miércoles, 1 de abril de 2015

Lluvia ácida

No preguntes,
            no insistas,
                        no arañes el mundo o la nada.
Todos estamos bien, menos el aire,
menos el payaso que recita multitudes.

Aquí,
            sí, aquí,
                        te pusieron bocarriba,
te amordazaron el cigarro,
                        ardieron tus libros,
la música que tanto quisiste,
la que no gustó al criminal ni a la vedette.

            Pregunta,
                        insiste,
                                   araña el muro y la fosa,
el hoyo y la agujeta.
El aire está bien, los otros, no,
los otros muerden espumas y lamentos.

            Allá, muy lejos,
pones a rabiar a los  poetas,
            a las academias y a la noche,
te amarras las manos para que no se escapen...

Arriba, los otros abren un paraguas,
            arriba, 
                        más arriba,
te mojas los labios,
                        el pantalón,                            
la camisa.

De cierto que no estás en sitio alguno.

domingo, 29 de marzo de 2015

Doncella en desastre urbano

Lentamente, el día se mueve por la casa. Entra la luz en conserva y  mira la desnudez  en el espejo. La cortina respira polvo y en el taller mecánico los empleados miran Penthouse. El día se apresura a pasar por enfrente del taller, agarra sus libros y los estruja contra el pecho. Está hermoso, a pesar de la espuma del relleno y las cejas depiladas con destreza de cirujano. Se ve que hoy será su día, pues, lleva una miniseta ajustada y un jeans que modela el viento. Su figura nos recuerda otras marisquerías, otros restaurantes de fast food, otras sodas y otros cafetines. Nuestro día se topa con los top models del taller mecánico, quienes tienen las lenguas más pulcras de la ciudad, las mejor lavadas a presión y al vapor. Hoy, sin duda, será su día. Se lo dice el horóscopo, la radio a full, los pericos regresando del verano. El día está lindo de pies a cabeza, aromático y de axilas rasuradas. Limpio, como el primer día del mundo.

Ocho milímetros de fama

Estamos condenados al  éxodo fortuito,
a vernos partir y regresar como en el cine,
a blanquear nuestros dientes
con alquitrán y monóxido de carbono.

Condenados los unos a los otros,
por un desierto interminable,
por una hora que ahueca el ala,
el zapato,
las pantorrillas.
Así como así,
condenados
por usar cloro en el vodka,
por pequeños hurtos en el bosque del lobo.

Estamos como estamos,
con padres y hermanos.
botellas,
            almohadas,
                        paquidermos.

Condenados por la Censura,
a la forja de nuevos eclipses,
a la muy honorable junta de exiliados,

con palomas falsas y fósforos de seda.

viernes, 27 de marzo de 2015

Obscenamente en tierra

Crecí en un puerto,
mirando los barcos anclarse cerca de las estrellas
                                  y a los marineros estallar obscenamente en tierra.
     Adela Quirós

No conocí el mar hasta el verano,
crecí en un pueblo lluvioso,
en un infierno tropical,
con gallinas degolladas,
conejos desollados
y tepezcuintes fritos.

Me trajeron a una ciudad de risas y mendrugos,
y no vi un zopilote
hasta que la muerte bailó
sobre la ausencia de mi perro.
Para hallar las pistas de una encrucijada,
busquen un hervidero de ángeles,
un horizonte con una lámpara de pilas.

Ahora vierto el mar
sobre las máscaras,
el azul, sobre los trastos,
y la delicadeza, sobre una mesa sordomuda.
Las esperanzas pasaron por mi sueño,
pasaron años,
trompos,
lunas llenas.

Sostengo lo que soy con solo un dedo,
lo que no soy con tinta negra,
lo que pude ser con un papiro,
lo que podría ser con furia, asco y alegría.

