viernes, 28 de enero de 2011

Hierofante

        Vuelve a tu ciudad, cuando las vacas marchen en sus calles, y el sol de enero queme las nubecillas y las muchachas muestren a la tristeza sus pezoncitos no masticados. Llueven cipreses en tu ciudad, conejos blancos saltan de las ollas, y tú mamá pregunta cómo seguís, y sos un río de ciénagas como los ríos de tu ciudad. Saboreás el vómito de otras épocas, los gusanos de otras estaciones, sos demasiado refinado cómo para no conversar con estas cucarachas, cómo para no decir que esta es la gruta prometida. Demasiado triste estás aquí, cómo para espantar a los batracios, demasiado para pervertir a la golondrina que se ha posado en tu ojo, el único que queda en el cofre de Bela Lugosi...

de Corriente subterránea (2004-2010)

miércoles, 26 de enero de 2011

Espejo roto

Ahora, no habrá quien me diga:
Esto es el verano. Esto es el desnudo prometido.
En la habitación que dejé atrás,
cantará el canario,
la azotea,
la marisma,
el espejo, en cuyas aguas
bebí hasta la desesperación
de los labios de la belleza.
Al cabo de una estación,
trinará el deseo
sin siquiera posar frente a la cámara.
Detrás de las cortinas,
los besos tuvieron un gusto
a sal,
a herrumbre,
a océano prehistórico.
No habrá nadie que me diga:
Vete… Nunca vuelvas.
El reflejo no existe,
ni siquiera el espejo recoge los pedazos.


de Corriente subterránea (2004-2010)

domingo, 23 de enero de 2011

Paseante de la eternidad

Caminé largo tiempo por calles desterradas.
Miraba y en el mirar hallé
la finura de la mariposa
sobre una piel dormida.

El alumbrado público teñía las sombras
de una levedad confusa,
mientras el viento agitaba sus alas
de dragón soñoliento.

Caminaba por calles desiertas,
tendidas de un lado al otro de la ciudad,
y de pronto, se evaporaban en densas nubes
de cristal o lascivia.

En una de esas calles,
descubrí el placer de mirar a los ángeles,
a las madonas y vampiros.
La mirada recreaba cielos desnudos,
amándose en la oscuridad.

El deseo se derramaba
con un aroma agridulce
de perfume barato,
como aquel que exhalaba mi sombra,
de pronto, sorprendida.

de Corriente subterránea (2004-2010)

miércoles, 19 de enero de 2011

Caos

No puede ser esto que escribo
punto y aparte,
cero.
La sonámbula está en otro sitio,
pero ya nada es lo de siempre,
lo mismo.

Alambique, mi rostro,
corto mi rostro en rodajas
de a cien,
en péndulos
de a mil.
Torcido en mi escritorio,
recuerdo que tuve un sueño,
tuve un ciclón,
que giraba, aquí, en mi mano.

No puede ser que pierda
la una y las dos,
las tres y la una,
si alguien piensa que esto que escribo
arde en los zapatos de un cadáver,
está cuerdo.
Pero ya nada es nuevo,
la que despierta está a mi lado
escribiendo,
cuando estoy distante,
punto y coma,
cero.

de Corriente subterránea (2004-2010)

domingo, 16 de enero de 2011

El bolígrafo mágico

No falta nada, Monsieur Eluard,
Ha soltado las palabras,
Y siguen el curso de las aves migratorias,
De las corrientes misceláneas,
De la brisa que cuelga como un guante
Sobre la mesa de noche.
Monsieur Eluard ha desenredado las palabras,
Son hebras de seda china,
Ecos de paloma,
Huellas de tigre africano.

Las palabras, que Monsieur Eluard ha soltado,
Están llenas de palabras,
Desbordan las hojas y el absurdo,
Se pierden en las callejuelas,
En los jardines,
En las plazas.
Están aquí,
Las encuentras en la nada barrigona,
En los cafés de París,
Tan pulcras
Y definitivas,
Como un premio de cristal.

