domingo, 29 de mayo de 2011

Un árbol no es un árbol

En esta ciudad de calles y polvo, miro un árbol,
Pero no es el árbol de Brenes ni siquiera el árbol de Parra,
Veo un árbol fuera de mí
Y no es práctico ni útil,
Solamente es un árbol allí erguido,
Que mueve sus ramas al son del viento,
Que baila con una delicadeza propia de los cisnes.
Allí está, al frente de mi mirada,
Los pájaros lo llenan de veranos y trópicos.
¿Qué pensará este árbol que miro?
¿Pensará en algo?
Mientras escribo está el árbol allí erguido,
Sin ningún afán,
Solo da sombra al caminante cansado,
Al poeta que espera,
Al ave que canta en sus ramas.
Miro un árbol, en su tronco, en sus ramas,
Aún se oyen los ecos de historias y leyendas,
En sus anillos suena una música grave,
Lejanamente alegre.
Somos diferentes, yo y el árbol,
Cada uno llena el mundo a su manera,
Yo, escribiendo esta vieja ceremonia,
Él, sin poder ir a otro sitio
Que no sea mi mirada.

de Todo pasa en los espejos (2011)

miércoles, 25 de mayo de 2011

Espera

Los miércoles espero como el poeta en el parque.
Es verano y como siempre,
Se respira una dulce calma,
Una calma dulce.
Pasa la gente con los ojos muy abiertos,
Como si fueran a encontrarse con una esfinge.
Los árboles susurran poemas modernistas
Y en sus raíces, porque sí y porque no,
Juegan los niños.
Espero solamente como el poeta en el parque.
La tarde va diciendo sus colores,
Y en cada rama,
En cada nube,
Una viuda o un petirrojo,
Han hecho nido.
Todo está en calma. Todo está abierto.
Y el corazón lo siente,
Y el cerebro se extraña,
Y una alegría nueva, recién salida del horno,
Salta de rama en rama,
Y se es feliz porque el mundo
Está detenido.
Luego llegas y abrazas un fantasma que espera,
Una sombra que huye,
Un aroma que piensa,
Y te das cuentas que dura es la vida
Y duro es vivir,
Buscando una forma de saciar el deseo.

Todo pasa en los espejos (2011)

sábado, 14 de mayo de 2011

Continuidad

Lleno el mundo de palabras,
Las palabras se sacian de realidad,
La realidad es tan insulsa como la blanca hoja,
La hoja blanca se deshace en fango,
El fango mueve la mano,
La mano arroja palabras,
Las palabras no le pertenecen a nadie,
Nadie dijo que esto era cierto,
Cierto es la palabra hoy,
Hoy solo tengo ganas
De llenar el mundo de palabras,
de alguna música delicada,
La música gira lenta en medio de la habitación,
La habitación
Está llena de palabras,
Las palabras le van ganando la batalla a la muerte,
La muerte ronda la casa,
Pero no entra,
No tiene permiso de ensuciar la sala,
La sala está vacía,
Y se llena de palabras.
La muchacha lee mis palabras,
Las palabras conmueven
Hasta las sombras sin reflejo,
La flor desnuda solo es otra manera
De decir una muchacha,
Una muchacha lee cuanto he escrito
Esta noche sin luna,
Sin luna la noche está vacía,
La noche hace oscuras y densas las palabras,
Las tiñe de penumbras,
Las penumbras son largas como ríos,
Los ríos siguen el curso de las palabras,
Las palabras llenan el mundo,
Yo solo sé que estoy vacío…

de Crónica del esplendor (2008-2010)

martes, 10 de mayo de 2011

Piedra vocal

Descubrí mi voz como una piedra bruta,
La tomé del suelo sangrante,
La miré,
La acaricié largamente,
La pulí como se pule una piedra vigorosa,
Descubriendo paraísos acuáticos,
Cavernas en lejanía,
Sombras que huían sobre el color y la altura.
En mi mano, mi voz era una alondra,
La puse frente al espejo
Para que viese su mirada de serpiente,
Su corazón caníbal,
Su cabellera de alga y pesadumbre.
Tenía espinas de pedernal,
Filos sonrientes,
Colmillos que acechaban las palabras.
Mi voz ardía
Como lenguas extrañas y perdidas.

