jueves, 25 de septiembre de 2014

Manifiestos en pleno siglo XXI

DEFENSA DE LA POESÍA

El momento de la Historia que nos ha tocado vivir está marcado por la incertidumbre en todos los sentidos. Cuando pensábamos que el siglo XX agonizaba y con él los grandes temores y catástrofes capaces de minar la fe en la humanidad, no han surgido los puentes que destruyan nuestros precipicios. Al contrario, resulta más difícil intuirlos, imaginarlos. La incertidumbre parece abarcarlo todo: la política, la moral, la economía, las nuevas formas de comunicación que paradójicamente han provocado una mayor incomunicación… También las viejas utopías que parecieron realizables y llenaron de ilusión a millones de ciudadanos se han desmoronado mostrando sus miserias cuando han sido suplantadas por los hombres, añadiendo aún más incertidumbre a todo lo que nos rodea.
Nuestra generación está marcada por esta incertidumbre y creemos que es necesario hacer un alto en el camino, reflexionar, mirarnos a los ojos, establecer una cercanía menos artificial, más humana. La poesía puede arrojar algo de luz para alcanzar algunas certidumbres necesarias.
“La poesía es un modo de ajustar cuentas con la realidad”, ha repetido muchas veces el poeta español Luis García Montero. Sin duda sucede así en los buenos poemas, aquellos que son capaces de provocar emoción, de conmover, de hacer pensar, de llenar un vacío que nos acompaña. “Deseo expulsar de mí cualquiera palabra, cualquiera sílaba que no nazca de la combustión de mis huesos”, escribió el mexicano Ramón López Velarde en 1916. Casi un siglo después, el poeta Joan Margarit trataba de explicar, porque realmente se hacía de nuevo necesario, que el límite de la poesía es el de la emoción.
La emoción no puede estar de moda. La emoción es universal e intemporal. Y la poesía tiene que emocionar. Ante tanta incertidumbre, para nuestra sorpresa, una gran parte de los nuevos poetas en español se han adscrito a una tendencia tan experimental como oscura. Como los hombres que rodeaban a Orfeo para escucharlo tocar su lira y de ese modo hacer descansar su alma, asisten a las preguntas de nuestro tiempo tratando de ignorarlas, entregándose al arte por el arte, renunciando a las preocupaciones que conmueven a la gente normal, a las almas que buscan respuestas, que rozan el milagro de la supervivencia y que se hacen preguntas, que sienten la incertidumbre en sus manos y en sus aspiraciones. Esa reacción de los artistas, de los poetas en particular, no es nueva. Los jóvenes siempre han tenido la tentación de contradecir a sus mayores en un arrebato adolescente en busca de construir sus identidades. En la poesía actual, ese camino supone oponerse a quienes tanto han trabajado para que la poesía se entienda, se humanice, se aproxime a la gente corriente. Si en la segunda mitad del siglo XX los mejores poetas de nuestra lengua abandonaron las liras y las torres de marfil, la poesía última, en busca de un nuevo camino, de una nueva actualidad literaria, se ha subido a un pedestal. En esta tarea se han visto legitimados por algunos poetas cuyos proyectos literarios fracasaron de manera estrepitosa precisamente por abrazar el barroquismo gratuito y la frivolidad de la moda literaria. Ahora buscan una segunda oportunidad elogiando lo que precisamente les condujo al callejón sin salida de las palabras huecas.
