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miércoles, 22 de enero de 2020

LAS NUBES, QUE EL VERANO NO DESHIZO, ESTÁN QUIETAS.


Es hermoso mirarlas,
como la muchacha del vestido amarillo
que arranca la cabeza de un crisantemo.

La muchacha, que no se arrepiente de las almas
enviadas al purgatorio,
tiene la mirada asesina de la cobra,
la lujuria de los escorpiones.

Las nubes están quietas.
Un olor a sangre invade el corazón de la luz,
el aire que tintinea tiene el color de la muerte.
La muchacha del vestido amarillo
corta pedacitos de utopías,
y los licúa para brebajes opulentos.
Corta su cabello en serpentinas
y exhala un suspiro en forma de Gillette.

Quietas, las nubes. Miran a la muchacha del vestido amarillo,
la muchacha bebe té de herida o hecatombe,
un té que adormece al arcángel,
a la bestia y a la terquedad del sueño.

de Cuaderno de Alucinaciones (2018)

VUELTA DE HOJA



Dime quién eres y qué agua tan limpia tiembla en toda mi alma…
Leopoldo Panero
Regreso de ese lugar donde nadie me pronuncia,
porque soy y he sido,
regreso después haber sangrado mar adentro,
al fin de cuentas, todo viaje es volver,
tocar la misma tecla,
sin tener en claro el regreso
ni para que se regresa.
¿Era necesario el regreso? Busqué respuestas o claridades.
Todo era oscuro,
bestial,
las hojas aúllan, mugen y copulan.
Regreso para decirme y decirte en la torpeza,
en la lucidez,
en el abstracto juego de crepúsculos y brújulas,
para que nada tenga sentido,
para que el sentido nazca del regreso,
de la vuelta de hoja,
para recobrar el tiempo,
para escribir extraños laberintos presuntuosos,
para que sonría esa boca desdentada
y proyecte sobre las paredes
una carrera de gacelas e hipocampos.
Regreso del amanecer,
para que el relámpago beba la lujuria,
y el pezón sangre de dicha,
y cada calle,
cada ojo,
cada piel,
sea capaz de decir: todo delira,
y si no delira, al menos, tú y yo somos la rueca,
la ruleta rusa,
un circo de dados y demonios.
Regreso de ese lugar donde las palabras no me pronuncian,
de ese instante en que soy y he sido
quien seré,
saludable como un ángel muerto,
alegre como esa mano que escapa.


de Grimorio del Emperador Amarillo (2017) 

ESCRÍBEME A LA TIERRA


… y el papel se agujerea
como un breve cementerio…
Miguel Hernández
ESCRÍBEME A LA TIERRA
que yo te escribiré,
aunque la tierra no responda,
y las piedras callen,
y los jirones de lo que fui los arrastre
un viento del norte,
y aliento y ánimo
escapen a las alturas,
a los fiordos,
a las inmensidades
de la nada.
Escríbeme a la tierra
que yo te escribiré,
desde los manglares del sur,
desde el trópico de mi lengua,
desde Orión,
desde el deseo que escarba
hasta encontrar el deseo.
Escríbeme a la tierra
que yo te escribiré,
cuando seamos el recuerdo
de lo que huye,
de lo que susurra,
de lo que se aleja entre el polvo
que parece infinito,
pero no lo es.

de Grado Cero (2015)

LA CONTINUIDAD DE LOS PARQUES NO ES SUFICIENTE PARA CONVENCER A LUIS ROSALES



Lleno el mundo de palabras,
las palabras se sacian de realidad,
la realidad es tan insulsa como la blanca hoja,
la blanca hoja se deshace en fango,
el fango mueve la mano,
la mano arroja palabras,
las palabras no le pertenecen a nadie,
nadie dijo que esto era cierto,
cierto es la palabra hoy,
hoy solo tengo ganas
de llenar el mundo de palabras,
de alguna música delicada,
la música rueda lenta en medio de la habitación,
la habitación
está llena de palabras,
las palabras le van ganando la batalla a la muerte,
la muerte ronda la casa,
pero no entra,
no tiene permiso de ensuciar la sala,
la sala está vacía,
y se llena de palabras.
La muchacha lee mis palabras,
las palabras conmueven
hasta las tinieblas sin reflejo.
La flor desnuda solo es otra manera
de decir una muchacha,
una muchacha lee cuanto he escrito
esta noche sin luna,
sin luna la noche está vacía,
la noche hace oscuras y densas las palabras,
las tiñe de penumbras,
las penumbras son largas como ríos,
los ríos siguen el curso de las palabras,
las palabras llenan el mundo.
Yo solo sé que estoy vacío…

