domingo, 30 de mayo de 2010

Poesía española contemporánea: Canon y gestión poética

Hoy, un día hermoso de verano, me encuentro navegando, leyendo artículos, meditando. No deja de ser interesante la crítica subjetiva, esa que se solaza es desgarrar la gestión poética y el canon poético. Estoy seguro, querido lector, que hasta aquí llegaste... En fin, la crítica, escondida entre las máscaras, los seudónimos, no deja de ser la más sincera y quizás, la más divertida. De allí, que la voz oculta entre los matorrales de la red se dedique a tirar piedras al espectáculo poético. A veces, quisiera ser completamente objetivo como el médico que disecciona un cadáver, pero un cadáver hermoso y maldito como la poesía como se podría partir en pedazos. Otra vez, me siento a leer otro blog y otro, cada loco con su tema, y entre ellos, el interesante Epílogo de "desobediencia poética", que me recuerda los intentos por criticar la tendencia dominante, de esta manera reproduzco las interesantes elucubraciones del señor blanco:
"En primer lugar quisiera pedir disculpas a todos aquellos poetas a los que con tanto entusiasmo y energía he satirizado. Por si les sirve de algo, confieso haber disfrutado enormemente riéndome de ellos, sacando a relucir lo obtuso de sus habilidades literarias e imponiéndome a los mismos con más talento literario del que jamás sus torpes espíritus puedan concebir. Pero respiren tranquilos no obstante, pues el talento verdadero, unido a una independencia real y a una honestidad sincera siempre resultan sospechosos, y muy especialmente en los vanidosos círculos literarios donde, no obstante, el talento poético debiera estar en la base de todo mérito poético.

Viendo la producción total destinada al blog quedo bastante satisfecho. De algún modo constituye un lienzo panorámico donde los mayores espíritus poéticos hispánicos de la época han sido retratados, y me enorgullecería enormemente saber que si un día mi obra alcanza el lugar que merece, o sea el más alto de las letras hispánicas, estos versos serán tenidos en gran consideración hasta el punto que los efímeros poetas y sus no menos efímeras obras que he retratado sean recordados a la luz de mis versos, que es sin duda la luz que más honor les hace.

De Luis García Montero diré que posee la gracia poética de un macarrón, o sea ninguna. Y que sus versos, bien vistos, se adaptan perfectamente a la definición “trozo de una pasta hecha con harina de trigo, en forma de tubito y que se cocina de diversas formas”. En su favor diré que le acepto life vest Ander your seat como animal poético, aunque es justo decir que la técnica de contrapunto que adapta no se le ocurrió a él. No obstante la ejecución es buena.
Este poeta juega el papel de malvado hábil. Ha sabido colocar su obra en el escalafón más alto del Parnaso español y además con mucha inteligencia. No tuvo prisa para ganar el Loewe y cuando lo hizo fue presentando tal vez su obra de más mérito. Aunque generara mucha controversia entre el jurado, esta solo puede ser entendida por las rencillas personales existentes entre los mismos tan frívolamente barnizadas con una pátina de sabiduría o postura (posturazo más bien) poético. Lo que es seguro es que no se midieron los distintos talentos poéticos entre los finalistas, sino la amistad, la influencia y los prejuicios entre los mismos como siempre.
Tiene un gran talento político, merced al cual ha sabido gestionar su obra poética sumamente bien. Pronto se hizo con el Adonais seguramente con una mezcla de golpe de fortuna e influencias. Porque es así como se reparte siempre este premio. Después (o tal vez antes) ha gestionado con gran oportunismo por su parte el desembarco del gran desterrado, Rafael Alberti, de cuya fama se ha beneficiado. Siempre ha sabido arrimarse al ascua que más calienta, y entre sus habilidades ha estado la de hacer una soberbia lectura de los tiempos que corrían para saber cuál era la llama más favorable a sus intereses.
Seguramente es el poeta más afamado de su generación y es tan listo que ya ha previsto su futuro, pues ha sabido ningunear como pocos a sus enemigos, e ir sacando a la luz a jóvenes poetas a quienes ha amamantado como una vieja loba a base de premios. He aquí al ya consagradísimo Andrés Neuman y a la más reciente Elena Médel. Por ellos pasa su futuro, y en sus manos estarán sus futuros grandes premios nacionales y quién sabe si internacionales, pues para cuando Luisito sea viejo, estos estarán el en cenit de su influencia.

Ya que estamos con la Médel, debo decir que sin duda su elección debe basarse en un error de juicio poético, pues no posee otra virtud que la de ser, digámoslo así, simplona. Creo que su elección se corresponde a una sabia mezcla de azar, andalucismo, relaciones personales, prejuicios por parte de Montero con respecto a lo que la juventud es o debería ser, y por su puesto a una identificación personal con ella. Sin duda debe verse reflejado en su aspecto regordete y feucho, amén de ese acento granadino que como el ajo, echa hacia atrás.
Creo que sobre su obra no he descargado mi talento satírico, pero la verdad es que ni falta hace, y además no me apetece dado que tampoco encuentro un reto en ello.

Andrés Neuman. Debo decir que tiene condiciones y talento, pero que no termina de hacerlo estallar con total contundencia. Seguramente está demasiado entretenido gestionando su obra, ese capital que tiene, como para introducir en ella un salto de calidad que le haría verdaderamente grande, y dado que empieza a pasar por serlo, corre el serio riesgo de conformarse con parecerlo en lugar de proponérselo realmente. Escribe demasiado y además pisando siempre sobre seguro. A mi entender conferirá más cuerpo a su obra cuando le dedique más tiempo. Él es sobretodo poeta, pero puede dedicarse a otros géneros con éxito porque posee cualidades. Pero por ahora no quiere dedicarle el tiempo necesario a una obra suya como para hacerla verdaderamente grande. En general me parece un pánfilo, sin embargo, insisto, no es ningún inepto.

Por suerte, uno y otro son de otra generación y no tienen que acudir regularmente, como en cambio sí hace su mentor, a ese lugar común tan pueril como es el de la disidencia antifranquista. Montero se apunta un tanto que me cuesta horrores creer. Pero en fin, no hace sino lo que otros antes que él han hecho también. Y la verdad es que todos mienten, amén de alimentar una vanidad que surge de un sólido posicionamiento moral. Viendo cómo actúan en materia poética me resulta imposible creer que estos sigan moral alguna. Al contrario, degradan la moral a un recurso estético, a un frívolo sucedáneo que mostrar en público sin otro interés que el de pavonearse.

