viernes, 25 de junio de 2010

Poemas de Modelo T (antología personal) de Alfredo Trejos

Los poemas publicados pertenecen a la antología Modelo T de mi queridísimo amigo Alfredo Trejos.
de Carta sin cuerpo (2001)
2

Le atribuimos al amor la noche y la venganza, la pretenciosa cordura, la inasible vida. La madurez del tronco de la niebla, la deducción infame de los puertos, la pavorosa ventana, la respiración de las caballerizas, la noción anónima del nunca. No sabemos describir otra suerte de misterio. No tenemos cura: es la mujer anticipada, el lapso y no la lumbre, la bendición y nos los hechos; el relevo, la lentitud, mi muro, mi causa: yo.
Nada más que miniaturas crueles y portentos ficticios. El pozo resultó ser el amor. Y el agua fue de bronce en otra agua. La conspiración, la noche y la venganza, son infiernos míos, abundantes decorosos. El amor, desde una ilesa cercanía, desde una cómoda carencia, me hace ver el mundo contra el que se ha roto.

Tratado

Cerramos bien las tiendas, el atolón del pobre, el mediodía. De algún modo consentimos el tiempo y la paloma, la multitud, la voz, el calambre, la suerte. Vemos bien la arena y la noche y la común indumentaria de la mosca y no esperamos nada


6

Es la soledad que le corta la circulación a las almohadas. La soledad que se desmaya en un sombrero. La que se desmaya en el oído medio de los locos. La que no se queda en su lugar como sí lo hacen la oreja y la lluvia. La soledad que flota junto a los muebles del cuarto. La soledad oscura y firme de tanto colgar una pared donde no hay nada.

De Arrullo para la noche tóxica (2005)

Tríptico I

(El Mutilado)

...recordando a Gabriel Ferrater.
Aún mis días son restos de enormes muebles viejos,
anoche “Dios” lloraba entre mundos que van
así, mi niña, solos y tú dices: “te quiero”...

Pablo de Rokha

I

Ella está de paso.
Siempre ha sido así
y así conviene que sea.
Es decir menos a gusto
con las manos tibias y los besos
inconforme impuntual y equívoca
petulante aparición en el marco de la puerta
ella con la tarde
ella con los puentes
y las luces del infierno
de cualquier forma ella con el color de un parpadeo
sentencia de los ojos y enjambre revelado.
En las cortes del humo , ella miente:
se acusa a sí misma de estar muy lejos.

II
En una noche dio su sangre por mis dudas
y tomó el bello sabor de la demora
llegó hasta el fondo cocinado de la tierra
hablaba en serio cuando hablaba de dejarme
solo en una silla cara a cara con la muerte
hablaba en serio pero besaba más
y bailaba más el paso roto de su última silueta contra el muro
Ella de algún modo consiste en el olvido.
La amenaza. La lección.
Casi recuerdo.

III

Algunas veces el corazón
se siente igual
que un clavo suelto bajo la alfombra
bajo un tapete
que ya no sujeta nada
y sin embargo
sigue ahí.

de Cine en los sótanos (edición parcial en Modelo T)