Todo está, menos el mar.
A usted le dejo su gusto por la espuma,
la sal y la arena del reloj.

domingo, 1 de marzo de 2015

Epitafios inútiles en la obra de Cristian Alfredo Solera

La poesía de Cristian Alfredo Solera (1975) surge a finales de los años noventa con el libro Traficante de auroras (1999) después vendrán poemarios como Itinerario nocturno de tu voz (2000) Tú no sabes nada de la ausencia (2004) Ceniza (2005) La piel imaginada (2008) Criaturas imaginadas y otros poemas que mienten (2011) Poemas para no leer en tu funeral(2013)  Pertenece a lo que he venido a calificar como generación de transvanguardia, ese grupo de poetas nacidos entre 1970 y 1984, que inician sus carreras literarias en los años noventa y se consolidan en la primera y segunda década de este nuevo milenio. El concepto de transvanguardia supondría un complejo de movimientos estético-ideológicos que atraviesan la vanguardia y la postvanguardia, reutilizando las estrategias retóricas y discursivas de los sistemas estéticos anteriores. Pero no solo los penetra y desangra, sino que se mueve hacia la tradición angloamericana de preferencia, con la inclusión de otras tradiciones literarias como la china y japonesa, mediante su copia e imitación.
La práctica transvanguardista se asocia al momento anterior, que no ha abandonado el objeto artístico en pro de las nuevas tecnologías o del advenimiento a una apertura ilimitada del arte con la consiguiente muerte de las formas tradicionales.  La herencia artística de los setenta (principalmente conceptual), propone la reutilización del objeto desde distintas apuestas, que facilitan la inclusión de prácticas conceptuales. El término “transvanguardia” deviene de las artes a la poesía, marcando un sentimiento común por parte de un grupo de poetas, de clasificar un espacio de producción en el cual la Literatura encuentra un nuevo punto de fuga o quiebre con la tradición inmediatamente anterior.
Allí donde otros proponían unidad y coherencia, la transvanguardia propone multiplicidad, dispersión, colección e imprecisión, coexistencia pacífica, insisto, entre lo tradicional, el presente y las conquistas del futuro. La llamada moda retro es uno de sus productos más preciados. Descentramiento de algo que para el modernismo crítico era crucial: poner en cuestión el pasado para superarlo. Hoy parece ser que esta petición se ha archivado o cambiado por una posición acrítica casi atemporal y transhistórica.
            Sin embargo, la poesía de Cristian Alfredo Solera se encuentra dentro de la ideología estética del trascendentalismo. El trascendentalismo corresponde a una experiencia estética que busca la revelación de lo metafísico del ser humano, por medio del lenguaje poético, en medio de un mundo cada vez más desacralizado. Es conveniente aclarar que el uso del concepto "trascendental" no representa precisamente una preocupación metafísica u ontológica; ello sería adaptar la poesía a los valores y medios particulares de la filosofía. El concepto trascendental no parte en la poesía de la especulación, propia de la filosofía, sino de la vivencia trascendental conseguida a partir de la forma del poema para llegar al lector.
El trascendentalismo nace como movimiento literario en Costa Rica a partir de la publicación del Manifiesto Trascendentalista, en 1977. Sus autores Laureano Albán, Julieta Dobles, Carlos Francisco Monge y Ronald Bonilla concibieron una poética cuyo fin es ultraliterario: Incorporarse al ser, trascender la estructura literaria y convertir el poema en vivencia trascendental para llegar al lector.
Señala Ronald Campos en Breve noción estética e ideológica(2008):
 Desde mi poética y relectura del Manifiesto Trascendentalista, considero que la liberación de todo espacio interior se logra por medio de la poesía, por medio de la inevitable revelación alcanzada entre la intuición trascendental con que el poema acoge, desapercibida, la experiencia del otro y la liberación expresiva del lenguaje. En el lenguaje coloquial, la metáfora manifiesta una presencia constante. Esto se debe a que, en ocasiones, resulta imposible no usarla, porque la metáfora siempre obedece a la ineludible necesidad de expresar cuanto no posee equivalente en el lenguaje directo y conceptual.
            Después de toda esta explicación ¿Qué significa Epitafios inútiles en la obra de Cristián Alfredo Solera? La poesía de Solera hasta el momento debería dividirse en dos etapas muy claras: la primera formada por los libros Traficantes de aurorasItinerario nocturno de tu voz. En estos primeros libros gravita la influencia del trascendentalismo duro, es decir, el del uso la metáfora a ultranza, la riqueza de lenguaje y de imágenes puras, la adjetivación excesiva, y la presencia constante del yo lírico. Este hablante en primera persona singular permea la obra de Solera de manera constante,  por no decir, obsesiva.