Últimamente un poeta al que respeto enormemente, Ángel González (q.e.p.d.), se prestaba a hacer manitas con Montero y los de su estirpe. Unos y otros se han beneficiado mutuamente. El poeta asturiano también ha sabido sobrevivir en el circo poético. Ha sido bastante íntegro a mi entender, aunque se ha prestado a guirigáis estúpidos como el del homenaje a Antonio Machado, este tipo de tonterías son a mi entender un exabrupto estúpido.
De él se ha dicho que en su círculo íntimo despreciaba a estos poetas como tales. Ganarse a González ha supuesto para Montero ganar peso poético, ganar cierto empaque del que carecen todos los miembros de su grupo. Porque Benítez Reyes es insulso como un hueso raído. De ser una comida su obra sería uno de esos interminables ranchos que te ponían en la escuela y que se le hacían a uno inacabable, amén de ser de digestión espesa. Le reconozco el mérito de haber inventado la prosa prosética, invención esta por la que la Historia lo absolverá un día. Escribe poemas largos de periodos extensos e insulsos como una estepa. Al ser tan largos pierde uno toda sensación de ritmo. Pensé en sacarle las vergüenzas parafraseándole un poema pero, o dicho, de imitar sus interminables periodos quedaría un poema súper largo y pesado, sin ritmo ni gracejo así que lo deje por imposible.

Gracias a estos la poesía española tiene cierto acento andaluz. La soberbia intuición política de Montero no escapa a esos tics sureños. Puestos a dibujarse un mapa del panorama poético español con el que presentarse al pueblo español a escogido un fondo basado en el imaginario de la Semana Santa. Se nos presenta como un inocente proscrito, como un bendito en suma que toma parte activa por una ética o moral superior. Erre que erre a lomos de su borriquita ha terminado por hacer su entrada triunfal en la Jerusalén de las letras hispánicas. Para el sagrado día del Prendimiento ha disfrazado a los patafísicos poetas del… a los que acusa de comerciar con las letras a orillas del templo. Se ha inventado una crucifixión apelando a valores que dice defender pero que jamás aplica y es él el encargado de pasear al cristo apelando a su galones de viejo resistente antifranquista, cosa que es rotundamente falsa. Sabe ser hipócrita en un pueblo de hipócritas, y como buen andaluz sabe bien cómo organizar una semana santa de puta madre.

Benítez Reyes es romo a hasta el aburrimiento. Es lo menos grácil que ha dado la literatura española en mucho tiempo. Su talento destaca por lo obtuso que es. Me da la impresión de que si fuese un ave sería una gallina que batiendo sus alas no logra levantar jamás el culo del suelo.

Juan Gelman es un vanidoso, pecado este por otra parte nada delicioso. Es un oportunista muy apreciado en España. Todos alaban su técnica pero yo no la veo por ningún lado. Todos sus accesos retóricos se me antojan simples jueguitos de palabras en extremo fáciles. Seguramente el crítico De Witt alabaría su soberbia capacidad para retorcer la sintaxis y demás estupideces al alcance del más palurdo de los hombres. Lleva años explotando la veta del exilio y de su tragedia personal. Y encima es tan soberbio que convierte el repulsivo el tedio que me invade al leerle. Oirle recitar está prescrito en las farmacias de medio mundo para quien padezca insomnio.
Reto a alguien a que me diga cabal y objetivamente dónde se halla la supuesta calidad poética de este mendrugo poético. Nadie lo hará porque es una de esas mentiras repetidas hasta la saciedad y que el ganado bovino de ese aprisco que es La Cultura se apresura a consolidar gritando en masa: beeeeeeeeeee.
En mi país los culturetas son tontos a rabiar, sus accesos de vanidad no resultan nada seductores. Chupaculos profesionales que desde su más tierna infancia le han lamido el culo al profe de latín. No hay más que verles, fíjense en su fotos, ¿no os resultan familiares? Tienen la misma cara de idiota del soplagaitas del pelota empollón que se peleaba por sentarse en primera fila. Ese que ha aprendido a no pensar por sí mismo a fuerza de repetir como un loro lo que le han enseñado a fuerza de que el viejo loro de su profesor se lo premie.

La revista litoral sería deliciosa si no se hubiera convertido en un salón de sociedad donde las señoronas poéticas se hacen la corte por turnos. Es radio macuto. Si quieres conocer el espíritu simplón de estos poetas no dejes de leerla. Hablan de sus fiestas y marchones antológicos con el mismo tono lastimero de chavales de 16 años que no ligan ni pa trás.

Marzal: aunque juran y perjuran que odian la poesía patafísica, tienen en este atún poético a un patafísco de tomo y lomo.

Emilio Prado: he pensado en dedicarle unas glosas pero he desistido pues no causaban efecto alguno sobre su poesía. Resulta tan estúpida por si misma que para qué repetirnos. Resultaría doblemente tórrida su lectura. El muy cafre últimamente se multiplica como los panes (de ajo) y se prueba con éxito en otras disciplinas literarias como el relato corto. Gracias a El País he podido disfrutar de la lectura de su relato ganador en los premios del tren (una pasta). Unos de los placeres más deliciosos que hay es el de encontrarte con una obra premiada tan rematadamente mala. A este hombre que lo devuelvan a parvularia. Además de los muchos deméritos literarios que acumula en el relato construye varias frases mal!!!

Sabina: tenía tanto miedo a ser rechazado como poeta por los poetas, que cuando se le aceptó perdió el güiro. El universo Visor aplaudió a coro sus infumables sonetos a sabiendas de que era un superventas y él ha decidido creérselo. Y hallo la certeza de que se lo ha creído en que no ha cambiado un ápice (sus sonetos y demás versos son igual de infumables que al principio). Acomete sus sonetos como quien tiene que salvar un número x de rimas y de lanza como un loco confiado en que su talento rectificará con calidad su descabellado modus operandi.

Si Montero hace gala de una hipocresía política sobresaliente, los de la acera de enfrente son unos talibanes. Dando por hecho que la poesía no es un juego sino una razón de ser, o sea una cosa muy seria, andan circunspectos y endiosados. Me da una risa verles (y leerles ni te cuento) ahí están los fantoches del Robayna, Gimferrer o el yeti ese venido del frío… Gamoneda (cejas no le faltan). Sobre sus singulares espíritus se ha posado la sagrada paloma de la poesía y les tiene las solapas de la chaqueta hechas un cristo. Lo dicho, para ellos la poesía es de un solo modo o rotundamente no es. Son adoradores de la palabra poética y ellos son el divino receptáculo donde esta se manifiesta. Eso el poeta como un oráculo divino… el puramente inspirado Gimferrer quien a fuerza de pasar al papel lo primero que se le viene a la cabeza y tenga once sílabas métricas ha envuelto todo lo que de cabal tiene el lenguaje en una confusión tal que en sus sonetos por ejemplo la lengua española parece un Laooconte dramáticamente atrapado por la serpiente.
A estos poetastros pitonisos podemos dividirles en proserpinos y ezequiles. Los primeros tanto más inspirados cuanto más rítmicos y espasmódicos sean sus versos, y los segundos tanto más profetas cuanto más grandiosas y profundas sus visiones.