de Fábulas de un poeta que lee en un teatro vacío esperando que sus lectores nazcan del polvo de las butacas (2014)

LA FRAGILIDAD DEL CUCHILLO DE COCINA



Reciente es la herida de mujer que llevo
a los sitios más remotos de la casa.
Apenas sangra se la muestro a las visitas,
a la gata que me lame la aspereza.

Voy por el mundo con mi llaga,
            a pecho abierto llego a las casas,
                        al regazo de los parques.
            Tiene un gusto a mar en calma,
a uno que dice nunca, quizás, quién sabe.
            Está amarilla como un girasol,
amarillo que agoniza.

Con un bozal y una cuerda,
            la saco a pasear en Navidad.
            en Pascua le enciendo una vela blanca
y una vela azul,
y otra que no es blanca ni violeta.

Es una herida nueva,
tiene la fragilidad de un cuchillo de cocina,
la tierna expresión de una coartada.

Salgo con ella los domingos.
            Tiene que lucir su sangre verde,
                        su magnitud de pus,
mostrar sus modales en la mesa,
            sonreírle a mí y a mis amigos.

Es reciente la herida que llevo
            a los rincones de la casa.
Qué bien domesticada –dicen unos –
qué perfectas maneras,
y qué graciosa.

de Corriente Subterránea (2012)

EPÍSTOLA DEL DESTERRADO


Estimado amigo:
Sabrá que no he puesto la pluma en remojo, aunque el invierno se colgó de una osamenta, le cuento que los señores de la ley han acertado en que el vómito de un muchacho da asco a estas alturas, mientras la tristeza o la soledad gotean de la ropa tendida en el patio. Por si fuera poco, la amargura ha trazado el humo de mi último cigarrillo, y en el café de siempre ya no me fían un par de tostadas.
Por otro lado, he debido hacerme un horario para que los minutos dejen de burlarse de aquella Metáfora, en que los pescaditos de oro medallaban su hasta entonces. También le cuento, que a pesar de encontrarme tan resentido los lunes, escribo un ensayo sobre la marea baja  y un monólogo donde autorizo a que el viento me despeine.
Además, ya no busco al Che en esas elegías llenas de mandrágoras, sino que me la paso mirando a las muchachas y haciendo poemas de amor, donde lo único que me resta, es aprender a rimar un vidrio roto y el hielo de un trago a medianoche.


de Fragmentos Fantasmas (2000)

La doncella es virgen


LA DONCELLA CONOCE

los pasadizos que dan a las manos.
Sabe de memoria el rito,
mas nunca atraviesa el cerrojo.

La doncella es virgen,
y también la luz de una celosía intocada,
por eso,
la sierpe se muerde la cola
y el corazón aúlla sobre sus cuatro patas.

El alma de la doncella es un mendigo,
ocultándose
en una tiniebla ácida:
harapos bajo una piel blanca y jugosa.

En el alma de la doncella,
los pájaros abisman el tacto,
y el pico de sus alas
segregan un caos.

La doncella es la bestia o el demonio,
el traidor que vomita sobre el puente.   

Por eso, la doncella fálica no comprende
¿por qué el zumo de la lengua es una soga,
y el aliento, un arcángel suspenso
entre dos oscuridades?


de Entre dos oscuridades (1996)

miércoles, 13 de mayo de 2015

Postal

No descansa la noche.
Anda suelta
y la ciudad extraña los muslos
y el violeta culebrea en las faldas.

Los pequeños animales salen de sus escondrijos
y la noche los acaricia,
los mima,
les da miel de gato
y galletas desabridas.

