martes, 11 de junio de 2019

Otra vez el juego. Otra vez la vida: La madurez de una poeta que regresa.




La poesía es un acto discursivo en interacción continua con la cultura en que se encuentra inmersa; procesos políticos, religiosos, sociales, literarios permean la creación poética para plasmar en ella modos de vida de los individuos según el momento histórico y la sociedad (Lujano-Valenzuela, 2014, p.44). La poesía de Jenny Álvarez ha crecido y  madurado en un universo bipolar, donde la concepción del hombre y de la mujer está bien establecido por un conjunto de roles. El poemario recoge poemas que van desde la experiencia personal hasta la memoria, y en algunos, hace un sentido homenaje a los amigos, aquellos que la han acompañado en el juego y en la vida. La poeta nos lleva por su mundo íntimo, por sus viajes y sus recuerdos.  La poesía de Álvarez no es una poesía escandalosa ni un panfleto feminista, no necesita afirmarse más allá de la experiencia personal. Decía Simone de Beauvoir que el día que una mujer pueda no amar con su debilidad sino con su fuerza, no escapar de sí misma sino encontrarse, no humillarse sino afirmarse, ese día el amor será para ella, como para el hombre, fuente de vida y no un peligro mortal. Y esto es lo que se encuentra el libro Otra vez el juego. Otra vez la vida, una afirmación del ser y de la vida.
            Luis Emilio Echeverri nos dice que Jenny nos es una transeúnte callada a pesar de los nombres que prefiere mantener en su anonimato; también que su poesía canta con voz andaluza y con ribetes de maderas amerindias, punteo de cuerdas mediterráneas y cañas de zampoña, pues su palabra es poderosa y desnuda de eufemismos. Ella celebra toda la maravilla de la vida: la amistad, el milagro de la mujer madre, el amante que escapa y el amante que regresa. Aunque se enmascara con el disfraz de la mujer víctima martirizada en su eterna vigilia,  esperando a un posible Ulises. En este nuevo libro, el lector se halla frente a un proceso de afirmación, más que liberación, porque Jenny Álvarez es una poeta-amante liberada de las ataduras que históricamente la sociedad le ha exigido al género femenino.
            Otra vez el juego. Otra vez la vida es un texto que se mueve en dos ámbitos: el juego y la vida. El juego, en todas las especies, supone un proceso de dominación del propio cuerpo y del entorno: una forma de reconocimiento de las habilidades propias y del dominio corporal;  es un modo de cognición, una de las herramientas para diferenciar situaciones reales de imaginarias (Gómez Ponce, 2013: p. 139-140) La vida está vinculada a la capacidad de un ser físico de administrar sus recursos internos para adaptarse a los cambios que se producen en su medio. Entonces, se puede afirmar que poemario de Jenny nos habla del juego de la vida o de la vida puesta en juego. La poeta se  monta en un viaje para describirnos poéticamente sus recuerdos y experiencias, con sus altas y sus bajas, con sus conflictos y su paz pactada, se atreve a decir :
Otra vez de subida, corazón,
nos vamos de subida
a atrapar el horizonte,
de subida para llenar el átomo vacío,
con el mismo caos de las manos.
Subida
            El viaje se resume en la búsqueda de la verdad, de la paz, de la inmortalidad, en la búsqueda y descubrimiento de un centro espiritual. En Otra vez el juego. Otra vez la vida es un tránsito de afirmación de lo femenino. Pues la noción de 'hombre' como representación universal del género humano somete a lo femenino, lo oculta. Al construir un genérico femenino a partir de lo que Foucault llama 'enrarecimiento de los sujetos que hablan' se logra un medio de acceso al control de los discursos. El feminista es diferenciado para producir un nuevo efecto de sentido, las mujeres lo construyen como sujetos fundadores del significado a partir de su experiencia originaria (Lujano-Valenzuela, 2014, p.45).  En la poesía hay una constante afirmación de su ser:
Pero he decidido seguir en caída libre,
con mis cabos sueltos y mis tropiezos,
en caída libre,
tras el salto de cada día
y todo el peso de mis aspiraciones.
Caída libre

Yo voy en una balada convaleciente,
rozando mis ángeles;
con tu tiro de gracia y mi llama insobornable.
Cuando pierda el juicio

Echaré mi corazón al viento y talvez se multiplique
Entre nubes y arenas…
Reloj sin manecillas

