miércoles, 22 de enero de 2020

LA FRAGILIDAD DEL CUCHILLO DE COCINA



Reciente es la herida de mujer que llevo
a los sitios más remotos de la casa.
Apenas sangra se la muestro a las visitas,
a la gata que me lame la aspereza.

Voy por el mundo con mi llaga,
            a pecho abierto llego a las casas,
                        al regazo de los parques.
            Tiene un gusto a mar en calma,
a uno que dice nunca, quizás, quién sabe.
            Está amarilla como un girasol,
amarillo que agoniza.

Con un bozal y una cuerda,
            la saco a pasear en Navidad.
            en Pascua le enciendo una vela blanca
y una vela azul,
y otra que no es blanca ni violeta.

Es una herida nueva,
tiene la fragilidad de un cuchillo de cocina,
la tierna expresión de una coartada.

Salgo con ella los domingos.
            Tiene que lucir su sangre verde,
                        su magnitud de pus,
mostrar sus modales en la mesa,
            sonreírle a mí y a mis amigos.

Es reciente la herida que llevo
            a los rincones de la casa.
Qué bien domesticada –dicen unos –
qué perfectas maneras,
y qué graciosa.

de Corriente Subterránea (2012)

EPÍSTOLA DEL DESTERRADO


Estimado amigo:
Sabrá que no he puesto la pluma en remojo, aunque el invierno se colgó de una osamenta, le cuento que los señores de la ley han acertado en que el vómito de un muchacho da asco a estas alturas, mientras la tristeza o la soledad gotean de la ropa tendida en el patio. Por si fuera poco, la amargura ha trazado el humo de mi último cigarrillo, y en el café de siempre ya no me fían un par de tostadas.
Por otro lado, he debido hacerme un horario para que los minutos dejen de burlarse de aquella Metáfora, en que los pescaditos de oro medallaban su hasta entonces. También le cuento, que a pesar de encontrarme tan resentido los lunes, escribo un ensayo sobre la marea baja  y un monólogo donde autorizo a que el viento me despeine.
Además, ya no busco al Che en esas elegías llenas de mandrágoras, sino que me la paso mirando a las muchachas y haciendo poemas de amor, donde lo único que me resta, es aprender a rimar un vidrio roto y el hielo de un trago a medianoche.


de Fragmentos Fantasmas (2000)

La doncella es virgen


LA DONCELLA CONOCE

los pasadizos que dan a las manos.
Sabe de memoria el rito,
mas nunca atraviesa el cerrojo.

La doncella es virgen,
y también la luz de una celosía intocada,
por eso,
la sierpe se muerde la cola
y el corazón aúlla sobre sus cuatro patas.

El alma de la doncella es un mendigo,
ocultándose
en una tiniebla ácida:
harapos bajo una piel blanca y jugosa.

En el alma de la doncella,
los pájaros abisman el tacto,
y el pico de sus alas
segregan un caos.

La doncella es la bestia o el demonio,
el traidor que vomita sobre el puente.   

Por eso, la doncella fálica no comprende
¿por qué el zumo de la lengua es una soga,
y el aliento, un arcángel suspenso
entre dos oscuridades?


de Entre dos oscuridades (1996)

martes, 11 de junio de 2019

Otra vez el juego. Otra vez la vida: La madurez de una poeta que regresa.




