domingo, 24 de abril de 2011

Obsesión

Todo deseo me quema, arde, me hace polvo.
Ardo de arriba a derecha,
Como un astro que quiere cocer en la piel
La frescura virginal.
Tus labios me llaman como el chisporrotear
De algún crepúsculo.
Ando, deseo, y vuelvo andar alrededor
De tu cintura o corona de fuego,
Salto en ti, dentro de ti,
Como un paracaidista que se arroja al vacío.
No me importa,
Soy un náufrago,
Un exiliado que entra al paraíso.
Todo deseo es esplendor,
Ardiente corazón,
Infinitud encendida sobre la nieve polar.
Desciendo como un profeta,
Como un loco,
Como un ebrio,
A beber de tus labios salvajemente desnudos.
Todo me obsesiona:
La fluidez en tu cuerpo.
Te derramas pura y tibia,
Recorres mi horizonte,
Gimes sobre mí,
Fluyes incontenible,
Húmeda,
Como lluvia fecunda,
Como zarza ardiente,
Como todo deseo que se disuelve
En el mundo.

Crónica del esplendor (2008-2010)

viernes, 22 de abril de 2011

Muchacha desnuda

Oigo tu piel fresca.
Oigo la espuma en tu piel.
La escuchas. Me llama desde su profundidad
De lirio o nieve,
Me canta como un cisne,
Sabes que grita sobre la aurora de las sábanas
Blanquísimas.
Oigo tu piel suntuosa, como si una alondra
Cantara sobre el margen
De las páginas vacías.
Está cerca, la hora se acerca como un astro,
Tu piel canta como la caracola sobre el mar desnudo,
Dulcemente acunas la espuma,
Abierta como la aurora,
Delta de la negra desembocadura del corazón,
Archipiélago que gime bajo el deseo.
Oigo tu piel como la seda musical,
Como el plumaje que se derrama de nube a tierra,
Como el agua que devora
La frialdad de la noche vacía.
Oigo tu piel en la hora del cuervo y la paloma,
Tu piel me llama desde sus laberintos,
Me canta como una cítara,
Como un arcángel que se posa en las ramas.
Oigo tu piel, toda tu piel desnuda,
Me llama desde su profundidad de lirio o nieve,
Gira y canta alrededor,
Gira y arde encima de la nada,
Gira y fluye como un río
Que se eleva
hasta estallar en el cielo.

de Crónica del esplendor (2008-2010)