Queremos mostrar nuestra desolación ante esta dinámica que nos parece destructiva para la poesía porque conduce, de manera inevitable, a su deshumanización. Admiramos a poetas a los que hemos tenido o tenemos la suerte de conocer, como Ángel González, Jaime Gil de Biedma, Gonzalo Rojas, Claribel Alegría, José Hierro, Luis García Montero, Benjamín Prado (y los poetas de la conocida como Poesía de la Experiencia), Juan Manuel Roca, Marco Antonio Campos, Jorge Boccanera, José Emilio Pacheco, Mario Benedetti, Gioconda Belli, Oscar Hahn, Omar Lara, Waldo Leyva, Piedad Bonnett… Ellos siguieron el camino, la tradición literaria de Rafael Alberti, Antonio Machado, César Vallejo, el primer Octavio Paz, Pablo Neruda, Miguel Hernández, Federico García Lorca, Luis Cernuda… Son muchas las lecciones que pueden desprenderse de ese largo camino. Han escrito una poesía perfectamente entendible, han procurado reflexionar sobre el mundo que los rodeaba tratando de ordenarlo en un poema, han dialogado con sus fantasmas y con sus lectores, estableciendo una comunicación imprescindible en cualquier género literario, y han huido de las modas y de la actualidad poética, es decir, nunca han escrito contra nadie, no han tratado de ser novísimos. Estamos convencidos de que no se puede escribir poesía contra alguien, del mismo modo de que la peor idea de todas es escribir un poema sin ideas.
Los discursos fragmentarios, el irracionalismo como dogma y el abuso del artificio han supuesto la ruina de la poesía en muy diferentes etapas de la historia de la literatura. Han hecho tanto daño, que hoy la poesía está considerada como un género difícil que sólo leen los poetas, porque sólo parecen entenderse entre ellos como los habitantes de unas ínsulas extrañas.
Prueba de ello es el estado comatoso que tiene el panorama poético en la mayor parte de los países europeos, algunos de ellos con tradiciones literarias tan importantes como Italia o Francia. También es evidente la marginación que sufren los libros de poesía en cualquier espacio, ya sea una librería, un suplemento cultural, un periódico, una biblioteca… Los lectores empiezan a alejarse peligrosamente de la poesía, entre otras cosas porque cuando empezaban a intuir que se trataba de un género accesible, que transmitía emociones, algunos poetas de las nuevas generaciones están sembrando la oscuridad en la incertidumbre, eso por no mencionar las poéticas del silencio.
Cuando un poema no se entiende, el lector suele culparse a sí mismo, inducido por la idea generalizada de que el poeta es un ser con una sensibilidad diferente, superior. Una idea tan falsa como interesada. Si un poema no se entiende el único responsable es quien ha tratado de establecer la comunicación. O bien no ha sido capaz por sus limitaciones, o bien no lo ha conseguido porque no era su propósito, porque sólo buscaba la erudición y el artificio, algo que está bien visto, que tiene buena prensa y que provoca una palmadita en la espalda de la crítica, sumida en gran parte en la misma torpeza. Si un poema no se entiende, por lo general lo que sucede es que el poeta no ha hecho bien su trabajo. Los poetas somos personas normales, con los mismos temores y preocupaciones que el resto de los seres humanos, aunque tratemos de mirar con atención lo que nos rodea, buscando lo que hay detrás de la apariencia, para después afrontar el acto de incertidumbre que es escribir un poema que pueda arrojar algo de luz a la realidad.
Por estos motivos, todos los inventarios simbólicos artificiales que alejan a la poesía de su consustancial sentido comunicativo no hacen sino ocultar una falta de latido vital o de auténticas ideas. Los versos puros no necesitan disfraces ni simulada complejidad, simplemente redefinen las peculiaridades de la realidad sin abandonar jamás la atalaya de los sueños.