La poesía es un acto discursivo en interacción continua con la cultura en que se encuentra inmersa; procesos políticos, religiosos, sociales, literarios permean la creación poética para plasmar en ella modos de vida de los individuos según el momento histórico y la sociedad (Lujano-Valenzuela, 2014, p.44). La poesía de Jenny Álvarez ha crecido y  madurado en un universo bipolar, donde la concepción del hombre y de la mujer está bien establecido por un conjunto de roles. El poemario recoge poemas que van desde la experiencia personal hasta la memoria, y en algunos, hace un sentido homenaje a los amigos, aquellos que la han acompañado en el juego y en la vida. La poeta nos lleva por su mundo íntimo, por sus viajes y sus recuerdos.  La poesía de Álvarez no es una poesía escandalosa ni un panfleto feminista, no necesita afirmarse más allá de la experiencia personal. Decía Simone de Beauvoir que el día que una mujer pueda no amar con su debilidad sino con su fuerza, no escapar de sí misma sino encontrarse, no humillarse sino afirmarse, ese día el amor será para ella, como para el hombre, fuente de vida y no un peligro mortal. Y esto es lo que se encuentra el libro Otra vez el juego. Otra vez la vida, una afirmación del ser y de la vida.
            Luis Emilio Echeverri nos dice que Jenny nos es una transeúnte callada a pesar de los nombres que prefiere mantener en su anonimato; también que su poesía canta con voz andaluza y con ribetes de maderas amerindias, punteo de cuerdas mediterráneas y cañas de zampoña, pues su palabra es poderosa y desnuda de eufemismos. Ella celebra toda la maravilla de la vida: la amistad, el milagro de la mujer madre, el amante que escapa y el amante que regresa. Aunque se enmascara con el disfraz de la mujer víctima martirizada en su eterna vigilia,  esperando a un posible Ulises. En este nuevo libro, el lector se halla frente a un proceso de afirmación, más que liberación, porque Jenny Álvarez es una poeta-amante liberada de las ataduras que históricamente la sociedad le ha exigido al género femenino.
            Otra vez el juego. Otra vez la vida es un texto que se mueve en dos ámbitos: el juego y la vida. El juego, en todas las especies, supone un proceso de dominación del propio cuerpo y del entorno: una forma de reconocimiento de las habilidades propias y del dominio corporal;  es un modo de cognición, una de las herramientas para diferenciar situaciones reales de imaginarias (Gómez Ponce, 2013: p. 139-140) La vida está vinculada a la capacidad de un ser físico de administrar sus recursos internos para adaptarse a los cambios que se producen en su medio. Entonces, se puede afirmar que poemario de Jenny nos habla del juego de la vida o de la vida puesta en juego. La poeta se  monta en un viaje para describirnos poéticamente sus recuerdos y experiencias, con sus altas y sus bajas, con sus conflictos y su paz pactada, se atreve a decir :
Otra vez de subida, corazón,
nos vamos de subida
a atrapar el horizonte,
de subida para llenar el átomo vacío,
con el mismo caos de las manos.
Subida
            El viaje se resume en la búsqueda de la verdad, de la paz, de la inmortalidad, en la búsqueda y descubrimiento de un centro espiritual. En Otra vez el juego. Otra vez la vida es un tránsito de afirmación de lo femenino. Pues la noción de 'hombre' como representación universal del género humano somete a lo femenino, lo oculta. Al construir un genérico femenino a partir de lo que Foucault llama 'enrarecimiento de los sujetos que hablan' se logra un medio de acceso al control de los discursos. El feminista es diferenciado para producir un nuevo efecto de sentido, las mujeres lo construyen como sujetos fundadores del significado a partir de su experiencia originaria (Lujano-Valenzuela, 2014, p.45).  En la poesía hay una constante afirmación de su ser:
Pero he decidido seguir en caída libre,
con mis cabos sueltos y mis tropiezos,
en caída libre,
tras el salto de cada día
y todo el peso de mis aspiraciones.
Caída libre

Yo voy en una balada convaleciente,
rozando mis ángeles;
con tu tiro de gracia y mi llama insobornable.
Cuando pierda el juicio

Echaré mi corazón al viento y talvez se multiplique
Entre nubes y arenas…
Reloj sin manecillas

La conocida frase de Simone de Beauvoir: “No se nace mujer, se llega a serlo” cobra un sentido renovado a la luz de los conceptos de Deleuze, para quien 'hombre' es una construcción cerrada, y el devenir 'mujer' implica ir más allá de sí mismo para convertirse en otro. Independientemente del sexo biológico con que se nazca, devenir mujer comenzará cuando se rompan las líneas duras del ser mujer-para el patriarcado. Todos los devenires son minoritarios y cada individuo puede desarrollarlos de un modo particular conforme a sus posibilidades y experiencias (Lujano-Valenzuela,2014, p.45). De este modo, Jenny Álvarez se define como una mujer amante, amiga, compañera, una igual entre los hombres que buscan la satisfacción del deseo y de amor. En sus poemas, los amantes nunca permanecen ni la amada permanece, pues en el juego de la vida nada es lo que es, y nada será lo que fue y el amor es un instante. De allí, que aluda constantemente a la memoria y al recuerdo:
Este sol es nuestro,
por más breve que sea
el instante de su llama.
Este sol es nuestro

Para habitar este momento
viviendo este puño de carne,
que busca algo más que carne.
A manos llenas

            A pesar de que el concepto de mujer es un devenir y cada hombre puede desarrollarlo a placer por ser una construcción abierta. La poeta se describe en función de su contraparte masculino, el yo seré para alguien se confronta con el yo seré para mí. En este ambivalencia entre el ser y desear se desarrolla Otra vez la vida. Otra vez el juego.
…que yo siempre seré tu muchacha oscura,
con una palabra rabiosa en los labios,
peleándome el instante,
para quedarme con algo del botín,
después de la aventura.
Después de la aventura

De aquel día queda el fruto de tu mano
a la orilla del mar,
el conjuro del tiempo,
haciendo reclamos y protestas
con sus restos de olvido.
La última tortuga gigante

