viernes, 13 de febrero de 2009

Grandes poetas costarricenses II

La poesía costarricense siempre ha sido menospreciada por los propios poetas costarricenses. Ahora, que están en boga el realismo sucio o hiperrealismo, la generación beatnik, el trascendentalismo, senismo, y otras figuras de la deseperación postmoderna, me preguntaba ¿Cuál es el temor que sufren los críticos a la dialéctica de la literatura, el arte y la sociedad? Las oposiciones, las dicotomías, las antinomias son paradojas irresolubles. Lo único de maravilloso que tiene el siglo XXI es la diversidad, la pluraridad, la ruptura del centro, de la razón, del ethos. A pesar de la compresión del momento histórico que nos toca vivir, no dejamos de ser críticos influenciados por la modernidad.
¿Por qué los poetas menosprecian su propia herencia poética? Quizás porque la desconocen. Muchos años han pasado desde que pertenecí al Café Cultural "Francisco Zúñiga Díaz". Allí tuve la oportunidad de conocer a Alfredo Cardona Peña (1917) y a Isaac Felipe Azofeifa (1912), gracias a la diligencia de nuestro querido Chico Zúñiga. Era él quien nos presentaba a los poetas mayores. En aquella época de juventud, se revelaba en mí una postura frente a la poesía que fluía de tres grandes poetas latinoamericanos: Pablo Neruda, César Vallejo y Octavio Paz. Estos eran la medida para comparar y juzgar la obra de nuestros mayores, también porque cada uno representaba una estética y una ética. Recuerdo mi reticencia a la obra de Isaac Felipe, pues me recordaba los recursos retóricos de Neruda, a pesar de este hecho:
No encuentro donde reposar

He sido, soy, seré, posiblemente para siempre
lento, ininteligible, oscuro,
como de espesa sombra, a duras penas, proviniendo,
y aun a veces vago, indeciso,
siempre extraviado,
solo entre cosas extrañas,
y asediado de seres sin nombre todavía y sin lenguaje,
que, por lo tanto -oídlo, por lo tanto-, nacen
y se alargan huyendo dentro de mí mismo.

Y entonces no encuentro dónde reposar,
ni un rincón en mí, ni una pared
donde escribir mi nombre,
y sin embargo, yo sigo existiendo, y me incorporo
y grito
sin oírme, Isaac Felipe, tres veces, corriendo,
por entre el bosque de hostiles nombres que me rodean
y que me deben, me deberán por siempre, el haber nacido
tal como definitivamente serán, una vez que haya amanecido
la lenta luz que siempre llega, a duras penas.


El otro lado de la moneda era nuestro amigo Alfredo Cardona Peña, excelentísimo poeta y caballero de las letras, quien desde México nos enviaba su consejo:

A los jóvenes poetas de Costa Rica

Vuestros libros, sorprendidos por la aurora,
mostrando en sus alas lluvia de reciente rocío,
llegan a mis rastrojos hacia el atardecer
como aves que abandonando júbilos iniciales
buscan quietud, un poco de fervor conversable.
Recibo por tales visitas alegría,
ramos verdeantes, trozos de promisorias cumbres,
y pues en vosotros ya trabajan los cantos futuros
(aquéllos que verán lo que ahora es un presentimiento),
os miro como una realidad anterior al suceso,
como coros de sueños bañados por los actos.
Os aseguro que nada puede compararse
a la belleza del comienzo de un árbol: la tierra abraza
al hijo, y con amor no exento de lucha va auspiciando
la verdad de sus hojas.


Los grandes poetas están aquí, donde se recrea la historia dual, la antinomia, no la pluralidad. Si quisiera analizar estos poemas, no los disfrutaría como los disfruto al leerlos de nuevo. Señalar si son buenos no me corresponde, eso es el trabajo del tiempo.

8 comentarios:

  1. Muy buen blog. Aporta con una voz serena, informada y sagaz.

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  2. Concuerdo con vos, Álex, es un buen espacio para la crítica y comentario de la poesía costarricense.