“Al lector se le llenaron de pronto los ojos de lágrimas, / y una voz cariñosa le susurró al oído: / —¿Por qué lloras, si todo en ese libro es de mentira? / Y él respondió: / —Lo sé; / pero lo que yo siento es de verdad”. Este poema de Ángel González resume de forma excepcional lo que entendemos como el milagro de la poesía, la capacidad de transmitir un sentimiento gracias al idioma y a los diferentes recursos que ofrece el género. Sin ese intento de transmitir emociones, de llenar un vacío, de reflexionar sobre el mundo, de convertirse en mil hombres; el poema está hueco, no tiene vida.
Hoy es necesario superar el artificio estéril y soso, el poema que no dice nada, el poema que enuncia y enuncia y jamás encuentra el sentido, la histeria por el experimento per se, la ingenua búsqueda de una “novedad” que jamás se halló.
La poesía nace, como todo arte, de un sentimiento humano universal como es el anhelo trascendente. Va mucho más allá de los atrevidos juegos de estilo o las oscuras construcciones lingüísticas que parecen facturados sólo para un selecto grupo de iniciados. La poesía ha pertenecido y pertenecerá siempre a la humanidad entera, es un caleidoscopio luminoso y claro que se adentra en los recovecos más recónditos de nuestra conciencia. Nace desde un yo poético pero se remansa indefectiblemente en el nosotros, creando ese espacio de comunicación universal que puede existir tan sólo entre corazones humanos liberados de escudos y armaduras. La poesía no encadena ni encorseta a su lector u oyente con fingimientos prefabricados o yuxtaposiciones carentes de significado íntimo. Al contrario, la poesía nos libera y nos reviste de nobleza, pues propicia la sensibilidad a los estímulos del mundo exterior.
En definitiva, somos partidarios de una poesía que formalmente incluso alcance el preciosismo. Pero creemos en una poesía que además comunique, que diga algo, que porte sentido. Una poesía que conmueva y, en el mejor de los casos, estremezca, cimbre, cumpla con el rigor de lo poético que pedía Robert Graves, cuando se refería a la diosa blanca: “El motivo de que los pelos se ericen, los ojos se humedezcan, la garganta se con-traiga, la piel hormiguee y la espina dorsal se estremezca cuando se escribe o se lee un verdadero poema, es que un verdadero poema es necesariamente una invocación de la Diosa Blanca”. El poema entonces, también es un dictado, un puente hacia lo otro, hacia lo más. Quizá Borges, mitad con ironía, mitad en serio lo explique mejor cuando contaba lo siguiente: “Se trata de una cita de Bernard Shaw. A éste le preguntaron: “¿Usted cree realmente que el Espíritu Santo ha escrito la Biblia?”, y Bernard Shaw contestó: “No sólo la Biblia, sino todos los libros que vale la pena releer.” Es decir, para Bernard Shaw, el Espíritu Santo es lo que antiguamente llamaban la Musa.”
Pero, a fin de cuentas, ¿la musa para qué y por qué? Porque todo se hace para alguien, y la musa es la emoción y el talento, una metáfora de la necesidad de comunicación que tienen todas las personas, de sentirse comprendidas, de encontrar respuestas. Y también para dar cuenta de nuestra existencia concreta, del aquí y el ahora, de la manera en que participamos del mundo. Para mostrar la sensibilidad de nuestro tiempo, un tiempo lleno de incertidumbre sobre el que la poesía puede seguir arrojando algo de luz si los poetas quieren.
Seguimos creyendo que una de las misiones de la poesía es enfrentarse al poder. Y el poder de hoy no hace más que invitarnos al silencio, al fragmento, a las subjetividades ensimismadas y a la pérdida de diálogo entre las conciencias. Queremos decirle adiós a todo eso.