            El héroe simboliza la unión de las fuerzas terrenas y celestes, el impulso evolutivo, la situación conflictiva de la psique humana, por el combate contra los monstruos de la perversión, pero no goza de la inmortalidad aunque mantenga un poder sobrenatural. El héroe se adorna con los atributos del sol, cuya luz y  cuyo calor triunfan sobre las tinieblas y el frío de la muerte (Chevalier, 1963: p. 558-560) El héroe de Jenny Álvarez es el hombre masculino por excelencia, cuyos atributos son el valor, la firmeza, el coraje o la valentía. Este es una unidad indivisible, dotada de alma y espíritu, cuya mente funciona de manera racional: tiene conciencia de sí mismo, capacidad para reflexionar sobre su propia existencia, sobre su pasado, su presente, y sobre aquello que proyecta en su futuro, así como para discernir entre aquello que en una escala de valores se le presenta como lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto, o lo justo y lo injusto.
Te has caído y regresas
y vuelves a inventar la fe,
el grano, una guitarra,
y un abrigo fiel para las noches.
Héroe contrariado

Sigan, sigan, soplando los dados
Apuntándole al blanco de las noches,
Con todo el cuerpo y el carnaval.
Sigan

           
            La poesía de Jenny es poderosamente femenina, no un panfleto feminista. En su libro Otra vez el juego. Otra vez la vida. El lector encontrará poemas magníficos como “La última tortuga gigante”, “Como una salamandra”, “Sigan” o “Reloj sin manecillas”. La poeta explora los tópicos del amor, de la amistad, la política, el abandono, la afirmación del ser femenino. Y como señala Mainor González Calvo, esboza su intimidad de forma sincera, no con el fin de emular el deseo sexual del varón, sino para desdoblabar sus fibras interiores, para crear un espacio donde desahogarse de la soledad, del desamor y de la sociedad que impone estereotipos y modelos de familia. Leer este poemario ha sido mirar a través del espejo femenino, a través de sus ansias y recuerdos, triunfos y fracasos. Jenny Álvarez se muestra como una poeta madura, con una profunda capacidad para expresarse de forma poética. Solo me resta saludar al libro Otra vez el juego. Otra vez la vida. Y espero que Jenny no nos haga esperar otros veinticuatro años para poder volver a leerla.



jueves, 29 de marzo de 2018

Nimbostratos o la poesía como liturgia


…la «modernidad» presuponía que el arte era progresivo y, por consiguiente, que el estilo de hoy era superior al de ayer...
Erick Hobsbawm

Mateo Desolá (1987) Nacido en Cartago. Fue integrante del taller “Del poema a la arquitectura del poemario” y del taller de poesía “Antitaller-anti”. Actualmente, pertenece al  taller literario “Luna Roja”. Nimbostratos (2017) es un primer libro de poesía.

           
            Nimbostratos es un libro rebelde y salvaje, trabajado con el esmero de un artesano. A pesar de ser la opera prima de Mateo Desolá, es un texto que se ha sido escrito con la certeza de que no pasará desapercibido por el público lector. El poeta se ha jugado el todo por el todo, y en su afán por el riesgo ha salido victorioso. Leerlo es aventurarse por un mundo de sueño y pesadilla. Sus personajes nos abruman o nos enternecen. Su dicción, a veces caótica, semeja una sinfonía dodecafónica. Mateo Desolá ha recuperado todo aquello que hemos perdido con la poesía de la experiencia, con el confesionalismo burgués, con el bukowskismo de aldea. Nos revela un mundo que oscila entre la belleza del horror y el horror de la belleza. Y nosotros como lectores nos arrojamos a la paradoja como a las aguas turbias de la memoria.
            Nimbostratos está dividido en cuatro partes: la primera antecedida por un epígrafe de Sören Kierkegaard; la segunda, por uno de Álvaro Mutis; la tercera, por uno de Galway Kinnell; la última, por uno de Stephen Crane. A Kierkegaard se le considera el padre del existencialismo por centrar su filosofía en el individuo y la subjetividad, en la libertad y la responsabilidad, en la desesperación y la angustia. Mutis es un poeta y narrador colombiano y en sus obras predominan los temas del deterioro y la desesperanza. Kinnell fue un poeta estadounidense, su poesía crea una exploración misteriosa  y surrealista de los horrores que las armas atómicas infligen a la humanidad y la naturaleza; Stephen Crane fue un escritor y periodista estadounidense. La poesía de Crane ahonda en la pérdida de la fe en  Dios, que parece haber abandonado al hombre en las manos de un destino que se torna incierto y cruel, y del que resulta prácticamente imposible poder escapar. La vida es un juego completamente absurdo. En sus versos aparece constantemente una doble dualidad: el bien y el mal, el cuerpo y el espíritu, lo terrenal y lo celestial. A partir de estas fuentes que nos facilita Mateo Desolá,  construye su poética.
            La poesía de Nimbostratos se distingue por el retorno a las técnicas vanguardistas: la simultaneidad y la yuxtaposición de imágenes, la irracionalidad que expresa las contradicciones del sujeto, la creación de neologismos o jintanjáforas, el juego constantemente con el símbolo. Esta vuelta al vanguardismo surge de la necesidad de explorar los caminos ya explorados, de reactualizar lo viejo, de separarse de las corrientes dominantes en la poesía costarricense, a saber la “Nueva sentimentalidad” y el realismo crítico. Los poemas de Mateo Desolá hunden sus raíces en diversas tradiciones, se apropia de ellas y la mezcla con el tiempo y el entorno que le toca vivir al poeta. Es una poesía signada por el rito y transgresión. Un tono de liturgia  recorre todo el poemario, un tono antirreligioso, como ocurre con el poema que abre el libro:

Introducción a los nimbostratos

Hay una liturgia en todo lo que hago.
Hay un sacrificio, una muerte y una resurrección.

Una oración, un ruego, un canto,
en todo lo que hago.

Hay
dentro de mí
un templo sin feligresía,
un atrio en llamas,
un sagrario enmohecido
y un confesionario oscuro, oscuro,
donde me escondo
para no ser devorado.

La liturgia es el conjunto de signos y símbolos con los que la Iglesia rinde culto a Dios y se santifica. Todas las acciones litúrgicas: oración, sacramentos están dirigidas, por tanto, a dar culto a Dios Padre, por medio de Jesucristo, en el Espíritu Santo, y a la santificación de cada uno de los fieles que forman esta Iglesia de Cristo. La liturgia es, pues, el servicio que el hombre da a Dios, porque Él se lo merece. Y trae aparejada nuestra propia santificación, es decir, gracias a la liturgia nosotros nos vamos santificando, purificando, pues quien entra en contacto con Dios, recibe ese fuego divino que calienta, purifica y perfecciona. “Introducción a los nimbostratos” nos habla de esta liturgia, pero no es una liturgia de símbolos externos, sino un rito que se realiza en el interior del poeta. Esta liturgia nos presenta el universo de lo íntimo religioso, y en él el poeta se esconde de sus propios demonios. Pero, Nimbostratos no es solo el poema como liturgia, sino la utilización de recursos del vanguardismo y temas del realismo sucio como en el poema “Patética (Obertura – scherzo)”:
Ultra intravenosa de glucosa,
ultra glucosa intravenosa,
ultraglucovenosa.

Recuerdo que me gustaba la leche condensada con Coca.
Era lo mejor,
no importa lo que digan los adictos a la heroína.
Recuerdo a mi mamá buceando en las menudencias de una tienda de ropa americana,
en busca de un suéter para ir al colegio.
Escogí uno muy estirado con un par de huequitos en cada manga,
los cuales agrandé para meter mis pulgares y cubrir mis manos los días que hacía frío, cuando el viento era el único que pasaba furibundo,
por los pabellones del San Luis.
El poema nos muestra la adolescencia cartaginesa en una familia de clase media, la experimentación con las drogas, la búsqueda de una identidad que huye solitaria. Y el recurso la jintanjáfora, es decir, una manifestación poética creada a base de palabras, o expresiones inventadas y carentes de significado, generalmente se crean a partir de la musicalidad, y la sonoridad de los fonemas, cobrando sentido y significado dentro del poema. Resulta interesante demostrar que la mayoría de las expresiones utilizadas en la jitanjáfora están asociadas a la infancia; y aunque no son exclusivamente para niños, suelen gustar a los más pequeños, precisamente por su aspecto musical. Pero el poemario no se agota en juegos lexemáticos, como el poema “K es inocente”:
un zanate pica el hígado
para hacer un nido
y criar calambres que crecerán
hasta convertirse en raíces,
y            más               tarde,
en árbolespoema
deshojándose en anhedonial,
etc.
            El poeta toma los mitos clásicos y los modifica según su visión poética. El mito es un tipo de creación literaria primitivo-popular que trata de explicar por un camino pseudo-científico y pseudo-religioso ciertos fenómenos de la naturaleza mediante narraciones inverosímiles. El mito poético se relaciona con la imagen del poeta sacerdote, el poema como liturgia. La poesía de Mateo Desolá recoge diferentes tradiciones, como ocurre con el poema “Salmo”:
1.
En el templo exaltaba tu nombre, Cimoná.
Les hablaba de ti a mis amigos.
En la asamblea de las brumas
te llamaba,
gritaba tu nombre,