jueves, 21 de abril de 2011

Carlos Bonilla Avendaño: un místico revolucionario

Carlos Bonilla Avendaño nació en Heredia, Costa Rica, en 1954. Estudió teología y Derecho. Ha trabajado con comunidades campesinas y con migrantes nicaragüenses, en un acompañamiento organizativo, legal y pastoral. A pesar del neoliberalismo, sigue apostando a una fe cristiana comprometida con el proyecto de los pobres. Cuando puede, se refugia en una esquina del nombre y escribe algún poema. Ha publicado los libros Alguien grita mi nombre y yo me escondo (San José: Lithocolor, 1996) puerta de los ciegos (San José: Perro Azul, 2002) Tren sin retorno (San José: Arboleda, 2009)
La poesía de Carlos Bonilla pertenece a lo que los críticos  costarricenses han aceptado como la segunda postvanguardia, en ella se perciben ciertas afinidades con la primera postvanguardia, sobre todo la persistencia de ciertas utopías: política, amorosa, existencial, filosófica. La poesía sigue concibiéndose como un instrumento de lucha, por lo que permanece la confianza en el poder de la palabra como medio de transformación del mundo; aunque existe otra tendencia que expone el desencanto ante el mundo, la decadencia, la evasión y la falta de fe en la posibilidad de cambio a través de palabra.
Entre estos poetas se acentúa la reflexión sobre la poesía, continúa el viaje hacia la intimidad, el silencio y la tristeza, viaje que incluye un acercamiento crítico a la realidad de patria y sus deficiencias. Otros registran un tratamiento novedoso del amor y el sexo, que conjuga la expresión directa y coloquial con un hermetismo calculado, el eco de la música popular, la melancolía característica de los últimos tiempos, la conversación con otros textos literarios (intertextualidad).
La poesía de Carlos Bonilla Avendaño se debe entender como un misticismo comprometido con las luchas de los más pobres, de los menos favorecidos; aunque el misticismo sea solo una arista de poesía. La mística es parte de la teología que trata de la vida espiritual y contemplativa y del conocimiento y dirección de los espíritus. No obstante, el misticismo es el estado extraordinario de perfección religiosa, que consiste en la unión inefable del alma con Dios, por el amor, y va acompañado esencialmente de éxtasis y revelaciones. El misticismo es toda doctrina de carácter metafísico que trata más de los mundos ideales que de nuestro universo físico, y que enseña la comunicación directa entre el hombre y la divinidad, ya por vía de la intuición, del éxtasis, o por excesiva tensión de las facultades de la psiquis. La mística designa una experiencia difícil de alcanzar en que se llega al grado máximo de unión del alma humana a lo Sagrado durante la existencia terrenal.
En el caso de la mística cristiana, el acto de unión con Dios, conocido como éxtasis, no depende del individuo, sino solamente de Dios, que por motivos que Él solo conoce otorga un breve tiempo de comunicación sensible ultraterrena a algunas almas a la que se acerca bien directamente o bien para su posterior transmisión a un grupo o conjunto social. Puede ir acompañado de las llamadas manifestaciones, llamadas estigmas o llagas: heridas que reproducen algunas heridas de Cristo en la cruz, así como la bilocación y las manifestaciones proféticas. El misticismo está generalmente relacionado con la santidad, y en el caso del cristianismo va acompañado de manifestaciones físicas sobrenaturales denominadas milagros. Por extensión, mística designa el conjunto de las obras literarias escritas sobre este tipo de experiencias espirituales.
En su libro Alguien grita mi nombre y yo me escondo, Jorge Boccanera dice en Carlos Bonilla coviven niño y hombre gracias a un juego que los mantiene unidos; un avispero de interrogantes los reúne. El título expresa el tema del desdoblamiento y la ausencia; la identidad escamoteada de un niño repartido en todo aquello que lo rodea y que ha hecho suyo por derecho de imaginación. El poeta bucea en sus recuerdos, hurga su infancia, llama a ese niño que juega a extraviarse y que cuando aparece narra su mejor fantasía.

No sé dónde comienza el mundo
y acaba la mirada.

Arrastro la feliz angustia
de confundir la piedra con la sangre.

Amo esta luz. La escucho sin barreras,
filtrándose a pesar de tanta herida,
cantando en mis bodegas interiores.

Claridad de las cosas, habitándome.

Todo es símbolo
                        gesto,
                                sacramento.

La flor no es ella,
                        sino que la das,

como me das el beso, el fuego, la mirada.

Nuestro amor:
un renovado, cotidiano rito.

En su poemario puerta de los ciegos, se acrecenta el misticismo, la reflexión sobre la relación entre el hombre y Dios. Existen más preguntas que respuestas. El poeta escarba en las escrituras para cuestionar verdades.

mi hijo de diez años pregunta:
"si Dios sabe el futuro,
¿para qué puso a prueba la fe de los patriarcas?"

mi hijo mira el mundo,
orquídeas,
             rocas,
                   sapos

polícromas verdades
          que nadie pone a prueba.


en el principio existía la tiniebla

la noche dando a luz

transformando en arcoiris
el último reducto de la nada

es por eso la noche una tierna placenta
y la oscura memoria se olvida de la muerte
(aún la noche pequeña del sepulcro
mantiene un silencioso rescoldo de penumbra)

desde entonces
te busco entre mi noche
cuando la luz se esconde en la pupila

peregrino
sin más constelación
que mi propia ceguera

En su libro TREN SIN RETORNO, el tópico central es el viaje, el tránsito por los sueños, por los recuerdos, por la historia y la literatura. Además, de que continúa la reflexión iniciada en puerta de los ciegos. Un poema paradigmático es "Letanías de las virtudes teologales"

(Amor)

Cicatriz de la más honda herida,
Tatuaje de mis sueños,
Laberinto indeleble de la sangre

Muéreme de la muerte.

(Esperanza)

Hiedra en el arbusto de los sentimientos,
Enredadera clavada entre la savia,
parásita de las neuronas

Sálvame de la muerte.

(Fe)

Crepúsculo interior sin horizonte,
Oscurísima noche,
Certeza más dudosa que la muerte

Muérete con mi muerte

Fe, Esperanza, Caridad,

sálvenme de la muerte
muéranme de la muerte
muéranse con mi muerte. Amén.