Contemplo en tus brazos
lo acústico del sueño,
y hallo una herida
en la penumbra iluminada
de tus ojos.
Itinerario Nocturno de tu voz

            Una segunda etapa, lo constituyen libros como Tú no sabes nada de la ausencia, Ceniza, La piel que imaginada, Criaturas imaginadas y otros poemas que mienten, Poemas para no leer en tu funeral. En esta etapa, nos encontramos frente a un trascendentalismo light, es decir, se reduce el uso de las metáforas, y se le da énfasis a construcciones verbales. El poeta busca la sencillez en el lenguaje, para aproximarse a un público más amplio.

Qué es lo que me queda,
solamente hacerme una pregunta,
fumar un cigarrillo,
madrugar en tus manos
o empezar quizás desde el principio.
Tú no sabes nada de la ausencia

En esta etapa Cristian Alfredo Solera se acerca más a los presupuestos de la postvanguardia, es decir, una retórica de la cotidianidad, del uso de lenguaje coloquial, que busca generar un amplio espectro comunicacional. Además, apela a un énfasis individualista ligado con la experiencia cotidiana y el tópico amatorio. En un proceso de hibridación poética busca conciliar la estética trascendentalista de sus primeros libros con la estética conversacional.

Ayer quise escribirte un poema,
un verso descalzo que lo sorprenda todo,
una hoja en blanco en la que yo apenas subsisto.
La piel imaginada

Pienso en ti cuando jugamos a la nostalgia,
esperando ya ves
una señal en la mirada de los otros
que comienza a jugar como tontos
a la lucha libre y al sudor.
Poemas para no leer en tu funeral

En Epitafios Inútiles, Cristian Alfredo Solera, mantiene de forma obsesiva los tópicos y recursos de su poesía.  El libro está divido en dos partes: Epitafios y Caer. Un epitafio es un texto que honra a un difunto, la mayoría normalmente inscrito en una lápida o placa. Tradicionalmente un epitafio está escrito en verso, aunque hay excepciones. El nombre epitafio, epitaphium en latín, es compuesto de dos voces griegas epi, sobre, y taphos, tumba, es decir inscripción puesta sobre una tumba. Muchos son las citas de los textos santos, o aforismos. Muchos epitafios fueron escritos con algún refinamiento literario, por lo que constituyen un subgénero literario poético dentro del más general de la elegía o poema de lamento. El poema para Solera es un epitafio inútil, que no logra rescatar en toda su esencialidad esas figuras y esos fantasmas que rodean al poeta.

            En la I Parte Epitafios, Solera lamenta la ausencia de la figura paterna, la pérdida de la amada, el extravío de los actos cotidianos, de las costumbres y de las tradiciones familiares. El poeta nos muestra esa herida que lleva a cuestas, esos demonios que lo persiguen desde la infancia –paraíso perdido o infierno detestable—. El padre es un vacío  que no logran llenar las palabras del poema. La madre es una figura difusa o colérica. Ella es el alter ego del poeta, quien lo comprende y no lo comprende.  Por eso, el abandono, la separación, la huida, la desaparición, la privación, la carencia, la soledad, son temas constantes de una realidad fracturada.  O como dice el poeta:

Mejor no acabar este poema
por el que deberías mensualmente pagarme tributo,
después de todo papá
aún llevas tu ataúd a cuestas,
tu suerte de hombre dormido,
taciturno y condenado.
              De “Oración de la mañana”

            Por otra parte, el poeta “es un pequeño dios de lo inefable y lo posible”. Esta idea de un pequeño dios no tiene relación con la idea de un pequeño dios huidobreano. Pues hay en Cristian Alfredo Solera una necesidad de comunicación, de comunicación amorosa, como diría Vicente Aleixandre. La poesía es una profunda verdad comunicada. El poeta se comunica y esta comunicación es una verdad que nace de un corazón hacia otros corazones fraternos. El libro es ese vehículo-símbolo que contiene la realidad como un frasco de esencias, ideas y materias transformadas. En él construye la vida, la infancia, el amor, la muerte. Quizás por eso el poeta concluye este apartado con el poema “Libros”:

En esta soledad conservo
todos los libros que olvidé,
los que repartí armoniosamente
entre mis peores enemigos,
los que huyen como locos
hacia todas direcciones,
los que buscan un instante,
un instinto perenne
para ocultarse de las sombras.