Del mejor cine casero: atribuible al whisky Widowmaker

Es hora de defender la soledad. De defender la soledad tan bien como se defiende la soledad de Buffalo Bill aunque esté enterrado desde hace mucho en Montana o en no sé dónde. Esto es lo fascinante: el hombre puede morir pero su soledad queda en este mundo como un intocable depósito bancario. Este mundo es una bóveda de esas que ya no se fabrican, malignamente poseída por enervantes combinaciones. Armada sobre fajas de acero, cocida en toneladas de fundente. La victoria de la soledad es un bello enigma. La soledad es enorme, pero siempre hay un rastro. Cualquier hombre sabe que la soledad se debe cruzar a gatas.
No hay mucho qué explicar. A veces siento que mis pulmones crujen como porcelanas viejas en las que han servido un poco de helado. A veces me digo: “no me tumbará el alcohol, no me serenaré por un golpe de fortuna, no adiestraré a mi perro para que luche con contrabandistas, no comeré un rábano más en lo que me queda de vida, no destriparé más pescados en las vías férreas ni en las colas de los bancos”…
Este es el fin. Una mujer puede dejar sin torres y sin puertos a cualquier ciudad de Oriente u Occidente y es también el fin. Sueño con mujeres como sueño con fuentes de cloroformo. Nada de desnudos artísticos. Sólo desnudos vulgares comunes y corrientes. Las veo fumando en balcones de Weimar o Estrasburgo. Reparando bicicletas en un desván de Jersey o en un almacén de Valparaíso. Es admirable cómo se dejan caer entre sus ropas con algo de torpeza. Cómo rehabilitan el sabor del agua y el gusto de los aceites. Sobre sus caras parece haberse secado otra sombra mucho más firme, mucho más dueña de la piel que cubre…Esas mujeres son como vasos de hierro colado llenas de espinas dulces y maderas aromáticas. Al final veo cómo mueren una a una, por tifus, por picadura de áspid, por inhalación de resinas o vapores o atropelladas por un coche cuyo conductor al ver lo sucedido no hace más que disparar una bengala.
Me conformo con que la vida sea esa flor leñosa clavada en la tierra. La tarde cae como una de esas píldoras de dos colores ―dos tonos de gris, dos tonos de naranja―. Hay una foto de James Dean sobre la mesa, tomada en la calle 68 Oeste de Nueva York, año de 1955. A ambas orillas de la calle los automóviles parecen ballenas azules que han muerto quizá desde hace mucho bajo un chorro de metal fundido. Es el tiempo de los luchadores enmascarados, el tiempo en el que las heridas de bala se usaban bajo la solapa. Los pantalones de Dean lucen arrugados. Quizá ha estado bebiendo (me niego a pensar que no bebiera siendo él tan del Método) y cuando uno bebe no pone atención a esos detalles.
Hay noches en que toda la cerveza del mundo entra de golpe en la cadena alimentaria y la lucha se torna feroz. Hay noches en que los senos de todas las mujeres del mundo entran en la mente de un hombre y todo está perdido. Senos tópicos, olímpicos, retóricos, hipnóticos, prehistóricos, catedralicios…La madrugada misma esconde un aguijón entre sus senos. Anoche, en algún lugar que no recuerdo, gasté miserablemente un poco de dinero que llegó con la ropa sucia. Dinero sucio, supongo.
Sólo en la ciudad nos reconocemos como en la muerte. Esa ciudad que se derrama como una agria conserva y en la que las piernas de las mujeres son jarrones Ming, lápices dorados. Lo único importante que se aprende así es que los poemas se queman hacia sus abismos y no hacia sus páginas. No hay adónde ir. La poesía está por maldecirnos.

de Vehículos pesados (2010)

Pathé Journal transmite señales de humo

Françoise Sagan
intenta quemar
una grulla de origami
como lo haría una novicia
de hábitos calientes.

Las cosas arden mejor
por las esquinas
—se sabe—
resultan menos inflamables
las ventanas, los corredores,
pero jamás al punto de volverse eternos.

¿Y si ahora soy yo
quien envía un poco de fuego
en un sobre cerrado?

¿Y si mi carta
se apaga frente a los Himalayas
la tendré una vez más
en mi puerta
quizá clavada con un pico?

Françoise Sagan
toma el cigarrillo
como quien se dispone
a hacer volar un puente.

El agua hierve sin funeral
en la cocina.

Entonces
¿quién amasa el carbón al rojo vivo
que pronto para todos
tomará el lugar del mundo?