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  3. El tremendismo, el trascendentalismo y todos los demás los ismos se pueden ir al diablo. Entre tantos textos artificiosos que se publican todos los días, he dejado de leer la poesía costarricense, por vacía, falta de vuelo, y, estoy de acuerdo, la falta de cultura poética de los llamados poetas costarricenses se refleja en sus textos y es evidente. No conocen a Darío, A Vallejo, a Neruda,a… en fin, la lista de los imprescindibles.
    Cómo esperar que conozcan a los poetas costarricenses? Se creen poetas si dicen palabras altisonantes, si hablan de suicidios, basuras, etc. , y los “haikus a la tica” ya casi llegan a constituir una verdadera plaga. La mayoría de los poemarios están llenos de versos inconexos ¡Ah, Lacan! Así, según ellos, la falta de cohesión de sus versos, se sustituye por una especie de elipsis, de supuesta sugerencia que no sugiere nada porque lo que escriben no es poesía. En realidad, lo único elíptico, es la carencia de cultura de esos supuestos poetas.
    No quiero decir con esto que no existan algunas figuras interesantes. Mi amiga, María José Iglesias, tenía unos poemas de Delia McDonald, muy interesantes, fuertes, evocadores. Otros de Julieta Dobles, a la altura de los mejores poemas del continente.
    A esto se suma, curiosamente, que algunas de esas figuras interesantes del medio nacional, no figuran.Por medio de María José, conocí un poemario, Cien al sur de la memoria, que es el mejor homenaje a la ciudad de San José que he tenido en mis manos. Delicado, sugerente y llenos de ecos al mejor estilo de aquel Borges enamorado de Buenos Aires. No conozco a Helia Betancourt, ni su trayectoria poética, pero la lectura de su poesía me resultó refrescante y me sentí identificada.No falta ningún verso, no sobra ninguno. Hay una economía encomiable. Aquí, les transcribo algunos poemas que pueden encontrar en google. Vale la pena. Además, también vale la pena dejar de hablar de lo mismo, y reconocer que hay otras voces que son muy interesantes. Mientras solo se hable de los mismos, quedaremos en lo mismo.
    Quién me mete? -Juan Bonete...

    El punto del asombro

    Parada en el delta de la vida
    es otra caligrafía
    la que dice de matices y horizontes.
    Algo que se inscribe sin márgenes
    canta y cuenta:
    un ábaco, un rosario, un quipú,
    a fin de cuentas
    sigue siendo lo que fue
    y lo que tenía que ser.
    ¿Quien trastocó las puertas mientras estábamos reunidos
    con la seguridad de que en la redondez del círculo
    nos esperaba algún punto del asombro?
    ¿Quien inventó la cercanía de otros paisajes?
    Nadie me dijo vete de esta ciudad mientras puedas,
    como le dije a mis hijos mientras preparaba sus maletas.
    Nadie observó el titubeo interno mientras sonreía
    con el adiós todavía entre las manos.
    Nadie avizoró la diáspora
    mientras sembraba la semilla.
    Nadie tamizó las nubes
    sin desplegar las alas.
    Vivir es dispersarse,
    escribir, es juntar la vida
    en apretadas líneas.


    Parque Bolívar

    Un aire verde entre vapores de melaza
    abre un catálogo de momentos dichosos.

    Saboreo el día en mi boca.

    ¿Es la vida que viene
    o es el río que corre con mis pies?

    Mi padre siempre llegaba
    los fines de semana.
    Ese domingo
    fue más domingo,
    o, tal vez, mi padre,
    fue más mi padre.
    Los domingos, siempre expectantes,
    se aletargaban a la hora de la siesta.
    Ese domingo amaneció
    un día entero sin fragmentos:
    primero, el Morazán, la Feria
    de las Flores.
    Cruzamos el Parque japonés
    hasta la orilla misma de la calle
    y, más allá de esa esquina pueblerina
    que colindaba con el olvido,
    desandando caminos que
    penetraban lo vegetal y
    escudriñaban veredas,
    había encallado el Arca de Noé.
    Inventario de la realidad
    que levantaba un acta
    de la memoria del planeta,
    como la compañía de uno
    consigo mismo, al descubrir
    la tierra de sus pasos.



    Soda Palace

    Antiguas nubes,
    emisarias de un aroma de café,
    las tazas recogen
    su negro lagrimear.
    En el umbral de su oscuridad,
    esperanzas calientitas
    indisolublemente unidas
    a la palabra, fraguan
    la noticia mañanera.
    Encienden los tabacos,
    el humo transita alocado
    por un mar de voces,
    regodeo gozoso de fragancias
    confunden y desorientan al aire.
    Sorbo a sorbo,
    saborean, comentan,
    decantan la realidad
    que se sienta a la mesa.

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  4. Hola, Eugenia:

    ¡Qué bueno escuchar la voz de los lectores en espacios como este!