La noche duerme el sueño ebrio,
la miasma de la sierpe;
la antigua,
la que orina sobre cuaresma y fetiche,
dándose un largo beso torpe.

Los animales de cuatro patas,
de ocho colmillos,
salen de sus agujeros
y le ladran a la noche de los insomnios voraces.

La misma que descansa en el sillón
y da vueltas por la casa

y se dirige a un cuerpo incierto.

miércoles, 22 de abril de 2015

Paréntesis urbano

La ciudad se anuncia en las vitrinas,
por el bulevar sale a pasear
con un niño de la mano.
Está sucia, pero muy tarde
se lavó el hollín en la fuente de relojes.
No pinta nada bien el tiempo en la ciudad,
aunque anda descalza y en harapos,
le gusta espantar los pajarillos.
Tiene algo de mujer en cinta.
Está sensible
por el nuevo basurero de los parques,
porque llega Navidad con su marido.
La pobre vieja celebra un cumpleaños,
en honor al alcalde y su corte de gorriones.
Será la reina de la fiesta,
y en pocos días barrerán anuncios y mendigos.
Sólo los niños podrán vender
sus chicles y sus flores,
tendrán permiso de pedir en las esquinas,
después que se vayan a su casa,
después no quiere verlos por sus calles.
Mi ciudad se arregla su vestido,
le queda grande porque es un regalo,
le queda chico cuando salen al desfile.
No te preocupes, pobre vieja,
te pondremos un traje de azahar,
de veras, estarás bonita,

cuando tengamos que meterte en un asilo.

miércoles, 15 de abril de 2015

Doble foco en violeta

Al fin y al cabo,
la que duerme con la noche,
            la que no sale nunca de la casa,
la que lleva las medias roncas
            tendrá un muérdago tras la puerta.

La muy dudosa, que pone los pies en el polvo
            y sumerge su cabello en agua tibia,
en un sartén humeante,
            amará el linaje de los tenedores.
Así es
            y así será,
mientras la luna
trueque estaciones por monedas.

La que duerme en la calle,
chasquea los dedos y los dientes blanquísimos,
detiene un taxi para volver a su casa,
a la hora en que la otra tendrá
los labios agrietados,
y odiará el jazmín barato de sus pechos

            y al amor que la tiene de rodillas.

Tránsito

A tiempo sale el autobús
que viene del desamparo.
Llena el aire,
            cava el aire,
                        respira viento.
Sale del domingo,
de la muchacha
con quien se acuesta el árbol.

Único es el beso,
                        la piltrafa,
                                   el estacionamiento.
Así no más,
            sale la noche, vieja huraña.
Contenta, sí, por lo menos.
Arroja el labio, lame lenguas, oscurece todo
lo que pasa debajo de la cintura.

            A tiempo el autobús llega al no regreso,
humo y ruedas,
            tose asco,
pero en fin vamos contentos,
vamos juntos,
cuando deseo morder las caracolas
o masticar la pulpa de un corazón delirante.

En el camino, las flores podridas
nos dan su último aroma,
y es mejor así, porque de otro modo,
            las cosas no estarían en su páramo.
Parto,
            partís,
                        partimos
la tostada estupenda,
media naranja para vos, media para mí,
            a tiempo el destiempo,
solo que es más hermoso

     volver a encontramos.

viernes, 10 de abril de 2015

Gravedad

Tal vez nos llueva.
Quizás nos llueva.
Salimos al bar,
                        al cine,
                                   al parque.
            Salimos de dos en dos.
Si llueve se pondrá feliz el tijo,
                                               la calandria,
                                                           el ruiseñor.
Quizás la lluvia no sea una brújula sin norte.
Tal vez no sea húmeda, señora.
            Se agrava el tráfico,
                                   las buenas tardes,
la patrulla que acaba de pasar.
            Salimos de una ciudad sitiada.
Juntos,
dispersos,
                        a través,
                                   salimos.

Si no llueve, se secará el verano hasta los huesos,
el mismo que te aguarda, bufanda y gabardina gris.

