viernes, 30 de enero de 2009

¿Existen grandes poetas costarricenses?

En el siglo XX, siempre tuve dudas sobre la existencia de grandes poetas en Costa Rica... cuando se está frente a una literatura adolescente es difícil emitir un juicio semejante, dado que el tiempo no ha logrado deshacerse de la paja. Los españoles tienen un rica herencia literaria; los mexicanos, cubanos, argentinos, también; Nicaragua: un país fronterizo posee una de las glorias literarias universales: Rubén Darío. ¿Por qué no encontramos poetas magistrales en Costa Rica? Cuando era joven, nadie nos decía que leyéramos a Roberto Brenes Mesén, Lisímaco Chavarría, Rafael Estrada o Max Jiménez, tampoco a Mario Picado, Jorge Charpentier, Carlos Rafael Duverrán, Alfredo Sancho, Ricardo Ulloa Barrenechea o Ana Antillón. ¿Por qué está falta de aprecio por la literatura nacional? No lo sé. Nosotros leíamos ante todo poetas extranjeros para estar de moda. Recuerdo mis lecturas de Baudelaire, Rimbaud, Verlaine; Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado; la generación del 27, Octavio Paz, Luis Cardoza y Aragón, José Lezama Lima, Oliverio Girondo, etc... También mis lecturas de clásicos españoles: Garcilaso de la Vega, Góngora, Lope y Quevedo, Fernando de Herrera, Conde de Villamediana, y la décima musa: Sor Juan Inés de la Cruz. Aún mas en mi madurez, había que seguir a la moda con Kerouac, Ginsberg, Burroughs, Cassady y Bukowski. A pesar de tanta lectura, nadie nos decía que leyéramos poetas costarricenses.
Cuando era joven, recuerdo que mi primer descubrimiento poético fue Gustavo Adolfo Bécquer, después de él vino hacia mí una avalancha de poetas y poemas que no se ha detenido. Aun así, siempre quedan lecturas que deberíamos recordar, para saber de dónde venimos, aunque no sepamos para donde vamos. Este poema lo leí cuando tenía diecisiete años, pertenece a Roberto Brenes Mesén, y aún ahora me trae el mismo estremecimiento:

Nunca Nada

¡Nunca le dije nada!
¡Ni podía, ni debía!
Se ha cifrado mi alegría
en que se sintiese amada.


A mi lado fue como hada
que me trajese una armonía
y un encanto en su sombría
cabellera enamorada.

Y corrió en callado río
todo el pensamiento mío
por el valle de su sombra.

Fue mi amor velo a su espalda,
mi constancia su guirnalda,
mi silencio fue su alfombra.

Voces del Angelus (1916)

Este sonetillo siempre me acompañará con su encanto romántico, una obra soberbia con tintes modernistas. Otro poeta costarricense que ejerció una fascinación en mi juventud fue Lisímaco Chavarría, con un soneto:
Espigas y Azucenas

La muerte es un matiz de la existencia,
morir es florecer en otra forma;
la caduca materia se transforma
en ser nuevo, en rosales o en esencia.

La vejez es la humana inconsistencia
que sometida a la inflexible norma
de Natura, se rompe y se deforma
en átomos, en luz o en florescencia.

¿Por qué miedo a la muerte? No lo acierto,
si de todo placer triunfan las penas,
las cuales finan cuando el ser ha muerto.

La vida se desciñe sus cadenas
y en la huesa, en el carmen y en el huerto,
la carne se hace espigas y azucenas.
Revista Pandemonium (1914)


El amor y la muerte son tópicos insoslayables en toda literatura, así como el viaje, la tristeza o el doble. Nuestra literatura se funda en la visión de estos poetas, a partir de ellos evoluciona, se transforma, cambia. Si la poesía simplemente transcurriera, sería negar la consciencia que tienen los poetas sobre su trabajo y el de sus antecesores. Sea que un poeta se transforme en continuador, sea que se enfrente a sus mayores en una lucha total con el lenguaje. Nuestra poesía tiene un espíritu, descurbrirlo es sin duda necesario.