    Lo que decís demuestra que no solo los "poetas" se leen entre sí, sino que hay gente más allá de esos grupos que se da cuenta de lo que se está haciendo.

    Ahora, en ese sentido, es una lástima que el público lector usualmente no se acerque a los recitales o lecturas. No sé si este sea tu caso, pero por lo general, en el recital de Juan está Pepe, y en el de Pepe Pedro, y en el de Pedro, Pepe y Juan (porque Pedro es más "famoso" o buena gente).

    Podría concordar o entender mucho de lo que señalás, pero no me queda claro qué es lo que conocés de los poetas ticos. ¿Cuáles autores concoés de principios del siglo XX? ¿Cuáles poemarios, de autores nacidos entre 1940 y 1950, por ejemplo, conocés? Y muy importante, ¿a cuáles autores nacidos entre 1960 y 1980, que tengan alguna obra publicada, conocés?

    Lo que planteás hace pensar que has tenido oportunidad, sino de leerlos, al menos de escuchar a muchos de los que actualmente "escriben".

    En fin, ojalá que más lectores se sumaran a las discusiones y aportaran con sus percecpiones a desentrañar el fenómeno de la poesía nacional.

    Saludos.

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  5. Lo olvidaba. El poemario de Helia Betancourt no me gustó.

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  6. ¿Julieta Dobles? ¿A nivel continantal? Definitivamente las cosas son de acuerdo a quien las interpreta.

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  7. Me parecen interesantes las respuestas a mi comentario y también que discrepen de mis gustos. Pareciera que a Alexánder no le mueven los textos de Julieta a quien considero una excelente poetisa y a quien le hubiera otorgado el Magón, sin lugar a dudas, mucho antes que a Laureano, cuyos textos me parecen elogios a las efemérides. Casualidad que resultara tan inspirador el genocidio latinoamericano exactamente el año del V centenario?
    Pero, bueno, esos son otros cien pesos. Como otros cien pesos, pudieran ser, y no me atrevo a afirmarlo pero lo temo, que el género también sea un factor a la hora de otorgar premios, de reconocer méritos.
    No creo que valga la pena hacer un resumen de los textos que conozco, aunque he leído bastante poesía costarricense. Sí, desde la famosa y deslucida épica religiosa considerada "primera muestra de poesía costarricense" hasta la actualidad. Aunque, en realidad, como lo dije, la mayoría de las publicaciones actuales, tanto de hombres como mujeres no me resultan, como lectora, significativas.
    Por generaciones, tengo mis predilectos. Me gusta Brenes Mesén !qué locura! Me gusta Eunice. Me gusta el modernismo tardío de Marchena (no hay que avergonzarse de la cronología).
    Y, aunque alguna vez cuando envié orgullosamente algunos de sus textos a un amigo español, casi me envenena su comentario de plagio a Miguel Hernández, todavía nuestro poeta turrialbeño, Debravo, sigue siendo uno de mis favoritos. No así su compañero de generación, Albán.Todavía paso a Duverrán !qué cosa!
    Voces actuales? Además de las mencionadas en mi comentario anterior, me gusta Camila Schumacher, algunos textos de María Montero, no todos. Me gusta el Carlos Cortés de cruci-ficciones, con ecos de Vallejo (lo incluyo para que no me digan sexista). Pero, por supuesto, estos comentarios, son eso, comentarios y una manera de compartir.
    Y tal vez, para mí, compartir la poesía está en leerla, saborearla, sentirla y, aunque entiendo que es un gesto de solidaridad acompañar a los poetas en los recitales, el ambiente siempre me resulta chocante y casi casi farandulesco. Mi solidaridad está, lo reconozco, en la lectura.Yo disfruto la poesía, no siempre disfruto la compañía de los poetas, lo lamento.
    Como veo que mi comentario de alguna manera tuvo eco, me disculpo con Asterión y Alexander por no haber resonado antes.
    Y, sí, a lo Quevedo, todo depende del cristal con que se mira. La poesía es subjetividad. Así la percibo, así la disfruto. Cuando llegue a mis manos otro poema que me resulte de interés, prometo compartirlo. Son mis gustos, son mis criterios y, por supuesto, no aspiro a que sean una verdad o una crítica literaria.
    Eugenia

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  8. Eugenia, te felicito por tu respuesta. de los comentarios anteriores solo se desprenden ignorancia, irrrespeto, y un inmenso complejo de inferioridad.
    Invito a los señõres a visitar la Biblioteca Pública de San Ramón...
    Atentamente: Ana I Ruiz

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