La poesía de Carlos Bonilla, como la de su generación, muestra un compromiso con la transformación del ser humano por medio de la palabra. Es una poesía de carácter combativo que busca respuestas a las preguntas del ser, del tiempo, de la historia. El poeta cree aún en las utopías, aún tiene fe, esperanza, en que pequeños actos de amor transforman al mundo. No tiene el sarcasmo, ni la ironía de los poetas de la primera transvanguardia, quien en un gesto cínico se ríen de sí mismos, o ahogan su amargura en los bares y prostíbulos de San José. 



martes, 19 de abril de 2011

Adriano Corrales: una mirada a la realidad

     Nació en 1958. Ha publicado: Tranvía Negro (poesía, 1995) Los ojos del Antifaz (Novela, 1999) , La suerte del Andariego (Poesía,1999), Hacha Encendida (2000), Profesión u Oficio (Poesía, 2002), Caza del Poeta (Poesía,2004), El jabalí de la media luna (Cuento, 2005) y Balalaika en clave de son (Novela, 2006). Es profesor e investigador del Instituto Tecnológico de Costa Rica y dirige la revista FRONTERAS. Ha sido antologador de poesía y narrativa costarricense y centroamericana y ha participado en múltiples festivales y encuentros de escritores nacionales e internacionales, entre ellos el XII Festival Internacional de Poesía de Medellín, Colombia. También escribe narrativa y ensayo y colabora con varias publicaciones nacionales y latinoamericanas.    
     En Antología crítica de la poesía de Costa Rica (1992), Carlos Francisco Monge se plantea dos periodos: modernista y vanguardista. Dentro de cada periodo una o varias generaciones, el último lo denomina: postvanguardia. A partir de esta denominación señala una primera y una segunda postvanguardia. En El rumbo de la poesía joven de Costa Rica(2000), a modo de parodia propuse una tercera y hasta una cuarta postvanguardia; aunque quizás lo más correcto sea hablar sólo de primera y segunda transvanguardia. A pesar de que los límites entre una generación y otra sean tan sinuosos, y la teoría de las generaciones haya sido puesta en duda, porque se llenaba de rasgos excluyentes. No es necesario destruir la categoría de generación, sino modificarla en su concepción, servirla como un nuevo plato en la que se mezclan diversas tendencias poéticas. De modo, que las generaciones de postvanguardia y transvanguardia no solo describirían conjuntos de poetas coetáneos y conterráneos, sino los grupos o subgrupos que estética e ideológicamente comparten similitudes.
       En la segunda postvanguardia, se perciben ciertas afinidades con la primera postvanguardia, sobre todo la persistencia de ciertas utopías: política, amorosa, existencial, filosófica. La poesía sigue concibiéndose como un instrumento de lucha, por lo que permanece la confianza en el poder de la palabra como medio de transformación del mundo; aunque existe otra tendencia que expone el desencanto ante el mundo, la decadencia, la evasión y la falta de fe en la posibilidad de cambio a través de palabra.
Entre estos jóvenes, que ya no son jóvenes, es difícil asociar su producción con alguna poética concreta y con algún compromiso compartido. Algunos acentúan la reflexión sobre la poesía, continúan el viaje hacia la intimidad, el silencio y la tristeza, viaje que incluye un acercamiento crítico a la realidad de patria y sus deficiencias. Otros registran un tratamiento novedoso del amor y el sexo, que conjuga la expresión directa y coloquial con un hermetismo calculado, el eco de la música popular, la melancolía característica de los últimos tiempos, la conversación con otros textos literarios (intertextualidad).
      No obstante, la segunda postvanguardia ha cumplido el tiempo necesario para ser analizada dentro del Canon de la poesía. Sus integrantes están en la cima de sus carreras poéticas o se hallan olvidados en los anaqueles de alguna biblioteca o compraventa. Ya no son considerados jóvenes con mucho impulso juvenil y poca vocación. Algunos de ellos han recibido todos los premios, a los que puede aspirar un poeta costarricense dentro de Costa Rica; otros se han internacionalizado en editoriales españolas, traducidos, comentados, diseccionados, y quién sabe cuántas más alabanzas y vilipendios han acumulado desde la década de los ochenta.
      En sus artículos “La poesía costarricense contemporánea y el campo discursivo conversacional” y “La formación discursiva trascendentalista en la costarricense contemporánea”, Francisco Rodríguez Cascante emprende una revisión del discurso historiográfico, basada en el estudio de las constantes discursivas. Para él, existen dos grandes líneas discursivas en la poesía nacional, una que remite a un eje programático aurático y otra que se constituye en uno de orientación narrativizante. En la poesía costarricense conversacional, se articulan varias poéticas, entendidas en tanto conjuntos de rasgos distintivos de grupos textuales: 1) una de énfasis individualista ligada a la narratividad del mundo cotidiano, 2) otra de análisis social, 3) una de énfasis metapoético y culturalista, 4) otro de carácter feminista y, finalmente, 5) aquella de tópico amatorio. La poesía conversacional se define, porque atiende al lenguaje que se emplea, el coloquial cotidiano; segundo, porque este lenguaje posibilita la incorporación de la cotidianidad de los individuos, dicho sea, el carácter existencial, histórico, concreto, de los habitantes de América Latina. En consecuencia, aborda temas marginales y frecuentemente efectúa un análisis socio político, formalmente asume la narratividad y el versolibrismo, y experimenta con el lenguaje o asume el realismo descriptivo. También quiere dar cuenta de un testimonio de la realidad, en este sentido, puede articular proyectos colectivos o situarse en una perspectiva de dimensión individual.
     A partir de la desconfianza en las promesas autonómicas vanguardistas y en la caída de los metarrelatos, el conversacionalismo profundiza sus modos expresivos en la poesía nacional y transforma en el contexto finisecular del marcado por la postmodernidad y la globalización, convirtiéndose en un medio adecuado para expresar la desconfianza y el desencanto característicos de este contexto post-utópico. 
      La poesía de Adriano Corrales pertenece a la segunda postvanguardia, a pesar de que su obra poética se empieza a publicar junto con los poetas de la primera y segunda transvanguardia, en la década final del siglo XX. Libros como La suerte del Andariego, Hacha encendida, San José Varia y Tranvía negro muestran al lector una poética de la comunicación, como diría Aleixandre: La poesía, mas que de belleza, parece cosa de comunicación… un vocablo no es poético de por sí. No hay palabras poéticas y palabras no poéticas, aunque algunas sean bellas. Es su imantación necesaria lo que decide su cualificación en el acto de creación fiel. Las palabras no son feas ni bonitas en la poesía. Son verdaderas o son falsas. La poesía es una profunda verdad comunicada. Y esta comunicación tiene un supuesto: el idóneo corazón múltiple donde puede despertar íntegra una masa de vida participada. La poesía de Adriano Corrales comunica una y diversas verdades al lector, desde cierto orientalismo hasta el realismo sucio, desde el nido del territorio patrio hasta el territorio universal en que habita el ser humano.
La poesía del Hacha encendida (1995, 2008) tiene aires, perfumes y acentos de la mejor tradición latinoamericana. En poemas sobrios, a veces intimistas o descriptivos, el poeta relata su encuentro con el amor, el caribe y su música, la naturaleza única de un paraíso en la tierra:

6

La última visión es la desnudez sepia de su cuerpo:
boca abajo las sábanas revueltas
pierna derecha ligeramente curvada
la izquierda cruce de vía en barricada

Al centro de las ancas calle abajo
una miríada de estrellas enaltece la noche
desparramadas sobre el cauce
se deshilaban negras
danzan rubiamente dormidas

16

Sus manos dicen adiós sin saberlo
cuando modelan el barro primigenio

Preparan la celada en el equinoccio del verbo
transitan mi garganta aterida
por la turbulencia del rostro en el espejo

Es la fiebre del hacha encendida
Dispuesta para el último vuelo

Se lanza el suicida del silencio toda la madrugada
para ver crecer su propio cuerpo
como el agua alrededor del fuego

La poesía del Hacha encendida es íntima y vital, comunica estados, sensaciones, muy acorde con las tendencias dominantes de la poesía en los setentas y ochentas. Con el poemario La suerte del andariego, Adriano Corrales suma a su cosmovisión poética un nuevo engranaje de una máquina maravillosa. Los poemas de este libro están teñidos de cierto orientalismo que torna el decir del poema en un minimalismo lírico, aunado a una conciencia política del quehacer poético.

10

En mi cuerpo
palpitan
todos los misterios
del universo


31

En cada esquina de tu cuerpo
reposaba
un vendaval de pájaros

ARTE POÉTICA

En la pared tiemblan
los nombres
con sus barrotes

Una
a
una
han sido clausuradas las puertas
para que no se escapen

pero el animal tapiado
respira
por estas piedras

En La suerte del andariego, Adriano Corrales escribe una bitácora sobre el tránsito de la humanidad, una búsqueda por todas las tribus para revelar las claves de la existencia. En poemas breves, va esculpiendo en las paredes el testimonio de los excluidos como parte de una poética de la resistencia frente a los dictados del mercado y el capitalismo. En otro poemario San José Varia, se presencia un compromiso con la poesía como arma cargada de futuro. La poesía, los poetas y la ciudad se convierten en los tópicos de una obra de variadas tonalidades.

