miércoles, 13 de mayo de 2015

Postal

No descansa la noche.
Anda suelta
y la ciudad extraña los muslos
y el violeta culebrea en las faldas.

Los pequeños animales salen de sus escondrijos
y la noche los acaricia,
los mima,
les da miel de gato
y galletas desabridas.

La noche duerme el sueño ebrio,
la miasma de la sierpe;
la antigua,
la que orina sobre cuaresma y fetiche,
dándose un largo beso torpe.

Los animales de cuatro patas,
de ocho colmillos,
salen de sus agujeros
y le ladran a la noche de los insomnios voraces.

La misma que descansa en el sillón
y da vueltas por la casa

y se dirige a un cuerpo incierto.

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