viernes, 16 de enero de 2009

Crítica objetiva / Crítica subjetiva

La crítica literaria es un ejercicio de fuerza entre un lector -digamos inteligente- y el texto de un autor -también inteligente-. El lector -creo yo- trata de poner en crisis el discurso, de esta surge el juicio; un significado alternativo, si la crítica es objetiva. Pero, si la crítica además de determinar las relaciones del texto con el autor, el género, la época, la estética, el lector, los intertextos, etc; expresa una postura sentimental sobre el discurso, entonces surge el delirio del gusto, lo personal se impone a lo universal, una crítica subjetiva, tan necesaria y tan vilipendiada por la crítica. Cada vez que leo un comentario sobre un libro de poemas, de cuentos o una novela, siento un terrible hastío: es un texto lleno de mitos, de mitos modernos que alimentan tanto nuestra voluntad de vida como nuestra voluntad de muerte. La hipocresía, el desamparo, la falsa belleza, el consumismo, los rostros oscuros de la ciudad, la experiencia de la futilidad, el tedio, el amor o el deseo de amor, la esperanza de trascender, se tejen en uno y otro poema y se destejen en el lector a través de sustantivos y adjetivos fuertes, opacos, lacerantes. Este fragmento lo explica todo. No me dice si el texto le gustó al lector o por qué le gusto al lector, simplemente hace una enumeración de temas, una o dos referencias sacadas de la filosofía y la literatura griega, para terminar en una metáfisica de palabras vacías.
Una crítica objetiva no educa al lector bajo, ni al medio, ni al alto. Hablo claro está de estatura. Por esta razón, única razón; este blog comenzará en sus próximas entregas por una crítica subjetiva de la poesía costarricense. ¿Qué se debe leer? ¿A quién se debe leer? ¿Qué aporta tal o cual autor a la literatura nacional? ¿Hay grandes poemas que recordar? ¿Por qué deberían ser recordados? En todo caso, una revista de la actualidad literaria y no de la actualidad de la silicona.

jueves, 15 de enero de 2009

Manifiesto de la alegría. Manifiesto del yo me río...

En el año 2008, navegaba por los universos virtuales de la literatura, la fotografía, la danza, la pintura y el teatro callejero. El día estaba frío y gris. Las páginas del periódico se sucedían una tras otra. Entre los blogs me encontré la Casa de Asterión y en él: "El manifiesto del tedio". Pensé, cavilé, medité profundamente: No sería divertido responder al grupo de los anacrónicos. Mi posición privilegiada en el ambiente literario de Costa Rica me permitía de-construir el discurso estético ideológico. No tengo ni tenía deudas con patrones literarios o con vacas sagradas. Mi formación intelectual se la debo a un maravilloso cadáver: una mente crítica y abierta para aceptar las diferencias. No obstante, tenía que encontrar un punto de fricción entre la estética de los tediosos y mi propia estética. Al no pertenecer a los eco-socio-poetas, ni a los pseudo-intelectuales-autodestructivos, mi posición es privilegiada.
El manifiesto del tedio señalaba que en Costa Rica existe una atrofia cultural, estética, poética, artística y filosófica. Extrañamente, desde la década del noventa la riqueza y variedad de la poesía costarricense es increíble. Nunca antes se ha visto la diversidad de tendencias, movimientos y posturas poéticas. Por otro lado, se declaraban como revolucionarios en contra de las ideas que pretenden ser actuales, una paradoja. El concepto de actualidad es un concepto erróneo, pues no es el antónimo de revolucionario, sino reaccionario o conservador. Y por último, iba dirigido a los "subnormales (léase poetas impostores) Me llamó la atención el término "subnormal", un poeta subnormal es un artista que tiene una capacidad intelectual notablemente inferior a lo normal; por tanto, los poetas anacrónicos eran supernormales. En realidad, un juicio de valor que le resta objetividad al discurso.
En fin, necesitaba un punto de apoyo así que leyendo a Cioran descubrí lo siguiente, quizás les pueda ayudar a los poetas anacrónicos: En primer lugar, los valores no se acumulan: una generación sólo aporta algo nuevo, pisoteando lo que tenía de único la generación precedente. Esto es aún más verdadero para la sucesión de las épocas: el Renacimiento no ha podido salvar la profundidad, las quimeras, la especie de salvajismo de la Edad Media; el Siglo de las Luces, a su vez, no ha guardado del Renacimiento más que el sentido de los universal, sin el patetismo que marcaba su fisonomía. La ilusión moderna ha sumergido al hombre en los síncopes del devenir: ha perdido su asiento en la eternidad, su sustancia. Toda conquista -espiritual o política- implica una pérdida, toda conquista es una afirmación asesina. En el dominio del arte, un ideal no se establece más que sobre la ruina del que le ha precedido: cada artista verdadero es un traidor a sus predecesores.No he leído palabras más sabias y lúcidas que estas. Mi consejo para los poetas anacrónicos: maten al padre, traicionen al padre, nieguen al padre. Sobre sus restos contruyan su propia poesía, acaso no son supernormales.