YO ES OTRO

El poeta es otro yo
cuando paga el alquiler
los recibos de la luz el agua
los víveres en el súper
los libros las cervezas
el préstamo en el banco
la sonrisa en el programa

cuando pide de a fiado
se expropia de sus versos
se emborracha gruñe
lanza denuestos
se pavonea en la fiesta
a la cual nunca fue invitado

pero cuando escribe es él
quien afeita la mañana frente
al espejo de su propio melodrama

FOTOGRAFÍA EN SEPIA

La niebla cubre la ciudad
fantasma que emerge lentamente
con un sol no tropical
obscurecido como las entrañas de los bulevares
cantinas amarillentas en el rojo carmín
de sus espejos

Una mujer cruza la Plaza de la Cultura
desdentada si edad ni perfil
sombra eterna de mantos velos y cruces
que anochecida en los bosques del XIX
se busca en lo perdido por el milenio
al umbral de una metrópoli encadenada
por el galimatías que se vende a granel
bienes raíces lotería científica
dentífrico místico
seudohistoria y licantropía

La poesía de San José Varia es un recuento urbano desde la capital costarricense con todas sus aristas fronterizas y epocales. Los poemas de este poemario desde la comunicación recuperada, los vasos comunicantes, se acercan al realismo sucio o la poesía de la experiencia, con tintes de culturalismo. La ciudad como espacio-tiempo en que se mezclan personajes, sombras y bufones, se convierte por excelencia en el lugar donde el poeta puede mezclar y mezclarse. Por otro lado, Tranvía negro es un libro dedicado al excelente poeta Jorge Arturo. es quizás el libro más personal de Adriano Corrales, pues recobra los territorios conocidos: el amor, la literatura, la historia y la sociedad o las sociedades. Son poemas cortos, cuya brevedad asombra por la precisión del lenguaje. 


I

Entre el mar y la montaña
la memoria

Entre la montaña y el mar 
el olvido

Entre el mar y el monte
este silbido


I

Es aquí la soledad

Me acomodo en el cofre
escribo
          cadáver
          sobre
          cadáver
con las botellas rotas

Es aquí la noche

eso me basta



XIX

No sólo caballos desbocados
sobre el despeñadero de labios

También el silencio en la cruz
la luna fría
la dentadura de rocío
como un rosario de mediodía

Pues con machetes de aire
y este tambor
                    vamos
al encuentro de lo que estaba oculto*

*Poema del Gilgamesh

     La poesía de Adriano Corrales está comprometida con la poesía como discurso transformador de la sociedad, con los poetas que la escriben, la trabajan, la aman. En sus poemas se entrecruzan diversas tradiciones, pureza e impureza, historia y mito, el campo y la ciudad, Costa Rica y el mundo. Adriano es un peregrino que ha logrado ver el globo como una aldea, donde todos se reunen frente al fuego de la poesía. Es un poeta que toma conciencia de su tiempo y del tiempo de los más jóvenes para construir una obra delicada, a veces áspera. A diferencia de los poetas de la transvanguardia, la poesía de Adriano Corrales aún cree en el poder de la palabra, aunque solo sea para llenar los vacíos que asfixian a la sociedad. El poeta bajó del Olimpo para andar como individuo más en las calles y en las cantinas, para compartir el amor y el odio, para ser lo que no podía ser desde su pedestal. El poeta es un ser cósmico y, a la vez, terrenal, que intenta cambiar con las palabras al colectivo de los seres humanos. La poesía ya no está al servicio de una ideología, sino al servicio del hombre y de la mujer que se descubren en la línea de un poema.