Sirva esta muestra de poemas de Alfredos Trejos a la presentación hecha en la Casa de la cultura "José Figueres Ferrer"

jueves, 24 de junio de 2010

Modelo T de Alfredo Trejos: una nueva presentación


Alfredo Trejos es un reconocido poeta en el ámbito nacional, del Caribe y de Centroamérica. Algunos pensarán que una presentación es delirio, locura, alquimia, tarot, adivinanza o chiste. A pesar de todo, quise presentar este poemario de una manera académica. La razón es sencilla, consciente del snobismo del ambiente literario, no es de mi gusto caer en los juegos de los fantoches y los arlequines. Alfredo Trejos se merece una presentación a la altura de su estatura poética, y si la cacofonía no me falla, un análisis, quizás más profundo de su obra. Alfredo, mi querido Alfredo es poeta con ángel o demonio, con duende o genio. Su poesía destila los jugos de la mejor tradicción latinoamericana, anglosajona o europea. Despierta una pasión encarnizada como la de los jacobinos, los stalinistas o los protestantes. Su poesía comunica y al comunicar crea empatía, amor, deseo, culto y rituales de la más diversa índole. Con esto quiero dar paso a la presentanción leída en Centro de la Cultura "José Figueres Ferrer" y es así como empieza:
La realidad no tiene la menor obligación de ser interesante, y hasta puede prescindir de esa obligación, no así la poesía. De allí, se sobreentiende que poesía y realidad son polos opuestos. De un lado, la realidad con sus calles, sus charcos, sus bares, sus night clubs, su tristeza y su deseo; y del otro, la poesía con sus calles, sus charcos, sus bares, sus night clubs, su tristeza y su deseo. Sin embargo, esto no es del todo cierto, y Alfredo Trejos muestra como la realidad puede ser interesante, y hasta extraordinaria. En su antología personal Modelo T, se puede admirar la evolución de un poeta que ha logrado mezclar la realidad y la poesía con una destreza de cineasta o músico de jazz.
Alfredo Trejos encarna la ruptura con aquel trascendentalismo, que propugnaba la autonomía del arte y reclamaba el valor absoluto de la poesía por sí misma, considerando al poema como un objeto independiente y autosuficiente. Alfredo pertenece a una generación que hace años vengo llamando transvanguardia y que está formada en los mass media: radio, televisión, cine, prensa, tebeos y otros medios de comunicación de masas. De allí, que su poesía presupone una creación constante de mitos que incluye tanto a políticos como artistas de cine, a deportistas o a figuras del mundo artístico e intelectual. A la repulsa del trascendentalismo y la reivindicación de una formación cultural esencialmente dominada por los media, se añade la pérdida de fe en la razón positivista. Todos estos factores encuentran cabida en una poesía en la que el collage, la escritura automática, las técnicas elípticas, la sincopación, y otros recursos irracionalistas, que literaturizan temas extraliterarios, incorporan elementos artificiosos y exóticos, y hacen literatura sobre literatura. Una de las características de la producción de estos lectores de T.S. Elliot, Ezra Pound, Jorge Luis Borges, Octavio Paz, Yeats, Baudelaire, Rimbaud, Saint-John Perse, los surrealistas, Céline, Aleixandre, Cernuda, entre otros, es el hermetismo. Los signos –máscaras de la existencia, precisiones musicales, cinematográficas y literarias– se han hecho para que solo unos pocos iniciados, tal vez uno o ninguno, puedan alcanzar el significado total del texto. La creación poética en un proceso de mistificación se manifiesta en una doble vertiente: la cultura de los mass media y la música.
En Carta sin cuerpo (2001) Alfredo inserta poemas que reflexionan sobre el amor, la soledad y la muerte. Temas recurrentes en casi toda su obra. Pero su primer libro se encuentra muy alejado del culturalismo de sus últimos libros. Carta sin cuerpo halla al poeta enfrentado con un mundo que no lo comprende. La realidad y la poesía son polos opuestos de una sola sensibilidad y de una sola pasión. De allí, que se puedan leer versos como:

"El amor, desde una ilesa cercanía, desde una cómoda carencia, me hace ver el mundo contra el que se ha roto".

O Quizás:

"Vemos bien la arena y la noche y la común indumentaria de la mosca y no esperamos nada".

O estos otros:

"La soledad que flota junto a los muebles del cuarto. La soledad oscura y firme de tanto colgar una pared donde no hay nada".