            Se agrava la violencia,
                                      el maullido,
                                               las veraneras.
Tal vez no llueva.
Quizás no llueva.
                        Así de fijo el clima en la pintura,
de ausente la cerveza,
            de contrario el luto.
Salimos sin despedirnos,
            sin pedir permiso,
conocemos las juntas y las yuntas,
los semáforos.
Se sabe que se agrava el día,
que la enfermedad es grave
y la cura:

un mundo muerto.

La fragilidad del cuchillo de cocina

Reciente es la herida de mujer que llevo
a los sitios más remotos de la casa.
Apenas sangra se la muestro a las visitas,
a la gata que me lame la aspereza.

Voy por el mundo con mi llaga,
            a pecho abierto llego a las casas,
                        al regazo de los parques.
            Tiene un gusto a mar en calma,
a uno que dice nunca, quizás, quién sabe.
            Está amarilla como un girasol,
amarillo que agoniza.

Con un bozal y una cuerda,
            la saco a pasear en Navidad.
            en Pascua le enciendo una vela blanca
y una vela azul,
y otra que no es blanca ni violeta.

Es una herida nueva,
tiene la fragilidad de un cuchillo de cocina,
la tierna expresión de una coartada.

Salgo con ella los domingos.
            Tiene que lucir su sangre verde,
                        su magnitud de pus,
mostrar sus modales en la mesa,
            sonreírle a mí y a mis amigos.

Es reciente la herida que llevo
            a los rincones de la casa.
Qué bien domesticada –dicen unos –
qué perfectas maneras,

y qué graciosa.

miércoles, 1 de abril de 2015

Lluvia ácida

No preguntes,
            no insistas,
                        no arañes el mundo o la nada.
Todos estamos bien, menos el aire,
menos el payaso que recita multitudes.

Aquí,
            sí, aquí,
                        te pusieron bocarriba,
te amordazaron el cigarro,
                        ardieron tus libros,
la música que tanto quisiste,
la que no gustó al criminal ni a la vedette.

            Pregunta,
                        insiste,
                                   araña el muro y la fosa,
el hoyo y la agujeta.
El aire está bien, los otros, no,
los otros muerden espumas y lamentos.

            Allá, muy lejos,
pones a rabiar a los  poetas,
            a las academias y a la noche,
te amarras las manos para que no se escapen...

Arriba, los otros abren un paraguas,
            arriba, 
                        más arriba,
te mojas los labios,
                        el pantalón,                            
la camisa.

De cierto que no estás en sitio alguno.

domingo, 29 de marzo de 2015

Doncella en desastre urbano

Lentamente, el día se mueve por la casa. Entra la luz en conserva y  mira la desnudez  en el espejo. La cortina respira polvo y en el taller mecánico los empleados miran Penthouse. El día se apresura a pasar por enfrente del taller, agarra sus libros y los estruja contra el pecho. Está hermoso, a pesar de la espuma del relleno y las cejas depiladas con destreza de cirujano. Se ve que hoy será su día, pues, lleva una miniseta ajustada y un jeans que modela el viento. Su figura nos recuerda otras marisquerías, otros restaurantes de fast food, otras sodas y otros cafetines. Nuestro día se topa con los top models del taller mecánico, quienes tienen las lenguas más pulcras de la ciudad, las mejor lavadas a presión y al vapor. Hoy, sin duda, será su día. Se lo dice el horóscopo, la radio a full, los pericos regresando del verano. El día está lindo de pies a cabeza, aromático y de axilas rasuradas. Limpio, como el primer día del mundo.

Ocho milímetros de fama

Estamos condenados al  éxodo fortuito,
a vernos partir y regresar como en el cine,
a blanquear nuestros dientes
con alquitrán y monóxido de carbono.

Condenados los unos a los otros,
por un desierto interminable,
por una hora que ahueca el ala,
el zapato,
las pantorrillas.
Así como así,
condenados
por usar cloro en el vodka,
por pequeños hurtos en el bosque del lobo.

Estamos como estamos,
con padres y hermanos.
botellas,
            almohadas,
                        paquidermos.