Como por poesía puede pasar casi cualquier cosa y se escribe en un momento, se dedican a ella los más vagos. Así las cosas, una turba de politicoides de pueblo la practican y gracias a ellos la edición y la multiplicación de los premios se ha multiplicado.
Los premios son moneda de cambio y raramente se premia algo bueno.
Lo más peculiar es que además, lo poco bueno que se premia seguramente estaba dado de antemano. Quiero decir con ello que no pro menos dado se premiará algo mejor, de más talento y mérito. Pues cuando un premio no está dado de antemano es porque los del jurado no tienen a quién dárselo y eso es síntoma de que no están dentro del mundillo poético. En estos casos, su fallo estará ligado a su juicio poético. Yo aseguro que puede esperarse muy poco de esta gente.
Para ganar tendrás que enviar una obra que su catetismo considere auténtica poesía. Esperar un jurado poéticamente maduro e independiente a un tiempo es una absoluta quimera.
Así que si tenéis talento de verdad hacedme caso. No perdáis el tiempo en la poesía, dedicaos a otras artes más en boga y modernas, porque unas señoronas que debieran estar haciendo ganchillo en sus mesas camillas han escogido este dominio como el suyo, y retirar sus gordas posaderas de allí no parece cosa fácil".

Este artículo me recuerda otros blog de igual factura, donde el crïtico se esconde tras una máscara. A pesar de los exabruptos, no dejan de ser interesantes las críticas, sobretodo, cuando estas crean polémicas, o por lo menos, ponen en tela de duda el rumbo que ciertos grupos le han dado a la poesía "hispaanoamericana". El panteón poético esta formado de dioses, semidioses, héroes, monstruos, titantes, cenobitas, dandys, ángeles y demonios.  Es una fauna rica y carnívora que de ser posible se devoraría como  el ourobobos. Sí has llegado hasta aquí, querido lector, sabré que has llegado muy largo... Creo que debería dedicarme a berriar como tantos otros, porque mis libros no ganan los premios nacionales e internacionales, porque no estoy publicado por esta u otra editorial; y por las mil y un razones que se exponen en este epílogo. La realidad poética es mucho más compleja ahora que hace cien años...