El mundo de Carta sin cuerpo es un mundo de pérdidas y abandonos, de muerte y desolación. Es un universo de paisajes melancólicos, donde no cabe la ironía. Aún así, el poeta evoluciona, cambia, se transforma, se metamorfosea para crear un nuevo escándalo. En Arrullo para la noche tóxica (2005), Alfredo Trejos escribe un libro de trípticos perversos. El primer tríptico se abre con una dedicatoria al poeta catalán Gabriel Ferrater (1922-1972) quien escribió: “Hay quien sabe sufrir más que los demás." El poeta catalán parece expresarnos de una manera arrolladora la poética y la estética de Alfredo Trejos, una poesía del dolor y alegría, del amor y la soledad; también incluye un epígrafe de Pablo de Rokha, ese gran desconocido, que dice Aún mis días son /restos de enormes muebles viejos,/ anoche “Dios” lloraba entre mundos que van/ así, mi niña, solos y tú dices: “te quiero”…/ En Arrullo para la noche tóxica se intensifica la exploración del amor y de la amistad, también la sensación del abandono y la pérdida:

"llegó hasta el fondo cocinado de la tierra
hablaba en serio cuando hablaba de dejarme
solo en una silla cara a cara con la muerte
hablaba en serio pero besaba más
y bailaba más el paso roto de su última silueta contra el muro"

Arrullo para la noche tóxica se puede considerar, dentro de la obra de Alfredo Trejos, un libro de transición entre Carta sin cuerpo y Cine en los sótanos, donde continúan las obsesiones del Alfredo Trejos: el amor, la soledad, la muerte. Pero, se insertan nuevos elementos de factura culturalista que impregnan los poemas de sabores extraños:

con sinceridad me gusta el sol
las sillas de barbería
Brando en “On the Waterfront”
y escribirte

O:

no sabe que prefiero
el ron Carta de Oro al bádminton
la terracota al casimir
el hielo artificial a las perlas cultivadas
El Cuarteto de Alejandría al Times
la mujer que desayuna
a la modelo


En Cine en los sótanos (inédito), se intensifican precisiones musicales, cinematográficas y literarias. El poeta busca su identidad en los personajes del cine, la historia y de la literatura. Los poemas en que aparece este nuevo culturalismo presentan un yo que se expresa en el ámbito de un intimismo directo y añade un determinado número de referencias culturales que enriquece el significado del poema. Como puede leerse en “Del mejor cine casero: atribuible al whisky Widowmaker”:

Es hora de defender la soledad. De defender la soledad tan bien como se defiende la soledad de Buffalo Bill aunque esté enterrado desde hace mucho en Montana o en no sé dónde.

O en “Midnight Mantra Blues”:

John Lee Hooker la saca
de entre la baraja fatal
que le cubre la sonrisa
y la arroja como papel quemado
a la ciudad y sus charcos.

Vehículos Pesados (inédito) es el último libro que forma la antología personal de Alfredo Trejos. En él se mezcla la realidad cotidiana con esa otra realidad de la literatura, el cine, la música, el teatro y la pintura. Es un libro de una sutil ironía, enmascarada por el lenguaje y por la inserción de vocablos anglosajones. El poema que abre esta sección se titula “Yard”, en él un hombre pequeño se introduce en la infancia del poeta:

De vez en cuando
viene un hombre
y corta la hierba crecida,
la mala y la buena,
y las flores con las que
no hay caso,
esas que casi se lanzan
bajo el cuchillo o bajo la bota
y que una vez derribadas
parecen de la familia.

