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