viernes, 28 de mayo de 2010

Lectura e imagen: las paradojas de la educación

La lectura es uno de los instrumentos básicos para el enriquecimiento intelectual del ser humano. La lectura no solo se conceptualiza como una interpretación mecánica de símbolos escritos, sino como el resultado de un complejo proceso de percepción y comprensión de signos gráficos, que se inicia en las etapas elementales del aprendizaje y se prolonga durante toda la vida. A pesar de la importancia que se le da a la lectura como instrumento de conocimiento, es un instrumento que se ha ido abandonando a favor de otros medios de aprehensión de la realidad. De allí que sean tan importantes las declaraciones del Premio Nobel José Saramago en el periódico El mundo:
"Vivimos en el paraíso de la palabra inútil y la imagen que no sirve para nada, en un mundo donde la "santa audiencia es venerada en todos los altares" y donde "el sistema" ha convertido en cómplices a sus propias víctimas. Ahora se vive en "una especie de culto a la imagen como un valor en sí mismo" y la televisión hace un uso "totalmente gratuito" de esas imágenes, "echando a la cara" de quien mira la pantalla, una tras otra, sin otro resultado que el aturdimiento. Y es que existe una "santa venerada en los altares de todo el mundo", la "santa audiencia", en cuyo nombre, como se decía de la libertad, se cometen muchos crímenes contra la razón, la sensibilidad y el buen gusto, con el aplauso además de las propias víctimas.
"El sistema ha convertido a las víctimas en cómplices y eso pasa todos los días, los ciudadanos deberían exigir que se les respetase, sobre todo en los medios de comunicación y también por el poder político”. A esa manipulación de la imagen se suma la de palabra, que es "especialmente descarada" en el caso de los políticos. También las palabras pueden dejar de servir y el diccionario está lleno de las que ya no se usan, o pueden convertirse en otra cosa, como ocurre con "bondadoso" que antes era positiva y ahora llamar a alguien así "es llamarle tonto". Otras incluso se "pudren con el uso" o "se estacionan", como indignación, un término que debe ser reivindicado, pues los ciudadanos, quizá tengan demasiados problemas prácticos que resolver para sobrevivir diariamente como para recuperar su significado. Sin embargo, existe un territorio donde imagen y palabra se convierten en aliados y ese es el territorio del conocimiento, que también es una palabra "pero está diciendo algo".
Es a partir de estas declaraciones de José Saramago que quisiera reflexionar sobre la palabra y la imagen, sobre la lectura y la escritura, en una época en que alrededor del mundo se generan programas de fomento y estímulo de la lectura. Los profesores de español se ven acosados por mejorar la calidad de los lectores, por incrementar la compresión lectora y desarrollar el criterio del lector. Se habla de una lectura y escritura crítica que desarrolle el énfasis en estimular el pensamiento y la creatividad, como requisito para comprender y actuar sobre el mundo. Pero, los problemas y obstáculos que deben sortear el profesorado son muchos, por ejemplo, ¿cuántos alumnos tienen el hábito de la lectura? ¿Qué nivel de lectura comprensiva logran los alumnos en su vida escolar? ¿Qué técnicas de comprensión textual emplean los estudiantes? ¿Qué criterios y categorías críticas poseen los alumnos? ¿Cómo reelaboran el material leído en casa y en clase? Son preguntas que necesitan respuestas, respuestas prácticas. De allí, que sea preciso analizar los objetivos, los problemas, y quizás plantear posibles soluciones a la apatía que siente el estudiantado con respecto a la lectura.
El Programa de Estudio 2005 de Español del Ministerio de Educación Pública propone que la lectura y la escritura deben ser dinámicas, que consisten en trasladar los contenidos, expresados mediante la palabra escrita a otras formas de expresión que permitan “vivenciar” el texto y aprender su significado. Este proceso de lectoescritura agrupa cuatro niveles: literal o explícito, reorganización de lo explícito, evaluación, inferencial o figurativo. Sin embargo, señala que la aproximación se realiza primero de manera intuitiva y después racional. La lectoescritura consiste en proveer actividades que estimulen el desarrollo de destrezas de codificación, descodificación e interpretación de contenidos textuales, y a partir de estas actividades el estudiante sea capaz de producir textos. Por otro lado, en el seno de la propuesta de MEP nos encontramos ante una paradoja, pues debemos entender la intuición como la facilidad de comprender las cosas sin necesidad de razonamiento, como la percepción íntima e instantánea de una verdad que aparece evidente a quien la tiene, una visión beatífica. La necesidad de formar un lector crítico no debería iniciar en la intuición, sino en un análisis lógico-racional, que promueva la actitud analítica, el juicio crítico y la imaginación. A partir del análisis el estudiante sea capaz de reelaborar la lectura con base en su experiencia vital. La intuición debería servir al estudiante para crear poemas, cuentos, ensayos, etc.
En nuestro medio, se ha ido imponiendo la idea de que “una imagen vale más que mil palabras”, una falacia que ha generado errores en la enseñanza del español, debido a que se erosionan los procesos de abstracción y comprensión que debe desarrollar el estudiante. Esta falacia es analizada con rigor científico por Giovanni Sartori, quien en su libro Homo videns plantea que el hombre es un animal simbólico, porque no vive en un universo puramente físico sino en un universo simbólico, donde la lengua, el mito, el arte y la religión son los diversos hilos que componen el tejido simbólico; aunque actualmente, se habla de lenguajes, cuyo significante no es la palabra, por ejemplo, se habla del lenguaje del cine, de la pintura, de las emociones. Pero estas acepciones son metafóricas. Pues el lenguaje esencial que caracteriza e instituye al ser humano como animal simbólico es el “lenguaje-palabra”, el lenguaje de nuestra habla. Por tanto, el hombre es un animal parlante, un animal que constantemente está hablando consigo mismo. El hombre reflexiona sobre lo que dice. Y no solo el comunicar o el pensar y el conocer que caracterizan al hombre como animal simbólico se construyen en el lenguaje y con el lenguaje. El lenguaje no es solo un instrumento del comunicar; sino del pensar. Y el pensar no necesita ver (Sartori, 1997: 23-25).
Las civilizaciones se desarrollan con la escritura y es el tránsito de la comunicación oral a la palabra escrita lo que desarrolla una civilización. El homo sapiens que multiplica su propio saber es pues el llamado hombre de Gutenberg, que tiene su clímax a finales del siglo XIX, con la aparición del diario. Pero también a finales del siglo XIX, con el desarrollo del telégrafo, después del teléfono empieza la era de las comunicaciones inmediatas. Es con la radio que se menoscaba la naturaleza simbólica del hombre, a pesar de que telégrafo, teléfono y radio son elementos portadores de comunicación lingüística. La ruptura se consolida a mediados del siglo XX con la llega del televisor y la televisión. En la televisión prevalece el hecho de ver sobre el hecho de hablar, en el sentido de que la voz del medio, o de un hablante es secundaria, está en función de la imagen, comenta la imagen. En consecuencia, el telespectador es más un animal vidente que un animal simbólico. Para él las cosas están representadas en imágenes cuentan y pesan más que las cosas dichas con palabras. Y esto es un cambio radical en dirección, porque la capacidad simbólica distancia al homo sapiens del animal (Sartori, 1997: 25-27).
La televisión es la primera que modifica fundamentalmente la naturaleza misma de la comunicación, pues la traslada del contexto de la palabra al contexto de la imagen. La palabra es un símbolo que se resuelve en lo que significa, en los que nos hace entender. Y entendemos la palabra solo si podemos, es decir, sin conocemos la lengua a la que pertenece; en caso contrario, es letra muerta, un sonido cualquiera. Por el contrario, la imagen es pura y simple representación visual. La imagen se ve y eso es suficiente, y para verla basta con poseer el sentido de la vista, basta con no ser ciegos. La televisión es sobre todo una sustitución que modifica sustancialmente la relación entre ver y entender. Está produciendo una permutación, una metamorfosis, que revierte la naturaleza del homo sapiens. La televisión no es solo un instrumento de comunicación, es también, a la vez, una padeía, un instrumento antropogenético, un médium que genera un nuevo tipo de ser humano (Sartori, 1997: 31-33).
El homo sapiens debe todo su saber y todo el avance de su entendimiento a su capacidad de abstracción. Las palabras que articulan el lenguaje humano son símbolos que evocan también representaciones y, por tanto, llevan a la mente figuras, imágenes de cosas visibles y que hemos visto. Por otro lado, nuestro vocabulario cognoscitivo y teórico consiste en palabras abstractas que no tienen ningún correlato con las cosas visibles, y cuyo significado no se puede trasladar ni traducir en imágenes. Todo el saber del homo sapiens se desarrolla en la esfera de un mundo inteligible que no es en modo alguno el mundo sensible, el mundo percibido por los sentidos. La televisión produce imágenes y anula los conceptos, y de este modo atrofia nuestra capacidad de abstracción y con ella toda nuestra capacidad de entender. El homo sapiens se transforma en un homo videns. El lenguaje conceptual-abstracto es sustituido por el lenguaje perceptivo-concreto que es infinitamente más pobre (Sartori, 1997: 45-48).
En la educación costarricense, los profesores de español tienen que enfrentar este nuevo antrophos: el homo videns. Un sujeto lector atrofiado que no logra comprender las abstracciones simbólicas. De allí, que dentro del profesorado opté por emplear películas para apoyar el aprendizaje de la literatura, para lograr que el estudiantado comprenda mediante imágenes, lo que no pudo comprender mediante las palabras-símbolo, sin comprender que erosiona el proceso de aprendizaje, de aprehensión del conocimiento. De ahí, que sea tan relevante la afirmación de Saramago: Vivimos en el paraíso de la palabra inútil y la imagen que no sirve para nada. Los defensores de los medios audiovisuales en la enseñanza no han comprendido que la imagen deteriora el saber, porque solamente es eso, una imagen. No obstante, a pesar de este obstáculo que sufren a diario el profesorado, existe la necesidad de plantearse un modelo de lectura-escritura que subsane las deficiencias que traen los alumnos desde la escuela y la casa. Por eso, es necesario convencerse de que todo proceso de lectura debe ir acompañado de un proceso de escritura, un proceso de reelaboración del conocimiento adquirido.

Rojas Salazar, Emilce et al, Programa de Estudio 2005. Español. III Ciclo. Ministerio de Educación Pública: San José, Costa Rica, 2005.

Saramago, José. “Vivimos en el paraíso de la palabra inútil y de la imagen que no sirve para nada” en El mundo, 10 de agosto de 2006, s.l.

Sartori, Giovanni. Homo videns. Taurus : Madrid, España, 1997.

martes, 25 de mayo de 2010

William Eduarte o la locura de la realidad

William Eduarte (1983) Poeta y cuentista costarricense. Es productor audiovisual. Ha pertenecido a diferentes talleres  y grupos literarios: "La Merula del mango" y "Libertad bajo palabra". Es fundador de la sección de literatura "Himeneo" del suplemento "La MalaCrianza", del Semanario Universidad. Ha publicado el libro de poemas frecuencia de manicomio (2006), también ha publicado un libro de cuentos.