La conocida frase de Simone de Beauvoir: “No se nace mujer, se llega a serlo” cobra un sentido renovado a la luz de los conceptos de Deleuze, para quien 'hombre' es una construcción cerrada, y el devenir 'mujer' implica ir más allá de sí mismo para convertirse en otro. Independientemente del sexo biológico con que se nazca, devenir mujer comenzará cuando se rompan las líneas duras del ser mujer-para el patriarcado. Todos los devenires son minoritarios y cada individuo puede desarrollarlos de un modo particular conforme a sus posibilidades y experiencias (Lujano-Valenzuela,2014, p.45). De este modo, Jenny Álvarez se define como una mujer amante, amiga, compañera, una igual entre los hombres que buscan la satisfacción del deseo y de amor. En sus poemas, los amantes nunca permanecen ni la amada permanece, pues en el juego de la vida nada es lo que es, y nada será lo que fue y el amor es un instante. De allí, que aluda constantemente a la memoria y al recuerdo:
Este sol es nuestro,
por más breve que sea
el instante de su llama.
Este sol es nuestro

Para habitar este momento
viviendo este puño de carne,
que busca algo más que carne.
A manos llenas

            A pesar de que el concepto de mujer es un devenir y cada hombre puede desarrollarlo a placer por ser una construcción abierta. La poeta se describe en función de su contraparte masculino, el yo seré para alguien se confronta con el yo seré para mí. En este ambivalencia entre el ser y desear se desarrolla Otra vez la vida. Otra vez el juego.
…que yo siempre seré tu muchacha oscura,
con una palabra rabiosa en los labios,
peleándome el instante,
para quedarme con algo del botín,
después de la aventura.
Después de la aventura

De aquel día queda el fruto de tu mano
a la orilla del mar,
el conjuro del tiempo,
haciendo reclamos y protestas
con sus restos de olvido.
La última tortuga gigante

            El héroe simboliza la unión de las fuerzas terrenas y celestes, el impulso evolutivo, la situación conflictiva de la psique humana, por el combate contra los monstruos de la perversión, pero no goza de la inmortalidad aunque mantenga un poder sobrenatural. El héroe se adorna con los atributos del sol, cuya luz y  cuyo calor triunfan sobre las tinieblas y el frío de la muerte (Chevalier, 1963: p. 558-560) El héroe de Jenny Álvarez es el hombre masculino por excelencia, cuyos atributos son el valor, la firmeza, el coraje o la valentía. Este es una unidad indivisible, dotada de alma y espíritu, cuya mente funciona de manera racional: tiene conciencia de sí mismo, capacidad para reflexionar sobre su propia existencia, sobre su pasado, su presente, y sobre aquello que proyecta en su futuro, así como para discernir entre aquello que en una escala de valores se le presenta como lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto, o lo justo y lo injusto.
Te has caído y regresas
y vuelves a inventar la fe,
el grano, una guitarra,
y un abrigo fiel para las noches.
Héroe contrariado

Sigan, sigan, soplando los dados
Apuntándole al blanco de las noches,
Con todo el cuerpo y el carnaval.
Sigan

           
            La poesía de Jenny es poderosamente femenina, no un panfleto feminista. En su libro Otra vez el juego. Otra vez la vida. El lector encontrará poemas magníficos como “La última tortuga gigante”, “Como una salamandra”, “Sigan” o “Reloj sin manecillas”. La poeta explora los tópicos del amor, de la amistad, la política, el abandono, la afirmación del ser femenino. Y como señala Mainor González Calvo, esboza su intimidad de forma sincera, no con el fin de emular el deseo sexual del varón, sino para desdoblabar sus fibras interiores, para crear un espacio donde desahogarse de la soledad, del desamor y de la sociedad que impone estereotipos y modelos de familia. Leer este poemario ha sido mirar a través del espejo femenino, a través de sus ansias y recuerdos, triunfos y fracasos. Jenny Álvarez se muestra como una poeta madura, con una profunda capacidad para expresarse de forma poética. Solo me resta saludar al libro Otra vez el juego. Otra vez la vida. Y espero que Jenny no nos haga esperar otros veinticuatro años para poder volver a leerla.



2 comentarios:

  1. No conocía a la autora, ni tenía noticia de su obra, pero tu reseña invita a ir por la lectura del texto completo, gracias.

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