Tomado de Poesía ante la incertidumbre (2011)

miércoles, 30 de julio de 2014

Poema I


I
Todo lo que escriba tendrá aroma a sepulcro,
a espejo báltico,
a murmuración y muchedumbre.
La vida es esto que llamo vida.
El fuego es aquello que escapa a la altura.
Los sepulcros son los retratos del amor abandonado.
Los espejos bálticos son los rostros del arlequín.
Lo que escriba será relámpago y caída al vacío.

Todo olvido es solo otra forma de conocer.
Los parques,
los teatros,
los edificios,
la ciudad que se desangra,
son parte de esta locura que llamo amor.
Esta locura, que salta demoníaca, 
sobre un ejército de arcángeles,
de bestias,
de gusanos gigantes.

Todo lo que escriba es la herida del resplandor,
una herida profunda y sagrada,
que busca y no encuentra,
y al encontrar olvida.
Todo esto ocurre,
dentro de la vida,
porque la vida es esto
que llamo amor,
aunque el amor esté vacío.

 De Grado Cero (2013, inédito)

lunes, 26 de mayo de 2014

Del Taller Literario del Café Cultural "Francisco Zúñiga Díaz"


El Taller Literario del Café Cultural "Francisco Zúñiga Díaz" fue fundado en 1976 y cerró sus puertas en 1996, con la muerte de Chico Zúñiga, su director. De él salieron escritores de prestigio, con libros publicados. Algunos alumnos ganaron concursos nacionales e internacionales (Joven Creación, en cuento, de la Asociación Nacional de Educadores, de la UNICEF, etc.) Comprendió todas las áreas de la literatura, aunque se especializó en cuento y poesía. En 1994 tenía una membresía de 21 compañeros activos. Las edades fluctuaban entre 73 y 17 años. No existían problemas "generacionales": todos sus componentes se llevaban muy bien. En él se publicó la revista Semblanza, los desplegables Frondas en la segunda etapa, y  se dio la publicación de dos antologías (una de poesía Convivio (1983) y la otra Juego de cuentos (1984) En 1994 se inicio la publicación de una colección de "libritos" bajo el sello Ediciones del Café. Contaba con la ayuda del Instituto Nacional de Seguros pero, sobre todo, con el trabajo activo (artesanal) de un sector muy grande de sus componentes. Su fundador, Francisco Zúñiga Díaz, fue un  destacado escritor de Costa Rica. En homenaje a su figura se bautizó en 1989 con su nombre al Café Cultural.  El taller tuvo dos etapas, la primera inició en 1976 y finalizó en 1985 la segunda se inició en 1987 y terminó en 1996.



sábado, 17 de mayo de 2014

A veinte años de la Biblioteca del Café

En 1994, junto con Francisco "Chico" Zúñiga Díaz, con su ayuda, comencé mi primera aventura editorial: "BIBLIOTECA DEL CAFÉ". Publicamos varios libros hasta 1995, durante ese año me retiré del taller literario del Café Cultural "Francisco Zúñiga Díaz", después dos compañeros más publicaron sus primeros libros. Con la muerte del Maestro, el proyecto del Café Cultural quedó a la deriva, quienes se apropiaron de su nombre lo hicieron en beneficio propio. Aquí están las portadas de esos primeros libros, un homenaje al cuentista y al Maestro.









viernes, 16 de mayo de 2014

FÁBULAS DE UN POETA QUE LEE EN UN TEATRO VACÍO ESPERANDO QUE LOS LECTORES NAZCAN DEL POLVO DE LAS BUTACAS (2014)
Un poemario que muy pocos leerán, pero aquellos que lo lean, se darán cuenta de que no todo estaba perdido.
CORRIENTE SUBTERRÁNEA, publicado en el 2012 representa mi regreso a las lides literarias, un campo de batalla, donde el silencio es la mejor forma de olvidar.

viernes, 2 de mayo de 2014

Para el Centenario de Alfonso Ulloa Zamora

El 22 de noviembre de 2014 se celebra el centenario del nacimiento de Alfonso Ulloa Zamora. Pero no habrá nuevas publicaciones de sus libros, ni rigurosos estudios críticos, ni actividades conmemorativas en su ciudad natal. Pasará como otro día del año sin pena ni gloria. Y así sucederá con cada uno de los poetas costarricenses que escribieron, escriben y escribirán en un futuro no muy lejano. ¿Por qué sucederá esto en un país que se precia de su educación? ¿Por qué ocurre esto en un país con cinco universidades públicas y cientos de privadas? ¿Por qué pasa esto en un país con un boyante Ministerio de Cultura? ¿Por qué sucede en un país donde encontramos poetas hasta debajo de las piedras? Sinceramente no lo sé. ¿Será que toda la poesía del siglo XX quedó superada?. ¿Será acaso que preferimos seguir inmersos en ese colonialismo intelectual de que hacemos gala, como si descubriéramos a cada instante el agua tibia? 
La poesía de Alfonso Ulloa Zamora es una poesía tierna, sencilla, amorosa, enclavada en una Costa Rica de la que ya no tenemos memoria. Sirva pues este articulillo como un sentido homenaje.
 Alfonso Ulloa Zamora nació en San José el día 22 de noviembre del año 1914 y murió el día 16 de julio del año 2000 en el cantón Central de Heredia. Se le conoce más como poeta. Realizó la secundaria en el colegio nocturno Omar Dengo y la universitaria en la Escuela de Filosofía y Letras de la Universidad de Costa Rica. Trabajó como profesor en la secundaria y también realizó estudios en España. En prosa escribió un librito de recuerdos que algunos consideraron como novela y la historia del Teatro Nacional, llamado El Teatro Nacional: apuntes para la biografía de un Coliseo: 1972, así como un Panorama de la literatura costarricense: 1900-1958. Murió el día 16 de Julio del año 2000. Público la novela corta La espada de madera (1955) y los poemarios: Alto sentir, persistencia en ti y otros poemas (1953) Lograd conmigo el canto (1954) Suma de claridades y los sonetos del beso (1955) Ameliris (1966) 10 canciones y tres odas para un hermoso pasado (1981) Cantera permitida: antología personal (1982) 
¡QUÉ SOLEDAD!
¡Qué soledad!
Hacia el este Barranca
enciende diminutas fogatas hogareñas.
Al sur el mar.
Al norte los manglares.