En el año de Nuestro Señor de 2000, se publicó un artículo titulado El rumbo de la poesía joven de Costa Rica. Era la primera fase de una investigación que nunca se llevó a cabo. La idea central era comprender las diversas tendencias que formaban la primera transvanguardia. Un concepto surgido de la reflexión y la oposición al término postvanguardia. La postvanguardia se caracterizaba por considerar la palabra un isntrumento; la poesía, una actividad humana más entre actividades humanas. El poeta era guía, demiurgo, y la poesía se comprometía con el mejoramiento del ser humano. Entre intimismo y compromiso se debatía el hacer del poeta. Hablar del sueño, la locura, el mito; o hablar de los oficios, la revolución, los explotados y los explotadores. La tensión entre un grupo y otro era palpable. El silencio como un fantasma recorre Costa Rica. Y aún como un leñador hecha leña al fuego. 
 El concepto de transvanguardia también se opone al concepto muy extendido de antipoesía, pues el término acuñado por Nicanor Parra comprende una serie de procedimientos y técnicas particulares: la ironía, la narratividad, la sustitución, el performance, el artefacto poético, el chiste, el refrán. La antipoesía de Parra es una burla a la "poesía poética del poético poeta", no así la mayoría de la poesía joven costarricense. Por otro lado, el término transvanguardia comprendería todas las tendecias que atraviesan la vanguardia y se encuentran al otro lado de las postvanguardias. La transvanguardia aglutinaría desde la poesía poética de poético poeta hasta la poesía zen o minimalista, la poesía narrativa, el chiste o artefacto poético. Además comprendería las más variadas mezclas intertextuales, polifónicas o monofónicas. Pues, el texto poético es atravesado por diversos discursos que lo destruyen y reconstituyen según el horizonte y la red del lector. Dentro del concepto de transvanguardia se incluiría los conceptos de poder, tendencia y exclusión.
La poesía de William Eduarte Briceño pertenece a la transvanguardia y, en ella, a la corriente dominante en la poesía joven, caracterizada por la sencillez en el lenguaje, la supresión de los adjetivos, el uso del voseo, la preferencia de la sinecdoque, la metonimia, la hipérbole, la antropomorfización y zoomorfización sobre la metáfora y el símil; la descripción del espacios sórdidos y burdos, la búsqueda de lo feo, a la manera de los poetas simbolistas o de los beatnik; la inserción de otros ámbitos de la cultura no necesariamente artísticos o literarios; así como otros discursos del saber; la humanización de la poeta, ya no demiurgo, profeta, mago o alquimista. La poemas de William Eduarte son un claro ejemplo de cómo se impone una manera de escribir y pensar la poesía. Verbi gracia:


urbana 
                                                                a sofía

el rock con que crujen las avenidas
saltan a la corriente
pordioseros de ojos púrpura
señoritas desnudas en las aceras
          taxistas deteriorados por la misma conversación del odio

                    /eyaculación del humo/

los autobuses
se han detenido                   violentamente
ante la poligamia de las señales

nadie ha muerto de aire
mueren de ciudad                de tránsito
                                         de luces que llegan
a la misma hora
en que se corrompe la vida

memento

mi saliva
     sabe
     igual a tus ojos

la urgencia
tiene tu misma sombra


Cuando todo está perdido

miro dos veces
una               cuando inicia el mecanismo
se disparan
las residencias del recuerdo

luego           hoy
que he dejado el entusiasmo
para desaparecer         en una carrera
de bestia adormecida

entonces
me encuentro con la leve caricia de un flash
mientras cierro los ojos
                                quiero ser simplemente


xviii

mi muerte
descubre la carne de su música

compone sobre la madrugada
con el fino polvo 
que es el silencio

termina una partitura

reinicia

es el inicio de la ausencia

La crítica no es decir:  este poema es malo, este otro es bueno. simplemente describir aquellos aspectos que se observan en los textos. En el momento en que juzgo un texto, salto de la episteme a la doxa, ejerzo mi autoridad sobre el texto. El poder, sea de quien sea, denigra al otro, ningunea al otro, silencia al otro. El poder existe, siempre ha existido, lo que cambia son las manos, las plumas, los lapiceros en que anida como ave carnicera. Condenado al olvido el poeta se enfrenta cada día. Cada amigo muerto es una voz de un coro enloquecido. 
La poesía de William Eduarte es buena, mala o regular... no lo sé. Lo que sí sé es que es un poeta costarricense, como tantos otros, que empiezan a dar sus pasos, la belleza o la dureza de su poesía depende exclusivamente de su talento. ¿Y la locura?




sábado, 22 de mayo de 2010

Escritura yaciente

Las palabras crean un mundo
a imagen y semejanza de otro mundo más hondo,
una sombra que gira sobre un pie vacilante.
El cuerpo yace en el poema,
cuando la memoria baila
al son de una bachata rosa,
sobre la tinta negra o los días del verano.

El poema despierta en la hoja,
se desnuda alrededor de la música,
vuelve a bailar en el cuarto como una sombrilla,
como el viento que regresa con olor a páramo,
con olor a estrella o penumbra de archipiélago.
Las palabras llevan el cuerpo de una mujer
por escaleras destrozadas,
por la brisa que roza una herida de insomnio,
de letargo o brevedad de musgo.

El poema repite las horas de tedio,
las horas multitudinarias en que la soledad
sirve de epitafio al delfín hermosísimo,
a las huellas de unos labios,
cuya sola presencia estremece la arcilla,
donde el amor es tacto y disolución de estrella.
Las palabras son dioses paganos,
son pirámides y atmósferas de lirio,
se entonan cuando el amor
es mármol y espada anfibia,
cuando semejan una boca delicada,
que puede destruir el mundo
que el poema ha creado.

Saldar Cuentas 2000

El encaje de la gata

Entre las sobras de comida, y la cocina mugrienta,
como una de esas ancianas
que pide limosnas en la Avenida Segunda,
entre el orgasmo familiar y la ninfa
que se corta las uñas como pétalos de jacinto,
entre cada cosa que se lleva el olor del deseo,
no buscaba más que misteriosas maravillas:
labios ácidos y perfectos,
la cabellera nocturna como la crin del aire,
los miembros níveos y densos
como una vuelta al paraíso primero,
donde aún se prueba el placer de los dioses paganos.
No quiso otra cosa en esta vida,
sino desnudar el viento bajo la escalera,
en el baño donde se juega con la lluvia graciosa,
sinuoso río en claroscuro,
y también sexo a todas horas y a escondidas.
En esta vida buscó, calle tras calle,
las rutas a una aldea imaginaria,
la piel de la brisa, implacable y madrigal,
el delirio que se siente a través
de los encajes de la gata,
como quien sabe que el jardín de las piernas
nos lleva a la vorágine del sueño.
Entre los arbustos, que ocultan una vida más honda,
buscó la cintura y los muslos de niebla,
como paisajes sangrientos y sueños oceánicos,
como si el amor fuera una flor o adefesio,
y entre las sobras y las calles mugrientas
donde las ancianas piden limosna,
la vida fuera semejante a la muerte.