            Esos libros no son dedicados a los amigos, sino a sus contrarios, aquellos que no encuentran un centro, un ethos, el equilibrio de un lenguaje claro y sencillo. El poeta habla de esos libros no escritos, que aún aguardan en su soledad, que sean escritos. Libros olvidados, construcciones de realidades, angustias y reclamos.
            En la II Parte Caer, es interesante el significado del infinitivo, pues significa  moverse de arriba abajo por la acción de su propio peso; perder el equilibrio hasta dar en tierra o cosa firme que lo detenga; desprenderse o separarse del lugar u objeto a que estaba adherida; venir impensadamente a encontrarse en alguna desgracia o peligro; dejar de ser, desaparecer; incurrir en algún error o ignorancia o en algún daño o peligro; desconsolarse, afligirse. En su forma de participio, el símbolo de la caída figura como metáfora de la culpa, del fracaso, o de la ruina, o incluso puede configurarse como presagio de males que van a acontecer.
            La caída tiene un sentido mítico en Epitafios Inútiles, el poema “Lilith” apela a esa figura femenina, que según el Talmud y las leyendas rabínicas es la madre de los gigantes o demonios, la primera mujer de Adán, la cual no quiso someterse a éste, para vivir en la región del aire; espectro nocturno o madre terrible. Según la Cábala, es el demonio del viernes, opuesto a Venus, y representado por la figura de una mujer desnuda cuyo cuerpo termina en cola de serpiente. Por eso, no es paradójico que en este apartado aparezca el poema “Respuesta de Adán ante los jueces”, este Adán es el hombre por antonomasia, y el padre común del género humano. Dios, al crearlo, lo sitúa en la cima de la más perfecta especie animada, tanto como prototipo terrestre como celeste. Adán es hecho a imagen y semejanza de Dios, que le adornó de la gracia santificante y de la integridad, como cabeza de la humanidad, pero perdió esta cualidad por culpa de su pecado. O como dice el poema:

Que ya no escucho lamentos
ni extrañas recomendaciones,
y que tampoco la miro entre mis sueños
ni en mitad de los escombros
que aún florecen en mi espalda,
por estar de nuevo condenado
al mismo paraíso que otra vez
sin darme cuenta,
                      por culpa de ella,
ya había perdido en la manzana.

En la poesía de Cristian Alfredo Solera, hay una necesidad de comunicación, de comunicación amorosa, como diría Vicente Aleixandre. La poesía es una profunda verdad comunicada. El poeta se comunica y esta comunicación es una verdad que nace de un corazón hacia otros corazones fraternos. El libro es ese vehículo-símbolo que contiene la realidad como un frasco de esencias, ideas y materias transformadas. La poesía es un acto comunicativo entre dos o más seres humanos; es un acto terriblemente humano. En Epitafios inútiles, Solera es un poeta que no cambia, no se transforma, sino que  nos revela su humanidad, una humanidad que se desplaza de lo celeste a lo terrestre, de lo terrestre a lo infernal. El poeta es un hombre que desnuda sus sueños, sus ambiciones, sus fracasos, sus heridas, sus recuerdos. Nos deja penetrar en su mundo que constantemente destruye  y renace en el seno del poema.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Edmundo Retana: Un poeta calladito 2.0.