mientras te adentrabas
a una cueva
de donde salía humo

-Autodeicidio-

Un salmo es un poema religioso cuya finalidad es venerar a Dios. Normalmente estos poemas se convierten en cantos y forman parte de la liturgia en las iglesias. Los salmos de Mateo Desolá no tienen la función de alabar a Dios, sino que buscan desacralizar el mito. El Dios de Desolá es una diosa que desaparece tras el humo.  Esta deidad femenina se adentra en la cueva. La cueva se halla en el interior de la tierra: es oscura. Entrar en ella implica abandonar la claridad de la vida corriente (de la mente habitual) para adentrarnos en lo desconocido de nosotros mismos (inconsciente, emociones latentes o reprimidas, pensamiento automático, traumas, energías internas que generalmente pasamos por alto, temores, etc). Nos importa ante todo el simbolismo, y desde este punto de vista no es de extrañar que las iniciaciones antiguas (prehistóricas y/o mitológicas) se realicen en el interior de cuevas, cavernas o antros. Entrar en la cueva equivale simbólicamente a entrar en la parte oscura de uno mismo, o incluso darse cuenta (siguiendo a Platón) que hasta ahora uno en realidad ha vivido de manera bastante caótica en un mundo de sombras. La belleza y complejidad de Nimbostratos surge de la necesidad de recuperar los símbolos en su sentido místico.
Nimbostratos

Anuncian el arribo de la lluvia
Impiden el paso de la luz
Trasiegan con aquello
que no se permite
la misericordia del olvido.
      
Nimbostratos,
Cementerios aéreos donde yacen las ilusiones de todos los soñadores
tumbas mohosas
con enredaderas
enfermas de vitíligo.

Prados de cenizas de ojos sin color,
de cigarros sostenidos en dedos ansiosos,
temblorosos, de hipertenso.

Octava plaga que expande su sombra
por calles y aceras
para hurtar
un pedazo de suspiro,
un diente de león,
esperanza,
a todos nosotros.

Palomas sucias. Lágrimas evaporadas.
Arrugas del papel aluminio
que envuelven deseos
de joven empleado al mediodía
ilusionado con futuros mejores
que no llegarán.

En las esquinas, ustedes transforman hedores de orines
en gitanas místicas,
que hacen su danza del vientre en lo alto,
oleando con su música.
Oh música de susurros
-plegarias en bancas-.
nimbos en los templos
nimbos en las aceras
nimbos en habitaciones
nimbos en todas partes

Velos de luto de mujeres
arrodilladas
ante cenotafios
hechos de crisantemos chamuscados.

Rostros opacos de nata,
de una taza de chocolate
preparada por tu mamá
cuando tenías siete
y algo de esperanza.

Sacos amnióticos que se rompen para regar decepción
sobre estas manos áridas.

Ustedes, que viajan lento en hordas grises,
con pelajes de coyotes desnutridos, 
se esfuman
una tarde
después del aguacero
para simbolizar
el tránsito rápido y triste
de una vida.
       
Los nimbostratos -son los suspiros empañados en la ventana-,
los recuerdos,
los sueños inconclusos
que siempre huelen a libros olvidados
en alguna biblioteca de roble.


            El último poema se titula igual que el libro. En él, los nimbostratos recuerdan que el papel de la nube productora de lluvia se entiende en relación con la manifestación de la actividad celeste. Su simbolismo se refiere al de todas las fuentes de fecundidad: lluvia material, revelaciones proféticas, teofanías. Las nubes en las creencias órficas se vinculan con el símbolo del agua y, en las fuentes. La nube es el símbolo de la metamorfosis vista, no en sus términos, sino en su propio devenir. Estos nimbostratos vienen a simbolizar la vida o las diversas vidas que mira el poeta a su alrededor. En primera instancia, los nimbostratos bloquean la luz solar, que es expresión de la potencia celeste, del temor y de la esperanza humana; si desaparece, desaparece la vida. A continuación, el poeta los describe como cementerios aéreos y tumbas mohosas, es decir, los espacios simbólicos de la metamorfosis; como “prados de ceniza”, como la octava plaga, es decir, la de las langostas. Y el poema continua con las comparaciones: “palomas sucias”, “lágrimas evaporadas”, “arrugas de papel aluminio”, “música de susurros”, “velos de luto de mujeres”, “rostros opacos de nata”, “sacos amnióticos”, “sueños, suspiros, recuerdos”, crean una simultaneidad de estratos que convergen en la metáfora de los nimbos. Nos revelan un universo de desilusión, acabamiento, muerte y olvido.
            El mundo poético de Mateo Desolá es una región donde acampa la desesperanza, la tristeza, la oscuridad. No es el paraíso feliz de los académicos burgueses. Desolá escarba en la realidad, y descubre lo monstruoso, personajes que viven en las fronteras de la moral y de lo políticamente correcto, el absurdo de vivir la rutina de diaria. Por eso, tienen que tensar el lenguaje, lanzar el poema como una flecha venenosa que penetre el corazón y la conciencia. Leerlo es acercarse a otro lenguaje, no la simplicidad urbana, pero tampoco la criptografía mitológica o culturalista. Es hallar la encrucijada donde los lenguajes se enfrentan, se muerden, se desgarran.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