de Saldar cuentas (2000)

domingo, 16 de mayo de 2010

Jorge Arturo: El perro bonaerense y la ironía alquilada

Y me quisiera ir
y llegar finalmente,
piedad, donde se oye
al hombre solo consigo.
Giuseppe Ungaretti

La poesía es concentrada, “deshidratada” casi (en el buen sentido de la palabra), por lo cual el lector tiene que añadir los líquidos de su propia interpretación y su propia experiencia. El lector –el nuevo tótem o dios de la literatura- exige que el poeta exprima una naranja, cuyo sabor aeróbico fortalezca sus músculos y vértebras. De este modo, la poesía es deshidratada como un alimento más, bajo en calorías y grasas, para que sea digerida por un lector ávido en esqueletos y escorzos al carbón. Lector y poesía se juntan en una mezcla ligera, una bebida para el gusto de la masa, que no necesita ya de laberintos y criptas, de lápidas decoradas en el día de los muertos.
Jorge Arturo pertenece a la segunda postvanguardia –aunque el término es vacío y sin sentido–, y el perro bonaerense ladra sobre sus patas traseras a un lunario de eucaliptos, mejor sería denominarlo como un poeta del aplauso o del gran público; porque durante la última década, las grandes masas de lectores de la zona central del discurso narrativo se han desplazado a las áreas refrescantes y periféricas de la poesía, en particular, de la poesía comunicada oralmente. Por eso, la dinámica de las convocatorias de poesía centra su principal interés, su atractivo por así decirlo, en la oralidad, entiendo por esto: la comunicación de la poesía a través de la lectura ante un público heterogéneo. Pero más profundamente debiera entenderse como una imitación de la oralidad, no en sentido estricto, sino en la medida en que se copian giros del habla popular, junto con gestos cotidianos.
La poesía de Jorge Arturo corresponde al otro culturalismo de raíz argentino-española, en la medida de que su formación se funda en los mass media: radio, televisión cine, prensa, tebeos y otros medios de comunicación de masas. Los leitmotiven de esta poesía es la creación de universos poéticos, que gotean por el texto, como figuras y personajes míticos de las nuevas tecnologías masificadoras. En esta poesía, todos los procedimientos encuentran cabida: el bricollage, la escritura automática, las técnicas elípticas, la sincopación y otros recursos irracionalistas, que literaturalizan temas extraliterarios, incorporan elementos artificiosos o exóticos, y hacen literatura sobre literatura.
En nuestra poesía se sintió por mucho tiempo el caudal de piedras rotas de México, después vino un espíritu lejano y marino que inundó las plazas y los barrios de la España americana, siguió el río arrastrando ecos por las sombras y los muelles a media luz de un Chile maltrecho y algunas hojas de coca del Perú, y el río siguió y siguió hasta inundar las fronteras de los nublados, pero el perro bonaerense ladraba desde un acantilado, y por eso no se mojó las patas. Esta mínima leyenda o cuento sobre las influencias de los núcleos culturales sobre la periferia o puente sirve para mostrar qué afluentes han vertidos sus aguas en el lago poético costarricense, también nos sirve de preámbulo a la poesía de Jorge Arturo. Chaman, alquimista, sacerdote Zen, no lo sabemos, pero nos imaginamos que la claridad es una araña peluda como en nuestra infancia, que la poesía no muere en el alba sino en el poeta, en su más inmaculada claridad.
En el poemario Se alquila esta ventana, nuestra Odisea confirma que el culturalismo de la década de los setenta, es un culturalismo de expresión interna, porque el sujeto se haya inmerso en la necesidad de citar y recitar aspectos de la vida moderna, de los mass media que lo programan y programa en su máquina personal. Persiste en nuestra poesía de la mano de los poetas una falsa idea, como una niña que no sabe sonreír, y cuando logra hacerlo nos sonríe desde la oficialidad. La poesía subterránea pertenece al Canon del cristal trasparente, al lenguaje ligero y santificado por Ghanesa, a la poética de lo inservible. Así en la última de las esferas la palabra pierde su condición mística, para volver el rostro a un lector que ya no sabe leer el símbolo y el mito, que no comprende el arte porque el arte es de todos, ciegos, tullidos, abogados y economistas. La palabra concierne a todos los que estén dispuestos a abrir un libro de recetas de cocina. En “Galería de cosas inútiles” el centro –si es que existe alguno- conduce a la coexistencia entre la poesía y la vida:
damas y caballeros
señores del jurado
dejo
mi reloj despertador
el diario de mañana
el toro sentado en las películas de vaqueros
o los vaqueros estilo yon güein
y la fanfarria de esos indios embetunados

críticas y críticos
señores de la ley
también dejo
el apolo 11 y la metida de pata
el león de la metro
los últimos días de los santos
la cara de tom yons al levantarse