Edmundo ha dicho: “La poesía es para mí ese instante preciso e irrepetible en que intento captar la esencia de una situación, o de algo o alguien; como en una fotografía, un giro musical, una hoja llevada por el viento. Obtengo así un fragmento velado de asombro, constelación o suma de sensaciones que puedo dar a otros. Si el poema así logrado alcanza conmover o hacer sentir mi experiencia el objetivo se ha cumplido. He logrado trascender el instante. El acto poético ha sido consumado”.
En mis lecturas de poetas costarricenses, siempre he buscado esas constantes que forman la historia literaria. Edmundo pertenece a la historia de la poesía de Costa Rica, para mayor precisión, a la segunda postvanguardia, es decir, a los poetas que nacen entre 1955 y 1969. Poetas como Mario Camacho, Gerardo Morales, Marco Tulio Mena, Norberto Salinas, Adriano Corrales, José María Zonta y Frank Ruffino, para no citar más,  comparten un interés por la comunicación, y algunos, no todos, siguiendo el ejemplo del poeta Isaac Felipe Azofeifa empiezan a publicar en plena madurez. En la segunda postvanguardia, también llamada Generación Dispersa, otros estudiosos perciben ciertas afinidades con la generación anterior, sobre todo la persistencia de ciertas utopías políticas, amorosas, existenciales y filosóficas. La poesía se concibe como un instrumento de lucha, por lo que permanece la confianza en el poder de la palabra como medio de transformación del mundo; aunque existe otro grupo de poetas que desarrolla temas como el desencanto ante el mundo, la decadencia, la evasión y la falta de fe en la posibilidad de cambio a través de palabra.
            En 1991 se atreve a publicar sus poemas reunidos bajo el título Los bailes íntimos. Como bien señala Manuel Bermúdez, es un poemario que “recoge la nostalgia y la sorpresa de lo cotidiano. Parece tener siempre el punto de vista de un niño. La añoranza en su poesía es constante entre la nostalgia y juego.”   Los bailes íntimos es un libro de ternura inusitada, de una ternura construida sobre los recuerdos de la niñez, el amor y la vida. La infancia le obsequia ese dejo de inocencia virginal, ese paraíso primero es el paraíso, no hay vuelta de hoja, o la hoja baila sobre la luminosidad del día. En Edmundo, la vida se forma de esos elementos instantáneos que el poema petrifica en las letras. Otro de los temas perennes de toda la poesía es el amor erótico, fraterno y familiar. El amor amor es encuentro y despedida, es traer y llevar por la existencia la esperanza. Pero también la soledad se halla presente en los poemas, una soledad que proviene de tomar conciencia de nuestra intimidad y de nuestro devenir. En Edmundo Retana la vida lo es todo; es el canto, el pájaro, la hormiga, la hoja que vuela por el aire, mamá, papá, la hermana, la amada. Quizás por eso esa ternura pensada, meditada, sorprende al lector, lo inquiere, indaga su ser hasta revelarnos su fondo.
            Edmundo descubre lo maravilloso que tiene la realidad, no nos presenta simples anécdotas de colegial. Ni hace pasar chistes por poemas. Nos muestra la realidad desde diversas perspectivas. El niño, el hombre, el amante son formas de ver el mundo; por eso, puede describirnos:
el combate que urden
las cosas en silencio.
O la llegada o ausencia del padre
Olés a muerte, papá.
O el descubrimiento del amor
Todo es secreto
hasta que un buen día de amor
te encontrás lleno.
O la revelación de los recuerdos
Este momento lo soñé antes,
estaba en los pasos de mis hijos,
en algún libro amarillo.
            Cada poema de Edmundo Retana busca la eficacia y la eficiencia del lenguaje. Nada sobra. Todo está ajustado a la emoción que el poeta quiere transmitirnos. Minimalismo. Síntesis. El poeta ha desechado todo ropaje de abalorios, que distraigan del objetivo primordial: hacer sentir al lector. Para lograr esto, el poeta nos invita a leer su receta:

Mis 10 reglas de escritor
1.      Si me mantengo leyendo estoy acumulando energía que en algún momento me servirá para escribir. Debo leer solo lo que me gusta.
2.      Leer poesía me crea un cierto estado de alerta que puede llevarme a escribir. Leer poesía es hacer poesía sin que necesariamente esta se escriba.
3.      No debo preocuparme por escribir poesía en sentido estricto. Un correo, una carta, una tentativa de cuento, pueden contener el poema. Escribir un poema no es un acto deliberado.
4.      No es bueno hablar sobre lo que se quiere escribir. Al hacerlo uno malogra el tema.
5.      No hay que preocuparse por la unidad de lo que se escribe. Esta se va dando sola. La unidad es uno mismo.
6.      Hay que estar atento al poema. Aprender a identificar la sensación interior que lo acompaña.
7.      Los poemas tienden a resolverse con el tiempo. El paso de la vida va dando la palabra justa, el giro exacto o la habilidad de encestar, con gran precisión, el papel arrugado en el basurero.
8.      La primera frase es el germen del poema. No hay que corregirla cuando nace. Ni las que siguen. Esa es una tarea posterior que tiene su propia lógica.
9.       Lo más importante de escribir es el placer que uno siente cuando lo hace. Leer a otros es un poco prolongar esa sensación.
10.  Los libros de poesía responden a ciclos de vida. No se pueden apresurar ni demorar. Un buen poemario es casi siempre una metáfora de un tiempo.