¡Orillando el estero camino
claridades!

El puerto contra la arena,
sueña bajo el peso del aire,
con la noche de América
en su cielo.

¡Qué soledad!
¡Qué luces!
¡Qué bahía!
¡Qué trópico silencio!
de Poemas de adolescencia

A LA DISTANCIA
Me pregunto
cómo serás ahora a la distancia,
sin que te vean mis ojos.
Sin encontrarte a orillas de mi celo,
constante y requerida.

Si tendrás aún ceñidas a tu cuerpo
las raíces de mi ansia, su ternura
a rescoldos siquiera.

Si al entreabrir, los labios,
la lejana costumbre de los míos 
no te hiere.

La voz. Tu voz,
qué hace con mi nombre.
Cómo lo forma, vierte o no lo dice.

Cómo existes y piensas,
desasida de aquel ayer tan nuestro,
tan exaltado siempre.

Me pregunto
cómo vives mi ausencia,
y cómo vivo sin estar con mi fuerza
entre tus límites.
           de Alto sentir

No te encontré, mujer, un día cualquiera,
ni fue tu beso la ocasión de un día,
pues detrás de la luna te sabía
germinada en tu propia primavera.

No fue a rayo ni a espada aquella espera
para adentrarme en ti como quería.
No fue a espada ni a rayo la osadía
que me llevó a la fuente de tu era.

Imantada en albor y estremecida,
al norte fuiste de mi sangre en celo
hacia una latitud desconocida,

donde un cielo se ahogaba en el desvelo
y el beso terminaba siendo herida
indefinible, sin color ni anhelo.
                  de Suma de Claridades y los sonetos del beso

Éramos dos entonces
Éramos dos entonces, pero tú eras
ya un palpitar de pétalo y ternura.
Una esperada y tibia arquitectura
como la de la luz sobre las eras.

Éramos dos angustias camineras,
a veces caminando en piedra dura.
Mas tú, milagro en vilo, ya hermosura,
nos avisabas muchas primaveras.

Cual invisible duende tú ya estabas
palpitando como un presentimiento
en el callado lar de nuestro abrigo,

como están los diamantes entre lavas,
el poema en la raíz del pensamiento.
Y el cotidiano pan en nuestro trigo.
               de Ameliris

CANCIÓN
La ciudad era entonces muy de todos,
con limpias avenidas arboladas.
El color indeleble del canario
se bamboleaba lento en los tranvías.

Cantos amaderados de carretas,
aromas tibios de café y de panes,
sumándose a la brisa y al rocío
compartían con el sol las madrugadas.

Seguíamos partidarios de Sandokán
pero para alardear cigarro y noche
en las mesas de mármol de "La Eureka",
leíamos los pingüinos de Anatole.

Repartía don Joaquín su Repertorio.
La libertad jugaba en La Sabana.
Valentino bailaba en el Moderno
los tangos que Repetto le decía.

Con el reloj a la mano en las iglesias,
con cerros altos a la vista siempre,
ilesamente transitaba el tiempo.
Lo cuidaban don Cleto o don Ricardo.
          de 10 CANCIONES Y 3 ODAS PARA UN HERMOSO PASADO

LAS GENERACIONES POÉTICAS DE COSTA RICA

La teoría de las generaciones literarias es importante porque nos da una herramienta paraentender la literatura en contexto , no como texto...