Tomé mi voz afilada, carnívora,
Le colgué una correa al cuello para que no escapara,
Aullaba por las noches como un tótem,
Por las calles se escabullía,
Bajo la luz del neón lujurioso.
Tenía forma de puñal o bocanada,
Forma de traspié o de reflejo.
Mi voz se cercaba a su presa
Olfateando en la dulzura
Un corazón abierto como el mundo.

de Crónica del esplendor (2008-2010)

domingo, 24 de abril de 2011

Obsesión

Todo deseo me quema, arde, me hace polvo.
Ardo de arriba a derecha,
Como un astro que quiere cocer en la piel
La frescura virginal.
Tus labios me llaman como el chisporrotear
De algún crepúsculo.
Ando, deseo, y vuelvo andar alrededor
De tu cintura o corona de fuego,
Salto en ti, dentro de ti,
Como un paracaidista que se arroja al vacío.
No me importa,
Soy un náufrago,
Un exiliado que entra al paraíso.
Todo deseo es esplendor,
Ardiente corazón,
Infinitud encendida sobre la nieve polar.
Desciendo como un profeta,
Como un loco,
Como un ebrio,
A beber de tus labios salvajemente desnudos.
Todo me obsesiona:
La fluidez en tu cuerpo.
Te derramas pura y tibia,
Recorres mi horizonte,
Gimes sobre mí,
Fluyes incontenible,
Húmeda,
Como lluvia fecunda,
Como zarza ardiente,
Como todo deseo que se disuelve
En el mundo.

Crónica del esplendor (2008-2010)

viernes, 22 de abril de 2011

Muchacha desnuda

Oigo tu piel fresca.
Oigo la espuma en tu piel.
La escuchas. Me llama desde su profundidad
De lirio o nieve,
Me canta como un cisne,
Sabes que grita sobre la aurora de las sábanas
Blanquísimas.
Oigo tu piel suntuosa, como si una alondra
Cantara sobre el margen
De las páginas vacías.
Está cerca, la hora se acerca como un astro,
Tu piel canta como la caracola sobre el mar desnudo,
Dulcemente acunas la espuma,
Abierta como la aurora,
Delta de la negra desembocadura del corazón,
Archipiélago que gime bajo el deseo.
Oigo tu piel como la seda musical,
Como el plumaje que se derrama de nube a tierra,
Como el agua que devora
La frialdad de la noche vacía.
Oigo tu piel en la hora del cuervo y la paloma,
Tu piel me llama desde sus laberintos,
Me canta como una cítara,
Como un arcángel que se posa en las ramas.
Oigo tu piel, toda tu piel desnuda,
Me llama desde su profundidad de lirio o nieve,
Gira y canta alrededor,
Gira y arde encima de la nada,
Gira y fluye como un río
Que se eleva
hasta estallar en el cielo.

de Crónica del esplendor (2008-2010)

jueves, 21 de abril de 2011

Carlos Bonilla Avendaño: un místico revolucionario

Carlos Bonilla Avendaño nació en Heredia, Costa Rica, en 1954. Estudió teología y Derecho. Ha trabajado con comunidades campesinas y con migrantes nicaragüenses, en un acompañamiento organizativo, legal y pastoral. A pesar del neoliberalismo, sigue apostando a una fe cristiana comprometida con el proyecto de los pobres. Cuando puede, se refugia en una esquina del nombre y escribe algún poema. Ha publicado los libros Alguien grita mi nombre y yo me escondo (San José: Lithocolor, 1996) puerta de los ciegos (San José: Perro Azul, 2002) Tren sin retorno (San José: Arboleda, 2009)
La poesía de Carlos Bonilla pertenece a lo que los críticos  costarricenses han aceptado como la segunda postvanguardia, en ella se perciben ciertas afinidades con la primera postvanguardia, sobre todo la persistencia de ciertas utopías: política, amorosa, existencial, filosófica. La poesía sigue concibiéndose como un instrumento de lucha, por lo que permanece la confianza en el poder de la palabra como medio de transformación del mundo; aunque existe otra tendencia que expone el desencanto ante el mundo, la decadencia, la evasión y la falta de fe en la posibilidad de cambio a través de palabra.
Entre estos poetas se acentúa la reflexión sobre la poesía, continúa el viaje hacia la intimidad, el silencio y la tristeza, viaje que incluye un acercamiento crítico a la realidad de patria y sus deficiencias. Otros registran un tratamiento novedoso del amor y el sexo, que conjuga la expresión directa y coloquial con un hermetismo calculado, el eco de la música popular, la melancolía característica de los últimos tiempos, la conversación con otros textos literarios (intertextualidad).
La poesía de Carlos Bonilla Avendaño se debe entender como un misticismo comprometido con las luchas de los más pobres, de los menos favorecidos; aunque el misticismo sea solo una arista de poesía. La mística es parte de la teología que trata de la vida espiritual y contemplativa y del conocimiento y dirección de los espíritus. No obstante, el misticismo es el estado extraordinario de perfección religiosa, que consiste en la unión inefable del alma con Dios, por el amor, y va acompañado esencialmente de éxtasis y revelaciones. El misticismo es toda doctrina de carácter metafísico que trata más de los mundos ideales que de nuestro universo físico, y que enseña la comunicación directa entre el hombre y la divinidad, ya por vía de la intuición, del éxtasis, o por excesiva tensión de las facultades de la psiquis. La mística designa una experiencia difícil de alcanzar en que se llega al grado máximo de unión del alma humana a lo Sagrado durante la existencia terrenal.
En el caso de la mística cristiana, el acto de unión con Dios, conocido como éxtasis, no depende del individuo, sino solamente de Dios, que por motivos que Él solo conoce otorga un breve tiempo de comunicación sensible ultraterrena a algunas almas a la que se acerca bien directamente o bien para su posterior transmisión a un grupo o conjunto social. Puede ir acompañado de las llamadas manifestaciones, llamadas estigmas o llagas: heridas que reproducen algunas heridas de Cristo en la cruz, así como la bilocación y las manifestaciones proféticas. El misticismo está generalmente relacionado con la santidad, y en el caso del cristianismo va acompañado de manifestaciones físicas sobrenaturales denominadas milagros. Por extensión, mística designa el conjunto de las obras literarias escritas sobre este tipo de experiencias espirituales.
En su libro Alguien grita mi nombre y yo me escondo, Jorge Boccanera dice en Carlos Bonilla coviven niño y hombre gracias a un juego que los mantiene unidos; un avispero de interrogantes los reúne. El título expresa el tema del desdoblamiento y la ausencia; la identidad escamoteada de un niño repartido en todo aquello que lo rodea y que ha hecho suyo por derecho de imaginación. El poeta bucea en sus recuerdos, hurga su infancia, llama a ese niño que juega a extraviarse y que cuando aparece narra su mejor fantasía.

