miércoles, 20 de septiembre de 2017

DECÁLOGO DEL POETA MEDIOCRE


1. Escribir de cosas hermosas no hace bueno un poema
Las rosas y las joyas, estamos de acuerdo, son hermosas. Pero incluirlas en un poema no lo hace mejor. Un poema que trate de la muerte, de la locura o de la fealdad puede ser magnífico, porque la belleza de un poema estriba en cómo se hace y en lo que logra conmover, no en su asunto.
2. El sentimentalismo no es poesía
Uno de los errores al escribir poesía es abusar del sentimentalismo. El sentimentalismo abusa de la emoción, convirtiéndola en excesiva o falsa. Pero, ¿cuál es entonces la cantidad de emoción que debe insuflarse en un poema? Sencillo: la justa para lograr que el lector capte de forma genuina la emoción que el poeta quería transmitir, sin ser forzado por el propio poema.
3. El lenguaje arcaizante no es poético
Sí, los grandes poetas escribían “vos”, “ventalle”, “agora”… pero vivían en tiempos en que ésta era una forma normal de escritura. Si hubieran vivido en el siglo XXI, usarían el lenguaje del siglo XXI. Por tanto, no es recomendable forzar el lenguaje en un intento de hacerlo más poético.
4. Los clichés restan expresividad al poema
Los clichés son frases que se han utilizado tantas veces que han perdido toda su frescura. Al decir “dulce como el azúcar,” la comparación “como el azúcar” supone una pérdida de palabras. No proporciona ninguna información adicional y no ofrece una nueva perspectiva de la dulzura, porque ya hemos oído esa expresión miles de veces. Además da al lector la impresión de que el poeta no tiene nada original que decir. Por eso, para evitar errores al escribir poesía, en lugar de utilizar frases hechas, busquemos las palabras que expresan las cualidades únicas de nuestro tema
5. Comienza, abusa o se centra en algún adverbio dubitativo
Es la forma más facilista que apela al efectismo de lo subjetivo. Cuando no se tiene habilidad ni conocimiento para definir a través del dominio del lenguaje, o de las maneras del decir, el “objeto” del poema, existe una inclinación natural a “indefinir” el texto: quizá(s), acaso, probablemente, posiblemente, seguramente, tal vez, sin duda, puede, puede ser, a lo mejor, quién sabe.
6. Cacofonía reiterada
Esto es la mayoría de las veces el sello innegable que delata a un poema que no tiene valor poético alguno, y es fácilmente reconocible. Por un lado, destroza toda posibilidad de establecimiento del ritmo en un poema que quiere ser de verso libre, o denota la impericia del escritor cuando intenta construir un poema usando alguna estructura formal. Ejemplo de cacofonía son las siguientes frases:
Cuando la explosión terminó no hubo más que confusión.
Mientras tras bambalinas había un ruido de bailarinas.
Cuando estuviste, viste el estadio.
En la foto parece que aparece un fantasma.
Tres tristes tigres.
Mauricio escribió la canción, con todo su corazón, porque es su pasión.
Dice Carlos, que dice su mamá, que le dijo Lupita, un dicho que dice así.
7. Que defina una fórmula métrica y la traicione
La mayoría de los poetas novatos, sin lectura, sin disciplina y, por último, sin talento, suelen aventurarse escribiendo poemas bajo algún esquema métrico conocido, o más fácilmente, a través de la rima en la poesía. Así, establecen un marco sobre alguna fórmula métrica que no pueden respetar en el resto del poema. O que escogen escribir en la forma del verso libre, porque lisa y llanamente, encuentran “difícil” escribir algún poema a través de una forma métrica más o menos conocida. La verdad es, que un poeta que no pueda escribir, por ejemplo, un soneto clásico con cierta soltura, será casi imposible que puede descubrir y plasmar en la forma del Verso Libre, un texto de algún mínimo valor poético.
8. Fractura rítmica que se presente ya en los dos o tres primeros versos
Es cierto que el ritmo en el verso libre es un fenómeno complejo donde no existen fórmulas, pero cualquiera que tenga suficiente lectura podrá reconocer el ritmo que el poeta instaura a partir de los primeros versos, y la relación que este ritmo establece con la totalidad del poema. La mayoría de las veces, los iniciados, o los poetas de fin de semana no logran cruzar este umbral transformando sus obras en textos insufribles, tediosos, cursis, y lastimeros. Si el poeta no es capaz de lograr una comunión con el ritmo necesario que sostenga el corpus del texto en los primeros versos, no va a lograrlo en el resto del poema, y no vale la pena, para ningún lector asiduo a la poesía, continuar leyendo.
9. Deficiencias acumuladas en los textos poéticos
Ahora bien, existen muchos otros niveles de apreciación que valorizan a una obra poética, que suelen ser muchísimo más complejos y que no son el tema de este breve artículo, que solo ha enunciado el 1% del valor que debiese tener un buen poema. Pero, si ya es grave caer en alguna de estas muletillas que nos permiten reconocer de inmediato un poema de poco valor, la suma de dos, tres, o más, o la reiteración de las mismas, francamente sepultan toda posibilidad de que un texto pueda considerarse como poético. Ahora bien, un texto con estas características tienen el valor de representar ciertos estados de ánimo, o sentimientos de su autor, y como tal, serán valorados en señal de afecto por quienes tienen establecidos ciertos lazos de afecto, pero de ahí a que esta condición avale per se un texto como poético, no tiene nada que ver.
10. El poeta mediocre sobredimensiona las críticas
Una es la sobre reacción a las críticas al interpretarlas como una especie de ataque personal, sazonada con la carencia de lectura, y la nula capacidad de dialogo con respecto al fenómeno de la poesía y la literatura. Lo otro, es la recurrente practica de escribir los llamados poemas sueltos, la mayoría de las veces de temática mal llamada romántica o amorosa, incapaces de elaboraciones donde la suma de textos persigan una unicidad más o menos reconocible.

En fin, sin ánimo de crítica a nuestro medio, creo que esto ayudará a gestar ciertas definiciones necesarias, respecto a lo que no tenemos ni vamos a tener ni en el corto ni en el mediano plazo, y del porqué la poesía es ajena a las grandes mayorías, que no es fundamentalmente por problemas de apoyo estatal, ni por la desidia de las editoriales, sino, mayoritariamente, porque quienes publican y se dedican a escribir poesía, son francamente malos escritores, y escriben textos aberrantes, aburridos, sin ninguna originalidad, ni talento. Lo que uno debe hacer, cuando se encuentra con un poema que cumpla con estas características aquí enunciadas, o abuse de ellas, es alejarse de ellos y de sus autores lo más lejos posible. Y no volver a leer nada que se asocie a ese autor: el deber de reivindicarse pertenece a ese autor, y no a nuestra paciencia, que suele ser limitada



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