viernes, 2 de mayo de 2014

Para el Centenario de Alfonso Ulloa Zamora

El 22 de noviembre de 2014 se celebra el centenario del nacimiento de Alfonso Ulloa Zamora. Pero no habrá nuevas publicaciones de sus libros, ni rigurosos estudios críticos, ni actividades conmemorativas en su ciudad natal. Pasará como otro día del año sin pena ni gloria. Y así sucederá con cada uno de los poetas costarricenses que escribieron, escriben y escribirán en un futuro no muy lejano. ¿Por qué sucederá esto en un país que se precia de su educación? ¿Por qué ocurre esto en un país con cinco universidades públicas y cientos de privadas? ¿Por qué pasa esto en un país con un boyante Ministerio de Cultura? ¿Por qué sucede en un país donde encontramos poetas hasta debajo de las piedras? Sinceramente no lo sé. ¿Será que toda la poesía del siglo XX quedó superada?. ¿Será acaso que preferimos seguir inmersos en ese colonialismo intelectual de que hacemos gala, como si descubriéramos a cada instante el agua tibia? 
La poesía de Alfonso Ulloa Zamora es una poesía tierna, sencilla, amorosa, enclavada en una Costa Rica de la que ya no tenemos memoria. Sirva pues este articulillo como un sentido homenaje.
 Alfonso Ulloa Zamora nació en San José el día 22 de noviembre del año 1914 y murió el día 16 de julio del año 2000 en el cantón Central de Heredia. Se le conoce más como poeta. Realizó la secundaria en el colegio nocturno Omar Dengo y la universitaria en la Escuela de Filosofía y Letras de la Universidad de Costa Rica. Trabajó como profesor en la secundaria y también realizó estudios en España. En prosa escribió un librito de recuerdos que algunos consideraron como novela y la historia del Teatro Nacional, llamado El Teatro Nacional: apuntes para la biografía de un Coliseo: 1972, así como un Panorama de la literatura costarricense: 1900-1958. Murió el día 16 de Julio del año 2000. Público la novela corta La espada de madera (1955) y los poemarios: Alto sentir, persistencia en ti y otros poemas (1953) Lograd conmigo el canto (1954) Suma de claridades y los sonetos del beso (1955) Ameliris (1966) 10 canciones y tres odas para un hermoso pasado (1981) Cantera permitida: antología personal (1982) 
¡QUÉ SOLEDAD!
¡Qué soledad!
Hacia el este Barranca
enciende diminutas fogatas hogareñas.
Al sur el mar.
Al norte los manglares.

¡Orillando el estero camino
claridades!

El puerto contra la arena,
sueña bajo el peso del aire,
con la noche de América
en su cielo.

¡Qué soledad!
¡Qué luces!
¡Qué bahía!
¡Qué trópico silencio!
de Poemas de adolescencia

A LA DISTANCIA
Me pregunto
cómo serás ahora a la distancia,
sin que te vean mis ojos.
Sin encontrarte a orillas de mi celo,
constante y requerida.

Si tendrás aún ceñidas a tu cuerpo
las raíces de mi ansia, su ternura
a rescoldos siquiera.

Si al entreabrir, los labios,
la lejana costumbre de los míos 
no te hiere.

La voz. Tu voz,
qué hace con mi nombre.
Cómo lo forma, vierte o no lo dice.

Cómo existes y piensas,
desasida de aquel ayer tan nuestro,
tan exaltado siempre.

Me pregunto
cómo vives mi ausencia,
y cómo vivo sin estar con mi fuerza
entre tus límites.
           de Alto sentir

No te encontré, mujer, un día cualquiera,
ni fue tu beso la ocasión de un día,
pues detrás de la luna te sabía
germinada en tu propia primavera.

No fue a rayo ni a espada aquella espera
para adentrarme en ti como quería.
No fue a espada ni a rayo la osadía
que me llevó a la fuente de tu era.

Imantada en albor y estremecida,
al norte fuiste de mi sangre en celo
hacia una latitud desconocida,

donde un cielo se ahogaba en el desvelo
y el beso terminaba siendo herida
indefinible, sin color ni anhelo.
                  de Suma de Claridades y los sonetos del beso

Éramos dos entonces
Éramos dos entonces, pero tú eras
ya un palpitar de pétalo y ternura.
Una esperada y tibia arquitectura
como la de la luz sobre las eras.

Éramos dos angustias camineras,
a veces caminando en piedra dura.
Mas tú, milagro en vilo, ya hermosura,
nos avisabas muchas primaveras.

Cual invisible duende tú ya estabas
palpitando como un presentimiento
en el callado lar de nuestro abrigo,

como están los diamantes entre lavas,
el poema en la raíz del pensamiento.
Y el cotidiano pan en nuestro trigo.
               de Ameliris

CANCIÓN
La ciudad era entonces muy de todos,
con limpias avenidas arboladas.
El color indeleble del canario
se bamboleaba lento en los tranvías.

Cantos amaderados de carretas,
aromas tibios de café y de panes,
sumándose a la brisa y al rocío
compartían con el sol las madrugadas.

Seguíamos partidarios de Sandokán
pero para alardear cigarro y noche
en las mesas de mármol de "La Eureka",
leíamos los pingüinos de Anatole.

Repartía don Joaquín su Repertorio.
La libertad jugaba en La Sabana.
Valentino bailaba en el Moderno
los tangos que Repetto le decía.

Con el reloj a la mano en las iglesias,
con cerros altos a la vista siempre,
ilesamente transitaba el tiempo.
Lo cuidaban don Cleto o don Ricardo.
          de 10 CANCIONES Y 3 ODAS PARA UN HERMOSO PASADO

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