Este hombre es un sujeto extraño a la realidad del poeta, una realidad que se destruye y reconstruye constantemente. En Vehículos Pesados, Alfredo Trejos continúa la inclusión de elementos ajenos a la realidad cotidiana. No importa de dónde vengan, sino el impacto o el desequilibrio que infunden al lector. Personajes históricos, literarios o musicales, todos son máscaras de una exploración profunda del ser lírico: Françoise Sagan intenta quemar una grulla de origami, Gene Krupa es el interlocutor del poeta, al fantasma de Pushkin lo tuvieron que bajar de madrugada, a Jaco Pastorius lo sigue un jazz que no dice, al poeta le hubiera encantado volar trenes junto a Pancho Villa. De este modo, el injerto de elementos literarios y extraliterarios genera un culturalismo que obliga al lector a hacer una lectura experimentada, para descifrar la realidad que crea esta poesía.
Hasta aquí he dicho lo que quería decir, si alguien llega hasta este último párrafo, sabrá la verdad: Alfredo es quizás uno de los grandes poetas que ha nacido en esta tierra, un poeta cuya envergadura trascenderá el tibio nido de la "Meseta Central", ese espacio plano donde aún puede florecer el árbol del vino, del bien y del mal.

lunes, 21 de junio de 2010

XXXII


Al borde de tus labios, el vacío,
el vacío salvaje del deseo,
un vacío tan hondo que entreveo
en la tierna dulzura del rocío.

Al borde de tu piel, escalofrío,
el delirio de un sueño en apogeo,
entre brisas y alas, un gorjeo
del océano o crespúsculo tardío.

Tu cintura es profunda como un cauce
y me arrastra, mujer, en remolinos,
por un mundo de sombra y porcelana.

Tu cuerpo es tan triste como un sauce,
se me pierde en un valle sin caminos,
como el terco recuerdo de un mañana.

Cuaderno de galanterías (2006-2010)

sábado, 19 de junio de 2010

XIV

Desnuda, tan desnuda como el cielo,
así te quiero, mujer, en esta cama,
como el azul exacto de la llama,
como el sol a la sombra del ciruelo.

Te quiero toda azul bajo mi anhelo,
desnuda como espuma en pentagrama,
y besar tu perfil bajo la rama
de un almendro de verde terciopelo.

Así te quiero, amor o paraíso,
o sueño de un edén, donde renace
el deseo de una flor atada al viento.

Te quiero, amor, así, cuando es preciso
arder en la llanura, donde pace
un fuego de lujuria en movimiento.

Cuaderno de galanterías (2006-2010)

martes, 15 de junio de 2010

XIII

Hoy me duele, mujer, hasta la brisa,
hasta el sol siente frío en esta casa,
la caricia como el beso se hace escasa,
y me duele la tristeza y la camisa.

Hoy no sé dónde puse la sonrisa,
y en la calle, tu sombra ya no pasa,
solo el frío del tiempo es quien me abrasa
como llama de cirio en una misa.

No recuerdo el calor de tu presencia,
ni la dulce alegría atolondrada
de tu boca que me tiene en penitencia.

Está fría mi alma como un pozo,
y en él esta tristeza alucinada
es ruina, naufragio y destrozo.

de Cuaderno de galanterías (2006-2010)

domingo, 6 de junio de 2010

El culturalismo: Alexander Obando, Esteban Ureña y Mauricio Molina

Alexander Obando (1958) Poeta, narrador, compilador y ensayista. Perteneció al Taller Literario Eunice Odio que público la antología titulada Instrucciones para salir del cementerio marino. En 1991 obtuvo el primer lugar de poesía en el Certamen Centroamericano de Literatura Joven, auspiciado por el Instituto Cultural costarricense-salvadoreño y el CSUCA, con el libro Hotel de puertas amarillas, el cual nunca fue editado. Ha publicado dos novelas (parte de una trilogía) El más violento paraíso (2001) y Canciones para la muerte de los niños (2007), su obra poética ha sido recogida en el volumen Ángeles para suicidas (2009)

Mauricio Molina Delgado (1967) Profesor e investigador de la Universidad de Costa Rica. Ganó el premio Sor Juana Inés de la Cruz (1998) con el libro Abominable libro de la nieve (1999) El premio de la Editorial Costa Rica 2005, con el libro Abrir las puertas del mar (2005) Publica Maremonstrum (2000) Recoge su obra inédita y editada en el libro las cenizas de orfeo (2006)