Monsieur Eluard, toma una copa de vino,
Le hace punta a las palabras
Y las arroja
como dardos encantados
A la realidad alucinada.

Crónica del Esplendor (2008-2010)

miércoles, 12 de enero de 2011

Credo Uno, Credo Dos

Basta de palabras cluecas,
de pisarlas,
de molerlas,
de aprisionarlas en cristal o plástico.
Llegó la hora de liberar el trueno,
de liberarlo en sonido estéreo.

II

Cuánto cante el ruiseñor,
cuánto cante el tijo,
cuánto cante el yo,
sea para ti el llanto.

de Corriente subterránea (2004-2010)

viernes, 7 de enero de 2011

Credo Tres

Escribo aunque me muerda la conciencia y se me escape del espejo. Escribo con unas ganas mayúsculas de vomitar el universo en el lavabo. Escribo demoníacamente sobre mis dos tobillos funerarios, sobre mi papiro cáustico, en la piel del gato negro, en las vocales dulces y en las amargas consonantes, de dos a tres, y de nueve a cinco. Secretarialmente, escribo en mi muñón en flor, mi terciopelo azul. Escribo sin esperar ya nada, y espero algo más que el pan tostado. Escribo a veces angelicalmente unido a media sombra, y escucho las cosas por su nombre y a los nombres, por sus cosas. Estoy verdaderamente harto de encontrar el espejo que ha escapado, pero me suelto al aire como un globo. Sin embargo, y a pesar de todo, sigo escribiendo atroz, botánicamente, estas palabras que te aman demasiado.

de Corriente subterránea (2004-2010)

domingo, 2 de enero de 2011

Tríptico de la gacela etrusca

Ni la noche ni el día quieren venir
para que por ti muera
y tú mueras por mí.
Federico García Lorca

I

No te marches, no huyas,
no me abandones serpiente o luz inmaculada,
alondra o filo del amor.
No golondrines esta alma, que muchas lágrimas
caen de mi tierra a mi cielo.
Ay de mí, por no callar este huracán
que persigue sombras amarillas.
Cómo no querer un pubis
más dulce que la rosa,
unos ojos como gacelas,
unos pechos como dátiles dorados.
Canté el Cantar de los Cantares,
canté el éxtasis salvaje,
mudé de alma,
aceré mi cuerpo para penetrar el misterio,
para hundirme en la mar,
en el delta negro de tu dulzura.
No me abandones,
ahora que la luna abre sus muslos,
no huyas ahoraque he vuelto del infierno,
no te marches,
ahora,
que todo es un caos
y un fantasma me besa los labios.


II

Al filo de las cinco, gacela etrusca,
bebí de tus pezones el almíbar,
me hundí en tu carne como mar proceloso,
fui en ti el relámpago,
el puñal,
la consumación del caos.
Gacela etrusca, mordí tus hombros aldeanos,
extendí tu fragancia por el mundo,
deshice tu candor,
tu cabellera salvaje.
En ti ardió mi crepúsculo tardío,
en ti el azar
aúllo sobre su cornamenta.
Hermosa como tú ¿Quién?
mi pequeña gacela,
el delirio
gime como el viento,
gime aún más,
hasta que se rompa el vaso
y la sangre huya
sobre un hilo de estrellas.


III

Al verte a ti,
veo a las mujeres que he amado,
veo el océano salpicando mi ventana.
Es cierto...
Nací,
fui concebido para esto:
verte desnuda
en la inmensidad del aire;
joven aún más que la flor,
aún más que la aurora,
haces del deseo
el esplendor de la brisa.
Hueles a luna y a sombra,
miras como una laguna de cisnes
y mandrágoras.
He visto espejos más bellos que tus ojos,
he visto candelabros,
cuya silueta enloquecería a los poetas.
Pero tú, gacela,
despiertas un ansia funeraria
y un deseo carnívoro...
Tocar tu desnudo como quien toca
la canción más hermosa,
es mi último deseo.

de Corriente subterránea (2004-2010)