DECÁLOGO DEL POETA MEDIOCRE


1. Escribir de cosas hermosas no hace bueno un poema
Las rosas y las joyas, estamos de acuerdo, son hermosas. Pero incluirlas en un poema no lo hace mejor. Un poema que trate de la muerte, de la locura o de la fealdad puede ser magnífico, porque la belleza de un poema estriba en cómo se hace y en lo que logra conmover, no en su asunto.
2. El sentimentalismo no es poesía
Uno de los errores al escribir poesía es abusar del sentimentalismo. El sentimentalismo abusa de la emoción, convirtiéndola en excesiva o falsa. Pero, ¿cuál es entonces la cantidad de emoción que debe insuflarse en un poema? Sencillo: la justa para lograr que el lector capte de forma genuina la emoción que el poeta quería transmitir, sin ser forzado por el propio poema.
3. El lenguaje arcaizante no es poético
Sí, los grandes poetas escribían “vos”, “ventalle”, “agora”… pero vivían en tiempos en que ésta era una forma normal de escritura. Si hubieran vivido en el siglo XXI, usarían el lenguaje del siglo XXI. Por tanto, no es recomendable forzar el lenguaje en un intento de hacerlo más poético.
4. Los clichés restan expresividad al poema
Los clichés son frases que se han utilizado tantas veces que han perdido toda su frescura. Al decir “dulce como el azúcar,” la comparación “como el azúcar” supone una pérdida de palabras. No proporciona ninguna información adicional y no ofrece una nueva perspectiva de la dulzura, porque ya hemos oído esa expresión miles de veces. Además da al lector la impresión de que el poeta no tiene nada original que decir. Por eso, para evitar errores al escribir poesía, en lugar de utilizar frases hechas, busquemos las palabras que expresan las cualidades únicas de nuestro tema
5. Comienza, abusa o se centra en algún adverbio dubitativo
Es la forma más facilista que apela al efectismo de lo subjetivo. Cuando no se tiene habilidad ni conocimiento para definir a través del dominio del lenguaje, o de las maneras del decir, el “objeto” del poema, existe una inclinación natural a “indefinir” el texto: quizá(s), acaso, probablemente, posiblemente, seguramente, tal vez, sin duda, puede, puede ser, a lo mejor, quién sabe.
6. Cacofonía reiterada
Esto es la mayoría de las veces el sello innegable que delata a un poema que no tiene valor poético alguno, y es fácilmente reconocible. Por un lado, destroza toda posibilidad de establecimiento del ritmo en un poema que quiere ser de verso libre, o denota la impericia del escritor cuando intenta construir un poema usando alguna estructura formal. Ejemplo de cacofonía son las siguientes frases:
Cuando la explosión terminó no hubo más que confusión.
Mientras tras bambalinas había un ruido de bailarinas.
Cuando estuviste, viste el estadio.
En la foto parece que aparece un fantasma.
Tres tristes tigres.
Mauricio escribió la canción, con todo su corazón, porque es su pasión.
Dice Carlos, que dice su mamá, que le dijo Lupita, un dicho que dice así.
7. Que defina una fórmula métrica y la traicione
La mayoría de los poetas novatos, sin lectura, sin disciplina y, por último, sin talento, suelen aventurarse escribiendo poemas bajo algún esquema métrico conocido, o más fácilmente, a través de la rima en la poesía. Así, establecen un marco sobre alguna fórmula métrica que no pueden respetar en el resto del poema. O que escogen escribir en la forma del verso libre, porque lisa y llanamente, encuentran “difícil” escribir algún poema a través de una forma métrica más o menos conocida. La verdad es, que un poeta que no pueda escribir, por ejemplo, un soneto clásico con cierta soltura, será casi imposible que puede descubrir y plasmar en la forma del Verso Libre, un texto de algún mínimo valor poético.
8. Fractura rítmica que se presente ya en los dos o tres primeros versos
Es cierto que el ritmo en el verso libre es un fenómeno complejo donde no existen fórmulas, pero cualquiera que tenga suficiente lectura podrá reconocer el ritmo que el poeta instaura a partir de los primeros versos, y la relación que este ritmo establece con la totalidad del poema. La mayoría de las veces, los iniciados, o los poetas de fin de semana no logran cruzar este umbral transformando sus obras en textos insufribles, tediosos, cursis, y lastimeros. Si el poeta no es capaz de lograr una comunión con el ritmo necesario que sostenga el corpus del texto en los primeros versos, no va a lograrlo en el resto del poema, y no vale la pena, para ningún lector asiduo a la poesía, continuar leyendo.
9. Deficiencias acumuladas en los textos poéticos
Ahora bien, existen muchos otros niveles de apreciación que valorizan a una obra poética, que suelen ser muchísimo más complejos y que no son el tema de este breve artículo, que solo ha enunciado el 1% del valor que debiese tener un buen poema. Pero, si ya es grave caer en alguna de estas muletillas que nos permiten reconocer de inmediato un poema de poco valor, la suma de dos, tres, o más, o la reiteración de las mismas, francamente sepultan toda posibilidad de que un texto pueda considerarse como poético. Ahora bien, un texto con estas características tienen el valor de representar ciertos estados de ánimo, o sentimientos de su autor, y como tal, serán valorados en señal de afecto por quienes tienen establecidos ciertos lazos de afecto, pero de ahí a que esta condición avale per se un texto como poético, no tiene nada que ver.
10. El poeta mediocre sobredimensiona las críticas
Una es la sobre reacción a las críticas al interpretarlas como una especie de ataque personal, sazonada con la carencia de lectura, y la nula capacidad de dialogo con respecto al fenómeno de la poesía y la literatura. Lo otro, es la recurrente practica de escribir los llamados poemas sueltos, la mayoría de las veces de temática mal llamada romántica o amorosa, incapaces de elaboraciones donde la suma de textos persigan una unicidad más o menos reconocible.