Esteban Ureña Salazar (1971) Estudios en Filología Española y Literatura Latinoamericana; UCR. Miembro del Taller de Literatura Activa Eunice Odio (1989-1993) y de la iniciativa de escritores jóvenes Octubre Alfil 4 (1994) Publicaciones de poemas en Antología de la poesía erótica costarricense (2003) Revista Nacional de Cultura (2003) Instrucciones para salir del cementerio marino (1995) Caminos (Revista de la Asociación de Escritores Jóvenes de Barcelona (1995) Libros publicados: Bestiario de amor (2004)

La multiplicidad de propuestas estéticas que se desarrollan alrededor del mundo en el siglo XX tienen sus huellas o ecos en la producción lírica costarricense. A pesar de esta multitud de expresiones y a pesar de un reduccionismo meditado y de un afán pedagógico desmedido, se pueden describir las tendencias que forman el panorama poético de la última poesía costarricense, situando como polos opuestos y contradictorios el trascendentalismo y el exteriorismo: dualidad irreductible, pensamiento paternal, antropocéntrico, logocéntrico, machista, degradado, pero insoslayable. Entre uno y otro, vanguardismo, antipoesía, neobarroco, realismo, culturalismo, negrismo, popularismo, minimalismo, hiperrealismo, intimismo como piezas de una inmenso continente literario.
El origen del culturalismo se ubica históricamente en la generación del mayo francés o de 1968. Estos poetas encarnan la ruptura con los postulados estéticos del realismo, propugnan la autonomía del arte, reclaman el valor absoluto de la poesía por sí misma, consideran al poema como un objeto independiente y autosuficiente. Es una generación formada desde los supuestos de los mass media: radio, televisión, cine, prensa, tebeos y otros medios de comunicación de masas. Esta poesía presupone un creación constante de mitos que incluye tanto a políticos como artistas de cine, a deportistas o a figuras del mundo artístico e intelectual. A la repulsa del realismo y la reivindicación de una formación cultural esencialmente dominada por los media, se añade la pérdida de fe en la razón racionalista. Todos estos factores encuentran cabida en una poesía en la que el collage, la escritura automática, las técnicas elípticas, la sincopación, y otros recursos irracionalistas, literaturizan temas extraliterarios, incorporan elementos artificiosos y exóticos, y hacen literatura sobre literatura. Una de las características de la producción de estos lectores de T.S. Elliot, Ezra Pound, Jorge Luis Borges, Octavio Paz, Yeats, Baudelaire, Rimbaud, Saint-John Perse, los surrealistas, Céline, Aleixandre, Cernuda, entre otros es el hermetismo. Los signos -máscaras de la existencia, precisiones musicales, cinematográficas y literarias- se han hecho para que solo unos pocos iniciados, tal vez uno o ninguno, puedan alcanzar el significado total del texto. La creación poética en un proceso de mistificación se manifiesta en una doble vertiente: la cultura de los mass media y el mundo grecolatino (Jongh Rossel, 1982: 12-17)