domingo, 17 de abril de 2011

Naturaleza muerta

Naturalmente, vemos televisión, idiotas, fantasmas, cuerdas, dínamos, éxitos. Naturalmente sacamos la lengua o la noche, besamos a la muchacha en el alma, lamemos el delta selvático, la felicidad marina. Naturalmente nos limpiamos la boca, llena de una espuma tibia, de una profundidad rosa. Pues defecamos rosas encendidas, estrellas lozanas, ríos de mierda que inundan ecológicamente nuestras calles, avenidas, axilas. Naturalmente es natural, que chupemos pezones de algodón de azúcar, corales, tiburones rosados, mientras algo que no tiene explicación sucede entre rejas…

de Corriente subterránea (2004-2010)

miércoles, 13 de abril de 2011

Lujuria al son de la lluvia

Esos labios, que revolotean por el aire, son de la muchacha, con quien conversé hasta tarde… serán del súcubo que baila en mi mesa. Esos labios, que juegan en mis labios, serán la aurora de un océano desconocido, el estremecimiento de una estrella rota. Pruebo los labios de licor de cereza de mujer de desnudez, y tiembla el aire, parece a punto de romperse como un cristal. Se derrite esta sombra augusta, románica y cetácea. Escucho la música que hace la lluvia sobre esos labios, vive el día en esos labios. Al volver en mí, solo esa boca conserva la inocente estupidez de la inocencia, me siento graciosamente herético o desalmado, profanando, de una vez por todas, un altar a la lujuria ofrecido, al gozoso suicidio de las mariposas.

de Corriente subterránea (2004-2010)

domingo, 10 de abril de 2011

Extraña

Perdóname por olvidar el encanto de tu lengua,
perdóname las malas palabras,
perdona no cuidar en ti aquello que nace en mí,
perdona las horas muertas,
los segundos entregados al hastío...
No tengo excusas,
no sabía cómo decirte
que esta mañana amaneciste hermosa...

Perdóname el olvido,
las palabras no dichas,
la amargura que me embriaga
como un veneno sucio,
no haberte besado a cada hora,
no haberte convencido que eras mi destino...

Perdona no haberte dado todo,
es que estaba absorto en tu mirada
y tu mirada no me decía que me amaba...

miércoles, 6 de abril de 2011

Destierro

No se me ocurre nada. No pienso, existo. De no pensar tengo tangos o boleros, muchos cascanueces. Solo soy: ser me duele. No olvido el tiempo de las grandes esperanzas, de los rascacielos de paleta, de pajilla y algodón. ¿Cuántas mentiras nos contó el mundo? Trabajo para vivir, escribo para soñar. Si solo se pudiera aplastar la cordura como una cucaracha o un zancudo infantil, si solo se pudiera rociar a la humanidad de pesticidas o tumores, si solo se pudiese a este hueco, a esta hondura, arrojar todos los desechos o vómitos del mundo… Pero no, no se puede… aún así, debemos soportar toda la inmundicia de los árboles y los pajaritos, toda la mierda ecológica que puedan concebir los astrólogos. No se me ocurre nada. Quizás pueda reescribir mis huellas sobre una nueva hoguera.

de Corriente subterránea (2004-2010)

domingo, 3 de abril de 2011

Sermón

En verdad, os digo: no entrará el corazón al puñal, ni la cuchara al latido. Pues he visto echar alas a la raíz de todos los errores. No se rascará el hombre contra el árbol, aunque el árbol fuera de topacio o amatista. Buscará la doncella la espuma seminal y de su vientre saltará el topo, la rosa y la tijera. Abrirás los labios  y allí encontrarás tu verdadera máscara. De cierto, os digo: esto sucederá en el décimo mes del gato muerto, fornicarán los muertos con los vivos, las lenguas escaparán de sus concavidades en busca de los pétalos, los pétalos se rascarán contra el fuego vegetal, y todo se consumirá en gemidos y semillas. En la tercera luna del as de espadas, la muchacha de piel de a su cena se desnudará frente al espejo, y el poeta morderá su carnoso labio, porque el día es suculento como una astilla. Esto sucederá, cuando la muerte de Astro Boy haya acontecido, y todos los que amamos las caricaturas tendremos una Lilith recién nacida.

de Corriente subterránea (2004-2010)

viernes, 1 de abril de 2011

Orgía

Alrededor de la noche, se fraguan historias,
tentaciones,
decesos.
El río de tu sexo gira como el viento,
se arrastra,
lame la sombra que soy,
que fui.
La noche con sus camas sin tender,
con sus mil ojos,
con su única estrella en tu pubis,
se desgaja
como fruto o Selene.

Alrededor de la noche, la sombra que seré
grita por la comisura de tus labios,
mientras esta orgía
de miembros,
de grutas,
de alcantarillas,
se eleva hasta el cielo en un solo grito.

de Corriente subterránea (2004-2010)

Acerca de Posesiones de Lorena Vargas Mora

La poesía de Lorena Vargas Mora es una poesía concisa, sencilla, evocadora, capaz de atrapar el instante y la memoria. En ella, nos habl...