En fin, sin ánimo de crítica a nuestro medio, creo que esto ayudará a gestar ciertas definiciones necesarias, respecto a lo que no tenemos ni vamos a tener ni en el corto ni en el mediano plazo, y del porqué la poesía es ajena a las grandes mayorías, que no es fundamentalmente por problemas de apoyo estatal, ni por la desidia de las editoriales, sino, mayoritariamente, porque quienes publican y se dedican a escribir poesía, son francamente malos escritores, y escriben textos aberrantes, aburridos, sin ninguna originalidad, ni talento. Lo que uno debe hacer, cuando se encuentra con un poema que cumpla con estas características aquí enunciadas, o abuse de ellas, es alejarse de ellos y de sus autores lo más lejos posible. Y no volver a leer nada que se asocie a ese autor: el deber de reivindicarse pertenece a ese autor, y no a nuestra paciencia, que suele ser limitada



sábado, 8 de julio de 2017

Acerca de Posesiones de Lorena Vargas Mora


La poesía de Lorena Vargas Mora es una poesía concisa, sencilla, evocadora, capaz de atrapar el instante y la memoria. En ella, nos habla el recuerdo, el deseo, el amor, la nostalgia, nos hablan los sentidos, las pulsiones: Eros y Tánatos. La poesía es un acto de poseer y ser poseído por la palabra, por la imagen. Posesiones es un viaje y una historia, es un libro que nos cuenta y poetiza lo contado. La realidad y el símbolo conviven en un perfecto equilibrio que jamás se rompe, ni siquiera en los momentos más dolorosos. Vargas Mora es una poeta clásica y a la vez moderna, mezcla lo que hay que mezclar con la delicadeza de una artesana, con la habilidad de una cirujana. La poesía que nos entrega ha sido trabajada con eficacia y eficiencia, nunca una palabra de más, nunca una palabra de menos.
            Posesiones es un libro divido en siete partes: “Exordio”, “Poemas verdaderos”, “Reportamiento de una historia”, “Poemas Oniromantes”, “Poemas Pasionales”, “Poemas de viajes” y “Poemas Resolutivos”. Cada segmento del poemario desarrolla los temas que han calado en el corazón y la mente de la poeta. El exordio reposa mucho en la alusión: la poeta evoca a grandes rasgos el marco de la temática a tratar o las circunstancias que la rodean. Presenta brevemente algunos puntos-clave, en favor de la posición a la que se está orientado a defender. Intenta hacer comprender al auditorio que no saben todo sobre el tema que se va a desarrollar, y que por lo tanto es mejor tener una posición prudente y expectante; a veces es mejor sugerir o insinuar que afirmar. La poeta debe ser tan breve, concisa, y clara, como pueda, y es recomendable en este preámbulo usar pocas imágenes o figuras de estilo. De esta manera, el primer poema nos dice:
            Bailar no es solo bailar,
            bailar es bailar,
            la danza antigua
            adherida a los músculos.
            En este primer poema, existe una declaración acerca de la poesía como música, movimiento y sentimiento. La concisión del texto nos obliga a tener una posición prudente y expectante ante el libro. El lector tendrá que esperar a que la poeta le informe cuáles son los temas que la subyugan, aun cuando vislumbre cierta nostalgia, cierto afán por tocar las fibras más sensibles, aquello que está dentro de nosotros se mueve con ritmo y elegancia. En ··Poemas verdaderos” la poeta evoca el pasado, un pasado lleno de figuras anónimas, austeras y huidizas:
            I
Sangraba.
Extendió los brazos,
tenía las uñas enterradas,
hincadas las rodillas,
la voz como cristal hecho añicos.