El culturalismo costarricense no surge como una reacción a la poesía realista (Jorge Debravo, Marco Aguilar, Arturo Montero Vega) sino al trascendentalismo, corriente dominante del espacio literario, cuyos representantes mayores (Laurano Albán, Julieta Dobles, Ronald Bonilla, Carlos Francisco Monge) publican el Manifiesto Trascendentalista (1977) texto paradigmático y a la vez programático que resume la prospuestas del Círculo de Escritores Costarricenses. En un texto paradójico Instrucciones para salir del cementerio marino. Antología del Taller de Literatura Activa Eunice Odio (1995) Los firmantes proponen sin proponer una alternativa al transcendentalismo, a una poesía construida sobre las más estrictas normas poéticas. Entre el manifiesto y el antimanifiesto existe la necesidad de lograr un mayor acercamiento al lector, pero surge un problema fundamental a cualquier expresión literaria ¿Qué tipo de lector tienen en mente los poetas costarricenses? A pesar de su deseo de escapar del cementerio marino, los poetas culturalista naufragan en su intento. ¿Es posible que la enciclopedia del lector coincida al ciento por ciento con la del autor? ¿Es posible que un lector no entrenado en las artes y las letras comprenda los múltiples sentidos del texto y se plazca en él? ¿Es posible que caiga en las trampas y no logre descifrar los enigmas? El hermetismo no surge de la acumulación de analogías y del antisentimentalismo, sino de las relaciones y las imbricaciones que se desarrollan entre el poema y las culturas.
La poesía de Alexander Obando, Mauricio Molina y  Esteban Ureña es una de las formas más logradas del quehacer poético costarricense. Una poesía finamente entretejida de referencias literarias y culturales. La música, el teatro, el mito, las ciencias ocultas como el tarot, la quiromancia, la alquimia, la cábala, la cultura gecolatina y el pop art, los bestiarios y los beatniks, la Biblia y el Corpus Hermeticum, forman un tejido de trasparencias e interrelaciones con el poema. La reiterpretación del mito como modelo y estructura de la escritura, como máscara de un vacío, permite injertar en la realidad del poema diversos paradigmas históricos. El poema es el lugar del entrecruzamiento, la encrucijada, el pastiche que sirve para una indagación de las apariencias, las mutaciones y las transiciones. En este sentido y en los múltiples sentidos que elaboran Alexander Obando, Mauricio Molina y Esteban Ureña crean obras hermanas en sus prácticas y procedimientos poéticos.
Siguiendo a Guillermo Carnero, se describen cuatro tipos de culturalismo: culturalismo duro, culturalismo de baja intensidad, criptoculturalismo y culturalismo ficticio. Los poemas que pertenecen al culturalismo duro están íntimamente fundados en la sustitución analógica, en virtud de la cual el yo se expresa representado en un él (personaje histórico literario o artístico), con la misma función representativa. Si el yo apareciera, su voz no estaría dirigida a la realidad evocada mediante esa sustitución, sino a sus referentes analógicos mencionados, o se trataría de un yo puesto imaginariamente puesto en boca del personaje analógico. Los poemas en que aparece un culturalismo de baja intensidad presentan un yo que se expresa en el ámbito de un intimismo directo y añade un determinado número de referencias culturales en que enriquece su significado. El criptoculturalismo es una variedad de culturalismo de baja intensidad, en la cual las referencias culturales (versos ajenos) no están marcadas como tales, sino integradas indistintamente en el poema. El culturalismo ficticio consiste en la introducción de referentes culturales inventados pero siempre posibles o verosímiles.
La poesía de Alexander Obando no se puede reducir a un culturalismo duro en las palabras de Guillermo Carnero, pues las influencias que viven y conviven son más amplias, más panorámicas, como ocurre con el poema "Postales Italianas":