una granda en mano cien volando
un mar sin piratas
el recibo de la luz mi diploma de sexto grado
el pájaro loco
un libro cerrado aún de borges
la sacarina el estreñimiento
y para recapitular
las introducciones
al lector
tres puntos suspensivos
una risa sin niño
a ustedes
y a los que se arrastran
a mí
y a los que regresan
las posdatas
las muchas gracias
El poema es un buen ejemplo de cómo el culturalismo de los setenta aparece en la escena costarricense. El dejo de ironía con respecto a los jurados y los críticos de literatura revelan como el poeta ha perdido la fe en la razón, pero no sólo en la razón; la originalidad es la que queda peor parada, porque como tópico se eleva aquello de ya nada es nuevo bajo el sol. El texto se percibe como una despedida a la poesía que creyó en la esperanza, que se creía un arma y podía transformar el futuro. Por eso el texto sigue o aplica ciertos recursos recurrentes, como las referencias a lo cotidiano (el reloj despertador, el diario de mañana, el recibo de la luz, el diploma de sexto grado, la sacarina y el estreñimiento) a la par se nombran los nuevos símbolos del mundo moderno como arquetipos estéticos (las películas de western, los viajes espaciales, la música pop, las caricaturas o comics, y la literatura laberíntica). Todos estos elementos son un legado de la sociedad post-industrial y la materia prima de la post-modernidad. De este modo se sienta el collage, mejor dicho el bricollage, en primera clase estética. Pero no solo se emplea solo este recurso sino la sustitución descubierta por la antipoesía: una granada en mano cien volando. Infiltra el mundo de lo popular, aunque el refrán no es lo suficientemente contrahecho. Así la poesía trata de acercarse a un lector cuya formación se deduce de los mass media, un lector cuyo aplauso reconoce los elementos de su vida cotidiana.
A diferencia de Guillermo Fernández que no logra escapar de las redes de su propia existencia poética, de su desencanto y abulia, Jorge Arturo nos plantea que no hay nada por hacer, así que lo mejor es apropiarnos de lo que hay en nuestro entorno suburbano. La materia prima se forja con diversos elementos (multiplicidad de planos), porque ya no existe la pureza, ni un metarelato a qué aspirar para salir de la ignominia o de la alcantarilla a la que ha sido lanzado el individuo. Existen muchos microrelatos que se mezclan y entremezclan en un cuarto con un cartel de Madonna, en una plaza donde las distintas y diversas vidas de los paseantes se cruzan sin mirar atrás, sin un pasado a que aferrarse para no caer en el vacío de las imágenes y de lo hecho, dado y santificado por la masa.
El último mensaje que nos envía este poema es la ironía, como única forma de sobrevivir al sinsentido de la vida, para sobrevivir a los múltiples discursos, que hacen de la realidad un objeto fragmentario. Los fragmentos del universo forman parte de lo que podemos entender como postmoderno, pues se reemplaza el arquetipo y la utopía por el simulacro, y se sustituye el mito (logos) y la ideología (ciencia) por la simulación, porque el discurso no hace otra cosa que copiar lo que existe en la realidad. Pero esta al encontrarse formada por diversos planos, niveles y sistemas se transforma en un ente inabarcable, del cual solo se puede extraer aristas, minúsculos pedazos de cuarzo, hilachas de ideas que toman diversos formatos, desde los mass media hasta la literatura, entendida esta última como una mística sin dios necesario.
A pesar de lo chocante que es expresarse técnicamente con un metalenguaje vacío, lo más indicado sería afirmar que la poesía de Jorge Arturo es como un pulpo que arroja llamaradas de tinta sobre la Cosmopolitan, o que ladra como un toro de fosa con una presión en las mandíbulas de mil quinientas libras, o por ejemplo, que ríe con la misma risa de los ebrios de Chelles, aunque algún día alguien olvide donde se podía estrenar una cerveza y una boca (botana) de pellejo de chancho. La poesía arturiana, como en la mesa del rey Arturo, se precipita en la mesa redonda de algún bar de San Pedro, queriendo ser subterránea, como intentaron los poetas alguna vez en La boca del monte. Pero la poesía no escapa de la institucionalidad, no existe sin la institución del libro –objeto y fetiche– de un lector ávido de historias inenarrables.
Jorge Arturo siguió, más o menos fiel, al perro bonaerense que ladraba en el traspatio de su ventana. Indiscutiblemente, fue una moda que en él pronto cayó en desuso, pues en la búsqueda de la claridad Oriente tenía mucho Tao que ofrecer a la poesía. ¿Sería que la ironía fue alquilada en Buenos Aires como en los casos de Molinari y Revagliatti? No, la ironía es el rasgo que predomina en Jorge Arturo, la ironía adolescente que no deja de ladrar, aunque sea prestada como sucede en “el arquitecto” de Perrumbre. Pues la ironía puede cambiar de máscara y de postura, y al final permanecer oculta entre líneas, entre espacios sin llenar por las medias Adidas o los animados de la Warner Brothers.
me levanto como un perro
sin las manos
de un niño me voy
para el trabajo

de camino
quizás
un mujer me ofrezca sus pechos de naranja
un hijo
me regale un soldadito rojo
como las nubes de mi valle

quizás me atropelle un autobús
o me escriba un poema

pero si no hay con quien celebrar
no habrá pasado nada
no pasará nunca nada

seré como el arquitecto de las manos
llenas de planos piedras argamasas
obreros
en busca de un pedazo de hueso
donde edificar la sangre
El lector se da cuenta que, cuando mira por encima del hombro, aquel ladrido furioso se ha ido apaciguando entre cortinas. Hay ironía eso no se puede dudar, pero ahora la ironía está bañada por un pelo de gato de tristeza. Jorge Arturo se comporta como un intelectual estratégico, ladra pero no muerde, aúlla pero ya no escarba en las raicillas del grito. El intelectual estratégico tiene como finalidad aliviar las angustias, destruir lo que destruye, vehiculizar el sufrimiento común hacia las esferas de la experiencia y de la memoria5. Una conciencia común sobre la vaciedad del discurso o los discursos enfrenta al poeta a un sueño que mira con nostalgia, con la misma nostalgia de quien quiso edificar un mundo a la medida de la nada. Por eso se acepta la ausencia como fin último, como espejo último de la soledad de los grillos cantores y del edén primitivo.
Perrumbre es un libro dedicado al amor y a la amistad, a los oficios y a los maestros como Coronel Urtecho. Pero este poema en particular nos recuerda aquel otro de Rafael Estrada, en que los hechos cotidianos forman el cardumen de cosas que dan origen a la vida como a la poesía; aunque quedan al descubierto las diferencias, las semejanzas se ocultan tras la mujer que le sirve naranjas a Rafael y la esperanza de Arturo de que la mujer le dé sus pechos de naranja. Al final del cuento solo sucede un cambio de perspectiva o de finura pues se pasa de la cosa deseada al sujeto deseable. El tránsito por la vida es sin duda una construcción arquitectónica como la poesía, y pareciera que Jorge Arturo nos quiere recalcar que toda obra se levanta con sangre y huesos, con tradición y ruptura. De aquel espacio pletórico de la Arcadia tropical, el poeta no recuerda ya nada, por eso necesita, le urge encontrar algo dentro de sí para darle sentido al vacío y la vaciedad de la existencia. La zoomorfización del sujeto hablante representa una nueva etapa en el desarrollo de la poesía costarricense, de príncipe en torre de cristal a conciencia del pueblo con Molotov incluido, termina siendo un canino, el mejor amigo del hombre, y ya no el hombre que alguna vez creyó en el amor humano. El poeta can solo puede mirar y ladrar, ladrar y mirar, rascarse la sarna en algún poste del alumbrado público, porque su tiempo ya ha pasado, su esperanza ya se ha ido, y solo, solamente queda la rutina del trabajo, que ni nos hace más nobles ni nos apoca en una época de lenguas flácidas y palabras ligeras.
El intelectual estratégico que se revela en Jorge Arturo quiere creer en la utopía, pero sin caer en la utopía, algo así como soy pero no soy. Esto nos descubre el vacío de un metarrelato, que atraiga al artista como palomilla al bombillo celeste, a la lámpara de Aladino. Con esto quiero referirme por última vez y desde mi duodeno al desencanto, porque desde la década de los cincuenta estamos desencantados, solipsistados, ergotizados y acalambrados. No hay suficientes máscaras para ocultar los horrores de la crítica racionalista, de los jurados cartesianos, de la institucionalidad de las instituciones líricas en Costa Rica. Por eso, no me sorprende que lo underground sea parte del Canon y que este a su vez, de una tradición contra la ruptura.
En fin, la poesía de Jorge Arturo básicamente se distingue por la ironía tristísima, porque se plantea la creación poética como una copia de una copia (Picado), que alguien más copia y así sucesivamente hasta el infinito. En cambio su alter ego (Fernández) aún se pregunta por qué se escribe, para quién se escribe, vale la pena escribir. Indiscutiblemente ambas posturas tienen en común la diferencia y en particular la semejanza de aquel metaloide de cuarzo, que refleja los tenues golpes de un pedernal furioso, de un campo, un pueblo, una ciudad rural y urbana, de una verdad y un rastrojo de diente de león. La identidad de ambas visiones solo se sostiene en el fondo remoto del individuo, del sujeto que aferrado o no, pronuncia los pictogramas de una angustia. Trabajo y juego de ajedrez, risa y seriedad de abanicos, lo inasible de la identidad poética se encuentra en cada pliegue, cuando oculta el rostro, digo la cara de la raíz decagenaria y canosa de nuestra poesía.