miércoles, 14 de enero de 2009

Las escuelas o los movimientos literarios en Costa Rica

En la poesía costarricense, la definición de movimientos literarios siempre ha sido un problema, en primer lugar, porque no existen manifiestos; en segundo lugar, porque no había peñas o círculos literarios, y en tercer lugar, porque los poetas no han teorizado sobre su quehacer poético. Sin embargo, en los libros se deja entrever la posición estético-ideológica de cada escritor y de cada grupo de escritores, las editoriales también revelan un norte ideológico, así como los jurados y el sistema cultural.

En los últimos treinta y cinco años se han desarrollado en el país tendencias tan variadas que van desde el exteriorismo hasta el trascendentalismo, pasando por el neo-coloquialismo o neo-humanismo, el intimismo, el neo-barroco o neo-surrealismo, la antipoesía, el minimalismo, el culturalismo, la poesía Zen, etc. Dado que las tendencias no hacen otra cosa que menoscabar el ethos, centro o núcleo, se hace necesario definir el núcleo, éste deberá estar formado por una serie de ideas, más o menos, meditadas, que sirvan de pauta para la creación poética. En nuestro país, este centro surge del Manifiesto Trascendentalista y poesía de sus autores (1977), que ha sido un ente rector en cuanto existe ideología estética. Este libro y sus autores ha influenciado a algunos poetas de la primera transvanguardia, sin embargo, en esta generación los poetas son nihilistas en extremo, no existe para ellos una ideología, una política o una ética que seguir, sino la de narciso. Algunos son continuadores del trascendentalismo, otros subrayan el carácter contradictorio de la escritura y el sistema artístico, otros buscan en las aguas del neo-gongorismo y el surrealismo; algunos miran al oriente lejano y la poesía japonesa; cada uno se pregunta a su manera: ¿Para qué sirve la poesía? ¿Para quién se escribe? Los últimos son herederos de la tecnología y la globalización, de la simulación y el simulacro.

El trascendentalismo como movimiento literario vivencial produjo, produce y producirá las peores aberraciones estéticas, así como graves errores del entendimiento en la poesía costarricense. Aceptado y defendido, al fin y al cabo, por el Canon y por la Academia, el trascendentalismo transgrede la misma naturaleza de la escritura artística, transformándola en una escritura neutra, mecánica y automatizada. El comportamiento de este movimiento es semejante al de la religión y al de la Inquisición: Inquisidor, doctrina, ritos y discursos. La poesía, que no se ajuste a su retórica y a su ideología, no es poesía, sino decadencia, abulia, prosía, solipsismo, y en el peor de los casos, estupidez o ignorancia.

Los rasgos fundacionales buscan colocar la escuela trascendentalista como antípoda de los movimientos precedentes y subsiguientes, por ser considerados como simples modas efímeras, así desconocen que la poesía evoluciona o transcurre como cualquier actividad. El texto expone los siguientes componentes ideológicos:

  1. La poesía tiene origen en los profetas y los cantos religiosos
  2. El trascendentalismo aplica el método científico, se basa en la supra-consciencia y no en la sub-consciencia
  3. La poesía es una experiencia especial que trasciende la experiencia cotidiana del hombre
  4. El poeta trascendentalista aplica la inspiración y la elaboración como un todo
  5. Lo trascendental no es una preocupación metafísica u ontológica, es un pleonasmo
  6. El trascendentalismo se opone al creacionismo, el surrealismo, el exteriorismo o la prosaíza
  7. La poesía no es circunstancial, pero está comprometida con todas las circunstancias, por lo que debe llevar al hombre a un humanismo trascendental
  8. Negar el lenguaje figurado es negar la poesía, aunque el lenguaje figurado y el directo se unen en todas las obras literarias
  9. La poesía es comunicación integral de vivencias trascendentales, un instrumento en la evolución humana, el destino de la poesía que es ultra-literario, porque escapa de la literatura y se confunde con la vida