Condenados por la Censura,
a la forja de nuevos eclipses,
a la muy honorable junta de exiliados,

con palomas falsas y fósforos de seda.

viernes, 27 de marzo de 2015

Obscenamente en tierra

Crecí en un puerto,
mirando los barcos anclarse cerca de las estrellas
                                  y a los marineros estallar obscenamente en tierra.
     Adela Quirós

No conocí el mar hasta el verano,
crecí en un pueblo lluvioso,
en un infierno tropical,
con gallinas degolladas,
conejos desollados
y tepezcuintes fritos.

Me trajeron a una ciudad de risas y mendrugos,
y no vi un zopilote
hasta que la muerte bailó
sobre la ausencia de mi perro.
Para hallar las pistas de una encrucijada,
busquen un hervidero de ángeles,
un horizonte con una lámpara de pilas.

Ahora vierto el mar
sobre las máscaras,
el azul, sobre los trastos,
y la delicadeza, sobre una mesa sordomuda.
Las esperanzas pasaron por mi sueño,
pasaron años,
trompos,
lunas llenas.

Sostengo lo que soy con solo un dedo,
lo que no soy con tinta negra,
lo que pude ser con un papiro,
lo que podría ser con furia, asco y alegría.

Todo está, menos el mar.
A usted le dejo su gusto por la espuma,
la sal y la arena del reloj.

miércoles, 30 de julio de 2014

Poema I


I
Todo lo que escriba tendrá aroma a sepulcro,
a espejo báltico,
a murmuración y muchedumbre.
La vida es esto que llamo vida.
El fuego es aquello que escapa a la altura.
Los sepulcros son los retratos del amor abandonado.
Los espejos bálticos son los rostros del arlequín.
Lo que escriba será relámpago y caída al vacío.

Todo olvido es solo otra forma de conocer.
Los parques,
los teatros,
los edificios,
la ciudad que se desangra,
son parte de esta locura que llamo amor.
Esta locura, que salta demoníaca, 
sobre un ejército de arcángeles,
de bestias,
de gusanos gigantes.

Todo lo que escriba es la herida del resplandor,
una herida profunda y sagrada,
que busca y no encuentra,
y al encontrar olvida.
Todo esto ocurre,
dentro de la vida,
porque la vida es esto
que llamo amor,
aunque el amor esté vacío.

 De Grado Cero (2013, inédito)

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Divertimento



Yo sé, yo sé, yo sé,
Que sé, que sé, que sé,
Cuando todo sé,
Cuando nada sé,
Busco lo que sé,
Y no encuentro lo que sé,
Imagino lo que no sé,
Para que lo que sé,
Entienda lo que no sé.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Las niñas fallecen en verano y Todorov nos enseña que la estructura no es tan estructural


¡Torres de Dios, poetas! ¿Qué digo? ¿Qué dije?
Torreones de poetas. Poetas en cuclillas.
¡Oh, por Dios! ¡Qué amarga amargura me amarga
el lúpulo vecinal! ¿Decías algo o solo esquizofrénicamente
cazas versitos de cuartel?

 Y yo qué pensaba, pensé desde mi narciso colectivo,
Al cruzar del amarillo al azul: Cioran, las putas, Dalí o Gala.
Alondra, alondra, yo te desplumaré las tetas.
Y el terciopelo escapaba,
se escondía en las minifaldas,
justo en los muslos y las almejas.

¡Oh, por Dios! ¡Qué lengua deslenguada
anuncia la muerte de burgueses tinterillos!
¡Y yo qué decía, qué pensaba, qué tarareaba!
Burla burlando los equinoccios fatídicos,
burla con sorna y ramificaciones semiológicas,
con que esto no es poesía,
afirman los zombies anglosajones.


Dame la llave del mundo de los teletubies.
Dame la pata perrito falderon.
Las putas, los mendigos, los alcohólicos,
saludan el amanecer de los yigüirros y los monstruos.
¡Oh, por Dios! ¡Oh, por Dios! Lento, pero seguro,
El ciempiés te comerá las entrañas entrañables,
los sueños y las memorias
.

Manifiesto del Movimiento Poético Incelario Contra el canon post-patriarcal

Nosotros, los poetas incelarios, declaramos agotada la poesía de la reconciliación sentimental. Rechazamos la lírica del consenso, la emoció...