Per Sbattere la Fine.
Antonio Armando Ssacal.

Mes a mes, un amigo me envía postales
desde su casa en Milán.

Cose da matti,
cose da pazzi.
Desenterrar huesos en Gubbio
para sacarle jugo a la cultura.

Enviar postales de un  continente a otro
a lo largo de los años
practicando el italiano:
non è la regione toscana;
non sono monumenti romani,
È Luigi, il costaricano,
levantando pesas en el gimnasio.

Cierto hay mucho dinero
y cierto él viaja mucho,
por eso todos los días abre la ventana,
mira hacia la cúpula
de Santa María del Fiore
y dice:
(Peggio per loro
                    se non sono qui)

Alguna vez hizo maletas para URSS,
pero el clima apaciguado lo desmotivó.
Cuando la rebelión de los
tártaros fue sofocada
las llanuras de pronto se quedaron demasiado lejos.
Cose da matti.
"Ahí es donde matan vacas,
                         comen cerdo,
llevan la cruz griega a cuestas".
Su refinamiento
era otro distinto de eso.
(Los damascos carecen de manchas
pese a los litros de vino / y los tacones No 10).

Y ya le ponen los cirios en la plaza
pero el trineo ruso         --al fin de cuentas--
va a sobrevolar
            por falta de santo y seña.

Así pues,
            Verona y el mediodía paduano.

En el último barco
había guardado la imagen
de un santo del quattrocento
como si fuera el boleto de regreso a su patria.
Venía lleno de lienzos y cobas,
la lengua hinchada del hágase o no se haga.
(L'azzurro con il bianco,
il gallo con il rosso).
No se le escapaba ni un solo detalle,
mientras sobre la Umbría solía dictaminar:
"Es la región más luminosa del mundo".

Cose da matti,
tutto da pazzi.
No quería otra idea que no fuera esa:
              rifiutare:
              sbattere il letto, la cama,
              profumo del viaggio.

No deseaba otra cosa
para sacudirse el final. 

La poesía de Mauricio Molina tampoco puede ser reducida a un culturalismo ficticio, como sucede en "Cantares de Ayumi" (Ayumi Monogatari)

I
Fieras de amor en los ojos que acechan.
En su lecho mojado descansa Narijira, sabio en amores,
y al pasar de 11 siglos
unos párpados que cierran
los palacios de la noche.

II
Nieve: bajara de cartas
cayendo en la meseta.
Corazones, tréboles, espadas de hielo.
Y bajo el manto de la noche
la muerte lenta de algún alpinista.

III
Yuki-Onne, mujer de nieve
gotas de miel en sus pechos de invierno
invitando al sueño y al ayuno.
Tañe el Koto con sus dedos.
Nuestros cuerpos lloran de frío.

IV
El telón de la nieve
baja cuando el amante
invoca las palancas de la noche.
Un niño toca la flauta de bambú,
seca el llanto con su manga
ve pasar los años como el crustáceo entre las algas.

V
Kioto: Aurora que cae como loto sobre el lago,
el ebrio ahogándose en su sake,
el bonzo caminando entre cerezos,
todos soñando la falsa promesa de amor
de los jardines.

Por último, la poesía de Esteban Ureña Salazar, tampoco se puede reducir a uno de los cuatro culturalismo que propone Carnero, más bien, existen en una equilibrada convivencia con otras fuentes literarias, como ocurre en el poema "No alcanza la plata para el viaje astral":

Virgilio se acerca con la mosca atada a un hilo.

La musa es invisible desde lejos.
El balanceo autónomo del hilo
hace suponder la cadena de Cerbero
o un filamento de Keter Elyon.

De cerca, la mosca se ve triste y alegre.
La sonrisa de súplica. Panoptes de ojos sucios.

Virgilio coronado pasea su quimera.
Los vecinos temen y envidian sus tratos
con el mundo subterráneo.

Cuando se acerca, disimulo un poco.
Miro la mosca de reojo, me alejo de nuevo
y recobro el monstruo tan temido
el mismísimo Signo de la Ausencia.

¿Alguien sabe qué quiere la mosca?
¿Qué bicho le muerde la oreja
mientras Virgilio duerme?

Virgilio cosecha los laureles
y la mosca escribe,
escribe.

Este artículo es un intento por comprender la realidad poética de los poetas costarricenses. El culturalismo, como otras tendencias que se mezclan en el horizonte, representa una paradoja en la poesía. El abandono de la analogía como forma de estructuración poética en favor de otros recursos literarios no produce un mayor nivel de comunicación con un lector medio, sino un muro, un misterio o un enigma. La enciclopedia del lector sucumbe ante las referencias culturales que desconoce. De allí, que sea interesante la imposición de una nueva manera de escribir poesía, más clara, más sencilla, más elemental,  que logre un acercamiento más directo con un público lector, acostumbrado a las películas de Hollywood, los libros de superación personal y los reality shows. El magisterio de Alexander Obando como una de las voces más poderosas de la literatura costarricense es indiscutible. Comprenderlo y analizarlo es una de las tareas más urgentes que le resta a la crítica de nuestras tierras.