            II
El secreto se desnudó en sus manos,
hizo un pañuelo
con las esquinas de su camisa…

            III
murmuraron los esclavos
danzando en la oscuridad
al son de unos chispazos rojos.

            VIII
Gente de la lluvia
ángeles extraviados
que se prenden a los rótulos
y sueñan con la nada.

            En “Poemas oniromantes”, la poeta explora el sueño y las alucinaciones.
I
El monstruo de los sueños
tenía las pupilas claras.

III
La columna se encorva
dejando ver la rendija amarillenta
que alumbra la piel blanca
las curvas menguantes

V
Un arcángel viejo
apaciguó la venganza
honor de una espada
púrpura encendida,
cielo robado.

            La realidad cobra vida en estos poemas que aluden a los sueños, las pesadillas, las ensoñaciones. La poeta nos muestra un mundo que se alarga, se achica, se distorsiona a través de los sentidos. La realidad ya no es clara ni segura, se va deformando en imágenes de carácter surrealista. En “Poemas pasionales” el deseo, el amor, la lujuria, el cuerpo que posee y el cuerpo poseído son los ejes que le dan forman a esta parte del poemario. De modo, que escuchamos a la poeta decir:

12
Deseo más tu cuerpo.
Avanzo por las aceras,
camino con las piernas abiertas,
todavía huelo el semen,
no me quejo,
es un buen día.

            El amor carnal le da sentido a la vida, tanto como el amor romántico. La poeta no siente culpa de entregarse al amado, de ser amante y amada. Describe la sensación del encuentro amoroso, y no tiene pelos en la lengua para cantar la dicha, la alegría del sexo. En “Poemas de viajes”, las ciudades se tornan en los tópicos centrales, la experiencia de la poeta en cada ciudad se convierte en poema, de manera que leemos la impresión que le causa Nueva York, Madrid, Barcelona, París, Viena, México, San José. Las ciudades-símbolo conforman el andamiaje de esta sección del poemario:
2
Es domingo en Nueva York,
la lluvia se ha ido
y el sol toma asiento con discreción…

5
y allá, a lo lejos,
se extiende antaño escoria y limo
la comarca de Mío Cid…

7
El Sena es un río
y dos ángeles gordos
y simuladores
descansan arrodillados
en mi silla…

            La ciudad mítica y desmitificada se construye en forma paralela en estos poemas. En ellas, la poeta experimenta el horror y el asombro, la belleza y la locura. Regresa sobre los pasos de los conquistadores hacia las profundidades de psique. El tránsito por la ciudad simbólica es descubrimiento y revelación. En la última parte titulada “Poemas resolutivos”, es un saldar de cuentas con la memoria, la familia, el amor. La poeta desnuda su alma y nos dice:
1

A los dieciséis años no se sabe más
aunque si lo suficiente
para sonreír cada día…

3
…expulso maldiciones
logro ver a mis ídolos yacer en pedacitos
por la carretera
y recibir la visita de mis muertos queridos…

10
Los papeles sueltos
son poemas viejos
jirones de historia,
letras mentirosas aturdidas.

            El poema final nos habla de la poesía como historia personal e irrepetible. Los papeles suelto que atraparon la música del cuerpo, ahora son poemas, y los poemas son fragmentos de una historia, que nos cuentan sobre sentimientos, deseos y añoranzas. Las letras nos mienten porque nos refieren a un tiempo y un universo que se ha disuelto en el aturdimiento. Esta perturbación física y psíquica que sufre la poeta tiene su origen en la recuperación de todos sus recuerdos, alegres y dolorosos.

            Posesiones es un libro cincelado con la destreza de una artista. En él nada sobra y nada falta. La poeta logra revelarnos una poesía concisa, eficaz y precisa; ha sido capaz de desnudar su alma y su espíritu, y mostrarnos la belleza y el horror, el amor y la lujuria, la vida y la muerte, en todo su esplendor. 

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