Este decálogo es el fundamento de una obra que se ha ido escribiendo en silencio, sin el bombo y autobombo de los falsos poetas o profetas. Edmundo Retana es un poeta que conoce el oficio de escribir, sabe que la fama y la gloria son vanidad de vanidades, él quiere sentir y hacer sentir al lector, crear esa empatía en el escritor y el lector, entre seres humanos.

domingo, 28 de septiembre de 2014

Una lectura subjetiva de Todo tiempo futuro de Adriano de San Martín



Todo comentario, cualquier comentario de un texto poético debería alumbrarnos sobre su significado; y  guiar al lector por los entresijos de las palabras y de las imágenes. “Todo tiempo futuro” es un libro cósmico, o mejor dicho, un libro que desarrolla una cosmogonía universal. Su título invoca lo que está por venir, lo que está viniendo. Su contenido nos devuelve al pasado, a ese pretérito mítico y primitivo, en que la humanidad aún sueña con las fuerzas divinas de la naturaleza. Título y contenido se hayan en una unión indisoluble y paradójica. En principio, porque la sabiduría popular recuerda: “Todo tiempo pasado fue mejor”, aunque Sábato dice en una de sus novelas: No indica que antes sucedían menos cosas malas, sino que, felizmente, la gente las echa en el olvido. Desde luego, semejante frase no tiene validez universal; yo, por ejemplo, me caracterizo por recordar preferentemente los hechos malos, y, así, casi podría decir que “todo tiempo pasado fue peor”, recuerdo tantas calamidades (…) que la memoria es para mí como la temerosa luz que alumbra un sórdido museo de la vergüenza[1].
 De esta manera deberíamos leer el libro, “Todo tiempo futuro” como una contradicción en ciernes, o como síntesis de las contradicciones que preocupan al poeta. Extraña que el editor haya obviado el índice del libro, pues aunque se presenta como una sucesión de textos poéticos en prosa y en verso. Los poemas se estructuran en tres estratos intercomunicados: cósmico, individual y literario-cultural.  El poemario se pudo haber divido en tres secciones o partes. La primera parte la formarían los poemas “Nacencia” y “La Nacencia”, este segundo dividido en doce partes. El primero está construido en una enumeración caótica de frases de diversa índole, donde contiende un yo y un vos, cada frase es un golpe y el universo es un cuadrilátero, un tópico recurrente de la poesía de Luis Chaves, Alfredo Trejos, Paola Allier, entre otros. El origen del tópico se puede rastrear en Los giróvagos del numen de Carlomagno Araya y la obra de Carlos Martínez Rivas. El enfrentamiento de un yo inocuo frente a un universo maligno o que se acerca al mal parece ser la premisa de los poemas que forman este apartado. Sorprende quizás en este primer poema los recursos vanguardistas que utiliza el poeta, como la ubicuidad del sujeto y la aglomeración de elementos de procedencias tan diversas como  refranes, eslóganes y  habla popular o “pachuco”.
            El poema “La nacencia” es un poema más amplio y de mayor alcance y mayor complejidad. Se inicia con el símbolo de la luz como despertar del cosmos. Y a partir de allí se desarrolla en cada fragmento una enumeración caótica de símbolos, objetos, mitos, referencias literarias, populares. Los poemas buscan sintetizar las contradicciones, anular los opuestos. Constantemente hay referencias a este proceso de síntesis:
  • Es el principio del fin, el fin del principio. El equilibrio del centro.

  • Todo está porque transcurre y permanece. Fluye. Pasado en presente. Presente en futuro. Futuro en pasado.