No sé dónde comienza el mundo
y acaba la mirada.

Arrastro la feliz angustia
de confundir la piedra con la sangre.

Amo esta luz. La escucho sin barreras,
filtrándose a pesar de tanta herida,
cantando en mis bodegas interiores.

Claridad de las cosas, habitándome.

Todo es símbolo
                        gesto,
                                sacramento.

La flor no es ella,
                        sino que la das,

como me das el beso, el fuego, la mirada.

Nuestro amor:
un renovado, cotidiano rito.

En su poemario puerta de los ciegos, se acrecenta el misticismo, la reflexión sobre la relación entre el hombre y Dios. Existen más preguntas que respuestas. El poeta escarba en las escrituras para cuestionar verdades.

mi hijo de diez años pregunta:
"si Dios sabe el futuro,
¿para qué puso a prueba la fe de los patriarcas?"

mi hijo mira el mundo,
orquídeas,
             rocas,
                   sapos

polícromas verdades
          que nadie pone a prueba.


en el principio existía la tiniebla

la noche dando a luz

transformando en arcoiris
el último reducto de la nada

es por eso la noche una tierna placenta
y la oscura memoria se olvida de la muerte
(aún la noche pequeña del sepulcro
mantiene un silencioso rescoldo de penumbra)

desde entonces
te busco entre mi noche
cuando la luz se esconde en la pupila

peregrino
sin más constelación
que mi propia ceguera

En su libro TREN SIN RETORNO, el tópico central es el viaje, el tránsito por los sueños, por los recuerdos, por la historia y la literatura. Además, de que continúa la reflexión iniciada en puerta de los ciegos. Un poema paradigmático es "Letanías de las virtudes teologales"

(Amor)

Cicatriz de la más honda herida,
Tatuaje de mis sueños,
Laberinto indeleble de la sangre

Muéreme de la muerte.

(Esperanza)

Hiedra en el arbusto de los sentimientos,
Enredadera clavada entre la savia,
parásita de las neuronas

Sálvame de la muerte.

(Fe)

Crepúsculo interior sin horizonte,
Oscurísima noche,
Certeza más dudosa que la muerte

Muérete con mi muerte

Fe, Esperanza, Caridad,

sálvenme de la muerte
muéranme de la muerte
muéranse con mi muerte. Amén.

La poesía de Carlos Bonilla, como la de su generación, muestra un compromiso con la transformación del ser humano por medio de la palabra. Es una poesía de carácter combativo que busca respuestas a las preguntas del ser, del tiempo, de la historia. El poeta cree aún en las utopías, aún tiene fe, esperanza, en que pequeños actos de amor transforman al mundo. No tiene el sarcasmo, ni la ironía de los poetas de la primera transvanguardia, quien en un gesto cínico se ríen de sí mismos, o ahogan su amargura en los bares y prostíbulos de San José. 



Manifiesto del Movimiento Poético Incelario Contra el canon post-patriarcal

Nosotros, los poetas incelarios, declaramos agotada la poesía de la reconciliación sentimental. Rechazamos la lírica del consenso, la emoció...