Ungaretti, Giuseppe "La piedad" en Antología de la poesía italiana. (Traducción de Manuel Durán) México: UNAM,1961.
Alonso, Rodolfo. “El boom de la poesía latinoamericana” en Casa de poesía Silva. No. 8. Enero, 1995.
Jongh Rossel, Elena (de) “La joven poesía española” en Florilegium. Madrid: Espasa-Calpe, 1982.
Cullen, Carlos. “Ética y posmodernidad” en ¿Posmodernidad?. Buenos Aires: Editorial Biblos, 1991.
Fragomeno, Roberto. Intelectuales (el obstáculo de los espejos). San José: Perro azul, 1993.

domingo, 9 de mayo de 2010

Viernes trágico

Pronto será viernes, y doy contra las puertas, pero tu puerta es la única, por donde se va a un lecho roto, al corazón pendular y a la noche cantora, donde príncipe y doncella bailan alrededor de las manchas de dragón y calabozo. Será viernes, y no se acaba la semana, no se acaba el azúcar que endulza este desnudo. Solo empieza la amargura a roerme los huesos, a bailar, en la sombra del cielo, la danza de los muertos y sonámbulos, de los locos que giran en la oscuridad del cuarto. Este viernes es un golpe de martillos y espadas, porque llueve la lluvia y la lluvia agoniza en espejos andróginos, en espejos que reflejan cuerpos dudosos y catedrales de niebla. Será viernes, como tantos otros viernes, cuando los cuerpos desnudan las sombras, alrededor del mundo y en el centro del sueño.
de Saldar Cuentas (2000)

martes, 4 de mayo de 2010

Un amor acaso...

Escribir para eso, para eternizar algo pasajero, un amor acaso... 
Ernesto Sábato
En medio de la eternidad,
el ártico da origen a una tempestad de ángeles.
Las fábricas crean larguísimos fantasmas
y alas de cuarzo recién cortado.
Allá el tiempo no es distancia ni altorrelieve,
escribo para eternizar algo pasajero,
para dar con él en la avenida lamentable,
para saber que vivimos en un pudridero de sombras,
donde la soledad acuática, levemente intacta,
se abre a un mundo de sueños y pesadillas en flor.
En esta habitación,  escribo el poema,
se oye el viento que araña las ventanas de la casa,
y susurra al oído
clavel arcaico y trizar encadenado.
Para algo se escribe,
para dar razón de la cabellera que ondea
en la madrugada de los pies desnudos,
para que la piel sea un cuerpo
abandonado a las olas de color violeta,
para que al fin las manecillas del reloj
hagan cantar al cisne enloquecido.
Escribo, aunque no es necesario,
cuando se cuenta la historia de algo pasajero,
y hay parques en estación de antojo,
y las calles subterráneas cultivan
besos sucios de oquedad
y fotos en blanco.
Cuando verano resucita
los ojos gemelos de la noche,
recuerdo un cielo disuelto en escarlata
y caballitos de mar.
En medio de la eternidad, los fantasmas golpean
sus cabezas como llamas o martillos,
escribo para eternizar algo pasajero,
para una mujer que ha sido todo
y  permanece en fragmentos.


Del poemario Saldar cuentas (1998-2000)

domingo, 2 de mayo de 2010

Horizonte Violeta

Algún día cuando acabe de dar media vuelta a la vida, 
cuando acabe de parir ausencia en barba o remojo, 
este parir soledad a torrentes, 
este corazón de crujir en crematorio, 
de ir borracho por la calle épica, 
por donde se busca el último amor, el amor primero. 
Sabré que no estuviste allí recogiendo piedrecillas, 
la noche aquella cuando me faltó la dulzura 
y un jacinto que acaricia los estanques. 
De noche, sabré que no estuviste 
cuando tuve ganas de corromper la tristeza, 
de invitarla al placer por una copa de más, 
en un bar sin historia. 
Cuando acabe esta vida sin vida, 
este sollozo a solas, 
esta llamada desde el paraíso o la desolación, 
esta brisa que llega con un atraso de semanas, 
esta carta espinosa y arrugada, 
con el cabello revuelto y echando espuma. 
Cuando por fin dé el golpe final al verso, 
y crezcan de repente ninfas y azucenas 
alrededor de la mujer innumerable, 
de la diosa herética y sagrada, que besé largamente 
en el lecho de todas las amantes. 
Sabré que la noche tiene sus encrucijadas, 
que me faltan por desenterrar muchas agonías 
y un paisaje que muestra a la sonrisa 
sus miembros mutilados.

sábado, 1 de mayo de 2010

Crónica del deseo


Tiempo atrás, cuando nos reuníamos en Chelles.
Recordé a una mujer
llevándose el amanecer en su blusa,
la noche soluble y una flor
que desata diminutas escamas.
Se fue por el aire roto,
por donde la brisa no hace otra cosa
que desgarrar pequeños hilos de sombra...

Si la recuerdo ahora, el tiempo solloza
y la tinta parece una mordedura,
vestida de silueta y ácido de escombros.
Las calles se alargan como cabelleras,
como cinturas amarillas.
Y el tiempo tiene un gusto a hojas secas
y en silencio los ángeles guardan
el humo que se muerde en las auroras.

Esto es serio, una mujer se ha ido
y aquella habitación jamás será la esfera,
donde los cuerpos se encuentren
como alas o peces relucientes.

Si el amor es una sombra, si lo es el deseo,
una mujer se ha ido hacia la sombra misma,
hacia la sombra siempre,
y en su lugar un trópico de minúsculas trizaduras
evoca una falda negra sobre un horizonte sangriento.

En realidad, las noches en Chelles
están muy lejanas,
y aunque la mujer se fue llevándose el amanecer.
Solo sé que el amor es una mezcla
de océano y habitación en cinta,
y la brisa ignora que el deseo
tiene aroma a herrumbre,
a espada muerta y dios obstinado.