  • Todos los tiempos en un tiempo de todos para todos en el cero primigenio, el uno primordial.
            En este largo poema, lo fundamental es la creación poética, la poiesis, de allí que Nada es literatura. ¡Sencillamente versar! El poema instituye el mundo como el mundo instituye el poema. Este paralelismo especular viene a comunicar que la poesía es alquimia, y la alquimia es poesía. Y el poeta es un vidente… Por eso hay que dejar el trance a los Poetas. Son ellos quienes descifran sus goznes, sus giros, sus batientes. Las tumbas son el símbolo perfecto de la alquimia, y en el cuarto fragmento del poema aparecen juntas y revueltas. En la quinta parte, el hablante lírico o yo lírico se propone en el inicio del año. El principio también es el final. El mundo que se habita es el del capitalismo, y el consumidor como espectador y espectáculo, a la vez. El poeta deambula por la ciudad reconociendo aquello que dolorosamente es la realidad. En la sexta parte, los nombres míticos y literarios se convierten en lenguaje, porque el poeta al final también es un traductor del cosmos:
Traducimos y traicionamos como en toda traducción. Porque lo invisible se torna visible y vice y versa. ¡Y dialogamos!
            La séptima parte también se construye en una enumeración caótica, donde reelabora la imagen de las grandes ciudades, las ciudades llenas de muertos vivientes, de zombis que consumen todo lo que la ciudad ofrece. La ciudad como árboles donde tiempo y espacio se reúnen, se conjugan, se mezcla en un nuevo y antiguo cronotopo.  En la octava parte, aparece de nuevo la imagen del poeta: El Poeta Cantor en la Larga… se perpetúa. Cuenta y canta. Canta y cuenta. En la novena parte, el poeta evoca el espacio por excelencia de los poetas: El bar. Locus por excelencia de las elucubraciones poéticas, de allí, que el poeta diga: Tal vez por eso precisamos de otra Nacencia: morir, nacer, remorir, renacer… ¡Y escribirla! La décima parte regresa al tema mítico, el sujeto es América, un sujeto transhistórico sin rumbo, que rueda por la historia. La undécima parte, es el no-espacio, el no-tiempo, la negación en sí misma. La pregunta final: ¿En algún lugar florece la poesía? No es una pregunta retórica, es el núcleo de las preguntas que hace el poeta al lector.  No deja de ser paradójico, cuando todas las parte del poema han repetido que versar es el fin y el principio. “La nacencia” termina con el poema 2013, este se propone que la historia igual que nuestras palabras es reversible, circundante, repetitiva. El lenguaje construye la historia y todos los saberes, nos conduce a un espacio-tiempo neutral donde se borran las diferencias: la unidad del principio o el principio de la unidad. El amor es la nueva religión de un planeta que se cae a pedazos. El poeta nos previene del derrumbe. El valor numérico de las palabras es un mantra, un ejercicio cabalístico para descubrir o develar el uno. Este poema cierra toda la experiencia mítico-religiosa del poeta.
            Como se ha afirmado, el libro puede fraccionarse en tres partes, la segunda la constituye el poema “Romance contra mi pueblo”. Este se divide en treinta y un fragmentos. Los romances nos cuentan historias, no necesariamente amorosas, y no necesariamente noveladas. El regreso del poeta al su pueblo natal es la narración del desencanto, es el encuentro con los amigos de la infancia, de la adolescencia y sus familias: Es bueno volver a mi pueblo/ y encontrar/ antiguos amigos/ excompas del cole…/ Todo el carácter melancólico y familiar del poema nos revela las transformaciones de un entorno hasta entonces conocido: Las hijas de los antiguos amigos/ chicas champú minifalda/ en Cachos Largos o en La Cantina / remedo de  verdaderas cantinas… Como es común en la poesía contemporánea, el bar se convierte en espacio de moda. El poeta se presenta como un ser abanderado de la libertad, de lo irracional y lo anticonvencional: El cronista de este pueblo/ ha sido denunciado ante los tribunales / por su forma extraña de beber/ fumar, hablar, amar… en fin / de comportarse con las mujeres del prójimo…/ El hablante desarrolla una crítica a la sociedad capitalista que ha ido transformando la ciudad de la infancia, el paraíso perdido: Vi a los vigilantes/ de los nuevos negocios/ también los marginales/ tendidos en su saco de gangoche/ y a los nuevos gerentes/ raudos como cadáveres en sus coches… El poema termina con un juego musical, muy propio de la literatura infantil: Mi pueblo/ es un misterio/ en clave/ de Fa/ de Re/ de Sol/ de Do/ pingüe/ (en clave) El juego y la poesía siempre han estado relacionados más allá del simple aprendizaje de las normas en la sociedad. Así como aceptamos las reglas del juego aceptamos las reglas de la poesía.