El trascendentalismo como aberración estética se fundamenta en una oposición entre lo contingente y trascendente, porque se piensa como un movimiento supra-histórico que llega a superar las corrientes estéticas, la mezcla de géneros y la antinomia clásica entre lírica y épica. De este modo, el discurso trascendentalista se asemeja al discurso religioso en cuanto el poeta-sacerdote o pastor debe velar, porque la doctrina o la ley no sea mal interpretada por los acólitos. Esta estructura religiosa permite dominar al grupo de correligionarios, además de no consentir que se desvíen hacia otras ideologías-estéticas, ni aceptar otras posturas que menoscaben los componentes del sistema. ¿Pero cómo se logra que los artistas acepten esta verdad? En poesía, es muy sencillo, mediante la retórica, recuérdese que negar el lenguaje figurado es negar la poesía, aunque el lenguaje directo y el figurado aparecen en todos los textos literarios y no literarios.


Poetas que no leen poetas

La poesía siempre está sujeta a una doble lectura crítica: por un lado, el crítico literario expresa la ambición de desentrañar el código del poema; por el otro, el poeta busca resistir los embates de una voz privilegiada sobre su propia voz. Entre una y otra lectura se halla la resistencia del poema a ser desentrañado e imitado. Esta energía que emana del texto poético evita que sea reducido a ceniza. El crítico nunca llega a acceder el ethos del poema; y el poeta nunca logra la semejanza absoluta.
Sírvase la reflexión para hallar un espacio a la pregunta: ¿Por qué los poeta costarricenses no leen poetas costarricenses? Nuestra literatura, aunque anacrónica, y con saltos maravillosos al vacío no deja de tener sus tesoros ocultos. No hablo del culto que le rinden a Eunice Odio u Jorge Debravo, sino a la historia de la poesía costarricense. Si los poetas conocieran más de su propia tradición, podrían decir que están resistiendo una imagen perpendicular a su imagen.
Nuestra poesía tiene logros maravillosos. ¿Quién de nosotros lee Viajes sentimentales de Rafael Estrada, Los jardines amantes de Alfredo Cardona Peña, Cantares y poemas de soledad de Ricardo Ulloa Barrenechea, Serena Longitud de Mario Picado o el Rítmico Salitre de Jorge Chapentier? Y creo que la repuesta es certera: Nadie. Pero si a los poetas no les interesa su tradición, ¿Qué leen los poetas costarricenses?

lunes, 5 de enero de 2009

La identidad de la poesía costarricense

¿Cuándo surge la poesía costarricense? ¿Surge, nace e inunda las fronteras de una isla continental? ¿Qué rasgos indican que un poema pertenece a una nación, estado o pueblo? Nuestra poesía se inicia con la dicotomía entre lo nacional y lo internacional, entre las bailarinas de cancán y las indias de pacaca. La identidad de la poesía costarricense consiste en una condición, que ha sido establecida en la conciencia social cotidiana, mediante un proceso comparativo, cuya matriz semántica reside en el conjunto dialéctico: mismidad-alteridad.
La mismidad se recrea en la poesía de Lisímaco Chavarría; la alteridad, en la de Roberto Brenes Mesén. Ambos polos representan la tesión que abarca todo el siglo XX y desemboca en la simulación y el simulacro del siglo XXI. El poeta es el cantor de una canción nueva gestada en la intimidad de una conciencia inconsciente:
-¡Upe! -Pase pendelante.
-Chacalín, ¿está tu tata?
-No, se jué pa la milpiya;
mama es la que está.
-Yamála.
-Siéntese.
-Muy buenos días.
-Muy buenos ¿a quién buscaba?...
Aquileo J. Echeverría

Traída de las alas por el soplo de un destino
al bosque virgen vino
un ave rara.
En su vuelo sus ojos contemplaron espléndidos paisajes
i en su canto las notas de cristal de las distantes fuentes
fluían trasparentes
como por cauces enarenados de oro.
Roberto Brenes Mesén

La antípoda entre lo autóctono y lo foráneo permean las obras de los jóvenes poetas costarricenses. La tensión resultante generará el facismo trascendental y socialismo ecológico. Aquellos que escapan a la oposición entre las otredad y la unidad son condenados al exilio y al ostracismo. ¿Evoluciona o transcurre la poesía costarricense?

Generaciones poéticas costarricenses 2.0.

LAS GENERACIONES POÉTICAS DE COSTA RICA           Esta propuesta de clasificación generacional considera que las generaciones literar...