            La tercera parte la formarían los poemas: “Aroma de Café”, “Escultura 2”, “Habana Revisited”, “El poeta pregunta por Stella”, “Julia de Burgos”, “Mary”, “Te Ele”, “De Ce”, “La oración”, “La niña en el ojo”, “Pe Pe”, “Conferencia de prensa”, “La fama”, “Una palabra olvidada”, “The Star Spangled Banner”, “Vigilancia y castigo”, “Detector de espinas”, “Cuerda floja”, “Rimbaud”. Interesa está sección porque solo “Aroma de café” y “Habana Revisited” son poemas divididos en partes, el primero en 7 y el segundo en cinco apartados. Los otros poemas expresan ciertos intereses del poeta, de carácter artístico, literario o social.
            El poema “Aroma de café” es un poema que revela las relaciones entre el “grano de oro” y los viajes al extranjero del poeta. El café más que un símbolo de la riqueza del país, viene a simbolizar la amistad, la solidaridad y la unión entre los pueblos. El poema “Escultura 2” es un poema dedicado a Lupita Araya y Francisco Mata, amigos del poeta y del arte, en el que viene a reivindicar la comunicación en la poesía. Por otro lado, “Habana revisited” es un extenso poema en prosa, muy diferente a “Bocetos de La Habana” ese poema que aparece en el poemario Tranvía Negro, también de Adriano. En este nuevo poema, el espíritu que lo anima es la desilusión, el desencanto, tan común en los poetas que forman la generación de Corrales: La Habana está pensada para turistas con cámaras para retratar edificios de cartón, estatuas… Es un poema sobre todo descriptivo en los que el poeta, utiliza la mirada como cámara para ir recorriendo esos rincones que forman la ciudad. Este espacio que retrata el poeta no es un lugar frío, geométrico y alienante, sino que dentro de ella reverberan, como en un espejo, los sentimientos personales de nostalgia, amistad, pero también de desilusión. El poema “El poeta pregunta por Stella” nos entrelaza dos personajes míticos de la poesía nicaragüense –Rubén Darío y Carlos Martínez Rivas− con figuras importantes del quehacer artístico costarricense como Carmen Lyra, Ninfa Santos, Yolanda Oreamuno, Eunice Odio, Chavela Vargas, y sobre todo, Rafaela, ese personaje mítico en la mente de los poetas, ese ánima que gravita entre el corazón y el recuerdo. Lo femenino es uno de los símbolos más comunes en la tradición, símbolo que normalmente se asocia con la naturaleza. Esto ocurre con el poema “Julia de Burgos”, esa poeta puertorriqueña que el poeta redescubre para los lectores costarricense. Así entre mujeres escritoras y artistas, el poeta se decanta por esos amores de la adolescencia. “Mary” es el ideal que un instante olvidamos y que ahora trato de retener con el inútil abecedario. Los poemas “Te Ele” y “De Ce” continua la sucesión de rostros femeninos, que de alguna forma se evaporan de la memoria pero allí están contemplando y siendo contempladas. El siguiente poema “La oración” parece retomar el tema de Novalis, o Cavafis, que dicta: “Poner un dedo en un cuerpo humano es tocar el cielo”. La unión de los amantes es saber que allí estuvo Dios. Con el poema “Niña en el ojo” se termina el recorrido por las figuras femeninas.
            Los poemas siguientes poemas tratan temas variados: el poeta frente a la autoridad, la canonización institucional, la fama, la guerra de Vietnam, la bandera, la locura, etc. El poemario cierra con un pequeño poema dedicado a Rimbaud, ese vidente de la poesía del siglo XIX, que revolucionó las formas y los contenidos en la poesía francesa. Rimbaud es el poeta-niño, quien mediante su experiencia de Dios, alcanzó, sin creencias ortodoxas, el estadio que los místicos tratan de conseguir, y en el que ya no existe la posibilidad de creer o no creer, de la duda o de la reflexión, sino de la pura sensación, del éxtasis y de la unión con el Todopoderoso. Esta alianza o ligazón constituye la anulación de las diferencias, como lo es la unión sexual o la transmutación alquímica.
            Todo tiempo futuro es un libro complejo, pero a su vez, sencillo, que supera las contradicciones en su interior, creando un modelo del mundo que obsesiona al poeta en toda intensidad y diversidad. De allí, que al leerlo podemos leernos a nosotros mismos, como si miráramos en un espejo fracturado.




[1] Sábato, Ernesto. (1975) El túnel. Buenos Aires: Editorial Suramericana.

LAS GENERACIONES POÉTICAS DE COSTA RICA

La teoría de las generaciones literarias es importante porque nos da una herramienta paraentender la literatura en contexto , no como texto...